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En mi cielo ya no brillan las estrellas,
y en mis manos dormidas,
descansan, indefensas, las caricias.
No habrá voces, ni lamentos ni barreras
solo paz en el umbral de mis fronteras.
Se borraron para siempre
mis pasos, mis besos y mis errores
y mi aliado, el silencio
barajará los días y las noches
sin vanas palabras ni reproches.
Ya no ruge para mí el universo,
los vientos se han calmado
y el sosiego en señorío,
ha cercenado, inclemente
todos mis dominios.
La quietud envolvió mis escenarios
y en mi frente, huérfana de treguas
y vanas cortesías,
el reposo halló, su ultima guarida.
He aquí la alianza convenida
que en mi lecho, se hallaba dormida
pero hoy, ha despertado, inconmovible
y callada, acurrucada y tenaz,
se ha plasmado en mi esencia
recordándome, en cada despedida.
Ya nada detendrá los miedos
en el cielo y en las noches,
y las plegarias encontraron
un último beso y una última pluma
en este poema de trasnoche.
Mi epitafio será desde ahora
mi cartel de bienvenida.
y al decir de aquel libro
que llego a mis manos y a mi vida
como gotas de consuelo y de alegría,
*mi Morada desde ahora, es el Descanso
y mi Vestido, la Luz*.
Mariadelsolar
(*Extraído del Manual de Oración de Horacio Larrañaga)
En mi cielo ya no brillan las estrellas,
y en mis manos dormidas,
descansan, indefensas, las caricias.
No habrá voces, ni lamentos ni barreras
solo paz en el umbral de mis fronteras.
Se borraron para siempre
mis pasos, mis besos y mis errores
y mi aliado, el silencio
barajará los días y las noches
sin vanas palabras ni reproches.
Ya no ruge para mí el universo,
los vientos se han calmado
y el sosiego en señorío,
ha cercenado, inclemente
todos mis dominios.
La quietud envolvió mis escenarios
y en mi frente, huérfana de treguas
y vanas cortesías,
el reposo halló, su ultima guarida.
He aquí la alianza convenida
que en mi lecho, se hallaba dormida
pero hoy, ha despertado, inconmovible
y callada, acurrucada y tenaz,
se ha plasmado en mi esencia
recordándome, en cada despedida.
Ya nada detendrá los miedos
en el cielo y en las noches,
y las plegarias encontraron
un último beso y una última pluma
en este poema de trasnoche.
Mi epitafio será desde ahora
mi cartel de bienvenida.
y al decir de aquel libro
que llego a mis manos y a mi vida
como gotas de consuelo y de alegría,
*mi Morada desde ahora, es el Descanso
y mi Vestido, la Luz*.
Mariadelsolar
(*Extraído del Manual de Oración de Horacio Larrañaga)
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