1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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Nuestras pieles, muy juntas
tan llenas de nosotros,
henchidas de amor sobre la tierra,
donde amarnos es ignorar la lluvia,
es alegría de sentir ese canto tuyo y mío,
como el milagro de estar vivos,
con tus manos y mis manos
sosteniendo nuestro tiempo.

Ana Mercedes Villalobos

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  1. [​IMG]
    Tu mano es la que mueve los cordeles
    dirigiendo mi vida con antojo,
    mientras yo, solo miro de reojo,
    hilvanando a retazo nuestras pieles.


    En esas avalanchas de corceles
    mi corazón revela su sonrojo,
    y se niega a olvidar su tonto enojo
    sin libar de tus labios dulces mieles.


    Y no se si es mi boca o es tu boca
    quien decide entregarse a la aventura
    entre aromas de mentas o de moca.


    En ese devenir de la cordura
    es la pasión la que sin más convoca,
    al juego del amor que se inaugura

    Ana Mercedes Villalobos
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    No es suave la brisa que sopla en tu jardín,
    mas bien es huracán de Agosto,
    que se goza en sacudir las cimientes
    empapandolo todo, como un río
    que arrastra en su corriente cada piedra,
    en un viaje sin retorno.


    Vocación de loco, sueles decir,
    y en un gesto que presumo complacido,
    te sonríes, grande, como un niño,
    como el eco del alma que preside tu tiempo,
    aunque tú, lo niegues siempre.


    Así de pronto, en un relámpago
    que abarca el universo, retorna el genio,
    la bravura del temporal agrieta la memoria
    donde has sembrado tus nostalgias
    que claman por refugio,
    por ese abrazo de eternidad que las sostenga.


    Todo llega a la hora justa,
    como la madrugada que despierta el mundo
    desde el bostezo de la noche,
    y te levantas, desnudo y frágil,
    mientras se tiñe de luz,
    el último rescoldo de esperanza,
    que tercamente, escondes.


    Entonces la ternura se disfraza de tu voz
    y yo, me sumerjo en la placidez del agua
    donde dibujas tu rostro,
    hasta pronunciarme.


    Ana Mercedes Villalobos
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  3. [​IMG]

    La voz se ahogaba en la garganta,
    olía a violetas y a sal,
    qué dulcemente nos mentimos!


    Si pudiéramos mirarnos
    sin tanto amor entre los ojos,
    contemplarnos como
    se contempla el paisaje.


    Y no es que se nos acabe
    el mundo en un parpadeo,
    es como derretirse
    en el calor de unos besos
    o deshilvanarse
    la piel por los bordes.


    Siempre terminamos
    en el mismo lugar,
    atrapados entre dos orillas.


    Como una hoja seca
    que se rompe entre los dedos,
    se quiebra el tiempo,
    dejando un triste eco de nosotros.


    Como el vértigo que causa el deseo
    que pinta tus labios en mi boca.

    Ana Mercedes Villalobos
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    A Edna Victoria y Aychi les gusta esto.
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    Destejo los colores del alba
    sobre los que intento sostenerme,
    en un bostezo que apaga la luna
    dilatando su regreso hacia la noche.


    Y soñando con los ojos abiertos,
    sentimos la magia del amor,
    que disipa la triste melodía
    en la que se alojan nuestros miedos.


    Porque es temor la palabra
    que resuena en el desierto,
    la que calla temblando
    de tanto olvido,
    y se unge de tu nombre,
    en un ligero soplo de viento,
    que alivia la brasa que regresa.

    La que viene a guarecer su llanto
    en el furor de la piel,
    principio y fin de un camino
    que transitamos tantas veces,
    y que se alarga hacia las sombras
    como una página en blanco
    que solo se escribe de deseos.

    Ana Mercedes Villalobos
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    A spring y Edna Victoria les gusta esto.
  5. [​IMG]

    Te amo abrazada a mis fatigas,
    en ese lugar donde te adivino ausente,
    entre las sombras que habitan las horas
    y la plata que se abre paso entre mis sienes.


    Te amo en tu andar por las calles desiertas
    donde sembraste tus versos, y en ese canto
    primigenio que humedece mi boca,
    como un beso escapado de tus ojos.


    Y en tus manos caprichosas que han acariciado
    cada ausencia de mi piel, y que inventan el cielo
    donde me asomo a contemplarte,
    te amo en los desvelos que distraigo contando
    las estrellas que dejaste tatuadas en mi cuerpo,
    y en esa palabra que escapó de tus labios
    perdiendo el horizonte.


    Te amo en el universo de mi tiempo,
    en ese ocaso que se pinta de naranja,
    en el fragor de las olas que se baten
    en mi orilla sin encontrar descanso.

    Y te amo en esa silueta tuya que ya no está,
    en la soledad que nos comparte,
    en el lugar oscuro
    donde reposa mi cansancio,

    y desde este corazón mío que
    no se cansa de esperarte
    aunque sé que no vendrás.

