Yo que al contrario de los poetas

Dylam Shalam

Poeta recién llegado

Mil veces más hay que caer como hojas
sobre los estribos de la muerte.
Yo que al contrario de los poetas,
me doy como las putas en las esquinas,
seca, sin nada y con el corazón marchito.
Con el color reluciente sobre los ojos
y la inocencia escondida entre las piernas.

Son casi las seis de la tarde y la esperanza corre
al igual que los coches que no poseen alma.
Se escapa el tiempo sobre la ventana
y junto a él salta el tiempo que no es nada.

He venido aquí, a este mundo,
a esta orbe dónde se respira el miedo
y se expiran cenizas resumidas en recuerdos.

¿Donde están mis piernas largas y flacas?
¿Mi felicidad al encontrar la misma frente al espejo?

¿Quién es quién?
Si yo quiero contar la historia de todos juntos.
Si me ha tocado ser parte de ellos y no ser dueña de nadie.

Hay un insecto confuso como yo,
recorriendo mis manos y explorando mis dedos.
Los nombres del pasado sollozando entre las calles
y al calor de la noche haciendo ecos sobre la memoria.

Mi Dios, sólo mi Dios.
Tan sutil, tan exacto.
Como la brisa que esta tarde recorrió mis cabellos
y le dio rienda suelta a la mas amarga de mis ideas.
 
Mil veces más hay que caer como hojas
sobre los estribos de la muerte.
Yo que al contrario de los poetas,
me doy como las putas en las esquinas,
seca, sin nada y con el corazón marchito.
Con el color reluciente sobre los ojos
y la inocencia escondida entre las piernas.

Son casi las seis de la tarde y la esperanza corre
al igual que los coches que no poseen alma.
Se escapa el tiempo sobre la ventana
y junto a él salta el tiempo que no es nada.

He venido aquí, a este mundo,
a esta orbe dónde se respira el miedo
y se expiran cenizas resumidas en recuerdos.

¿Donde están mis piernas largas y flacas?
¿Mi felicidad al encontrar la misma frente al espejo?

¿Quién es quién?
Si yo quiero contar la historia de todos juntos.
Si me ha tocado ser parte de ellos y no ser dueña de nadie.

Hay un insecto confuso como yo,
recorriendo mis manos y explorando mis dedos.
Los nombres del pasado sollozando entre las calles
y al calor de la noche haciendo ecos sobre la memoria.

Mi Dios, sólo mi Dios.
Tan sutil, tan exacto.
Como la brisa que esta tarde recorrió mis cabellos
y le dio rienda suelta a la mas amarga de mis ideas.

Tristes versos se aprende de cada invierno, placer leerle
 

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