Dara
Poeta recién llegado
Ayer pensé en suicidarme.
Once pisos, once niveles ni uno más escondido.
Por un momento me encontraba sentada en el borde de aquella ventana.
Aquella por la cual, había visto los fuegos artificiales de las fiestas.
Aquella por la cual, había mirado con asombro los primeros copos de nieve del invierno.
Aquella por la cual, había esperado muchas veces la llegada de mis padres.
Y ahora era ella la que con asombro me observaba, con asombro, esperaba.
Sin decir nada, solo me sujetaba.
En ese instante miré al horizonte, me dejé llevar.
Y por un momento me imaginé volando, libre, muy alto.
Sentí felicidad, pavor, y de repente todo desapareció.
Sin decirme nada, me sujetaba.
Cerrando los ojos, me dormí, y recordé aquellos momentos.
Aquellos en que la felicidad era mi sueño.
Aquellos en que mi familia me sonreía de nuevo.
Aquellos abrazos que tanto me reconfortaban.
Y una simple mirada me calmaba.
Me desperté, y miré al horizonte, y lloré, lloré sin motivo.
Sentí mi palpitar de recuerdos florecidos.
Sonreí, y miré al horizonte pensando en la carita de un recién nacido.
Dando gracias por su vida, en los brazos cálidos del cariño.
Sonreí y recobré el sentido.
Ayer pensé en suicidarme, pensé y pensé sin ningún motivo.
Once pisos, once niveles ni uno más escondido.
Por un momento me encontraba sentada en el borde de aquella ventana.
Aquella por la cual, había visto los fuegos artificiales de las fiestas.
Aquella por la cual, había mirado con asombro los primeros copos de nieve del invierno.
Aquella por la cual, había esperado muchas veces la llegada de mis padres.
Y ahora era ella la que con asombro me observaba, con asombro, esperaba.
Sin decir nada, solo me sujetaba.
En ese instante miré al horizonte, me dejé llevar.
Y por un momento me imaginé volando, libre, muy alto.
Sentí felicidad, pavor, y de repente todo desapareció.
Sin decirme nada, me sujetaba.
Cerrando los ojos, me dormí, y recordé aquellos momentos.
Aquellos en que la felicidad era mi sueño.
Aquellos en que mi familia me sonreía de nuevo.
Aquellos abrazos que tanto me reconfortaban.
Y una simple mirada me calmaba.
Me desperté, y miré al horizonte, y lloré, lloré sin motivo.
Sentí mi palpitar de recuerdos florecidos.
Sonreí, y miré al horizonte pensando en la carita de un recién nacido.
Dando gracias por su vida, en los brazos cálidos del cariño.
Sonreí y recobré el sentido.
Ayer pensé en suicidarme, pensé y pensé sin ningún motivo.