Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
<< Yo suelo ser un pensamiento de las memorias y las historias, que las comparte desde mi Yo no Soy parido por una pluma.>>
Heme aquí en lo alto de la Barranca, en medio de la noche estrellada y con luna, conteniendo el suspiro.
Es una noche madrugada como indica el manual que proporciona el rito previamente ensayado en las barracas de mi mundo para invocar el alma del criminal eterno. Es el día tierno del mes y la mala hora del siempre tendrás miedo. Enfundado en el miedo de origen ancestral, que es miedo y reto a la vez, me preparo y enfrento a una fuerza superior a la que mueve de un soplo a las nubes del huracán para segar las vidas y provocar el pánico. Eco vuelve mi voz que revela su época de cambio de tonalidad, de matices.
-"Vendo mi eternidad, quién la compra, quién quiere dar algo a cambio." El ritual.
Nubes hay en la noche, perlas son de algodón, hay algún destello de concha marina y jade en ellas.
Las velas negras y el copal se consumen en el silencio, y se consume la noche. Vuelos nocturnos de aves espantadas desde el sueño, roce de alas temerosas contra ramas simular carcajadas mal hechas. Todo cae a lo mismo. Un cascabel de serpiente advierte de su paso a los conejos para que el miedo los inmovilice y el reptil le clave las filosas agujas que supuran veneno. Imagino su muerte, agonía dolorosa mientras el mortal aceite va destruyendo todo a su paso. Sí, es posible el mal si eso, la agonía del veneno es posible.
Ha pasado la hora señalada para la invocación de El Maligno, él no ha acudido. El miedo ha dado paso a la tranquilidad, a la reflexión. -Serénate -dice la madrugada-, duerme bajo la luna.
Un poco atrás, entre los zarcillos ha quedado un pequeño fardo.
Las cobijas de lana y un "jorongo". La bolsa o morral, con una roca plana dentro se construye una almohada. Viene la mañana poco a poco, se asoma allá, le habla al jilguero haragán aburrido de la eterna denuncia que hace el gallo.
Esa mañana viene entre los riscos el paso decepcionado de un jovenzuelo con el rostro de adolescente aún plantado, desencajado, decepcionado, por la mentira. Le decepciona El Fausto, Goethe deja de ser su lectura favorita.
Abren cancha los polvos del valle temerosos del desprecio de unos pasos presurosos de alcanzar las primeras callejuelas del pueblo. Allá las primeras casas. Los primeros techos, polveados de las hojas viejas que cobijan en invierno, se dejan ver. Un campanario llama a las almas para congregarse en conjuros del miedo. El pan de cada día para vivir salvo a cada paso y dormir protegido hasta el nuevo llamado de campaña. Esa es la vida del pueblo, su mundo.
En las primeras calles lo saluda, con pereza, el haragán del pueblo, apenas lo ve, qué importa, el saludo es un gesto automático que no espera otra cosa que un eco de su mismo gesto. Rutinas estúpidas -piensa- mientras apura el paso. Llega a su casa y se escabulle entre los arreos de labranza que preceden a la nave de la troje. Del lado derecho, ordenado entre filas adormece el maíz entre costales de ixtle, uno sobre otro como formando una muralla. Trepa por ellos y se allega hasta el fondo, donde no se hace visible a los ojos de los trabajadores. Deja sus trapejos a un lado, hurga en los pantalones por monedas u objetos que se puedan desprender durante el sueño y se encuentra con la hoja de papel. La lee de nuevo, se la sabe de memoria, es un contrato que enumera los deseos a cambio de su alma eterna, mueve la cabeza como si desaprobara su estupidez y lo hace pedacitos, luego lo esparce por diferentes lugares. Se acomoda sobre los costales y pronto se queda dormido a pesar del amanecer.
***
"Este lugar se llama Gothengan. No está en ningún mapa mundi. No hay líneas aéreas ni terrestres que ofrezcan a este sitio como destino turístico. Están aquí por una invitación."
La voz de aquél hombre es aguda, penetrante, quizá como la de los heraldos de la Edad Media cuando leían los edictos del soberano a sus súbditos.
Esta ciudad está hecha con materiales desconocidos. Las paredes son luminosas, las edificaciones no tienen techos, ni puertas, ni ventanas, son trasparentes, apenas una cortina de viento parecen sus falsos muros. No hay sol a la vista, el suelo tiene el color de la luna. El cielo es extraño, son nubes extrañas las que pueblan todos los espacios infinitos que percibe la vista. Unas en forma de espiral que gira y gira como un remolino, y otras inmensas, como en forma de un huevo estrellado de gases luminosos. Para acá y para allá, la diversidad de formas es infinita.
