Susana del Rosal
Poeta que considera el portal su segunda casa
La vida vino un día, y yo estaba ocupada
con autocompasión,
me pasó por un lado, se me puso de frente,
se paró de puntillas,
dio vueltas en mi entorno...
y preferí encerrarme en mis cuatro paredes
gozando mi dolor.
La vida, que giraba buscando mis sonrisas,
tendiéndome los brazos,
poniendo melodías,
encontró en mis oídos tan sólo indiferencia,
y mirando en mi cuarto esa ventana abierta
le atrajo el desparpajo
lujuriante del sol.
Y se fue con su baile, y se llevó mi tiempo.
Me dejó recostada, contemplando el vaivén
del llanto victorioso, mojando las paredes
flojas del corazón.
Vino y se fue la vida. Yo la miré pasar.
Aquí quedó la huella de sus tacones altos;
se percibe en la brisa su aroma de mastranto
que se aleja y se va.
Se asoman los colores de su ocaso tardío
tras este dolor mío por su paso fugaz,
y no sé si deseo que regrese y me bese,
si la anhelo o no quiero.
Si vuelve... ¿me hallará?
con autocompasión,
me pasó por un lado, se me puso de frente,
se paró de puntillas,
dio vueltas en mi entorno...
y preferí encerrarme en mis cuatro paredes
gozando mi dolor.
La vida, que giraba buscando mis sonrisas,
tendiéndome los brazos,
poniendo melodías,
encontró en mis oídos tan sólo indiferencia,
y mirando en mi cuarto esa ventana abierta
le atrajo el desparpajo
lujuriante del sol.
Y se fue con su baile, y se llevó mi tiempo.
Me dejó recostada, contemplando el vaivén
del llanto victorioso, mojando las paredes
flojas del corazón.
Vino y se fue la vida. Yo la miré pasar.
Aquí quedó la huella de sus tacones altos;
se percibe en la brisa su aroma de mastranto
que se aleja y se va.
Se asoman los colores de su ocaso tardío
tras este dolor mío por su paso fugaz,
y no sé si deseo que regrese y me bese,
si la anhelo o no quiero.
Si vuelve... ¿me hallará?
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