• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Y huelo a ti

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Y huelo a ti,
como huele la tierra cuando la besa la lluvia,
como huelen tus sábanas después del deseo,
como huele la piel cuando el alma se desnuda.

Tu aroma me invade,
no con perfumes ni flores inventadas,
sino con ese olor a mujer real,
a fuego lento, a mar abierto, a luna desvelada.

Huelo a ti en mis manos,
que alguna vez navegaron tus caderas,
como barcos ciegos que encuentran
el faro en tus costillas.

Huelo a ti cuando el viento me roza,
y se convierte en suspiro,
cuando la noche me habla en tu voz,
y la almohada repite tu nombre dormido.

Tu aroma no se va,
como no se va el amor que arde en silencio,
como no se va la tinta de un poema sincero
grabado en la piel del recuerdo.

Y entonces, amor,
aunque no estés, aunque el mundo se caiga,
aunque el tiempo me arrastre a otros cuerpos,
yo seguiré oliendo a ti…

porque tú fuiste incendio
y yo, ceniza que no olvida
 
Y huelo a ti,
como huele la tierra cuando la besa la lluvia,
como huelen tus sábanas después del deseo,
como huele la piel cuando el alma se desnuda.

Tu aroma me invade,
no con perfumes ni flores inventadas,
sino con ese olor a mujer real,
a fuego lento, a mar abierto, a luna desvelada.

Huelo a ti en mis manos,
que alguna vez navegaron tus caderas,
como barcos ciegos que encuentran
el faro en tus costillas.

Huelo a ti cuando el viento me roza,
y se convierte en suspiro,
cuando la noche me habla en tu voz,
y la almohada repite tu nombre dormido.

Tu aroma no se va,
como no se va el amor que arde en silencio,
como no se va la tinta de un poema sincero
grabado en la piel del recuerdo.

Y entonces, amor,
aunque no estés, aunque el mundo se caiga,
aunque el tiempo me arrastre a otros cuerpos,
yo seguiré oliendo a ti…

porque tú fuiste incendio
y yo, ceniza que no olvida
Muy potente esos pensamientos: la ausencia de su amor, llevará consigo esa fragancia, de un amor perdurable que no se apaga.

Saludos hasta PR
 
Y huelo a ti,
como huele la tierra cuando la besa la lluvia,
como huelen tus sábanas después del deseo,
como huele la piel cuando el alma se desnuda.

Tu aroma me invade,
no con perfumes ni flores inventadas,
sino con ese olor a mujer real,
a fuego lento, a mar abierto, a luna desvelada.

Huelo a ti en mis manos,
que alguna vez navegaron tus caderas,
como barcos ciegos que encuentran
el faro en tus costillas.

Huelo a ti cuando el viento me roza,
y se convierte en suspiro,
cuando la noche me habla en tu voz,
y la almohada repite tu nombre dormido.

Tu aroma no se va,
como no se va el amor que arde en silencio,
como no se va la tinta de un poema sincero
grabado en la piel del recuerdo.

Y entonces, amor,
aunque no estés, aunque el mundo se caiga,
aunque el tiempo me arrastre a otros cuerpos,
yo seguiré oliendo a ti…

porque tú fuiste incendio
y yo, ceniza que no olvida
Un poema lleno de nostalgia. Muy bueno!
Saludos.
 
Y huelo a ti,
como huele la tierra cuando la besa la lluvia,
como huelen tus sábanas después del deseo,
como huele la piel cuando el alma se desnuda.

Tu aroma me invade,
no con perfumes ni flores inventadas,
sino con ese olor a mujer real,
a fuego lento, a mar abierto, a luna desvelada.

Huelo a ti en mis manos,
que alguna vez navegaron tus caderas,
como barcos ciegos que encuentran
el faro en tus costillas.

Huelo a ti cuando el viento me roza,
y se convierte en suspiro,
cuando la noche me habla en tu voz,
y la almohada repite tu nombre dormido.

Tu aroma no se va,
como no se va el amor que arde en silencio,
como no se va la tinta de un poema sincero
grabado en la piel del recuerdo.

Y entonces, amor,
aunque no estés, aunque el mundo se caiga,
aunque el tiempo me arrastre a otros cuerpos,
yo seguiré oliendo a ti…

porque tú fuiste incendio
y yo, ceniza que no olvida

Romanticismo en su grado más puro, eso es lo que nos regalas amigo Anibal. Vivencias que están latentes y nunca se olvidan.
Un verdadero placer detenerse en tus letras wuerido amigo.
Siempre un fuerte abrazo desde los poéticos cielos de este halcon.

 
Y huelo a ti,
como huele la tierra cuando la besa la lluvia,
como huelen tus sábanas después del deseo,
como huele la piel cuando el alma se desnuda.