-¿Quién se siente extranjero en estas tierras? -Pregunta la voz del que habla como el Heraldo de esta ciudad o lo que sea.
Al llamado se congregan muchas personas para escuchar lo que aquél hombre tiene que decir.
"En este lugar no hay propiedad privada, todo está al servicio a todos, no hay sitio mejor ni peor, podéis usar cuanto esté disponible para lo que deseéis y también lo podéis aderezar como mejor prefiráis . En esta ciudad no hay descanso ni cansancio, no hay día ni noche. No hay hambre, ni comida como necesidad para saciar el hambre. En esta ciudad no hay reglas ni leyes, no hay muerte ni sufrimiento o agonía. En esta ciudad podéis hacer lo que queráis para satisfacer vuestros deseos. No existe la virtud ni el pecado. Pronto descubriréis que vuestros deseos, saciados sin pena ni culpa, vueltos cosa cotidiana, dejaran de ser deseos."
Por las calles van las mujeres ataviadas con prendas que resaltan su desnudez, la finura de sus cuerpos. La excelsitud de su delicadeza los es a voluntad, ante el deseo de los sentidos de quién las mira, son un destello que se refleja tal como el observador las desea, las concibe. Y he aquí que igual son los hombres a los ojos de ellas, son tan miles de millones las variedades de Adonis y Narcisos sin ego los que pululan por los espacios increíbles de esta gran ciudad. Y no es ningún secreto que cada quién puede permutar las huellas y señas de sus cuerpos a voluntad, de tal forma que la palabra deseo-realidadad es una sola y por tanto carece de sentido. En esta ciudad los seres no se miran al espejo, ni se aderezan para sí, en esta ciudad las formas y los deleites se realizan desde la visión y el deseo de quien las mira. Los deseos no son pues para el logro del sí mismo, lo son para los que observan, cada ser tiene la posibilidad de mirar y encontrar en el otro lo que desea mirar.
***
Bien entrado el día se abren las puertas de la Troje. Ha venido un enorme camión para llevarse todos los bultos de maíz a el centro de abasto de la ciudad más próxima. El alegre griterío de los cargadores despierta al muchacho. Cuando lo descubren dormido todo mundo lo delata con el patrón. Entre risas y empujones, el muchacho desciende hasta el piso de concreto del almacén de granos. El patrón se le acerca para increparlo por estar dormido en horas de trabajo pero el joven desaira sus órdenes con un claro y fuerte: -Ya no trabajo aquí.
La actitud del muchacho sorprende a todos, en este pueblo es este trabajo o el desempleo. El dueño de la bodega es uno de los pocos patrones del pueblo, y a él siempre se le habla con respeto. Hay más trabajos pero son muy malos. Se puede trabajar cultivando maíz pero es tan mal pagado que solo los hombres y mujeres de más edad, mujeres y hombres ancianos, se dedican a ello.
Hay algo en el semblante de este mozalbete que llama la atención. Es una cierta seguridad en sí mismo, una especie de madurez conquistada espontaneamente, la que parece haberlo transformado. Echa la camisa desgastada sobre sus hombros, y sin abotonarla, sale a las calles del pueblo aquél caminando con desparpajo. Tal galanura no pasa desapercibida entre los pueblerinos, todos notan su transformación. Camina rumbo al río, toma un baño y sale del chapuzón completamente desnudo. Al lado del río cruza la carretera que viene de una importante ciudad lejana y se dirige a la ciudad capital del país. Es una vía vieja y casi en desuso, las nuevas autopistas la han relegado para uso exclusivo del trafico entre ciudades vecinas y alguno que otro viajero que quiere ahorrarse el cobro de las carreteras.
Así, desnudo, camina por el borde del viejo camino. Pronto un auto se detiene y lo levanta. Un poco más allá, el vehículo, que es conducido por una mujer, abandona la carretera y se estaciona entre los abundantes arbustos que pueblan los costados de la vía. Pasan algunas horas antes que el auto se encienda y se ponga de nuevo en movimiento, luego desaparece entre las curvas que zigzaguean por entre las montañas.
Es la tarde del día primero de nuestra historia.
La Ciudad. Cuántas veces manifestó sus deseos de conocerla a todos sus amigos y ahora estaba en ella. La mujer vivía en una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Grandes mansiones componen el conjunto de la zona residencial. Por la tarde una visita inesperada se presenta en el domicilio. Es un hombre alto y de muy buena presencia.
