Dan_Z
Poeta recién llegado
Ya no escribo poesía,
leo las palabras de tus labios,
escucho los sofocantes gritos del mudo,
lloro la pequeñeces del mundo;
Miento sobre la verdad
y escondo la verdad de la mentira,
ya no me apasionan las letras,
ya no me dedico al aire, ni a la poesía.
Escribo solo, lo que oyí de madrugada,
lo que se repetía en el odre
de tu piel, jamás fugada.
Escribo para la soledad,
para el vacío detrás de la ventana,
para los mares supurantes de tus ojos,
para sanar mi corazón, asesinado por una estaca.
Ya no escribo poesía,
si no cubro con letras la boca del hambriento;
si no sacio la sed del sediento de palabras;
si ya no entristezco la alegría del contento.
Me dedico solo, de la inspiración, de lo taciturno,
de lo tenebroso y de lo amoroso,
de la simple algarabía formada en tus pestañas,
como esta no poesía, creada siempre abstracta.
Memorizo el haz que bloquea aquel lápiz,
veo ya palabras y escucho sentimientos,
como aquella centinela que en la hoja se postraba,
moviendo mi mano, esculpiendo pensamientos.
Memorizo los sonidos adyacentes al respiro
de la noche, de tu silbo,
de aquel mago excluido,
que ya no escribía, por haberse ido.
Y la taza de café, y el tintero en mi escritorio,
no dignan de papel ni poesía,
nunca existió la inspiración, el repertorio,
para quien nunca escribía, y a las letras rehuía.
Ya no escribo poesía,
ni hago llover los cielos,
redacto solo la historia de tu ausencia,
y de aquel recuerdo sigo siendo siervo.
leo las palabras de tus labios,
escucho los sofocantes gritos del mudo,
lloro la pequeñeces del mundo;
Miento sobre la verdad
y escondo la verdad de la mentira,
ya no me apasionan las letras,
ya no me dedico al aire, ni a la poesía.
Escribo solo, lo que oyí de madrugada,
lo que se repetía en el odre
de tu piel, jamás fugada.
Escribo para la soledad,
para el vacío detrás de la ventana,
para los mares supurantes de tus ojos,
para sanar mi corazón, asesinado por una estaca.
Ya no escribo poesía,
si no cubro con letras la boca del hambriento;
si no sacio la sed del sediento de palabras;
si ya no entristezco la alegría del contento.
Me dedico solo, de la inspiración, de lo taciturno,
de lo tenebroso y de lo amoroso,
de la simple algarabía formada en tus pestañas,
como esta no poesía, creada siempre abstracta.
Memorizo el haz que bloquea aquel lápiz,
veo ya palabras y escucho sentimientos,
como aquella centinela que en la hoja se postraba,
moviendo mi mano, esculpiendo pensamientos.
Memorizo los sonidos adyacentes al respiro
de la noche, de tu silbo,
de aquel mago excluido,
que ya no escribía, por haberse ido.
Y la taza de café, y el tintero en mi escritorio,
no dignan de papel ni poesía,
nunca existió la inspiración, el repertorio,
para quien nunca escribía, y a las letras rehuía.
Ya no escribo poesía,
ni hago llover los cielos,
redacto solo la historia de tu ausencia,
y de aquel recuerdo sigo siendo siervo.
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