Bender Carvajal
Poeta recién llegado
Tú no tienes nada que ver
con que yo me ande por la vida
enloquecido de tristeza
y con el corazón alicaído
como un perro envenenado.
Son cosas de hombre netamente
el que me vaya de juerga
por la ebriedad de las noches
y me pierda como una telaraña
por el tránsito de los días.
No es por ti ciertamente
que a hierro mato
porque a hierro vivo,
sino por cosas que tienen que ver
con que a veces simplemente
las vías del camino
no señalan el regreso.
Cuando te hice presa
de un arrebato cualquiera
que por este corazón has pagado,
yo ya venía sufriendo
como una mancha
por los cristales del tiempo,
y apropiadamente desvestido
te llevaste de mí
tan solo este cuerpo
que ya no recuerda
si alguna vez estuvo vivo.
Ni idea tienes de palabras hirientes,
ni de ojos apretados,
ni de volver el vientre
para quitarse los hijos;
no has aprendido todavía
que un corazón partido no te mata,
sino tan solo te envejece;
te crees que por llevarte
el sabor de mis huesos
entre tus labios benditos,
me has arrancado el alma
y cómo a un hijo
me has dejado desprotegido?
Este dolor acaecido
que me irrita el párpado del pecho
no se agrieta porque tú crees
que así lo has querido…
Yo vengo podrido
desde antes de tus caderas,
de tus besos, de tu amor ingenuo,
y de tu adiós que me echaste
como un plato hirviendo
sobre esta mirada
que ya tengo quemada
desde hace tiempo,
pues el derecho que te arrogas
de ser la dueña de mi dolor
no tiene valor de propiedad
sobre este cuerpo hipotecado,
ni un ápice te debe
este hombre muerto
con el que has dormido…
con que yo me ande por la vida
enloquecido de tristeza
y con el corazón alicaído
como un perro envenenado.
Son cosas de hombre netamente
el que me vaya de juerga
por la ebriedad de las noches
y me pierda como una telaraña
por el tránsito de los días.
No es por ti ciertamente
que a hierro mato
porque a hierro vivo,
sino por cosas que tienen que ver
con que a veces simplemente
las vías del camino
no señalan el regreso.
Cuando te hice presa
de un arrebato cualquiera
que por este corazón has pagado,
yo ya venía sufriendo
como una mancha
por los cristales del tiempo,
y apropiadamente desvestido
te llevaste de mí
tan solo este cuerpo
que ya no recuerda
si alguna vez estuvo vivo.
Ni idea tienes de palabras hirientes,
ni de ojos apretados,
ni de volver el vientre
para quitarse los hijos;
no has aprendido todavía
que un corazón partido no te mata,
sino tan solo te envejece;
te crees que por llevarte
el sabor de mis huesos
entre tus labios benditos,
me has arrancado el alma
y cómo a un hijo
me has dejado desprotegido?
Este dolor acaecido
que me irrita el párpado del pecho
no se agrieta porque tú crees
que así lo has querido…
Yo vengo podrido
desde antes de tus caderas,
de tus besos, de tu amor ingenuo,
y de tu adiós que me echaste
como un plato hirviendo
sobre esta mirada
que ya tengo quemada
desde hace tiempo,
pues el derecho que te arrogas
de ser la dueña de mi dolor
no tiene valor de propiedad
sobre este cuerpo hipotecado,
ni un ápice te debe
este hombre muerto
con el que has dormido…
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