La mujer los presenta. El sujeto es muy locuaz, alegre y muy comunicativo. En un instante queda roto el hielo. El joven queda encantado con esa presencia. La mujer los deja solos. En cuanto ella se marcha él le pregunta:
-Conociste Gothengam.
El joven queda sorprendido ante la pregunta. Para él, hasta entonces, esa ciudad y todo lo que tiene relación con ella fue solo parte de un sueño. Lo piensa. La siguiente sorpresa sobreviene cuando el personaje le responde lo que solo ha pensado, algo que no ha dicho.
-Gothengan no es un sueño, es una respuesta, es la señal de aceptación de un compromiso ya establecido. Es el sí a lo que usted solicito.
-Esto quiere decir que hay un pacto, que he vendido mi eternidad por lo que he solicitado.
El hombre sonríe, parece acostumbrado a esa respuesta.
No es un pacto, y de su eternidad no se preocupe, nunca ha estado en juego. Su eternidad a nadie sirve más que a usted, nadie la puede poseer porque no es más que suya, y nadie hay que se pueda acomodar en ella o sustituirle en su usufructo.
Y entonces por qué nadie se apareció aquella noche. Yo esperaba a enfrentarme a lo más horroroso que se puede imaginar, pero, nunca hubo nadie que respondiera.
-Querido amigo, he de ponerte un nombre para poder referirme a ti con propiedad. Te llamaré Zuron, qué te parece.
-¿Qué es eso? ¿Qué significa Zuron?
- Es el nombre de un insecto muy parecido a las luciérnagas. Bueno, si no te gusta el nombre puedes escoger el que gustes, cualquiera, incluso tu nombre actual.
-Sí, mejor ese, del otro no me acordaré y ya estoy acostumbrado a él, todos en mi pueblo me conocen por mi nombre de pila.
Muy bien Pedro, entonces te llamaremos por tu nombre actual, pero recuerda este otro, porque este es tu verdadero nombre, el que has tenido siempre, el que siempre tendrás.
Ya te irás habituando poco a poco a que, para nosotros no existen los secretos. Tampoco los existirán para ti. Pero eso no sucede de inmediato, recordar lleva unos días, es un proceso progresivo el ir tomando consciencia de quienes somos y de lo que fue.
Una mujer desnuda ingresa a la habitación, a Pedro le parece que es la mujer más bella que ha visto. Ella viene y lo abraza. lo besa. El chico piensa que ella hace todo cuento él ha deseado siempre que haga una mujer en la intimidad. La casa sufre una extraña transformación, todas las cosas cambian de forma y de lugar, se vuelven tal y como Pedro hubiera deseado que fueran. Ahora son dos mujeres gemelas las que lo acarician, él siente que está viviendo algo increíble, algo que no tiene precio. Las dos hermosas mujeres repiten al unisono:
-Así son las cosas en Gothengan, solo que hay que dejar muy claro que nada tiene un precio, ningún precio.
Y es la tarde del día segundo de nuestra historia.
***
Esto es el amanecer. Pedro está de nuevo en Gothengan, no sabe si es un sueño o es una realidad, pero está ahí. Está mirando su extraño cielo iluminado y lleno de extraños sistemas luminosos y aparentemente gasificados. Hay unas figuras que le parecen hechas de algodón luminoso, las piensa y describe mediante palabras y objeto que le son familiares. Al lado suyo está el sujeto que lo ha venido acompañando las últimas horas.
-Eso para qué es -pregunta mientras señala las figuras en el espacio estelar.
EL sujeto responde:
-Eso se llama Nación. Es una parte del todo que nos circunda, al que puedes acceder mediante el puro deseo.
-Entonces: ¿puedo ir ahí cuando lo desee?
-Sí, cuando lo desees. Es igual que aquí, cuando lo desees lo puedes ocupar y le puedes modificar su forma a tu personal gusto, como lo haces con todo lo que existe en Gothengan y como lo harás de aquí en adelante en cuanto sitio te encuentres, pues donde tu estés Gothengan y su naturaleza estará contigo.
***
-Te digo una cosa..., siempre piensa en Zuron como tu nombre, piénsalo mucho pues la hacerlo irás recordando más y más hasta tener el recuerdo completo de todas las cosas.
