Yo recorrí senderos con andar peregrino,
he luchado en batallas que nunca fueron mías,
he llorado mil muertes en los aciagos días
en que solo era luto mi agónico destino.
Nunca fui Dulcinea, yo quise ser Quijote,
luchar contra un molino, deshacer un entuerto,
segura en lo inseguro de mi destino incierto,
¡mas no existe barrera que el ímpetu me acote!
Soy la loca que espera en un puerto vacío
donde se apilan sueños con esperanzas rotas,
empapada de penas, aterida de frío.
Soy la joven que un día lloró con las gaviotas,
esa dama de negro que galopa con brío
al nuevo amanecer que surge en las derrotas.