Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
Voy a tu cuerpo como río al mar
cómo pájaro a su nido,
cómo brota el agua de las montañas
sin cesar, entre surcos.
Voy de mis pesares a tu dicha
bajando al pozo
donde se pierde el horizonte azul
entre laudos y cascabeles
cómo tango con concertina.
Porque tú cuerpo es tallo y relámpago,
tempestad y calma,
oasis de sed donde se desploman los delfines
y las aureolas de tus montes
calcinan las nieves del invierno
floreciendo las primaveras.
Entre tu cintura y el pliegue de tus párpados
vuelan golondrinas
y orquídeas florecen en su jugo
fragmentos de brillo despiertan la solitaria sombra.
Arqueando sobre tu flor
me siento despeñar por el valle donde nace la luz
y allí, en silencio, a la espera de lo habitable
mi corazón descansa entre musgo desnudo
que alimenta al lirio en verano
cuando se enciende con afán
la promesa que consuela al alma.
Tú no existes, te desnuda el tiempo
en el frío de la loma vecina
con su lento azote,
el manto blanco cubre la grama
un rayo de luna fue rompiendo el velo.
Como tragos de días lloran las desoladas cepas
firmando los consentimientos
en la arena de tu piel
guardando en sus brazos un cielo sin sol.
Las aves se esconden bajo los ramajes
que abrigan tu sueño, sin ropas ni prisas,
atravesando el valle
como un relámpago desnudo.
El silencio brama en la lengua
del cauce del río,
dulce ruido que despeina al viento
entre sudores y escarchas
sintiendo el frío entre muslos desvestidos,
implorando a la luz que llegue la noche.
Anestesia en cuerpos desgastados
con matices de cristal fragmentado
por azadones que besan tus manos
enraizadas en higueras donde la tierra
es una habitación que habla.
Hoy el sol, al amanecer, pinta su trazo
en un lienzo despoblado
como ojos de un río que fluye sin soplo de mar;
mañana pasarás desnudo como los días
que llegan, aunque a veces no se ven.
Déjame cruzar el límite de los suspiros,
redefinir las fronteras de la existencia,
desvanecer el efluvio de la fuente
buscando en la cascada
el otro borde de la pasión.
Déjame volar entre tus valles alados,
extender mis alas donde reinan las olas,
trazar las líneas a través de los sueños
sobre tu ropa mojada.
El reino de la lujuria fluye
en un hilo líquido al otro lado del agua
extendido hacia donde la pluma traza
su viaje sinuoso y lento
en la cola de los ojos.
Un tapiz de altos y bajos
adentrándose en tierras invisibles,
en espacios intermedios,
buscando en la cascada
el otro borde de la pasión.
Soplan las brisas salvajes
donde el tiempo pierde su flujo
en esta vasta y sagrada savia
llena de pliegues de seda
todo es raudal de dicha,
mórbido enjambre de relámpagos.
Voy a vocear tu nombre
en la soledad perdida de tu escote,
como si anidara el anochecer
entre tus párpados
y pudiera sembrar mis miedos
en la luz de un relámpago acostado
entre tus pupilas vestidas de noche.
Hoy quiero hablar
con la tristeza de tu soledad
como un ángel con alas simples
y luciérnagas recién aparecidas.
Me inclino, en ese instante,
titilando a velocidad de lucero,
mi sangre entre auroras se despliega
sobre la almohada y se convierte
en un placer que emana
de la oscuridad a tientas.
Hoy las voces del amor
son fuego sin misericordia,
latido de aliento,
verso que renace en la luz del presente
y mueren en el recuerdo
de la manzana mordida.
El asfalto tose un gris sediento
y la ciudad vomita neón.
La naturaleza, herida, sangra lento,
los árboles gritan con follaje ausente
cuando la tarde no es más que un recuerdo
que ya no cierra el iris, se retuerce.
Mientras, el concreto sueña eternamente,
las torres murmuran un himno frío,
nosotros, autómatas programables,
vagamos por calles incoloras, camuflados,
cantan las campanas el duelo de la rosa
escondida en su semilla.
Mezclados con aire denso,
simulando el nicho de anélidos
dónde está el polen hablando con el futuro,
entre pájaros enjaulados
al son del macabro retroceso
del vals que flota en ácido fluido,
deambulamos entre olivares que ya no besan
doblan sus ramas por los muertos.
La sinfonía de la muerte inminente
final que nadie escucha,
mientras la ciudad, indiferente,
entre latidos de metales y acero,
en el bullicio, se apaga en el tiempo,
bajo el velo de la desolación
y el desconsuelo.