La mujer que le habla ahora es morena, muy caderona y de una cintura pequeña. Él la mira y sabe quién es, es la hermosa mujer de su ex patrón. Es una mujer mayor que él pero que siempre le atrajo. La descubrió algunas veces mirando de soslayo, no, no coqueteaba, era una mujer muy recatada, esa vez que lo miró de lado fue por un descuido. Ella sabía que se debía a su marido, que el la había "comprado" a sus padres a cambio de una casa para vivir, y ella misma había alcanzado en el trato el beneficio de ser la mujer del hombre más poderoso del pueblo. No, ella era muy cuidadosa. Esa vez fue solo un descuido pero para él fue toda una experiencia, de ahí en adelante la soñó despierto y dormido. La tuvo en sueños y en sus momentos sexualmente inspirados, ella fue la imagen, la motivación.
Se había quedado pensando en ella y se olvidó de la mujer que estaba frente a él. Ella lo estaba mirando con una hermosa sonrisa.
-Ven, -le dijo, la estuve mirando en tu pensamiento, ¡qué fijación la tuya! Ven vamos a saciar esa hambre de una vez, vas a conocer lo que tu viejo patrón nunca ha conocido de su mujer.
La tuvo, y la mujer fue completamente feliz.
En un instante de paz él le preguntó a la mujer:
-¿He tenido a la mujer de otro, de mi patrón?
-Ya sé lo que piensas, no no es un pecado, entre nosotros no existe "la mujer de alguien", no hay propiedad de nada. Nación está hecho para neutralizar las diferencias, si deseas una casa especial solo la deseas, una mujer con determinados atributos. También puedes ser un tiempo una mujer y los hombres se transformaran tal cual lo desees.
-¡Me volveré homosexual...!
-No chico, tú realmente no tienen sexo, la sexualidad la da tu cuerpo y su adaptación mental, todo eso es corporeo, sin el cuerpo esas cosas no existen. Lo que has vivido en una copia imperfecta de Nación.
El chico movió la cabeza hacia los lados, se sentía confundido, no le era fácil concebir que él podía ser una mujer y cohabitar con un hombre.
-Olvida eso -dijo la mujer, tengamos más sexo para que quede saciado hasta la normalidad ese apetito tuyo. Memoriza tu nombre, eso hará que recuerdes más rápido todas las cosas que habías olvidado. Zuron, ese es tu nombre. Te lo diré, te lo repetiré mientras nos complacemos.
-Zuron -dijo él, y esa fue la tarde del día tercero de nuestra historia.
***
-Zuron -le dijo, desea qué quieres de desayunar porque hoy tendrás un día muy atareado, irás a tu pueblo y pondrás en práctica todo cuanto hayas aprendido sobre la naturaleza de Nación. Son muchos ejercicios que debes hacer para mejorar tu memoria.
La mujer cerró los labios y siguió hablando con el pensamiento. No se dio cuenta Zuron, la escuchó, y poco a poco dejó de responderle con el sonido de la voz. Así transcurrió el desayuno hasta que la mujer le hizo ver que ya había aprendido a comunicarse sin el lenguaje hablado. Consciente de su nueva situación, Zuron Pedro, notó que escuchaba un murmullo interminable, una enorme cantidad de voces amalgamadas unas con otras. La mujer sonrió y le dijo con el pensamiento: escuchas todo, tienes que aprender a diferenciar y discriminar unas voces de otras. Todos los pensamientos están descubiertos ante ti, a partir de ahora para ti no hay secretos guardados. Solo tienes que aprender a silenciarlos cuando así lo desees, a seleccionar los que te interesen, y a cuidar, por ahora, que la gente no se dé cuenta de que no tiene secretos ante ti.
-¿Qué me puede suceder si lo descubren?
-Tendrán miedo de ti, ellos no están habituados a la naturaleza de Nación. Piensan que eso es cosa del demonio, es una de las llaves que les han puesto como tabú, no saben que es algo suyo que está oculto tras su miedo, el miedo es un arma poderosa para todos ellos. Pueden procurar la muerte de tu cuerpo, el miedo es un instrumento poderoso que ellos han utilizado desde aquel día para mantenerlos cautivos del juego.
-¿Cuál día? ¿Moriré?...
-Paciencia Zuron, nada te revelaré, no hay misterios, solo miedo, tú mismo recordarás todo aquello. Si sufres la muerte de tu cuerpo nada sucederá, solo volverás a tu origen; después del séptimo día, cuando lo recuerdes todo serás libre, Nación volverá a ser tu casa y su naturaleza tu forma de ser. Solo cuida de llegar al séptimo día, esa es la llave de tu libertad.
