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Tremendo poema estimado amigo!!Ven, ayudame a cerrar mis grietas,
necesito que me ayudes a olvidar
Yo también le di una mano a la violeta
luz que se desprendía de un faro inerte
y la puse sobre el rojo atardecer del delta
en la borrasca decrépita de la muerte
Yo también vi la luna en esas noches
amargas de sufrimiento, en las caras largas
que se anudan a las áridas riberas del reproche
Yo también me asomaba triste en la ventana
a contemplar el horizonte enmohecido,
que apenas disipaba su escozor en la mañana
Ven, ayudame a ahuyentar mis temores,
que se acrecientan cuando va muriendo el día
Yo también sentí los pasos de los asesinos,
cruzando por el umbral de mis resquicios
humedecidos por las lagrimas de mis vecinos
Yo también sentí el frio de la muerte que acecha
agazapada en el alero de los gritos lejanos,
como un sinfín de cuervos que destruyen la cosecha
Yo también vi el dolor en los ojos de mi hermano
cuando pasó por aquí la parva que cegaba los cristales
del alma de las madres, empañadas por sus lagrimas
Ven, ayudame tu, campesino que labras la tierra,
tu que sabes del dolor de las ausencias repentinas...
tu, que también sufriste los rigores de la guerra fratricida,
poniendo los muertos en los surcos de tu herida,
para vanagloria de los que fomentan la violencia
Tu, que también te arrimabas por las madrugadas
al hedor de los campos desolados, buscando a los tuyos,
desaparecidos en una noche de atropellos y redadas
Tu, que también tienes sentimientos y lloras tu dolor,
humillado por un estado inexistente, pujando el orgullo
de una bandera enarbolada, miserable y sin honor
Ven, ayudame tu, hermano de las manos cansadas,
ayudame con la pocas fuerzas que aún te quedan
Ven, enarbolemos el valor de la dignidad ultrajada,
préndete en el pecho el escudo de tu honorabilidad
para que sepan que nunca podrán derribar tus principios
Ven, hermano, seca tus lagrimas con mi pañuelo,
te ofrezco mi hombro para que llores tu último llanto,
ya no más, hagamos un cerco al dolor y al desconsuelo
Yo también, hermano, yo también he soñado despierto,
yo también he sufrido el dolor de las heridas del espanto...
yo también, hermano, yo también he llorado mis muertos.
Indudablemente, mi estimado MarcosR, hay heridas abiertas que todavía duelen. Poco a poco el terror ha ido disminuyendo, pero no desaparece por completo. Es una historia que tenemos que cambiarla los que empuñamos la bandera de la dignidad y el arraigo por nuestra tierra.Tremendo poema estimado amigo!!
Es una gran herida la de tu tierra hermano, que debiera ser de todos nosotros los latinoamericanos.
que ojalá se pueda comenzar a sanar.
Gran abrazo estimado poeta y felicitaciones por esta gran obra.
Versos muy poéticos pero también reales, para describir el dolor, la angustia y pena que nos deja la ausencia de los seres queridos. Excelente poema.Ven, ayudame a cerrar mis grietas,
necesito que me ayudes a olvidar
Yo también le di una mano a la violeta
luz que se desprendía de un faro inerte
y la puse sobre el rojo atardecer del delta
en la borrasca decrépita de la muerte
Yo también vi la luna en esas noches
amargas de sufrimiento, en las caras largas
que se anudan a las áridas riberas del reproche
Yo también me asomaba triste en la ventana
a contemplar el horizonte enmohecido,
que apenas disipaba su escozor en la mañana
Ven, ayudame a ahuyentar mis temores,
que se acrecientan cuando va muriendo el día
Yo también sentí los pasos de los asesinos,
cruzando por el umbral de mis resquicios
humedecidos por las lagrimas de mis vecinos
Yo también sentí el frio de la muerte que acecha
agazapada en el alero de los gritos lejanos,
como un sinfín de cuervos que destruyen la cosecha
Yo también vi el dolor en los ojos de mi hermano
cuando pasó por aquí la parva que cegaba los cristales
del alma de las madres, empañadas por sus lagrimas
Ven, ayudame tu, campesino que labras la tierra,
tu que sabes del dolor de las ausencias repentinas...
