1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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O como un amor sin horas,
que no se apaga nunca,
aunque los cabellos
se salpiquen de nieve,
o dos almas que se vuelven una
al compás de una música mágica,
o como la ternura que sin tregua,
nos convoca a un amor,
que atraviese la esquina.

Ana Mercedes Villalobos

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    Decías del tiempo,

    de un cuerpo en otro cuerpo
    de las voces que susurran en la noche,
    o del paraíso que nos lleva hasta el inferno.

    No sé de que me hablas,
    cuando tan cerca tu aliento me acaricia,
    tu risa gira en mi sombra
    como un naufragio, el naufragio final,
    de tu boca en mi boca.

    Se filtra tu nombre entre las brumas,
    no sé de ese jadeo que palpita en mis oídos
    de pétalos, de aromas,
    delicias que suben por mi vientre.

    No sé por qué, se detienen las palabras
    hasta la música se devuelve en palpitante jolgorio
    nuestros cuerpos atados al deseo
    bajo la luz fugaz que señala en mi memoria
    el último espacio que tus manos,
    recorren en mi piel.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Hoy tengo ganas de extrañarte, miro la bruma
    que desdibuja el día entre su fauces

    cercana a la montaña que tanto te conoce

    y no te huelo, ya no recuerdo si es tu aroma
    o es tu piel lo que no encuentro.


    Aquí en esta ventana, yace vacía la noche
    llorándome, doliéndome el deseo
    de acercar mis ojos cerrados a tu boca

    jugando a que te escondes.

    Dos vidas y una sola muerte,
    ese frío incendio consumiéndonos
    vestido en llovizna de diciembre
    pertinaz, inacabado.
    Y es que se me enciende sola la tristeza
    - larga sed que quema la punta de mis dedos –
    navegando mi boca, paseándose en mi sangre,

    enfurecida, queriendo usurpar cada espacio
    de mi cuerpo por donde todavía
    se escurren tus besos.


    Ahora el aire es un gemido
    que atraviesa tu ausencia.
    Se hace necesario una coma
    entre esta soledad que nos comparte.


    Ana Mercedes Villalobos
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    En una lluvia de besos

    voy arropando tu cuerpo,
    como caricias veladas
    o como lenguas de fuego.

    Y es que mi boca curiosa,
    va descendiendo en su vuelo

    mi piel, se viste de rojo
    por el calor del deseo.


    De ansias se llenan mis manos
    en la ilusión de querernos,
    mientras se tejen los lazos
    saboreamos los silencios
    y en un abrazo furtivo
    me voy atando a tu pecho,
    mientras te dejo los labios
    impregnados de mi aliento.


    En este amor infinito
    que llenamos de momentos
    se van bordando de encajes
    tus sonrisas y mis sueños.
    En el sabor de tu piel
    que me sirve de alimento
    me voy a ese lugar
    donde el deseo es mi credo,
    y entre besos y caricias
    nuestro destino es el cielo.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Te dibujé en mis sueños,
    coloreando mis versos
    con el azul brillante de tus ojos,
    donde recreé mis fantasías.


    Esbozando nuestro amor
    en cada lienzo de vida,
    quise tener alas para
    llegar a tus brazos
    y acallar mis temores.


    Inventaba caricias
    que modelaran tu cuerpo,
    quería llenar de besos
    cada poro de tu piel.


    Pero el tiempo nos ganó,
    y se fue añadiendo el olvido
    a los años, a la ausencia,
    ya no recordaba tu rostro.
    Hasta el paso de la luna
    se hizo fugaz, y mis dedos no
    supieron ya de ti.


    Fuiste una sombra
    que se apagó en mis manos,
    apenas un pétalo
    marchito sobre la mesa,
    o una gota de lluvia en la ventana,
    un poema inconcluso que se quedó
    dormido entre mis párpados.

    Ana Mercedes Villalobos
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    En ese beso tuyo en que te anhelo

    se enciende mi deseo como llama

    es que mi cuerpo por tu cuerpo clama
    me enredo entre tu boca y me desvelo.


    Evoco nuestras manos cuando en vuelo
    retozan en los pliegues del pijama
    se enlazan, como piel en dulce trama
    y retan nuestra sangre en tenaz duelo.

    Renace nuestro asombro a cada hora
    al celebrar la vida en un abrazo
    o entregarme a tus labios, seductora.

