Abel García
Poeta recién llegado
Pared, de la firmeza de la piel y el hueso.
Muro de distancia, muro de consumada dualidad.
Soy un niño, limándome las uñas, con la mirada alta hacia otro rostro,
fijos los ojos, azul del hielo ártico.
Yo, una eterna magnitud.
Sobre los artefactos de la mente,
un yo omnipresente se mantiene intacto.
Soy un niño lamiendo las heridas de otros animales,
arrastrando lento la lengua por sus cicatrices.
Yo, la consumación, la constante,
la forma fragante de un vacío pleno, intenso y tibio...
Soy la pared y el puño, el escudo y la mella,
el diagrama de la ley no escrita, solo inscrita en el momento.
Yo, palpando los senos de mis arquitecturas,
arrastrando polvo por mapas inmensos...
Arrancando la carne a través de un punto milimétrico.
Entre las grietas del momento, el nacimiento...
la redención de un espíritu ignorado.
Muro de distancia, muro de consumada dualidad.
Soy un niño, limándome las uñas, con la mirada alta hacia otro rostro,
fijos los ojos, azul del hielo ártico.
Yo, una eterna magnitud.
Sobre los artefactos de la mente,
un yo omnipresente se mantiene intacto.
Soy un niño lamiendo las heridas de otros animales,
arrastrando lento la lengua por sus cicatrices.
Yo, la consumación, la constante,
la forma fragante de un vacío pleno, intenso y tibio...
Soy la pared y el puño, el escudo y la mella,
el diagrama de la ley no escrita, solo inscrita en el momento.
Yo, palpando los senos de mis arquitecturas,
arrastrando polvo por mapas inmensos...
Arrancando la carne a través de un punto milimétrico.
Entre las grietas del momento, el nacimiento...
la redención de un espíritu ignorado.
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