Yo te vi caminando por la vida
sin alguien que te diera su calor,
comprendiendo entonces mi amor,
que mi jornada no estaba perdida.
Desde ese momento sanó mi herida
y escuché cantar a un ruiseñor;
se llenó mi vida de tanto color,
del laberinto encontré la salida.
Me salvaste con tu tierna mirada,
con aliento a fresas de verano,
y las alas de una mariposa.
Eres en mi cuento, mi bella Ada,
que me llena de magia con su mano
me miras con ternura, silenciosa.
Antonio del Cid Cifuentes
sin alguien que te diera su calor,
comprendiendo entonces mi amor,
que mi jornada no estaba perdida.
Desde ese momento sanó mi herida
y escuché cantar a un ruiseñor;
se llenó mi vida de tanto color,
del laberinto encontré la salida.
Me salvaste con tu tierna mirada,
con aliento a fresas de verano,
y las alas de una mariposa.
Eres en mi cuento, mi bella Ada,
que me llena de magia con su mano
me miras con ternura, silenciosa.
Antonio del Cid Cifuentes