Ania Kupuri
Poeta recién llegado
No se trata de inmensurables congojas
ni de eternas amarguras.
Dejé de hablar de los amores
que se entretejen en si mismos
como cálidos albores de mortaja en plenilunio.
-No se mal entiendan mis razones-
La finura de los besos enternece
las ansias de los ansiosos
y de los ansiados se vuelve anhelo.
¡Qué maravilla el revuelo!
Y los matices de las boreales auroras
entre las pasiones sobrecogedoras
de los muchos, que cayeron en hinojos
ante el aura electrizante
de la magia de esos labios y esos ojos.
Deje de fungir como testigo mudo
de los sinsabores del reacio desengaño
de los celos, de los empachos
que hacen correr el tiempo en goteros
y terribles descalabros
que convirtieron a un niño
en fúrico juez del alma amada
que dejó de amar la suya, de temporada
en temporada...
Deje de ser protagonista noble
de las cartas que se pierden cual gaviotas
entre las cortinas del tiempo.
Esas cartas jamás leídas por las mentes
por lo cuerpos deseados a rabiar
y que en pie juntillas se fueron
dejando entre sus pucheros, lágrimas
con grito alado y diamantes rojos.
Ya no le escribo al amor
no mal entiendan mis calladas razones.
Es a este amor de amantes
al que enmudezco y me figuro más que ausente.
Abro mi voz al amor que ama el todo, ese
que grita inocente el nombre de madre y padre
el nombre de hijo e hija
que aunque de nuestro latido se ausente..
Crece perenne y exacto...
Tan igual a su nacimiento lleva
hasta en el olor de la muerte: La alegría.
Infinito el amor de enjambre -Leche y natas-
ese que arde en el pecho de una madre
haciendo estallar cualquier sueño.
No mal entiendan mis razones...
Sea su comprensión, las pretensiones
de inmortalizar los sabores de los brazos
que nos mecen y de flores nos cantan...
©
ni de eternas amarguras.
Dejé de hablar de los amores
que se entretejen en si mismos
como cálidos albores de mortaja en plenilunio.
-No se mal entiendan mis razones-
La finura de los besos enternece
las ansias de los ansiosos
y de los ansiados se vuelve anhelo.
¡Qué maravilla el revuelo!
Y los matices de las boreales auroras
entre las pasiones sobrecogedoras
de los muchos, que cayeron en hinojos
ante el aura electrizante
de la magia de esos labios y esos ojos.
Deje de fungir como testigo mudo
de los sinsabores del reacio desengaño
de los celos, de los empachos
que hacen correr el tiempo en goteros
y terribles descalabros
que convirtieron a un niño
en fúrico juez del alma amada
que dejó de amar la suya, de temporada
en temporada...
Deje de ser protagonista noble
de las cartas que se pierden cual gaviotas
entre las cortinas del tiempo.
Esas cartas jamás leídas por las mentes
por lo cuerpos deseados a rabiar
y que en pie juntillas se fueron
dejando entre sus pucheros, lágrimas
con grito alado y diamantes rojos.
Ya no le escribo al amor
no mal entiendan mis calladas razones.
Es a este amor de amantes
al que enmudezco y me figuro más que ausente.
Abro mi voz al amor que ama el todo, ese
que grita inocente el nombre de madre y padre
el nombre de hijo e hija
que aunque de nuestro latido se ausente..
Crece perenne y exacto...
Tan igual a su nacimiento lleva
hasta en el olor de la muerte: La alegría.
Infinito el amor de enjambre -Leche y natas-
ese que arde en el pecho de una madre
haciendo estallar cualquier sueño.
No mal entiendan mis razones...
Sea su comprensión, las pretensiones
de inmortalizar los sabores de los brazos
que nos mecen y de flores nos cantan...
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