Y te pienso
en la vereda cotidiana
del amanecer
sombrío árbol
que consuela los días
sin ti.
Estrujando la estación
de no verte
existe el deseo,
la resonancia de una ola
que en tu pecho quiere anclarse.
Y te pienso
En la melena nocturna
de aquellas nubes
pasajeras
sobre los techos, acá en mi isla
repicando como una campana que se sumerje,
lejanía que imploro se acorte
con tu presencia
a la que invoco cada tarde
entre mi pulso alborotado.
Te sueño, y un clavel rojo
en mi almohada florece
cada vez que te
llamo, te siento en mi
como un susurro telepático
que me escribe en las entrañas.
...Y te vuelvo a pensar
en estas frías mañanas,
tardes, noches
en que no existe
ni una sola canción que
no me hable de ti.