Nada temo del viento y su desprecio, nada que amenace
la tierra llana de los sueños.
¿Acaso la noche equivoca el Norte de la vida,
cuando el Sur está tan cerca?.
Y qué esperar cuando el sol se muere lentamente
y la luna encarcela su luz entre los claustros,
cuando a deshoras la escarcha se hace beso
y la soledad pausada llora su zureo de tórtola,
me basta valorar que se adormece el pulso diluido
en la hilera de los sueños de tu boca.
Y sentir descolgarse el río de tus besos
por los brillos finísimos del agua,
sentir que de los pájaros de tus ojos
vuelan los secretos que tienen alma
y el sólido aroma de la encina alienta el floral de mi sangre.
Nada es tarde subir hasta tus labios
y en esa nube de arqueados rayos y plenilunio,
urdo la seducción de tu piel para saciar dos vidas
con la muerte de la muerte.
la tierra llana de los sueños.
¿Acaso la noche equivoca el Norte de la vida,
cuando el Sur está tan cerca?.
Y qué esperar cuando el sol se muere lentamente
y la luna encarcela su luz entre los claustros,
cuando a deshoras la escarcha se hace beso
y la soledad pausada llora su zureo de tórtola,
me basta valorar que se adormece el pulso diluido
en la hilera de los sueños de tu boca.
Y sentir descolgarse el río de tus besos
por los brillos finísimos del agua,
sentir que de los pájaros de tus ojos
vuelan los secretos que tienen alma
y el sólido aroma de la encina alienta el floral de mi sangre.
Nada es tarde subir hasta tus labios
y en esa nube de arqueados rayos y plenilunio,
urdo la seducción de tu piel para saciar dos vidas
con la muerte de la muerte.