Y tal vez, por qué ha muerto, el licor del solitario;
el azul condensado, en la sensibilidad de los dedos…
y por qué esos rompehielos, sobre la pena;
por el aguijón del mercado,
y las calles, a la hora de las marejadas…
y, tal vez, por qué nuestros corazones,
extendidos como mantos…
por esos perros desmadejados,
que se reencuentran bajo la lluvia…
y tal vez, por qué ha muerto,
el asceta, sobre los fresones….
el azul condensado, en la sensibilidad de los dedos…
y por qué esos rompehielos, sobre la pena;
por el aguijón del mercado,
y las calles, a la hora de las marejadas…
y, tal vez, por qué nuestros corazones,
extendidos como mantos…
por esos perros desmadejados,
que se reencuentran bajo la lluvia…
y tal vez, por qué ha muerto,
el asceta, sobre los fresones….
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