    Ana Mercedes Villalobos
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  6. [​IMG]
    Donde quedó el corazón,

    manantial inagotable de ternuras,
    mi histriónico galán de historias otoñales
    refugio de heladas solitarias?

    Donde quedó el costurero remendón
    de rasgadas ilusiones,

    con su caricia trasnochada que pasea
    su desgana por el parque.
    El que se extravía en quimeras
    mientras fabrica sueños,
    acaso eres tú, el que se asoma a mi ventana?

    Dónde quedó mi corazón,
    el que deambula solitario,
    viajero de aventuras
    que ha guardado su llanto
    en el morral para que escampe,

    golpeas mi puerta y te escondes?

    Dónde está mi corazón parlanchín,

    cuenta cuentos incansable
    el arquero de mil flechas
    apuntadas al sol y perdidas en el aire.
    Mi enanito de tres ojos con la sonrisa ladeada
    que le atraviesa la frente,
    el que dejó la esperanza colgada en un lucero,
    dejaste algún mensaje en mi buzón por la mañana?

    Ana Mercedes Villalobos
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  7. [​IMG]

    Son sudor, son quejidos los anhelos

    que desnudos regresan a la orilla
    con la luna asomada en el ocaso,
    dejando que el azar y la distancia
    nos devuelvan los besos a los labios
    jugándose a los dados su fortuna.

    Es que tu amor es toda mi fortuna
    ilusiones y sueños mis anhelos
    y la risa que cuelga de mis labios
    acerca la ternura hasta la orilla,
    paso a paso se acorta la distancia
    que me lleve de nuevo hasta el ocaso.

    Ya la tarde se pinta en el ocaso
    aposté a cruz o cara la fortuna
    de un sueño que se alarga en la distancia,
    distrayendo en las noches mis anhelos
    que llegan en silencio hasta tu orilla
    y tu boca se adueña de mis labios.

    Tu sabes que me muero por tus labios
    que trémulos se acercan a mi ocaso,
    mi suerte fue cruzar hasta tu orilla
    y arrojarme en tus brazos, mi fortuna
    dejando en el umbral dulces anhelos
    que dibujan tu amor en la distancia.

    Entre tú y yo no existe la distancia
    quiero abrazar tus labios con mis labios
    saboreando de a uno mis anhelos
    llegar hasta la cima del ocaso
    y en un corcel en busca de fortuna
    volveré de mi mar hacia tu orilla.

    Aquí se me hace larga la otra orilla
    no sé cómo se acorta la distancia
    quizás sea tentar a la fortuna.
    Dibuja con tus dedos otros labios
    que se llenen de luz ante el ocaso,
    y que enciendan el sol en mis anhelos.

    He pintado anhelos en tu orilla
    e inventado un ocaso en la distancia,
    he apostado a tus labios, mi fortuna!


    Ana Mercedes Villalobos
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    A bristy y Gustavo Cervantes les gusta esto.
  8. [​IMG]

    No se si será amor llenarse de silencios
    aunque no tenga ganas de dejarte ir,
    quizás el atardecer traiga la respuesta
    para este suspiro que muere en mis labios.

    Es sencillo cuando me tomas en tus brazos,
    dos corazones en un solo latido,
    y los sentidos desbocados,
    es como una condena que dicta sentencia
    en cada abrazo, en cada roce de tus manos.


    Pero yo, prefiero la hora del silencio,
    de estar contigo y conmigo, entre susurros,
    mientras la lluvia intenta llevarse las ideas
    y dejarnos desnudos, aquí, entre tu y yo.

    La hora de mirarnos sin palabras,
    sin tiempos, de mirarnos sólo, así,
    con los ojos plácidos, cómplices
    de amarnos, con cascabeles bailando
    en las pupilas, como quien presiente
    el mas hermoso de los ocasos.

    Quizás la primavera nos regale
    una luna llena donde encontrarnos.

    Ana Mercedes Villalobos
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  9. [​IMG]

    Sorprenden en mi noche los anhelos,
    pintándose de azul sobre la nada

    y allí donde se aloja tu mirada
    voy saciando de sueños mis desvelos.


    Desnudo uno por uno mis recelos,
    asiento en tus pupilas mi morada
    y en la emoción que anuncia tu llegada
    se tornan en calor mis desconsuelos.

    Que dulce es terminar la travesía
    entre esta sed quemándome la boca
    y desandar los días para verte,

    apagando en tus labios la sequía
    que agrietaba mi piel, hiriente broca,
    con mi cuerpo temblando de quererte.

    Ana Mercedes Villalobos
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  10. [​IMG]

    Me gusta despertar
    prisionera de tus labios
    con tus besos en mis hombros,
    ¡tan cerca de nosotros!


    Tus dedos tejiendo mis cabellos,
    mis ojos abrochados a los tuyos,
    después de atravesar la noche
    con el cielo abrazado
    a nuestras sombras.


    Acurrucada a tu costado,
    más allá del paraíso o del infierno.