***
El sinuoso camino hacia su pueblo transcurrió rápidamente. La mujer lo dejó en la entrada del lugar, de ahí fue a pie hasta el mercado municipal. Era un día domingo, la gente se agolpaba en el centro del pequeño poblado. Era difícil avanzar entre la muchedumbre. Escuchaba todos los pensamientos y fue tan fuerte el murmullo que puso en práctica su capacidad de silenciar todos esos murmullos. Luego sucedió algo que lo sorprendió mucho. Cuando descubría frente a sí un espacio menos congestionado de paseantes de pronto ya estaba ubicado en él. Luego descubría otro más allá y de inmediato lo ocupaba. Podía estar en el sitio que él escogiera con solo desearlo. En una de esas ocasiones quedo justo frente a un hombre que jugaba a apostar el juego de "la bolita", Este juego es muy común en los pueblos. La policía del lugar lo permite a cambio de una dádiva generosa de los delincuentes al final del día, lo que resta es para el grupo de estafadores. El juego consiste en ocultar una bola pequeña debajo de unas tapaderas de refrescos, el truhan las mueve hábilmente y luego se detiene, el apostador incauto tiene que adivinar dónde quedó la bolita. Cuando escoge una tapa, si es voluntad del tahúr que el sujeto gané la apuesta para que se interese en el juego pone la bolita debajo de la tapa que el cliente ha escogido. Cuando la apuesta sube al doble y luego a cantidades fuertes la bolita jamás aparece en la tapa escogida. Muchas veces, Zurón, fue víctima de esos tramposos pues perdió en le juego todo su salario de la semana. Algunas veces, cuando solo apostó una vez y el operador de las tapas lo dejó ganar para atraparlo en el juego, pero él no continuó jugando optando por quedarse con eso poco ganado, la ganancia desapareció extrañamente de sus bolsillos. Ahora estaba ahí y los tenía frente a él. Escuchó los pensamientos del hábil malabarista descubrió cómo operaban. Eran cuatro sujetos, uno de ellos un hábil carterista, los otros tres confundidos entre la gente que miraba el juego, se turnaban entre ellos para parecer apostadores que siempre ganaban, así hacían que la gente se animara y apostara en el juego. Tomó lugar frente al que movía las tapas, vio cómo la bolita iba de un lado a otro y al terminar el ciclo la mantenía entre sus dedos. Bajo las tres tapas no había nada, el dueño del juego decidía si lo dejaba ganar o lo hacía perder. Zuron Pedro escogió una tapa y supo por el pensamiento que el malabarista de las manos por esa vez lo dejaría ganar. En el siguiente juego Zuron apostó lo que había ganado y otro tanto de su bolsillo. El de la bolita movió las tapas agilmente y luego se detuvo. Bajo las tapas no había nada, Pedro señaló una tapa y cuando aquel hombre la levantó se sorpendió al encontrar debajo una bolita similar a la que tenía oculta entre sus dedos. A Pedro le resultó muy divertido todo aquello. Empezó a mostrarse muy emocionado gritando la cantidad de sus apuestas. La gente se arremolinó en torno al juego y una y otra vez la bolita apareció bajo la tapa escogida. El juego terminó cuando en las manos de tahúr ya no cabían más bolitas y en un descuido una de ellas cayó al suelo. La gente lo descubrió y le empezaron a llamar tramposo, el sujeto quiso huir del lugar pero la gente enfurecida casi los lincha, muchos de ellos ya habían sido víctimas del juego y querían recuperar su dinero. Mientras la gente arrastraba al apostador con todo y mesa a la oficina de la policía, Pedro se retiraba del lugar tanteando con la mano una buena cantidad de billetes de alta denominación que llevaba en la bolsa de su pantalón. Un pensamiento le puso al tanto. Volvió la vista en dirección de donde procedía el murmullo y descubrió a uno de los ayudantes del truhan a punto de meterle la mano para recuperar el dinero que habían perdido. Al verse al descubierto, con una mirada puso de acuerdo a los demás que entonces rodearon a Zurón Pedro puñales en mano para asaltarlo y dejarlo herido de muerte. Nunca supieron cómo fue que desapareció ante su vista. No se asustaron, no. No tuvieron tiempo para explicarse lo sucedido. Era mucho dinero el que habían perdido, así que siguieron buscando a Zuron Pedro entre la gente de la plaza pero nunca vieron a nadie que se le pareciera. Cuando pasaron junto a la nevería del lugar una hermosa y seductora mujer les coqueteó y les invitó un helado. Era hermosa, tanto como nunca habían visto serlo a ninguna mujer. La dejaron al paso y siguieron en la búsqueda de aquél miserable pueblerino que les había ganado todo lo que había robado durante el fin de semana.
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