Tu aroma me invade,
no con perfumes ni flores inventadas,
sino con ese olor a mujer real,
a fuego lento, a mar abierto, a luna desvelada.

Huelo a ti en mis manos,
que alguna vez navegaron tus caderas,
como barcos ciegos que encuentran
el faro en tus costillas.

Huelo a ti cuando el viento me roza,
y se convierte en suspiro,
cuando la noche me habla en tu voz,
y la almohada repite tu nombre dormido.

Tu aroma no se va,
como no se va el amor que arde en silencio,
como no se va la tinta de un poema sincero
grabado en la piel del recuerdo.

Y entonces, amor,
aunque no estés, aunque el mundo se caiga,
aunque el tiempo me arrastre a otros cuerpos,
yo seguiré oliendo a ti…

porque tú fuiste incendio
y yo, ceniza que no olvida

Intenso, pletórico de emociones provocadas por la fragancia del ser amado.
Saludos cordiales.
 
La lluvia,
me trae tu olor,
a hierba fresca,
a vida nueva,
a tierra mojada, huelo.
Amanecí oliendo a ti,
sí, huelo a ti, amor,
huelo a deseo,
a ternura,
huelo a estas ganas locas
de sentirte en mi.
En el reflejo del espejo te veo,
te siento latiendo en mí y sonrío,
sé que nunca te iras,
amor de mí.
Te quedaste en mi piel,
en mis cabellos,
en mi sonrisa,
en mi alma.
Tu olor esta en mí,
en mis sueños,
donde me habitas,
donde siempre te espero.
Llevo el cabello,
impregnado de tu olor,
mi hombre de fuego y sal,
mi eterno amor tan lejano,
seguiré oliendo a ti,
por toda la eternidad.
 
Bajo la lluvia que golpea como un tambor herido, respiro tu fantasma entre las ráfagas. El aire carga tu rastro: hierba salvaje pisoteada por la tormenta, lodo fértil que clama semillas, vida que estalla en cada grieta. Huelo a tu piel, a ese surco donde sembré mis labios una vez, a las mañanas en que tu sudor se mezclaba con la humedad de las sábanas. Soy un hombre hecho de tus ausencias, amor, de la sal que dejaron tus lágrimas en mi cuello, del fuego que no apagaron ni los diluvios.

Amanezco con tu nombre enredado en la barba, con tus dedos imaginarios recorriendo las cicatrices que solo tú conoces. El espejo me devuelve tu risa pegada a mis esquinas: estás ahí, en la sombra de mis hombros, en el vértigo de mis pupilas cuando cierro los ojos y siento que me habitas. No eres un recuerdo, sino un latido terco que se niega a dejar de sangrar. Me has marcado como al tronco que sobrevive al hacha: sigo en pie, pero llevo tu corte en cada anillo.

Quedaste incrustado en mis costumbres más ásperas: en el olor a tabaco y cuero de mi chaqueta, en la tosquedad de estas manos que aprendieron a acariciarte, en el silencio que ahora habla con tu voz. Eres el viento que envenena mi whisky nocturno, la brasa que quema en mi pecho cuando miro al horizonte mordido por el ocaso. Mujer de fuego y espuma, mi lejanía es un disfraz: por dentro, sigo oliendo a tus mares, a ese desorden de almizcle y claveles que convirtió mi sangre en un río sin orillas.

Y aunque el tiempo nos jure fugaces, yo permanezco aquí —animal terco, fiera con alma de relámpago—, embriagado por tu esencia que se niega a evaporarse. Llevaré tu aroma prendido en las entrañas, como el lobo lleva el miedo de la luna en el lomo: sin dueño, sin remedio, condenado a aullar tu nombre en cada tormenta que me recuerde que existes.
 
Y huelo a ti,
como huele la tierra cuando la besa la lluvia,
como huelen tus sábanas después del deseo,
como huele la piel cuando el alma se desnuda.

Tu aroma me invade,
no con perfumes ni flores inventadas,
sino con ese olor a mujer real,
a fuego lento, a mar abierto, a luna desvelada.

Huelo a ti en mis manos,
que alguna vez navegaron tus caderas,
como barcos ciegos que encuentran
el faro en tus costillas.

Huelo a ti cuando el viento me roza,
y se convierte en suspiro,
cuando la noche me habla en tu voz,
y la almohada repite tu nombre dormido.

Tu aroma no se va,
como no se va el amor que arde en silencio,
como no se va la tinta de un poema sincero
grabado en la piel del recuerdo.

Y entonces, amor,
aunque no estés, aunque el mundo se caiga,
aunque el tiempo me arrastre a otros cuerpos,
yo seguiré oliendo a ti…

porque tú fuiste incendio
y yo, ceniza que no olvida
Hermosa memoria de aromas. Un gusto leerte.
 
Ayuda Usuarios

You haven't joined any salas.

You haven't joined any salas.
Atrás
Arriba