rosa amarilla
Poeta que no puede vivir sin el portal
En la orillita del río, allí me quedé sentada
y en sus cristalinas aguas, tu cara se reflejaba
yo sentada y en silencio, te miraba embelesada
tanto te miré y miré, que hasta creí que me hablabas.
Mis manos metí en el agua, quise acariciar tu cara
se formaron remolinos y tu cara se alejaba
¡no te vayas vida mia!, te grité desesperada
y me desperté llorando, temblando, muy asustada.
No quiero mirar el río, no quiero mirar el agua
que me recuerdan el sueño donde se marcha tu cara
con ella se van mis sueños, mis ilusiones calladas
ocultas y palpitando, en el fondo de mi alma.
Yo quiero volver al río, pero contigo a mi lado
y en sus cristalinas aguas, vernos los dos abrazados
y mirarnos a los ojos y cogernos de las manos
y amarnos así en silencio, de todo el mundo olvidados.
Y cuando la luna salga, verá dos enamorados
y en la orillita del río nos encontrará abrazados
se sonreirá satisfecha de ver como nos amamos
de vernos llenos de dicha, felices, ilusionados.
Y nos cubrirá gozosa, con su manto plateado
acariciando dos cuerpos, que en uno se habrán tornado.
Dos cuerpos llenos de amor, fundidos en dulce abrazo
amándose tiernamente, en un gran sueño anhelado.
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