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Tengo miedo a la oscuridad
porque hay demasiado luz.
Diablillos que disimulan
y que me quieren colocar
una venda negra
roja
azul
rosa,
pero la luz huele a mal destino
a calles iluminadas que no descansan.
Tengo miedo de decir algo
porque hay demasiado para decir.
Labios encerrados en jaulas...
Te quería decir algo
pero no tengo conexión
que me sujete a estas piedras
que eran flores
que son moscas
que serán humus.
He perdido la conexión
con las palabras que intentaban
pasar en ondas a través de tus ojos,
no me sirvió reactivar
y dejé esos kilos de silencio caer.
Y los ví hacer ruido...
¿Quién me va a escuchar?
¿Dónde respirar algo más que arena?
La amnesia del sol
hace que no pueda recordar ni tan siquiera
un puñado de palabras,
¿en qué lugar está la soledad?
¿Al principio o al final?
Cada segundo es una convención
donde asir un poco de amor,
incerteza de sombras en el mar...
Supongo que me estoy volviendo loca.
Abrí esa cajita que una mano invisible
dejó a mi lado y ahora:
Bebo y fumo demadiado,
escribo sin acabar en algún lugar
andando sin llegar a ningún puerto.
Ya no hago yoga ni kick-boxing,
me he metido en una caja
y cuento huesos de ratones
y leo y leo...
Hace tiempo que algo
que nos es de aquí
me está envenenado,
tengo la mente en blanco.
Ayúdame a recuperarme
de naufragio al que me agarro,
flotando a duras penas
con las maderas del último carpintero.
Ayer, rellené un montón
de folios en blanco sin sentido,
y la tarde no se rellenaba con nada.
Ayer, intenté rellenar un sinfín
de formularios por internet
y se me hizo de noche.
Cuéntame, cuéntame dulce noche
dónde está tu lengua
y tus alhajas guarda sueños
de lo que me queda por escribir...