Y no queda nada,
ni una bujía
por la que a través
de su debilitada luz,
rememorar
la claridad de tu mirada.
Y no queda nada
que desde el silencio despierte
el eco de las últimas sílabas
pronunciadas.
Y no queda nada
en el temblor
que te atraviesa el cuerpo,
que te desnuda
de todo calor o sentimiento,
que puedas almacenar dentro.
Y no queda nada,
porque cuando se pierde
aquello a lo que agarrarse,
no hay suelo firme abajo,
no hay voluntad de salvarse,
se cierran los ojos,
se abraza el abismo,
dejando de ser uno mismo.
ni una bujía
por la que a través
de su debilitada luz,
rememorar
la claridad de tu mirada.
Y no queda nada
que desde el silencio despierte
el eco de las últimas sílabas
pronunciadas.
Y no queda nada
en el temblor
que te atraviesa el cuerpo,
que te desnuda
de todo calor o sentimiento,
que puedas almacenar dentro.
Y no queda nada,
porque cuando se pierde
aquello a lo que agarrarse,
no hay suelo firme abajo,
no hay voluntad de salvarse,
se cierran los ojos,
se abraza el abismo,
dejando de ser uno mismo.