    Recuesto mi cabeza en tu regazo
    en tu pecho, mi rostro que te añora
    y el amor, nos aprieta con su lazo.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Mientras la lluvia lame los cristales,
    llegan los recuerdos, que como retazos
    de ternura, me traen tus ojitos traviesos,
    que seguían la vida juguetones,
    prendidos atentamente a mi regazo.

    Acercabas tus manitas inquietas,
    que con su cargamento de cariño,
    repartían tu atención
    entre mi rostro y tu chupeta,
    mientras tus besos pegajosos
    se apretaban en mis mejillas,
    y tu balón saltaba retozando,
    desde la pared hasta tu risa bulliciosa.

    Ahora tu mirada es de luna, y tus andanzas
    tienen otro nombre, una barba incipiente
    me deja el escozor de tu saludo en la piel,
    para hacerme saber que todavía me quieres,

    disimulando los abrazos que auspiciaban
    las lecturas al pie de la cama, cuando se ataba
    tu miedo a mi cintura, hasta que el sueño
    clausuraba tus pestañas.

    Llueve aún, las horas pasan, estoy aquí pendiente
    de tus pasos , evocando momentos inolvidables
    de vida que llenan las largas horas de la noche,
    cuando la lluvia alborota silencios,
    susurros incansables, que alimentan la ausencia.


    Ana Mercedes Villalobos
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  7. [​IMG]

    Bésame con un beso de otro mundo
    un beso que traspase las fronteras
    bésame como si no me quisieras
    y besar fuera cosa de un segundo.


    Como el beso que escapa furibundo
    y se entrega con ansias verdaderas
    bésame desde todas las maneras
    que sea un beso dulce y vagabundo.


    Bésame, perpetuemos el instante
    porque a veces la vida se equivoca
    y el alba se dibuja más temprano


    Bésame como si fuera tu amante
    que tus labios se midan con mi boca
    en un largo solsticio de verano.

    Ana Mercedes Villalobos
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  8. [​IMG]

    Como una línea vertical
    alineada con los sueños
    nos entregamos.


    La mordedura del tiempo
    deja su huella en la voz
    se quiebra, se muere.


    En la distancia de un vuelo
    mis labios se rinden a tu boca,
    se enciende de deseo la mirada,
    no hay tregua en la eterna
    letanía de la entrega.


    Se visten los te amo de etiqueta,
    para llenar de caricias las bancas
    de los parques, ya no habrá
    paliativos para apartar la maleza,
    en la sombra, mis ojos, vuelven
    a su primigenia luminosidad.

    Ana Mercedes Villalobos
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  9. [​IMG]

    No entendimos el abrazo,
    ni los cuerpos que se hacían poemas
    ni la ilusión brillando
    en la oscuridad de las pupilas.


    Era como estar y no estar al mismo tiempo,
    como soñar un sueño sin nombre
    con un corazón que apaga sus latidos,
    sin romper el silencio, que va llenando
    cada poro de la piel.


    Y es que despedirnos se ha hecho nuestro oficio,
    dos, tres, sucesión ilimitada de motivos
    de veces, de manos sin tocar,
    de heridas que se abren y se cierran,
    en la euforia delirante del momento,
    del retorno sin promesas.


    Y nos quedamos en el paisaje
    inhabitado de unos ojos yertos,
    vacíos, ausentes de nosotros.


    Ana Mercedes Villalobos
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  10. [​IMG]

    Es tan íntimo ese silencio entre dos!
    como una comunión de palabras sin letras,
    como una presencia constante
    como un sereno susurro que hace vibrar mis versos.


    Es lo que somos,
    la conjugación final del verbo estar.
    Caminamos los abismos de espalda al sol
    porque el rostro permanece oculto,
    incógnita incongruencia del querer ser y no estar,
    como mirar sin ojos detrás de la línea del horizonte.


    Pero estás ahí, sé que estás, oigo tu respiración
    como el tic tac del reloj que marca los minutos
    que faltan para después, para otra vida.


    En la ventana se acumulan los besos,
    las palabras no, ellas se escapan de mi aliento,
    de mi pluma mientras yo permanezco atrapada
    en esta sensación de esperar, de esperarte.
    Quizás llegues junto con la noche

    Ana Mercedes Villalobos
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  11. [​IMG]
    Tu mano es la que mueve los cordeles
    dirigiendo mi vida con antojo,
    mientras yo, solo miro de reojo,
    hilvanando a retazo nuestras pieles.


