Bebiendo vino tinto ahogo las penas,
y encuentro valor para robarte un beso;
saboreo el néctar del aliento de tu boca,
y al abrazo que me quema y que lento me provoca.
La sobria realidad me agobia con la duda;
me ahoga en la angustia, el pecado y la mentira,
el fuego arde con mi pasión encendida…
Felicidad, amor, placer, seducción,
siento tocar la luna batiéndome en dolor,
y cada noche bruja va soltando azucenas,
la terrible congoja va matando a la verbena.
Embriagada conquisto la magia de tus ojos,
reflejo de ónices entre las nubes blancas,
encanto de los cielos y hechizo de los mares.
En sórdida algarabía se alejan los recuerdos,
en donde se ha exiliado tanto amor dormido,
la triste soledad entona una canción,
en medio del olor a claveles fenecidos.
Lágrimas en diluvio resbalan por mi rostro,
y exploro en mi consuelo a la nube del placer,
ahí donde los insultos son veneno inminente,
alianza de horizonte con el sol y el Dios Baco,
que emborrachó al ocaso y a la arena del desierto,
con la luna de abril, por mi amor que había muerto.