Enrique Quiroz Castro
Poeta que considera el portal su segunda casa
YA ESTÁ ESCRITO...
Ya está escrito en las manos del orfebre:
¡Mis cadenas, mi embrujo y mi desquicio!.
Soy cautivo sin astros que me alejen,
de tu flama sensual, ¡que es mi presidio!.
Cuando hiere el relámpago doliente
de tus ojos oceánicos en celo;
mi victoria, mi paz y hasta mi suerte,
se atomizan en lluvia de silencio.
Y no cabe en mis valles el delirio
de tu sombra enlutada en las mentiras.
Florecida en los crueles artificios
de un absurdo avivar, ¡hiel de cenizas!.
La visión que apresaste de mis sueños;
¡Era el mar infantil del regocijo!
¡Era el manto celeste de mi anhelo!
¡Era el canto solar del paraíso!
Quieres verme cruzar el nuevo río
sobre el puente ilusorio de tu gracia
y me empujas desnudo ante el abismo
de tus dudas, filudas como dagas.
¡Qué de prisa sembraste la vigilia
en el seno desértico de tu alma!
Enclavaste las puertas infinitas
de mi dicha enclaustrándola en tu jaula.
Ya está escrito en la manos del orfebre:
¡Mis cadenas, mi embrujo y mi desquicio!.
Soy recluso sin astros que me alejen,
de tu flama sensual, ¡que es mi presidio!.
AUTOR:
ENRIQUE QUIROZ CASTRO
abelenqc@hotmail.com
PIURA-PERÚ
25 de octubre del 2005
DERECHOS RESERVADOS.
Ya está escrito en las manos del orfebre:
¡Mis cadenas, mi embrujo y mi desquicio!.
Soy cautivo sin astros que me alejen,
de tu flama sensual, ¡que es mi presidio!.
Cuando hiere el relámpago doliente
de tus ojos oceánicos en celo;
mi victoria, mi paz y hasta mi suerte,
se atomizan en lluvia de silencio.
Y no cabe en mis valles el delirio
de tu sombra enlutada en las mentiras.
Florecida en los crueles artificios
de un absurdo avivar, ¡hiel de cenizas!.
La visión que apresaste de mis sueños;
¡Era el mar infantil del regocijo!
¡Era el manto celeste de mi anhelo!
¡Era el canto solar del paraíso!
Quieres verme cruzar el nuevo río
sobre el puente ilusorio de tu gracia
y me empujas desnudo ante el abismo
de tus dudas, filudas como dagas.
¡Qué de prisa sembraste la vigilia
en el seno desértico de tu alma!
Enclavaste las puertas infinitas
de mi dicha enclaustrándola en tu jaula.
Ya está escrito en la manos del orfebre:
¡Mis cadenas, mi embrujo y mi desquicio!.
Soy recluso sin astros que me alejen,
de tu flama sensual, ¡que es mi presidio!.
AUTOR:
ENRIQUE QUIROZ CASTRO
abelenqc@hotmail.com
PIURA-PERÚ
25 de octubre del 2005
DERECHOS RESERVADOS.
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