Gustavo Soppelsa
Poeta recién llegado
Y si fuera Anna
la tibia amazona
que cabalga
sola,
como caminando,
trotando
el jamelgo
sobre las modestas
olas impalpables
de un río de escándalo.
Si ella fuera ésa
que esperaba
el río,
el río encendido
por los gritos locos
para permitirle
como al Galileo
que lo transitara
pisando lo blando
más blando del agua
y diera razones
a la furia ciega
de los que lo claman
como si muriesen
pasado mañana
por las chimeneas
todas las eternas
pasiones fluviales.
Y si fuera Anna
a la que convoco
para que, pisando
el manto del agua,
caminando sola,
no sobre ese río
sino sobre el lago
quieto de mi noche
venga a dar motivos
a mis madrugadas.
Sería un hada errante
hundiendo los tacos
de su zapatitos
al desensillar
sobre el manto de agua.
Sería una hechicera
-cosa de Islas Malas-
que te atrapa el alma
siguiendo la huella
sin forma del río,
cruzando encantada
hasta las orillas
para ser amada.
Todo eso que cuento,
que parece sueño
de andar en las aguas
de los ríos locos,
o sobre las aguas
azules y tristes
de los lagos quietos
de los corazones
de la madrugada
sería una delicia
de pasos hundidos
en senderos húmedos.
De surcos sin marcas.
Si quien los camina
se llamara Anna.
G. F. S., abril de 2006
la tibia amazona
que cabalga
sola,
como caminando,
trotando
el jamelgo
sobre las modestas
olas impalpables
de un río de escándalo.
Si ella fuera ésa
que esperaba
el río,
el río encendido
por los gritos locos
para permitirle
como al Galileo
que lo transitara
pisando lo blando
más blando del agua
y diera razones
a la furia ciega
de los que lo claman
como si muriesen
pasado mañana
por las chimeneas
todas las eternas
pasiones fluviales.
Y si fuera Anna
a la que convoco
para que, pisando
el manto del agua,
caminando sola,
no sobre ese río
sino sobre el lago
quieto de mi noche
venga a dar motivos
a mis madrugadas.
Sería un hada errante
hundiendo los tacos
de su zapatitos
al desensillar
sobre el manto de agua.
Sería una hechicera
-cosa de Islas Malas-
que te atrapa el alma
siguiendo la huella
sin forma del río,
cruzando encantada
hasta las orillas
para ser amada.
Todo eso que cuento,
que parece sueño
de andar en las aguas
de los ríos locos,
o sobre las aguas
azules y tristes
de los lagos quietos
de los corazones
de la madrugada
sería una delicia
de pasos hundidos
en senderos húmedos.
De surcos sin marcas.
Si quien los camina
se llamara Anna.
G. F. S., abril de 2006