emiled
Poeta adicto al portal
Yo solía por las noches escuchar a aquél ruiseñor
Yo solía por las noches
escuchar a aquél ruiseñor.
Después vinieron las bestias
a cantarles al dolor,
y en el parque desolado
quedó marchita la flor:
el lis que todo lo sueña,
con acordes de gris canción
susurró llantos al campo,
de azul hirió el corazón,
y yerta en la frágil tierra
ahí muerta se quedó.
¡Y yo que sólo podía,
en el solitario azul
por donde corre la luna
darle sueños de abedul!
¡Y yo que sólo sabía
llamarlo a que al árbol venga
y las canciones cantemos
triste me quedé ahí fuera!
Triste y sólo me quedé
cual gorrión de primavera,
con dos mares de tristeza
y una noche venidera,
y el mar triste de una flor
que como el ave así gorjea.
No, jamás hubo tristeza
honda tan como ese río,
vasta como aquél ocaso
que es invierno y turbio frío;
jamás cantaron canción
tan penosa las estrellas
en el cielo, ni el cantor
dio notas tan moribundas,
tantos gritos de dolor.
¿Y yo que aún espero
como el ruiseñor cantar
si mi camino no veo
y no puedo sino andar?
¿Y yo que si aún es invierno
y la flor marchita está,
y las bestias nos acechan,
y el sol ya no cantará?
Sólo quiero que en el parque
oiga la luna a la flor,
y así poder por las noches
escuchar a aquél ruiseñor.
E.R.D
Yo solía por las noches
escuchar a aquél ruiseñor.
Después vinieron las bestias
a cantarles al dolor,
y en el parque desolado
quedó marchita la flor:
el lis que todo lo sueña,
con acordes de gris canción
susurró llantos al campo,
de azul hirió el corazón,
y yerta en la frágil tierra
ahí muerta se quedó.
¡Y yo que sólo podía,
en el solitario azul
por donde corre la luna
darle sueños de abedul!
¡Y yo que sólo sabía
llamarlo a que al árbol venga
y las canciones cantemos
triste me quedé ahí fuera!
Triste y sólo me quedé
cual gorrión de primavera,
con dos mares de tristeza
y una noche venidera,
y el mar triste de una flor
que como el ave así gorjea.
No, jamás hubo tristeza
honda tan como ese río,
vasta como aquél ocaso
que es invierno y turbio frío;
jamás cantaron canción
tan penosa las estrellas
en el cielo, ni el cantor
dio notas tan moribundas,
tantos gritos de dolor.
¿Y yo que aún espero
como el ruiseñor cantar
si mi camino no veo
y no puedo sino andar?
¿Y yo que si aún es invierno
y la flor marchita está,
y las bestias nos acechan,
y el sol ya no cantará?
Sólo quiero que en el parque
oiga la luna a la flor,
y así poder por las noches
escuchar a aquél ruiseñor.
E.R.D
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