1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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Nuestras pieles, muy juntas
tan llenas de nosotros,
henchidas de amor sobre la tierra,
donde amarnos es ignorar la lluvia,
es alegría de sentir ese canto tuyo y mío,
como el milagro de estar vivos,
con tus manos y mis manos
sosteniendo nuestro tiempo.

Ana Mercedes Villalobos

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  1. [​IMG]

    Cada amanecer
    nos acerca a otra partida,
    rogamos porque el tiempo se estacione,
    más los minutos lentamente
    siguen su marcha.


    Somos dos cuerpos frente a frente
    que tejemos de a ratos una historia,
    noches aromadas de jazmines
    y ese canto suave de caracolas.


    Tu voz siempre llega desde el norte,
    un minúsculo instante de almas
    que se tocan en dulce melodía,
    solo eso basta,
    y florece el universo.


    Luego la noche,
    un oleaje sereno que nos lleva a la orilla.


    Estar juntos,
    el calor de tu piel sobre mi piel,
    me confunde,
    mi manos se van quedando huérfanas
    en esta madrugada infinita.


    Ana Mercedes Villalobos
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  2. [​IMG]

    Detengo mi cansancio
    a la orilla del verso,
    que quiere despojarme
    de los sueños del mañana.
    ¡Mi espíritu se resiste al cautiverio!


    Me asomo a mis días de azul,
    de cielo, de golondrinas,
    de ese mar que me reclama,
    que me urge a transitarlo
    hasta el horizonte que se escapa.


    La ilusión me invita,
    más la tristeza se hace nudo
    en la garganta.


    Antes de partir
    me vuelvo hacia la luz,
    el faro protector que me cobija.


    Cada noche de silencios, de fatigas,
    de alegrías, de misterios,
    llegan a mi alma
    en una secuencia de recuerdos.
    Es mi hogar, mi puerto.

    El miedo me habita,
    calla mi voz triste,
    “Vivir es el deber de no claudicar",
    recuerdo la voz del poeta.


    Mi cuerpo marchará a un nuevo destino
    pero yo, he dejado mi corazón a sus pies.

    Ana Mercedes Villalobos
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    Hay un tímido encanto
    en esta densa oscuridad,
    antes de
    los grises y ocres

    de las sombras.


    El torpe dialecto,
    me remonta
    a la seguridad horizontal
    de mis letras.

    Las grandes derrotas
    nos conducen a la luz.


    No es leve ni fácil el camino,
    una cuesta empinada
    que no nos garantiza
    jamás la victoria,
    ni siquiera una mínima memoria
    de aquellos tiempos.


    Vamos a tientas,
    añorando otros abrigos, otras distancias,
    otras ceremonias donde perpetuar
    nuestro llanto.


    No sé si la ausencia,
    sea el invierno
    que nos envuelva en la primigenia
    transparencia del agua,
    y que a pesar de
    lo excelso de su paisaje nos sea amargo.

    Como esta tierra común
    que nos dejó sin nombres.

    Ana Mercedes Villalobos

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  4. [​IMG]

    Quiero evocar tu risa en esta noche
    en que haremos poemas de la vida
    y cuando el sol se asome entre las sombras
    apurando el latido de tu sangre,
    alumbre con su luz tus fuertes brazos
    recitando mis versos en su boca.


    Y retorno a la gruta de tu boca,
    a la espesa ebriedad de nuestra noche,
    al fuego prometido de tus brazos
    donde escapa triunfante hacia la vida
    el veloz galopar de nuestra sangre
    con la luz desteñida de las sombras.

    No basta la quietud de nuestras sombras
    para apagar la llama de mi boca,
    ni la prisa altanera de la sangre
    que sonríe al resguardo de la noche
    desde todos los guiños de la vida,
    dispuestos a arroparse entre tus brazos.

    Si he de morir, lo haré solo en tus brazos
    evitando el tormento de las sombras,
    en el último instante de mi vida.

    Si he de vivir, que sea entre tu boca
    trayectoria del fuego hacia la noche,
    donde escriba el poema con mi sangre.

    Y vuelve la ternura hasta mi sangre
    del amor insurgente de tus brazos,
    las brasas calcinadas de la noche
    propician una luz entre las sombras,
    y el temblor de tus labios en mi boca
    el canto primigenio de la vida.

    El tiempo de un te quiero es una vida
    la esencia de mi cuerpo y de mi sangre
    y no sé si es tu boca o es mi boca
    la que yace arropada con tus brazos
    y se esconde al abrigo de las sombras
    dormida en la espesura de la noche.