    Y amarnos en el oleaje de la luna
    que nos contempla calladita
    y nos sonríe.

    Ana Mercedes Villalobos
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    A bristy, Lorelizh Beye y Gustavo Cervantes les gusta esto.
  11. [​IMG]

    En el resplandor azul del universo,
    aprendemos a entregarnos,
    se iluminan las risas
    en el verdadero sueño,
    solo tus ojos, silencio, quietud.


    Me aprieto entre tus brazos,
    la mañana se esconde
    detrás de la montaña,
    se despereza entre la niebla,
    y mientras recorres mis piernas
    con la suavidad de tus manos,
    mis versos se silencian en la boca
    mordisqueando tus labios.


    Solo queda decir una palabra,
    y en ese frenesí se levanta mi voz
    como un poema de otro mundo,
    de otro amor, de otro yo,
    pero con un mismo rostro
    y un mismo corazón.


    No sé dónde se encienda el clamor,
    pero en su origen quedó un suspiro
    que guardo para ti, como un regalo,
    la inmensidad de un te amo.

    Volvamos de nuevo a la luz,
    a la belleza, al encuentro de ese amor
    con el que siempre soñamos.

    Ana Mercedes Villalobos
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  12. [​IMG]

    Las flores juguetean en la hierba
    como queriendo conquistarnos,
    y es que en Mayo se asoman sus
    colores, que retozan en mis pupilas
    vulneradas de vientos y de memorias.


    Hasta el sol, que siempre
    ha estado de pie, justo aquí donde
    la madrugada se hace ausente, sabe que
    en nuestros corazones pernoctan la voz,
    la duda, las sombras y no amanece.


    Más allá del callado murmullo,
    nos abandonamos al bosque, quieto,
    con la neblina besando las cimas,
    plenas de ilusiones, sin reconocer
    el gris que se aferra al silencio.


    Y no es que la mañana no haya lamido
    tu diestra, es que no encontró
    tus huellas al regreso, y se quedó
    empapada de tierra bajo el manantial
    que desciende desde tu pecho.


    En el minuto en que se desdibuja
    el tiempo, llega el infinito vestido
    de mañanas a rescatarnos.

    Ana Mercedes Villalobos
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  13. [​IMG]

    Es esa noche de luna que nos hace soñar,
    o el instante en que nuestra piel
    se enciende en una clara madrugada,
    un tiempo sin tiempo que se prende
    en nuestros dedos y se hace alondra,
    asombro, sentimientos vertidos
    como cascada que sin pudor,
    desnuda sus aguas, para abrazarse
    a la tierra, que con ansias la espera.


    Es esa lluvia temprana que nos sorprende,
    o ese fuego que nos va quemando los labios,
    un pico nevado que nos eleva a su cumbre,
    una lágrima esquiva que se escurre prófuga,
    para debatirse entre el corazón y la pluma.


    Esas historias sin contar y las que contamos
    a diario, un suspiro que se escapa sin querer
    con la mirada perdida de horizonte y esas
    bocas que se ofrecen en un gesto de amistad,
    de cariño o de consuelo, hacen inagotable
    el caudal de las letras, el mágico vuelo
    de mariposas que parecen urgirnos
    en el amable desahogo de las almas
    y que hace inmortal la poesía.

    Ana Mercedes Villalobos
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  14. [​IMG]

    El tiempo y la distancia
    me devuelven a la noche,
    al silencio donde nacen los anhelos,
    a tu voz que susurra en mis oídos,
    como esas noches de luna.


    Aturde la luna – dijiste -
    y yo quería solo despertar
    mis labios cerca de los tuyos,
    como una sonrisa, como ese lucero
    que enciende en la oscuridad,
    deseos olvidados.


    Ven, acércate a mi pecho – susurraste -
    y se abrieron los cielos en tus brazos,
    es que mi cuerpo sabe cuando estás,
    -escucha el latido de mi sangre –
    y me miraste con la certera sumisión
    del amor que nos habita.

    Ana Mercedes Villalobos
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    A Lexema y Gustavo Cervantes les gusta esto.
  15. [​IMG]

    Es estar entre sombras,
    no saber si este es el paisaje
    que va quedando de mí
    cuando se despliega la noche.


    Mi espíritu vuela sin rumbo,
    en una alocada carrera sin destino,
    no sé dónde va mi alma,
    en busca de un lugar, lejos de tu boca,
    de tu beso que ya no me alcanza,
    es como renunciar a tus manos
    sin jamás haber sentido tu abrazo.


    Como estar desahuciada,
    deshabitada de palabras,
    de versos que se escapan entre
    las hojas y ya no se pueden alcanzar.


    Un camino que conduce a un tiempo
    desconocido, ausente de ti,
    sin un amor que sepa amar,
    como esos troncos vacíos
    que se doblan sin poder soportar
    la soledad de un bosque sombrío,
    donde solo se escuchan los ecos
    de la noche en un poema
    que ya no te nombra.

    Ana Mercedes Villalobos
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