Yo no soy el culpable de que trine
Te soporto,
y solo lo hago, por tener aún fuerzas
que las saco de un terroso saco,
rebuscando entre míseros bártulos,
comedidos como el bronce de su hechura.
Diáfanas maneras, les llueven a tus ánimos,
encontrados, como lazos en el cuello fatigado
de un humilde amado, enamorado,
solitario,
como el poste enclenque que me ata.
Pero Úrsula, no puedes andar así,
echándome la culpa de los péndulos vidriosos
esos que estrellados suenan en mi rostro,
y no se quiebran,
ni mucho menos se ensalzan y rechinan,
recibiendo su dolor, como lo hizo el buen Jesús.
¡Mírame!
Ya que hoy he despertado sin barbas
decidido a regar en ti, mis decentes locuras,
entusiastas trazos en tu desnudez, aún párvula,
que me arenga a no rendirme,
y pueda yo saltar, sin ojos sobre ti.
y solo lo hago, por tener aún fuerzas
que las saco de un terroso saco,
rebuscando entre míseros bártulos,
comedidos como el bronce de su hechura.
Diáfanas maneras, les llueven a tus ánimos,
encontrados, como lazos en el cuello fatigado
de un humilde amado, enamorado,
solitario,
como el poste enclenque que me ata.
Pero Úrsula, no puedes andar así,
echándome la culpa de los péndulos vidriosos
esos que estrellados suenan en mi rostro,
y no se quiebran,
ni mucho menos se ensalzan y rechinan,
recibiendo su dolor, como lo hizo el buen Jesús.
¡Mírame!
Ya que hoy he despertado sin barbas
decidido a regar en ti, mis decentes locuras,
entusiastas trazos en tu desnudez, aún párvula,
que me arenga a no rendirme,
y pueda yo saltar, sin ojos sobre ti.