YELENIA
Amé sus hombros vestidos de cielo
y el surco del navío que abrió las ventanas
donde sus ojos se asomaron mojados
de frenesí.
Yo estuve, y me quedé entre sus ramas
arrasado por los nidos que parpadeaban
en el eco de sus tiempos azules.
Yelenia... le nombraba el tejedor de versos
y su silencio mordía mi boca.
Crepitaban mis ojos en el nocturno,
y de sus ojos salvajes
un rumbo de cenizas maduras
caían de asombro en mis cuerdas de lluvia
entonces el amor... como una flecha
dejaba una grieta en la tierra.
EBAN
Julio de 2016
Dedicado con afecto
a la poeta, Margelia Oviedo.
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