JOSE MANUEL SAIZ
Poeta asiduo al portal
ZAL
Si digo que tiene, cuatro patas,
rabo y mucho pelo,
se pensará seguro con acierto
que estoy hablando de mi perro.
En efecto. Es cierto.
Lo puse fácil.
Y al mismo tiempo
hablo de un amigo, un compañero,
y casi, casi de un hermanito pequeño.
Pues la fidelidad, el amor y el sentimiento
nada entiende de genomas, ADN, ni cromosomas.
Ochenta kilos de peso.
Otros tantos de bondad.
Trece años, pelo blanco, lomo negro
Un mastín.
Zal yo le llamaba.
Jamás sabré como él me llamaba a mi.
Pero entender, entendía mis palabras
-para eso era más listo que yo-
pues me ladró a lo largo de su vida,
y sin embargo yo nunca le entendí.
Dijo adiós de puro viejo.
Apenas un suspiro cuando se fue.
Se durmió tranquilo, cuando le dije,
que también al Paraíso de los humanos
van los amos con sus perros.
Me despedí con un te quiero,
con dos besos,
y prometiendo algún paseo por el cielo.
Así de simple es el misterio de la vida,
en el sensitivo mundo de los animales.
Que sirvan las líneas de este poema,
para dejarle un recuerdo como caricia,
con la suave ternura de mis versos.
Adiós Zal, compañero.
Te quise tanto como amigo
que apenas te recuerdo como perro.
Espérame tú tranquilo por el cielo
que, cuando a mí me llegue el día,
subiré con tu collar a toda prisa
para darnos los paseos prometidos
por los campos del Jardín del Paraíso.
--oOo--
Si digo que tiene, cuatro patas,
rabo y mucho pelo,
se pensará seguro con acierto
que estoy hablando de mi perro.
En efecto. Es cierto.
Lo puse fácil.
Y al mismo tiempo
hablo de un amigo, un compañero,
y casi, casi de un hermanito pequeño.
Pues la fidelidad, el amor y el sentimiento
nada entiende de genomas, ADN, ni cromosomas.
Ochenta kilos de peso.
Otros tantos de bondad.
Trece años, pelo blanco, lomo negro
Un mastín.
Zal yo le llamaba.
Jamás sabré como él me llamaba a mi.
Pero entender, entendía mis palabras
-para eso era más listo que yo-
pues me ladró a lo largo de su vida,
y sin embargo yo nunca le entendí.
Dijo adiós de puro viejo.
Apenas un suspiro cuando se fue.
Se durmió tranquilo, cuando le dije,
que también al Paraíso de los humanos
van los amos con sus perros.
Me despedí con un te quiero,
con dos besos,
y prometiendo algún paseo por el cielo.
Así de simple es el misterio de la vida,
en el sensitivo mundo de los animales.
Que sirvan las líneas de este poema,
para dejarle un recuerdo como caricia,
con la suave ternura de mis versos.
Adiós Zal, compañero.
Te quise tanto como amigo
que apenas te recuerdo como perro.
Espérame tú tranquilo por el cielo
que, cuando a mí me llegue el día,
subiré con tu collar a toda prisa
para darnos los paseos prometidos
por los campos del Jardín del Paraíso.
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