y tú, ¿qué quieres de mí?

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa

se llama esther y tiene más de cuarenta

el domingo nos emborrachamos en la playa
hacía un buen sol y el mar era azul
esther decía que se había cansado de los hombres
que no volvería a enredarse con ninguno
sólo quieren una cosa, dijo, los hombres
y cuando la obtienen se vuelven de humo
¿y las mujeres? le pregunté a esther
¿qué mierda quieren las mujeres?
las mujeres necesitan sentirse amadas, dijo
necesitamos que nos digan que nos quieren;
mientras la cerveza bajaba por mi garganta
pensaba en cuántas veces a lo largo de mi vida
había tenido ya esa misma conversación con otras mujeres
cuántas veces había sido testigo de la misma decepción
el mismo gesto de abdicación de la esperanza
¿qué podía hacer uno aparte de emitir un par de frases
acerca de la extraña condición humana o algo parecido?
a media tarde se acabó la cerveza
esther se encontraba alcoholizada en grado sumo
la parte de arriba del bikini se le había soltado
sus enormes tetas despedían reflejos dorados bajo el sol
la invité a mi casa a seguir la borrachera
tú lo que quieres, dijo, es llevarme a coger, hijo de puta
jamás abusaría de una dama alcoholizada, dije
bueno, vamos, dijo; pero cuidado con meterme la verga
subimos al carro y nos alejamos de la playa
de paso me detuve en un depósito y compré cerveza
una vez en casa tiré a esther encima del sillón
la quite el bikini y me bajé el pantaloncillo
me acerqué a su oído y le dije te quiero, perra
enseguida la penetré sin más preámbulos
naturalmente no opuso la menor resistencia
en vez de eso me empezó a pedir con voz ronca
que se la metiera lo más adentro que pudiera
sin embargo eyaculé apenas en cuanto estuve dentro de ella
mi cuerpo se vio sacudido entonces por una onda sísmica de placer
unos segundos más tarde me zafé de aquel bulto despatarrado en el sillón
eres una mierda, oí que murmuraba una voz pastosa
el clásico pendejo que sólo busca su propio beneficio
fui a la cocina y preparé un par de vodkas con jugo de lima
cuando volví junto a esther ella roncaba quedamente
me senté en una silla frente al sillón y la estuve contemplando
su cuerpo aún se conservaba en buen estado
podrían quedarle al menos diez años por delante
para seguir cultivando su decepción de los hombres
no deberías quejarte tanto, pensé,
ese culazo que tienes lo envidiarían muchas jovencitas
luego empecé a tomarme mi vodka con jugo de lima
y un chorrito de limón




 

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