Capricornio
Poeta recién llegado
Yo añoro los fuegos incendiarios,
De tus listones recorriendo la pradera,
Y añoro la dulzura del sagrario,
De tu boca tan risueña mañanera
También lloro cada día y desfallezco
Pues carezco de tus frescas fantasías,
Si al llegar la luz de aurora yo amanezco,
Es porque he soñado ayer con tus mejillas
Me ha bañado una llovizna de jacintos,
Ese jueves que a tu puerta yo tocaba,
Era un templo de alabastro tu recinto,
Con carmenes de galaxias en la entrada
Macilento me hallaba, ¡desnutrido!,
Pues carezco de la fruta deliciosa,
Ambrosía de deidades tu vestido,
Tan magnífica tu piel y portentosa
Tu sonrisa diamantada es un tesoro,
Mi náyade con aroma de lavanda,
Y aunque todas las estrellas fueran oro,
Mas valieran los remansos de tu espalda
Varias lunas que yo me hallo solitario,
Pues carezco de los sotos inefables,
De tu pelo salpicado de geranios,
Y de rosas de un color inexplicable
Eres nácar con un trazo de coral,
En tu rostro de piélago infinito,
Son tus labios el estímulo ideal,
Con sus húmedos rincones exquisitos
Me halló yerto y se me escapa la vida,
Pues carezco de tu caricia ferviente,
Si la lámpara lunar no esta encendida,
Es porque hoy no tengo la joya de tu frente
Yo añoro los fuegos incendiarios,
De tus listones recorriendo la pradera,
Y añoro con el alma el beso diario,
Que traía a mis Junios primaveras
De tus listones recorriendo la pradera,
Y añoro la dulzura del sagrario,
De tu boca tan risueña mañanera
También lloro cada día y desfallezco
Pues carezco de tus frescas fantasías,
Si al llegar la luz de aurora yo amanezco,
Es porque he soñado ayer con tus mejillas
Me ha bañado una llovizna de jacintos,
Ese jueves que a tu puerta yo tocaba,
Era un templo de alabastro tu recinto,
Con carmenes de galaxias en la entrada
Macilento me hallaba, ¡desnutrido!,
Pues carezco de la fruta deliciosa,
Ambrosía de deidades tu vestido,
Tan magnífica tu piel y portentosa
Tu sonrisa diamantada es un tesoro,
Mi náyade con aroma de lavanda,
Y aunque todas las estrellas fueran oro,
Mas valieran los remansos de tu espalda
Varias lunas que yo me hallo solitario,
Pues carezco de los sotos inefables,
De tu pelo salpicado de geranios,
Y de rosas de un color inexplicable
Eres nácar con un trazo de coral,
En tu rostro de piélago infinito,
Son tus labios el estímulo ideal,
Con sus húmedos rincones exquisitos
Me halló yerto y se me escapa la vida,
Pues carezco de tu caricia ferviente,
Si la lámpara lunar no esta encendida,
Es porque hoy no tengo la joya de tu frente
Yo añoro los fuegos incendiarios,
De tus listones recorriendo la pradera,
Y añoro con el alma el beso diario,
Que traía a mis Junios primaveras