En las tardes de largas sombras
alargo mis redes
donde se agolpan las fibras del corazón
y el prado florece a grito lleno.
Miro tus ojos profundos,
como una raíz hundida,
donde los sueños fluyen y refluyen
extendidos hacia la suave luz de la marea
en olas arqueadas sin aliento.
Con hilos de anhelo, tejidos
con lo que sobra del alma,
capturo tu voz interior
cuando el sol se esconde
pintando olas de oro
que esperan atrapar
los secretos albergados
en el hambre de tus venas.
Comparto mi pecho abierto en canal
y siento el peso
de las profundidades de tus aguas.
En tus pulmones, llenos de mí,
respiro la fragancia de tu amor,
un rubor de rosa,
un clavel desbordado de pasión
en un mar sin límites.
Un arroyo nacido de la lluvia
de un cielo que nace suplicando,
una nota silenciosa a su pétalo,
un caótico crujido, breve y fugaz.
En estos momentos tiernos
el tiempo se detiene en tus alas abiertas,
el calor te encrespa,
los bordes levantan sus brasas
junto a un latido pintado
en un cuerpo todo lleno de tormenta.
En el fondo del anhelo
se baña el resplandor,
busco los matices de tu esencia
y surgen flores en racimo
donde se evapora la escarcha.
En la bruma, donde las nubes
flotan entre palabras
que emprenden el vuelo
surge un abismo de lirios
acompasados con sílabas
de un blanco suspiro.
Penetra donde la flor sin tierra crece
buscando la alborada sin prisa,
se oculta en la sombra vana de un lecho
donde los deseos se cobijan en el sol
de tus ojos y buscan la orilla.
Allí me espera
el verbo inmaculado
todo lleno de ventanas
con vaho de rocío de azucena.
Mi alma siembra un pétalo desnudo
en la mitad de tu jardín,
me pierdo en tu cielo,
en sangre dulce de un rocío
que nace en la piel.
En el suelo de una playa desierta
sucumbe la marea con perfume
de orquídea en párpados
aún llenos de espuma.
Este amor de armario
vestido con pétalos que no envejecen
aguarda ese viento con aroma a nube
y niebla rendida al sol.
Esa memoria vive
en el límite del deseo
donde navega la adolescencia
mirando al cielo lleno de viento.
Deja la llaga
que tatúa en el aire el lamento,
luz que destierra las sombras funestas
más allá de los límites de la ladera
donde mi cuerpo duda.
Hay tierras que jamás se alcanzan,
territorios que no callan jamás,
entre susurros celestiales
y el silencio que todo abraza,
buscan las huellas borradas tras de mí
con los párpados cerrados.
La mirada, vacía, me observa
en este viaje de sombras quebradizas
la hiedra ya no mora
vuela en la altura del recuerdo.
¿Es sueño o eterna melodía
esa sombra que la brisa arrastra?.
Efímera aunque intangible,
su esencia en nuestra memoria queda.
Al tocarla se desvanece en el armario
donde el aroma fenece.
En mis noches sin sueño, te imagino
cuando la luna desfila con su cuerpo de vena herida
en brazos de un coral embaucador
que llega como la niebla, dormitando
en la suavidad de su lecho,
como un remanso de paz de arroyo
abrazándome en su árido fuego.
Acompañas mi soledad de vena fría
y apareces de pronto como las citas espirituales
con tu presencia sutil en la penumbra de la luz
llenas mi alma de un sentimiento de choza vacía.
Enredados en la noche, tú y yo
como espectros que sólo hablan con la oscuridad,
con los susurros que se anudan compartiendo
arena de playa sobre aguas negras, me detengo
en el tiempo sin desenlace, sin decir adiós.
En este sacrificio de estanque muerto,
en el borde de la razón,
mi mente te evoca y te imagino, alma triste,
buscando caminos en mi vigilia
como árbol que ignora su sombra
a ras de la hierba.
Te veo encriptado en el fuego
que enciende las penas de mi interior,
ojos hundidos en tierras tropicales desérticas,
a veces, pones calma en mi caos,
eres mi alimento.
En este sueño de pasión adolescente
con flores agotadas te busco, rosa del desierto,
entre sombras y susurros me haces temblar
en la madrugada de los silencios.
Un abismo de luces y sombras se ha creado
donde tu mirada perdida es un surtidor
de caricias sin retorno en este mar inquieto
de olas que mueren en la roca, meditando
con el aire gigante de la noche.
En tu vacío nocturno, mi alma se desvanece
buscando la luz de tus ojos,
siento que no perteneces a este mundo
lleno de enigmas y secretos entrelazados