Y en la paz de la noche

poetakabik

Poeta veterano en el portal
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Y en la paz de la noche
que no pide ni promete,
va el espíritu encontrando
lo que el bullicio no ofrece.

Se descuelgan de las ramas
los afanes de la mente,
como hojas que ya cumplieron
su destino entre las sienes.

No hay que correr tras la aurora,
ni alcanzar lo que no llegue;
basta escuchar el silencio
que entre las estrellas duerme.

El universo respira
con un compás indulgente,
y cada cosa descansa
en el lugar que le pertenece.

La luna derrama plata
sobre los campos inertes,
y el alma, libre de cargas,
se reconoce en lo que siente.

Qué pequeña es la distancia
entre la tierra y lo eterno,
cuando se acallan las voces
y habla el fondo de nosotros.

Entonces nada hace falta,
ni victorias ni laureles;
solo ser, como la noche,
serenamente presente.

Y mientras el sueño llega
con sus pasos leves, leves,
el corazón agradece
este instante que posee.

Porque la vida, en el fondo,
tal vez consista en aprender
que el mayor de los refugios
es habitar el ahora y creer

que bajo el cielo infinito,
entre la sombra y la suerte,
cada momento vivido
es un pequeño presente.
 
Y en la paz de la noche
que no pide ni promete,
va el espíritu encontrando
lo que el bullicio no ofrece.

Se descuelgan de las ramas
los afanes de la mente,
como hojas que ya cumplieron
su destino entre las sienes.

No hay que correr tras la aurora,
ni alcanzar lo que no llegue;
basta escuchar el silencio
que entre las estrellas duerme.

El universo respira
con un compás indulgente,
y cada cosa descansa
en el lugar que le pertenece.

La luna derrama plata
sobre los campos inertes,
y el alma, libre de cargas,
se reconoce en lo que siente.

Qué pequeña es la distancia
entre la tierra y lo eterno,
cuando se acallan las voces
y habla el fondo de nosotros.

Entonces nada hace falta,
ni victorias ni laureles;
solo ser, como la noche,
serenamente presente.

Y mientras el sueño llega
con sus pasos leves, leves,
el corazón agradece
este instante que posee.

Porque la vida, en el fondo,
tal vez consista en aprender
que el mayor de los refugios
es habitar el ahora y creer

que bajo el cielo infinito,
entre la sombra y la suerte,
cada momento vivido
es un pequeño presente.
La paz nocturna permite al espíritu encontrar lo que el ruido diario oculta.

Saludos
 
Y en la paz de la noche
que no pide ni promete,
va el espíritu encontrando
lo que el bullicio no ofrece.

Se descuelgan de las ramas
los afanes de la mente,
como hojas que ya cumplieron
su destino entre las sienes.

No hay que correr tras la aurora,
ni alcanzar lo que no llegue;
basta escuchar el silencio
que entre las estrellas duerme.

El universo respira
con un compás indulgente,
y cada cosa descansa
en el lugar que le pertenece.

La luna derrama plata
sobre los campos inertes,
y el alma, libre de cargas,
se reconoce en lo que siente.

Qué pequeña es la distancia
entre la tierra y lo eterno,
cuando se acallan las voces
y habla el fondo de nosotros.

Entonces nada hace falta,
ni victorias ni laureles;
solo ser, como la noche,
serenamente presente.

Y mientras el sueño llega
con sus pasos leves, leves,
el corazón agradece
este instante que posee.

Porque la vida, en el fondo,
tal vez consista en aprender
que el mayor de los refugios
es habitar el ahora y creer

que bajo el cielo infinito,
entre la sombra y la suerte,
cada momento vivido
es un pequeño presente.
Así es la vida tan bella, solo estar presente, que no es poco y es agradecida cuando se le reconoce, la vida es el paso lento y armonioso disfrutando de todo lo que va llegando, me encantó tu poema Poekabik lleno de paz, feliz día, un saludo
 

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