Benjamín León
Poeta recién llegado
Yo debí amarte y nacer,
debí ser un kilómetro de venas
en el cañaveral de tus latidos,
debí quererte tierra y ser semilla
hasta que en tus senos el amor brotara.
Yo debí amarte, pero ocurre
que nos timbró la luna pasajera
en la cresta de los vientos
y nos hizo muros
y nos tatuó de escarcha
y nos golpeó de mar en mar
como un caballo torcido
o como nevadas rosas
que nada entienden del amor.
Yo debí ser tiempo y fui memoria
en las raíces de tu noche,
en todo el emigrar del mundo,
porque nos resignó la aurora
cuando sus racimos eran tarde
y entre todos tus besos
sólo un beso nos ató
como una pequeña muerte
que sepultó la primavera
cuando comenzábamos a amar
en el instante prófugo del fin.