elquecomienza
Poeta fiel al portal
A Maritza, en los bellos salones de sus ojos
Apareces cuando una música expresaba
la voluntad de nuestra piel,
y tu sonrisa en el cabello
un movimiento tranquilo
que subía la pendiente del amor.
Amé el aire en tus brazos,
la figura apacible de tus pasos,
el lento caminar de tus montañas.
Amé una tarde tu crecido cuerpo
en la longitud de tus labios,
acariciados por extraño código,
de jóvenes druidas que cantaban
los inicios del punto del amor.
Volver atrás era un pecado largo,
tenebroso como el tiempo.
Volver sí para amarte me era permitido,
¡tú mi ángel ¡.
¡tú perdición final!.
Apareces y amé un sueño
en que te rescataba
de sátrapas austeros
y de sacerdotes perdidos
en la ignorancia del amor.
Amé una caricia que nació
al amparo de tus ríos inconmensurables,
nacidos en regiones de manantiales,
donde tu nombre dio inicio a todo lo creado.
Amé tu cuerpo y te hice deleite
en un supremo recuerdo.
Amé lo que la tarde trajo y dejó:
descanso en el recuerdo...
Siempre.
Apareces cuando una música expresaba
la voluntad de nuestra piel,
y tu sonrisa en el cabello
un movimiento tranquilo
que subía la pendiente del amor.
Amé el aire en tus brazos,
la figura apacible de tus pasos,
el lento caminar de tus montañas.
Amé una tarde tu crecido cuerpo
en la longitud de tus labios,
acariciados por extraño código,
de jóvenes druidas que cantaban
los inicios del punto del amor.
Volver atrás era un pecado largo,
tenebroso como el tiempo.
Volver sí para amarte me era permitido,
¡tú mi ángel ¡.
¡tú perdición final!.
Apareces y amé un sueño
en que te rescataba
de sátrapas austeros
y de sacerdotes perdidos
en la ignorancia del amor.
Amé una caricia que nació
al amparo de tus ríos inconmensurables,
nacidos en regiones de manantiales,
donde tu nombre dio inicio a todo lo creado.
Amé tu cuerpo y te hice deleite
en un supremo recuerdo.
Amé lo que la tarde trajo y dejó:
descanso en el recuerdo...
Siempre.