    La noche se desnuda de la vida
    reteniendo su sangre entre las sombras,
    en sus brazos, muy cerca de su boca.

    Ana Mercedes Villalobos

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    La noche despertó con tu voz,
    traías mi nombre besando tus labios.
    Primera vez de tus manos con mis manos,
    las caricias temblando en nuestra piel.

    El viento nos rasgó con su canto,
    tu boca suspiró entre mis pechos.
    La primavera asomó sus colores
    al jardín de mi cuerpo.

    Con besos de diamante fundido
    llenaste cada espacio entre nosotros.
    ¡Infantil ternura!

    Tus caderas de hombre niño
    danzaron en mi vientre,
    ¡crecían mariposas en mis muslos!

    Tu mirada, chispas doradas,
    tus ojos, brillantes asideros de mis ojos,
    profundo horizonte
    donde los cuerpos se vistieron de luna.

    Esa noche fuimos juntos
    sonrisa desnuda en mitad de las pupilas,
    y el eterno caminante
    que atravesó, valiente,
    la línea fulgurante de la vida.

    Ana Mercedes Villalobos

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    De vez en cuando,
    cuando un instante es todo el tiempo,
    la palabra se escapa en las alas de algún ave
    dejando su trino sin abrigo,
    nostalgias que acompañan
    una noche sin estrellas,
    y nos ocultan la cara de la luna,
    o nos recorren flotando en el viento
    enhebradas en enjambre que alborota.


    Ciegos en la bruma, andamos sin saber,
    como un aroma que se esparce de la flor
    llenando cada espacio del jardín,
    como el amor que se entrega en la caricia
    rozando el rostro del niño o del amigo,
    o esa mano que se extiende
    hasta llegar a la orilla del verso
    sin saber si estamos vivos o muertos.


    Entonces, necesitamos de la entrega,
    acogernos a la palabra como credo,
    llorar en nuestras letras
    o reírnos y olernos en recuerdos,
    con los ojos abiertos,
    contemplándonos,
    aunque estemos ausentes.


    Ana Mercedes Villalobos
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    A NUBE ATARDECER, spring, bristy y 2 otros les gusta esto.
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    Quisiera si es posible en este día

    inyectar todo el foro de ternura

    y hacer de la palabra la envoltura
    que atraviese el azul con alegría.


    Alborotar el verbo en Poesía
    y lograr con mis letras la textura,
    que arrope al corazón, en la dulzura,
    del eco en que tu voz, se hizo la mía.

    Atender a tu ruego de un soneto
    dejando como obsequio esta mañana,
    mi amistad apretada a tus mejillas.

    Y en un puño de afecto bien repleto,
    estas líneas cruzando tu ventana
    que acerque finalmente dos orillas.

    Decirte - entre comillas -
    que "te quiero", y dejar tu oído inmerso
    en el almíbar dulce de mi verso.

    Ana Mercedes Villalobos

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    Sé que tengo que escribir
    un poema sin memoria,
    donde el sol no sea promesa,
    ni venga a borrar mis temores.

    Un poema que se aferre
    a la piel del infinito
    sin encender la tristeza,

    que me permita deshojar el olvido,
    y me abrace con el grito del alba
    llenándome de risa los ojos.


    Que se enrede en mi cabellos
    y me moje el rostro,
    me devuelva mis miradas,
    y deje el amor desnudo,
    al pie de la montaña
    donde se pintan mis ocasos.


    El que se escriba
    en una noche lluviosa

    y surja como un beso,
    sin temblores, sin jadeos
    donde el tiempo sólo sea
    el transcurrir sereno
    de las horas sin ausencias.


    Donde tú,
    seas esa impávida mirada
    que no ruborice mi piel.

    Y yo, el viento que se lleve tu nombre
    y lo remita a ese lugar
    donde me miraste por primera vez.


    El poema que renuncie a la palabra,
    para volver sobre mis versos

    al camino que regresa.

    Ana Mercedes Villalobos

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  9. [​IMG]

    Río rebelde en rápida carrera
    ignorando su cauce se desboca,
    choca su pie cayendo de la roca
    y dolorido salta la barrera.


    Mas se yergue buscando la ribera
    el calor abrasante lo sofoca,
    aferrado a su suerte que no es poca
    regresa a remontar su cabecera.


    Y se enfrenta al rigor de la vivencia
    del descuido fugaz y repentino
    que toma como justa penitencia

    Confiando con pasión en su destino,
    recuerda las razones de su ausencia
    y vuelve decidido a su camino.

