allix
Poeta fiel al portal
Vamos a comenzar un relato,
un relato corto y largo.
Vamos a continuarlo,
solo quiero que quede claro,
después de esto no habrá ningún hasta luego.
Este es el final de mis sentimientos,
de todas esas sensaciones que al verte siento,
es el final de algo que no tuvo comienzo.
Te conocí en invierno,
cuando las gotas de lluvia se pegaban en la ventana y el cielo molesto estaba.
Fuiste panacea para el frío,
entibiaste mi corazón sin permiso,
y entonces el tiempo transcurrió despacio... como esperando
esperando a que me quede alucinando.
Y entonces nada tuvo sentido,
y la lógica se fue inundando en los prejuicios.
Y tus ojos me miraron,
y mi corazón paro de hacer su trabajo.
Nunca antes me había pasado,
cupido había logrado lo que no estaba planeado en mi hado.
Entonces cuando por fin me anime a dirigir vocablo,
se inmiscuyó alguien que no estaba en este relato.
Y así terminó nuestro encuentro,
para mí perfecto, para ti uno más de esos.
Esperando día tras día,
mirando todas las esquinas,
olfateando las ventiscas
esperé encontrarte,
esperé esperando.
Y no obtuve algún resultado,
cansada decidí dejarlo al tiempo,
y el tiempo me mantuvo en el rincón escueto del intento.
Hasta que un día apareciste gallardo,
paso a paso seguí tu rastro,
paso a paso en el día,
por fin tu sombra rozó la mía.
Y en un acto díscolo y lleno de palinodias,
me atreví a saludarte,
entonces desconociendo o sabiendo lo que venía,
me apresuré a preguntarte cosas que solo yo sabía,
Quise que mi admiración no sea obvia,
que mis intenciones no sean vistas,
pero sin mucho esfuerzo tu descifraste hasta lo que no decía.
Casi completamente indiferente,
compartiste algunos fonemas,
y luego la lluvia se encargó de al intento cerrarle las puertas.
Y solo quedé yo y el sentimiento
y solo te dedique poemas sin que sepas.
Pero entonces el tiempo con mañas y hazañas,
me permitió verte de nuevo.
Apenas y un saludo,
apenas pude rozar tu mejilla,
apenas puede decirte cuán interesante me parecías.
Pero para ti somos desconocidos que conocerse no quieren,
y yo me cansé de preparar mi escape cada que puedo evitar verte.
Así que mientras tanto será algo así:
yo en el remanso del dolor,
y tú en el romance del adiós.
un relato corto y largo.
Vamos a continuarlo,
solo quiero que quede claro,
después de esto no habrá ningún hasta luego.
Este es el final de mis sentimientos,
de todas esas sensaciones que al verte siento,
es el final de algo que no tuvo comienzo.
Te conocí en invierno,
cuando las gotas de lluvia se pegaban en la ventana y el cielo molesto estaba.
Fuiste panacea para el frío,
entibiaste mi corazón sin permiso,
y entonces el tiempo transcurrió despacio... como esperando
esperando a que me quede alucinando.
Y entonces nada tuvo sentido,
y la lógica se fue inundando en los prejuicios.
Y tus ojos me miraron,
y mi corazón paro de hacer su trabajo.
Nunca antes me había pasado,
cupido había logrado lo que no estaba planeado en mi hado.
Entonces cuando por fin me anime a dirigir vocablo,
se inmiscuyó alguien que no estaba en este relato.
Y así terminó nuestro encuentro,
para mí perfecto, para ti uno más de esos.
Esperando día tras día,
mirando todas las esquinas,
olfateando las ventiscas
esperé encontrarte,
esperé esperando.
Y no obtuve algún resultado,
cansada decidí dejarlo al tiempo,
y el tiempo me mantuvo en el rincón escueto del intento.
Hasta que un día apareciste gallardo,
paso a paso seguí tu rastro,
paso a paso en el día,
por fin tu sombra rozó la mía.
Y en un acto díscolo y lleno de palinodias,
me atreví a saludarte,
entonces desconociendo o sabiendo lo que venía,
me apresuré a preguntarte cosas que solo yo sabía,
Quise que mi admiración no sea obvia,
que mis intenciones no sean vistas,
pero sin mucho esfuerzo tu descifraste hasta lo que no decía.
Casi completamente indiferente,
compartiste algunos fonemas,
y luego la lluvia se encargó de al intento cerrarle las puertas.
Y solo quedé yo y el sentimiento
y solo te dedique poemas sin que sepas.
Pero entonces el tiempo con mañas y hazañas,
me permitió verte de nuevo.
Apenas y un saludo,
apenas pude rozar tu mejilla,
apenas puede decirte cuán interesante me parecías.
Pero para ti somos desconocidos que conocerse no quieren,
y yo me cansé de preparar mi escape cada que puedo evitar verte.
Así que mientras tanto será algo así:
yo en el remanso del dolor,
y tú en el romance del adiós.