tu, que también sufriste los rigores de la guerra fratricida,
poniendo los muertos en los surcos de tu herida,
para vanagloria de los que fomentan la violencia
Tu, que también te arrimabas por las madrugadas
al hedor de los campos desolados, buscando a los tuyos,
desaparecidos en una noche de atropellos y redadas
Tu, que también tienes sentimientos y lloras tu dolor,
humillado por un estado inexistente, pujando el orgullo
de una bandera enarbolada, miserable y sin honor
Ven, ayudame tu, hermano de las manos cansadas,
ayudame con la pocas fuerzas que aún te quedan
Ven, enarbolemos el valor de la dignidad ultrajada,
préndete en el pecho el escudo de tu honorabilidad
para que sepan que nunca podrán derribar tus principios
Ven, hermano, seca tus lagrimas con mi pañuelo,
te ofrezco mi hombro para que llores tu último llanto,
ya no más, hagamos un cerco al dolor y al desconsuelo
Yo también, hermano, yo también he soñado despierto,
yo también he sufrido el dolor de las heridas del espanto...
yo también, hermano, yo también he llorado mis muertos.
Gracias mi estimado Verpedian, por acercarte a dejar impresa tu huella en mis letras. Agradezco la deferencia de sacar un poco de tu tiempo para venir a mi ventana poética.Versos muy poéticos pero también reales, para describir el dolor, la angustia y pena que nos deja la ausencia de los seres queridos. Excelente poema.
Ven, ayudame a cerrar mis grietas,
necesito que me ayudes a olvidar
Yo también le di una mano a la violeta
luz que se desprendía de un faro inerte
y la puse sobre el rojo atardecer del delta
en la borrasca decrépita de la muerte
Yo también vi la luna en esas noches
amargas de sufrimiento, en las caras largas
que se anudan a las áridas riberas del reproche
Yo también me asomaba triste en la ventana
a contemplar el horizonte enmohecido,
que apenas disipaba su escozor en la mañana
Ven, ayudame a ahuyentar mis temores,
que se acrecientan cuando va muriendo el día
Yo también sentí los pasos de los asesinos,
cruzando por el umbral de mis resquicios
humedecidos por las lagrimas de mis vecinos
Yo también sentí el frio de la muerte que acecha
agazapada en el alero de los gritos lejanos,
como un sinfín de cuervos que destruyen la cosecha
Yo también vi el dolor en los ojos de mi hermano
cuando pasó por aquí la parva que cegaba los cristales
del alma de las madres, empañadas por sus lagrimas
Ven, ayudame tu, campesino que labras la tierra,
tu que sabes del dolor de las ausencias repentinas...
tu, que también sufriste los rigores de la guerra fratricida,
poniendo los muertos en los surcos de tu herida,
para vanagloria de los que fomentan la violencia
Tu, que también te arrimabas por las madrugadas
al hedor de los campos desolados, buscando a los tuyos,
desaparecidos en una noche de atropellos y redadas
Tu, que también tienes sentimientos y lloras tu dolor,
humillado por un estado inexistente, pujando el orgullo
de una bandera enarbolada, miserable y sin honor
Ven, ayudame tu, hermano de las manos cansadas,
ayudame con la pocas fuerzas que aún te quedan
Ven, enarbolemos el valor de la dignidad ultrajada,
préndete en el pecho el escudo de tu honorabilidad
para que sepan que nunca podrán derribar tus principios
Ven, hermano, seca tus lagrimas con mi pañuelo,
te ofrezco mi hombro para que llores tu último llanto,
ya no más, hagamos un cerco al dolor y al desconsuelo
Yo también, hermano, yo también he soñado despierto,
yo también he sufrido el dolor de las heridas del espanto...
yo también, hermano, yo también he llorado mis muertos.
Soy de todas partes. mi querida Minona, y guardo muy adentro un principio que se desprende de tener mucha humanidad y solidaridad por los seres que me rodean. Me duelen las injusticias y trato por medio de mis letras, expresar ese grito contenido en mi alma por la desigualdad y el atropello a mis congéneres. Sé que es una lucha a veces estéril contra los poderes y la tiranía pero guardo la esperanza que algún día tendremos que despertar como un pueblo civilizado, reclamando los derechos que nos corresponden, sin tener que mendigar por ellos.No sé de dónde eres, pero está claro, no obstante, que se puede trasladar tu poema a muchos lugares del mundo, incluso a esos que parecen tranquilos y en paz. Es todo mentira, no existe esa paz que nos vende la televisión. Excelente poema. Un abrazo
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