Ezegaleon
Poeta recién llegado
Has sido creada de las cosas que me gustan:
Sutil, viajera mía, amanecer de cielo libre,
ritmo lento de música por la mañana, eternidad en tus ojos.
Complejidad de la receta con la que fuiste creada,
fugaz instante al tropezar en tus manos,
calor y profundidad de la imagen de tu mirada,
mineral áureo del cual soy un esclavo.
¿Dónde andas perdida que no
estás protegiéndome del frío de tu distancia?
Calor, fuego del incendio de tus ansias primitivas,
rosa oculta de mis bosques principales, flor de primavera tardía.
No existen palabras para ser tu cuerpo,
no existen miradas para definir tu alma.
Yo, indefenso, quiero crecer en tu pecho
y vaciar de luz los atardeceres sobre tu cama.
Hecha de estrellas, constelada, frágil y silenciosa,
envuelta en océanos, marina, celestial y terrestre,
son tus ojos hechos de mis deseos profundos,
al impactar sobre el mundo mi debilidad más fuerte.
Retiro la intimidad de tu breve cintura suspendida.
Anidaré en tu calor por algún instante impreciso.
No habrá distinción de dónde acabas o empiezo,
ajusticiándonos mutuamente, pero sin ser enemigos.
¿Dónde te encuentras ahora
que recién te fuiste, y te extraño?
Puedo acariciar el sabor del tiempo en tu mejilla,
y en ti besar la experiencia que depositaron los años.
Trozo del poema de mi necesidad primera,
brisa de pradera, terciopelo viajero en nuestras manos,
recodo infinito que camino libre y ciego,
descubro la vastedad de tu cariño, y te amo.
Sutil, viajera mía, amanecer de cielo libre,
ritmo lento de música por la mañana, eternidad en tus ojos.
Complejidad de la receta con la que fuiste creada,
fugaz instante al tropezar en tus manos,
calor y profundidad de la imagen de tu mirada,
mineral áureo del cual soy un esclavo.
¿Dónde andas perdida que no
estás protegiéndome del frío de tu distancia?
Calor, fuego del incendio de tus ansias primitivas,
rosa oculta de mis bosques principales, flor de primavera tardía.
No existen palabras para ser tu cuerpo,
no existen miradas para definir tu alma.
Yo, indefenso, quiero crecer en tu pecho
y vaciar de luz los atardeceres sobre tu cama.
Hecha de estrellas, constelada, frágil y silenciosa,
envuelta en océanos, marina, celestial y terrestre,
son tus ojos hechos de mis deseos profundos,
al impactar sobre el mundo mi debilidad más fuerte.
Retiro la intimidad de tu breve cintura suspendida.
Anidaré en tu calor por algún instante impreciso.
No habrá distinción de dónde acabas o empiezo,
ajusticiándonos mutuamente, pero sin ser enemigos.
¿Dónde te encuentras ahora
que recién te fuiste, y te extraño?
Puedo acariciar el sabor del tiempo en tu mejilla,
y en ti besar la experiencia que depositaron los años.
Trozo del poema de mi necesidad primera,
brisa de pradera, terciopelo viajero en nuestras manos,
recodo infinito que camino libre y ciego,
descubro la vastedad de tu cariño, y te amo.
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