Tus ojos madrugados y el perfume
de un buen café esperando en la cocina.
El cielo abierto y su lluvia dorada
quitándonos las llaves.
Los restos de la cena en la mesa,
el amor sin entrega de las noches
y el tiquet del S-bahn medio olvidado
en tu cartera.
Las facturas pagadas y dormidas,
el tic-tac del reloj y las prisiones
de los zapatos nuevos.
Tus manos y mis manos,
los ojos que se saben
y aún se persiguen lejos.
de un buen café esperando en la cocina.
El cielo abierto y su lluvia dorada
quitándonos las llaves.
Los restos de la cena en la mesa,
el amor sin entrega de las noches
y el tiquet del S-bahn medio olvidado
en tu cartera.
Las facturas pagadas y dormidas,
el tic-tac del reloj y las prisiones
de los zapatos nuevos.
Tus manos y mis manos,
los ojos que se saben
y aún se persiguen lejos.