Roque Meryn
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amaneció otra vez y no estabas.
Amaneció con el mismo tiempo exacto
en que te despertaste ayer.
Y hoy, el mismo tiempo reclama en mi interior
que te has ido, que ya no estás.
Que tus metas, sueños, serán de otro.
A quien le podrás contar de tus besos,
aquellos que tantas veces goce
y a la misma vez no goce.
Atardeció como siempre ha sucedido.
Con la simpleza en que los sonidos se interponen
ante la llegada del recuerdo y lugares vacios,
haciendo lo posible para ocultar lo agobiante
del día ya mencionado ante los actos.
Y no dejar que el lamento se adueñe
de lagrimas visibles ante la sociedad.
Anocheció como ayer, como anteayer.
Recorriendo aquel cuarto en silencio
sin que mis pasos se escuchen
para percibir tu pronunciación de un te extraño.
Porque sé que extrañar tu sonrisa,
tus labios bien diseñados no es fácil,
pero también sé que no estarás ante mi presencia
cuando deseé contar mis anécdotas, mis logros.
¿A quién? Si no estás tú.
Mas no mis fracasos cuando recorrías aquellas calles,
ellos no justifica lo que viviste,
son incansablemente mi tormento
que no tuvieron otra razón para cambiar
lo que un día llegaste a desear estando acá,
y deseche la oportunidad de amarte
y no sabes cuánto lo lamento.
El tiempo. Sabio conocedor de historias similares
Como está. La mía, tú historia... La que nos pertenece.
aquella razón oportuna que reclamaba mi voz, ¿recuerdas?
Solo para demostrarte que no se nace sabiendo
lo que tanto se anhela.
Pero si un sentimiento grande para demostrar
que todo tiene solución, que es posible lograrlo
antes de que llegue la muerte.