Ernst Nietzsche
Poeta recién llegado
De todo lo visto, yo amo sólo aquello que es digno de ser amado.
¿Cuanta virtud puede haber en alguien que te haga clamar “eso es lo que he buscado? O es a caso que pones en cuerpo ajeno el vestido olgado de lo que pertenece al cielo.
Pues bien, hablar de amor es como hablar de Dios, todos hablan de él, aunque nadie sabe lo que es, ni lo ha visto, no sabe si existe de verdad, pero si algo es verdad, es que es.
Y yo ya no hablo de ello, porque quien de amor habló no lo vivió, sólo lo deseó.
¿De qué hablo ahora? Hablo de lo que veo y pienso para mí, ¿Será real? O será a caso que he querido ver más allá de la aurora cuando la luz no me deja mirar frente de mí.
Yo no creo haya sido juego del azar, no soy pieza ni ficha en un juego infernal en el que, aunque suene triste, se destino para pocos ganar y para nosotros perder.
Yo no creo en un Dios que planea, pero creo en ti y en la linea fatídica que me obliga a amarla me guste o no. En aquel camino sinuoso que te obliga a amar a la vida.
Yo no amaría más que a una mujer que supiese mentir.
Porque quizá así ella pudiera curarme de esta enfermedad que me carcome, pena querida, destino dolido que me ha llevado a para en la costa de la mañana.
Lo que me ha llevado a hoy, es el rastro del ayer, pesado y envejecido.
Coplejo del deseo del amor que se muestra falso pues, amamos más el deseo que lo deseado.
Así es como habla hoy mi sentir. Así es como en las noches habla mi valor.
¿Cuanta virtud puede haber en alguien que te haga clamar “eso es lo que he buscado? O es a caso que pones en cuerpo ajeno el vestido olgado de lo que pertenece al cielo.
Pues bien, hablar de amor es como hablar de Dios, todos hablan de él, aunque nadie sabe lo que es, ni lo ha visto, no sabe si existe de verdad, pero si algo es verdad, es que es.
Y yo ya no hablo de ello, porque quien de amor habló no lo vivió, sólo lo deseó.
¿De qué hablo ahora? Hablo de lo que veo y pienso para mí, ¿Será real? O será a caso que he querido ver más allá de la aurora cuando la luz no me deja mirar frente de mí.
Yo no creo haya sido juego del azar, no soy pieza ni ficha en un juego infernal en el que, aunque suene triste, se destino para pocos ganar y para nosotros perder.
Yo no creo en un Dios que planea, pero creo en ti y en la linea fatídica que me obliga a amarla me guste o no. En aquel camino sinuoso que te obliga a amar a la vida.
Yo no amaría más que a una mujer que supiese mentir.
Porque quizá así ella pudiera curarme de esta enfermedad que me carcome, pena querida, destino dolido que me ha llevado a para en la costa de la mañana.
Lo que me ha llevado a hoy, es el rastro del ayer, pesado y envejecido.
Coplejo del deseo del amor que se muestra falso pues, amamos más el deseo que lo deseado.
Así es como habla hoy mi sentir. Así es como en las noches habla mi valor.
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