Yuste

Lírico.

Exp..
Yuste

El rey del mundo se retira a un viejo
monasterio jerónimo en la Vera.
Yuste es, entre los bosques, primavera
que una alberca marchita en su reflejo.

El tiempo es el enigma más complejo
para este Emperador que ora y espera:
negro el gabán, la piel de blanca cera
y un Cristo de madera en el espejo.

Busca consejo último en la prosa
de Erasmo; ya la muerte se le acerca
y él desdeña oropeles en su adiós.

El rey del mundo es una oscura rosa
y se deshoja lento en esa alberca
que Yuste tiene para hablar con Dios.
 
Última edición:
Yuste

El rey del mundo se retira a un viejo
monasterio jerónimo en la Vera.
Yuste es, entre los bosques, primavera
que una alberca marchita en su reflejo.

El tiempo es el enigma más complejo
para el Emperador que ora y espera:
negro el gabán, la piel de blanca cera
y un Cristo de madera en el espejo.

Busca consejo último en la prosa
de Erasmo; ya la muerte se le acerca
y él desdeña oropeles en su adiós.

El rey del mundo es una oscura rosa
y se deshoja lento en esa alberca
que Yuste tiene para hablar con Dios.

Muy bueno este soneto que dedicas al Emperador Carlos (Primero de España y Quinto de Alemania) en ese monasterio en el que pasó sus últimos días.

Mi felicitación con un cordial saludo.
 
Ufano de su talle y su persona,
con la altivez de un rey en el semblante,
aunque rotas, quizá, viste arrogante
sus calzas, su ropilla y su valona.

Cuida más que su hacienda su tizona,
sueña empresas que olvida en un instante,
reza con devoción, peca bastante
y en lugar de callarlo lo pregona.

Intentó por su dama una quimera
y le mataron sin soltar la espada.
Solo quiso al morir que se le hiciera

-si algo quedó en su bolsa malgastada-
una tumba de rey donde dijera:
"Nació para ser mucho y no fue nada"

Enrique Lopez: Un hidalgo, soldado de Carlos I de España.
 
Última edición:
"Nació para ser mucho y no fue nada"

Enrique Lopez: Un hidalgo, soldado de Carlos I de España.

Me ha gustado mucho este soneto que has transcrito, Vicente.
La internet, que tiene la ventaja de darnos información al minuto, tiene también una desventaja y es la de darnos informaciones falsas. Me ha resultado curioso ver que en la red se le atribuye este soneto a dos personas distintas, una es efectivamente el que figura al pie de tu transcripción, pero aquí sin embargo:

http://hispanismo.org/literatura/12881-el-hidalgo-espanol.html

se le atribuye a José María Pemán en su obra "De la vida sencilla"

¿con quién nos quedamos?

saludos Vicente.
 
Ufano de su talle y su persona,
con la altivez de un rey en el semblante,
aunque rotas, quizá, viste arrogante
sus calzas, su ropilla y su valona.

Cuida más que su hacienda su tizona,
sueña empresas que olvida en un instante,
reza con devoción, peca bastante
y en lugar de callarlo lo pregona.

Intentó por su dama una quimera
y le mataron sin soltar la espada.
Solo quiso al morir que se le hiciera

-si algo quedó en su bolsa malgastada-
una tumba de rey donde dijera:
"Nació para ser mucho y no fue nada"

Enrique Lopez: Un hidalgo, soldado de Carlos I de España.
Este soneto lo ha hecho alguien contemporáneo nuestro, yo creo.
 
Un hidalgo de Enrique López Alarcón (1891-1963)

La verdad es que no me he puesto a investigarlo pero este soneto figura en las Mil Mejores Poesías de la Lengua Castellana, antología que se lo atribuye a este poeta, dramaturgo y periodista malagueño.
 
Yuste

El rey del mundo se retira a un viejo
monasterio jerónimo en la Vera.
Yuste es, entre los bosques, primavera
que una alberca marchita en su reflejo.

El tiempo es el enigma más complejo
para este Emperador que ora y espera:
negro el gabán, la piel de blanca cera
y un Cristo de madera en el espejo.

Busca consejo último en la prosa
de Erasmo; ya la muerte se le acerca
y él desdeña oropeles en su adiós.

El rey del mundo es una oscura rosa
y se deshoja lento en esa alberca
que Yuste tiene para hablar con Dios.
Que interesante convenio de palabras nos regala, grato pasar por aquí
 
Ufano de su talle y su persona,
con la altivez de un rey en el semblante,
aunque rotas, quizá, viste arrogante
sus calzas, su ropilla y su valona.

Cuida más que su hacienda su tizona,
sueña empresas que olvida en un instante,
reza con devoción, peca bastante
y en lugar de callarlo lo pregona.

Intentó por su dama una quimera
y le mataron sin soltar la espada.
Solo quiso al morir que se le hiciera

-si algo quedó en su bolsa malgastada-
una tumba de rey donde dijera:
"Nació para ser mucho y no fue nada"

Enrique Lopez: Un hidalgo, soldado de Carlos I de España.


Eso moló, la verdad.
 

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