María del R.
Poeta recién llegado
¡Bravo!, ¡hombre!, ¡vítores!, ¡viva!,
¡has vuelto!,
y he gritado quedito para que no oyeras
para no asustar tu espanto
para que no corras de nuevo.
¡Viva!, sí, viva me siento
Y viva estaba ¿sabes?
Aprendí a caminar sin pasos.
Aprendí a esperar.
Aprendí a acostumbrarme a tus ya vengo.
Que no te diga nada
de mi boca ni un suspiro
sólo el loco que habita en mi pecho se desbocaba en silencio,
sólo yo conmigo, en mis recónditos túneles me he devanado los sesos
¿se quedará?, ¿será por siempre?
Como piezas de rompecabezas,
se acomodaron los huesos,
son sabios los cuerpos,
no necesitan cerebros,
calor, aliento, sosiego,
frío de nuevo.
Aprendí, aprendí a acostumbrarme a tus ya vengo.
¡has vuelto!,
y he gritado quedito para que no oyeras
para no asustar tu espanto
para que no corras de nuevo.
¡Viva!, sí, viva me siento
Y viva estaba ¿sabes?
Aprendí a caminar sin pasos.
Aprendí a esperar.
Aprendí a acostumbrarme a tus ya vengo.
Que no te diga nada
de mi boca ni un suspiro
sólo el loco que habita en mi pecho se desbocaba en silencio,
sólo yo conmigo, en mis recónditos túneles me he devanado los sesos
¿se quedará?, ¿será por siempre?
Como piezas de rompecabezas,
se acomodaron los huesos,
son sabios los cuerpos,
no necesitan cerebros,
calor, aliento, sosiego,
frío de nuevo.
Aprendí, aprendí a acostumbrarme a tus ya vengo.