E. Takekami
Poeta recién llegado
y yo no tenía nada
sólo tenía una zapato rojo y en el otro pie una herida
y en el bolsillo un huevo que no era mío
y que estaba podrido,
lleno de muerte como la piel que habito,
como el cigarro de Maria el día que no hablamos
y le dije que me iba,
lleno de algo infecto
un núcleo de vacío,
el génesis del afecto,
un animal cagado a palos en un bolsón de lana
a la mitad de la sala de estar
con el olor de la cocina,
y la humedad tailandesa que no lo deja a uno respirar
a dos respirar a tres respirar
todos unidos en un jadeo como el recién nacido que ha muerto
en el huevo de mi bolsillo,
que no era mío,
porque yo no tenía nada
sólo mi afecto viciado por una joven búlgara que se llamaba Maria
que está suspendida en mi pecho
como el espíritu santo
sólo tenía una zapato rojo y en el otro pie una herida
y en el bolsillo un huevo que no era mío
y que estaba podrido,
lleno de muerte como la piel que habito,
como el cigarro de Maria el día que no hablamos
y le dije que me iba,
lleno de algo infecto
un núcleo de vacío,
el génesis del afecto,
un animal cagado a palos en un bolsón de lana
a la mitad de la sala de estar
con el olor de la cocina,
y la humedad tailandesa que no lo deja a uno respirar
a dos respirar a tres respirar
todos unidos en un jadeo como el recién nacido que ha muerto
en el huevo de mi bolsillo,
que no era mío,
porque yo no tenía nada
sólo mi afecto viciado por una joven búlgara que se llamaba Maria
que está suspendida en mi pecho
como el espíritu santo
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