    En esas avalanchas de corceles
    mi corazón revela su sonrojo,
    y se niega a olvidar su tonto enojo
    sin libar de tus labios dulces mieles.


    Y no se si es mi boca o es tu boca
    quien decide entregarse a la aventura
    entre aromas de mentas o de moca.


    En ese devenir de la cordura
    es la pasión la que sin más convoca,
    al juego del amor que se inaugura

    Ana Mercedes Villalobos
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  12. [​IMG]

    No es suave la brisa que sopla en tu jardín,
    mas bien es huracán de Agosto,
    que se goza en sacudir las cimientes
    empapandolo todo, como un río
    que arrastra en su corriente cada piedra,
    en un viaje sin retorno.


    Vocación de loco, sueles decir,
    y en un gesto que presumo complacido,
    te sonríes, grande, como un niño,
    como el eco del alma que preside tu tiempo,
    aunque tú, lo niegues siempre.


    Así de pronto, en un relámpago
    que abarca el universo, retorna el genio,
    la bravura del temporal agrieta la memoria
    donde has sembrado tus nostalgias
    que claman por refugio,
    por ese abrazo de eternidad que las sostenga.


    Todo llega a la hora justa,
    como la madrugada que despierta el mundo
    desde el bostezo de la noche,
    y te levantas, desnudo y frágil,
    mientras se tiñe de luz,
    el último rescoldo de esperanza,
    que tercamente, escondes.


    Entonces la ternura se disfraza de tu voz
    y yo, me sumerjo en la placidez del agua
    donde dibujas tu rostro,
    hasta pronunciarme.


    Ana Mercedes Villalobos
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  13. [​IMG]

    La voz se ahogaba en la garganta,
    olía a violetas y a sal,
    qué dulcemente nos mentimos!


    Si pudiéramos mirarnos
    sin tanto amor entre los ojos,
    contemplarnos como
    se contempla el paisaje.


    Y no es que se nos acabe
    el mundo en un parpadeo,
    es como derretirse
    en el calor de unos besos
    o deshilvanarse
    la piel por los bordes.


    Siempre terminamos
    en el mismo lugar,
    atrapados entre dos orillas.


    Como una hoja seca
    que se rompe entre los dedos,
    se quiebra el tiempo,
    dejando un triste eco de nosotros.


    Como el vértigo que causa el deseo
    que pinta tus labios en mi boca.

    Ana Mercedes Villalobos
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    A Edna Victoria y Aychi les gusta esto.
  14. [​IMG]

    Destejo los colores del alba
    sobre los que intento sostenerme,
    en un bostezo que apaga la luna
    dilatando su regreso hacia la noche.


    Y soñando con los ojos abiertos,
    sentimos la magia del amor,
    que disipa la triste melodía
    en la que se alojan nuestros miedos.


    Porque es temor la palabra
    que resuena en el desierto,
    la que calla temblando
    de tanto olvido,
    y se unge de tu nombre,
    en un ligero soplo de viento,
    que alivia la brasa que regresa.

    La que viene a guarecer su llanto
    en el furor de la piel,
    principio y fin de un camino
    que transitamos tantas veces,
    y que se alarga hacia las sombras
    como una página en blanco
    que solo se escribe de deseos.

    Ana Mercedes Villalobos
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    A spring y Edna Victoria les gusta esto.
  15. [​IMG]

    Te amo abrazada a mis fatigas,
    en ese lugar donde te adivino ausente,
    entre las sombras que habitan las horas
    y la plata que se abre paso entre tus sienes.


    Te amo en tu andar por las calles desiertas
    donde sembraste tus versos, y en ese canto
    primigenio que humedece mi boca,
    como un beso escapado de tus ojos.


    Y en tus manos caprichosas que han acariciado
    cada ausencia de mi piel, y que inventan el cielo
    donde me asomo a contemplarte,
    te amo en los desvelos que distraigo contando
    las estrellas que dejaste tatuadas en mi cuerpo,
    y en esa palabra que escapó de tus labios
    perdiendo el horizonte.


    Te amo en el universo de mi tiempo,
    en ese ocaso que se pinta de naranja,
    en el fragor de las olas que se baten
    en mi orilla sin encontrar descanso.

    Y te amo en tu silueta ausente, en la soledad
    que nos comparte, en ese lugar oscuro
    donde reposa mi cansancio,

    y desde este corazón mío que
    no se cansa de esperarte.


    Ana Mercedes Villalobos
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