S
Sergio C. Lechuga M.
Invitado
Voy por la calle y los veo, también en el metro
por donde quiera que voy los veo uniformados y
no disfrazados, camino al trabajo, con cara aburrida
repartiendo no sonrisas, sino tarjetas
entre la indiferente mirada de niños, adultos o ancianos.
Gente de cara pintada, pero sin gracia, de verdad
yendo y viniendo de un lado a otro sin que los noten,
aún sonriendo a muecas y sin gracia en color chillante
ya no brillante, sino tan común, tan de rutina y cotidianidad.
¡Gente coloreada, no colorida; aburrida, la verdad!
Ya no son, dejaron de ser, las coloridas personalidades
de ésta tan X ciudad y se funden tristemente con su paisaje gris
como tú, él o yo. Y como yo, el gendarme, el obrero,
el señor, la niñera, el que estudia, el que va a la escuela,
todos, menos el loco que nació payaso
repiten su pobre rutina sin gusto, por horario y honorarios
¡No Payasos! ¡Sólo gente como payasa vestida nada más!
Sergio C. Lechuga M.
por donde quiera que voy los veo uniformados y
no disfrazados, camino al trabajo, con cara aburrida
repartiendo no sonrisas, sino tarjetas
entre la indiferente mirada de niños, adultos o ancianos.
Gente de cara pintada, pero sin gracia, de verdad
yendo y viniendo de un lado a otro sin que los noten,
aún sonriendo a muecas y sin gracia en color chillante
ya no brillante, sino tan común, tan de rutina y cotidianidad.
¡Gente coloreada, no colorida; aburrida, la verdad!
Ya no son, dejaron de ser, las coloridas personalidades
de ésta tan X ciudad y se funden tristemente con su paisaje gris
como tú, él o yo. Y como yo, el gendarme, el obrero,
el señor, la niñera, el que estudia, el que va a la escuela,
todos, menos el loco que nació payaso
repiten su pobre rutina sin gusto, por horario y honorarios
¡No Payasos! ¡Sólo gente como payasa vestida nada más!
Sergio C. Lechuga M.
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