    Ana Mercedes Villalobos

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  10. Madre y Padre enamorados amantes jovenes.jpg

    Es en ese hacer tuyo,
    en que tu lengua
    estrena repertorio,
    donde se gestan tempestades.


    La sangre se enciende,
    y los cuerpos
    vibran en un solo acorde.


    Los corazones se desbocan,
    apretando sus latidos
    abrazados al pecho,
    anhelantes de bocas, de manos,
    en esa nostalgia de piel
    torrente desbordado,
    que suplica,
    que se entrega para amarse.

    Hasta la música es mágica,
    una emboscada a los sentidos,
    que se rinden,
    transitando hacia el paisaje
    donde se unen las risas,
    la tuya y la mía,
    en un coqueteo pertinaz.


    Y entre besos y ternuras
    se olvida el pudor,
    los labios se desgajan
    debatiéndose en un solo anhelo.


    Mientras
    la tierra en su eje,
    sólo gira.

    Ana Mercedes Villalobos

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  11. [​IMG]

    A veces mis noches
    se habitan
    de sueños
    que no llegan a soñarse,
    recuerdos,
    lágrimas dormidas,
    esos golpes de tristezas
    que se abrazan a mi alma.


    Se quedan, detenidos en el tiempo,
    sin conocer mis miedos,
    y se adueñan de mis letras,
    de mi pluma, de mis versos.

    La luna viene en mi auxilio,
    ¡siempre la luna!.


    Se prende a mi corazón
    en el silencio
    que precede
    al bullicio del alba,
    y me aferro a la luz
    de su rostro que me mira.

    Ana Mercedes Villalobos
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  12. [​IMG]

    La vida con su canto nos invita,
    a nacer como sueño que ilusiona
    y luego con carita respingona,
    te recuerda que el tiempo nos limita


    Revuelve los rincones, nos agita,
    buscando sin parar a la persona
    que en sus ojos y sus manos colecciona
    la alegría, que al alma resucita.


    No es que siempre la vida sea risa
    a veces es muy triste y es muy dura,
    por eso hay que tomarla entre los brazos,


    acunarla con mimos y sin prisa,
    para unir con cariño sus pedazos,
    hacer de ella, la más grata aventura

    Ana Mercedes Villalobos

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  13. [​IMG]

    En estas noches cómplices de luna

    mis letras surgen tristes a la vida

    tu voz lejana suena arrepentida
    tenaz como una queja inoportuna.


    Te quise dar amor como ninguna,
    injusta y torpemente fui medida
    sufriendo en soledad, tan desvalida
    ya no podré cambiar mi cruel fortuna.

    Tu nombre entre mis labios apagados
    - jugada caprichosa del destino -
    regresa por los besos olvidados.

    Tendida en esta orilla del camino
    los recuerdos ahuecan mis costados
    llorando el corazón por su asesino.

    Ana Mercedes Villalobos

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    A spring, bristy y Gustavo Cervantes les gusta esto.
  14. [​IMG]

    La luna estaba allí, justo a mi lado
    en su vestido hermoso, muy brillante
    me tocó con su luz, fue un solo instante
    dejó en mi corazón un haz plateado.


    Y mi bosque de hermoso decorado
    se prendió con su brillo alucinante
    que erguido entre sus ramas arrogante
    dejaba todo el cielo reflejado.


    Mi pluma despojada de su sombra
    se calla, embelesada sólo mira
    tu rostro entre los versos, su dilema,


    la urgencia de la boca que te nombra
    tan cerca de esa luna que la inspira,
    y que llena de letras su poema

    Ana Mercedes Villalobos

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  15. [​IMG]


    ¿Desde qué amor una voz puede
    ser eco de olas muertas?


    No es dócil la danza del oleaje,
    es batirse a duelo
    entre el horizonte que se presume luz,
    y el beso, que dormido lo abraza.


    ¿Desde qué silencio se derrama una
    lágrima solitaria que nos roza la vida?


    Tu voz, amiga de ausencias
    íntima negación de la palabra,
    se hospeda en el mar,
    callada y desnuda
    se esconde entre las sombras.


    En la orilla,
    el cielo mide sus límites en el florecer del azul,
    tu boca, tendida bajo la luz,
    los labios fracturados en última tristeza
    inauguran el adiós.

    Dos sillas vacías se asoman al balcón,
    tararean la canción de amor
    que no llegó,
    se perdió en el destiempo
    del eco de una voz y el silencio de una lágrima.

    Ana Mercedes Villalobos

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    A spring, Felipe Antonio Santorelli y bristy les gusta esto.