1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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  1. Las provechosas ignominias

    los reiterados intereses, las percepciones desoladas,

    los incrementados aumentos de capital, oh cómo

    van los dioses adivinándose, inescrutables!

    Veo la larga distancia, el encomiable desierto,

    la travesía redonda por silos y silos, observo

    mis pies descalabrados y calcinados, la mantelería ocupada,

    los eternos disloques la parranda de un premeditado prepucio.

    En occidente se lleva mucho la larga tierra, la provecta

    economía del lacrimal-.



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  2. Que no esperan los que trituran almas con los dientes

    y esa veloz circunferencia cuyos radios existen desasosegadamente

    y ese labio inferior cuyo ferulado inconsciente suma su agradecida postura

    anti bélica, las razones por las que arguyen su cometido

    diosas y dioses perfectamente disueltos en la mejoría de un rostro azulado

    por momentos, por instantes, la casuística se acumuló en mis pétreos pozos.

    Oh lastimeramente, mi cansada autonomía proclama la intervención ruidosa

    de los largos cabellos crepusculados: mi manía absorbe el mundo en su intención los vestidos de un aumento de dólar. Me gustaría esperarme

    un contrario equipamento, raudos manteles, obsequiosas transitorios pájaros,

    aves de un milagro producto en el espadañar de los lacrimales; me irritan los antojos, las racionadas parcelas, los estatutos de un criminal nervio óptico acumulándose en los invisibles omóplatos, mis secuelas.

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  3. No sé, es bueno.

    Según dicen escribir poesía

    como lenguajes adscritos a una célula

    pluriforme y puramente nomenclatural.

    Sí, de estas cédulas, inscritas siempre

    en verde diluido, se perciben los monstruos

    entre tristes titubeos helados.

    Sí, es hermoso, después de todo,

    comprobar la encimera que circula la nariz

    y la impone por sobre todas las cosas, y luego

    de amanecida, constatar que la tos se avecinó

    como una garganta de desfiladero.

    Yo aun compruebo la importancia, su importancia,

    cuando me observo de un laberinto a otro saltar

    orinarme encima o surtir de fraguas mi hueso coagulado.

    Seguramente, sí, tenga allí familia y heredad atómica-.



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  4. Dicen que fue tu cuerpo que se evaporó

    surtió de efectos fantasmas al espectro de los licores

    donde surgen nuevos tantálicos espacios rotos

    de dentaduras pobres e idiotas. Dicen más,

    los manirrotos, los escuetos hermanos de la sangría

    aperturada, y ese pobre suicidio de los lenguajes

    en sus alquímicas sombras. Tú sabes

    que yo vendré, cerca, terriblemente cerca

    de esas sombras que acompañan las soledades

    mojadas de lluvia.





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  5. Pesados cuerpos regurgitan

    lastre de la vida que aumentan

    tamaños y volúmenes, simples

    néctares tras ejercicios y amargura.

    Nenúfares inquietos que habitara

    la neblina, dulces sueños para los inviernos,

    dentro de esa estancia donde poseemos

    un canto sin poder ni repercusión alguna.

    Electrificado el cántico, qué tenemos?

    La criatura, envuelta en pañales

    desprovistos de significados y sustantivos.

    Sí, maten ya. Libres los días

    corren por las campiñas olvidadas.

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  6. Registro la voz

    león ciego altanero

    tributa sus espliegos dorados

    en los palacios del subsuelo marítimo

    donde los pájaros anidan con su felonía

    la altivez deteriorada de los ruidos disconformes

    ante todo, la dicha enumerada, lo palpitante

    en un cúmulo de cenizas trituradas

    donde los ciempiés bailan al son de la reina madre.

    Pies calcinados pies masticados belleza de los soles

    registro el eco de un emplazamiento sin sangre

    ese titubeo de los metales pesados prosaicos,

    en que dejé emético plan, la alternancia eléctrica

    de los percheros brumosos.

    De la danza eléctrica hasta el turbulento mar: una

    falsa odisea que readmite sus sustantivos plegados.

    Como unos labios organizados para el beso, suelen

    concretarse en mí, bellos los recuerdos, endebles

    sus apósitos. Quién debe leerme? Nadie.

    Un sustantivo apócrifo o una lateral reminiscencia,

    abortan los peligros de cada noche. Mi cuerpo

    es mitad de la noche y mitad del día.



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  7. Suscitan cosas interesantes

    son cadáveres depositados en fosas

    los fosos invariables impiden su aromática

    la flor de los obsesos excluye poblaciones

    atónitas, donde viven, regresos taciturnos

    en la medianía del terror patrio. Moribundos

    crecen con los pelos erguidos, excretando

    sus públicos adolescentes, las miasmas de tu

    saco de almendras, concluye un viejo teniente

    apercibido. Sugieren cosas interesantes,

    de labios muertos en la boca de los apósitos,

    donde recibo desde un pájaro propietario

    las alas del rigor o del sueño. Miren subsistir

    los incrementos de los laboratorios con sangre,

    los imanes de la excrecencia con bocio, ese latido

    que incluye lamentos o tenedores de hambre.



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  8. Para qué

    no hay nada que decirse

    cuando la lágrima hiende

    el pecho, y este asiente.

    Lágrima circular, la siempre viva

    flor de enredadera

    hacia tus tierras partieron, aunque

    nunca regresaron, los plebeyos-.



    De cáliz en cáliz

    triturando la flor asquerosa

    el pétalo insomne, la mentira.

    Mi cuerpo asciende, flor fija,

    triunfante, por las laderas del soplo.

    En la ausencia, te encuentra,

    madera que queman

    los sueños para no gastarse-.



    Demasiado ruido

    para un poema. Intensidad

    sexualizada, para un poema.

    Vestigio que pende

    de la madera de un asilo.

    Del viejo tumulto anquilosado

    en las pálidas esquelas y epitafios.



    Y pestañas, sueños, un sinfín

    de tierra inconclusa, ese eterno

    misterio de las frondas en la claridad

    que acuchilla el aleteo de un pájaro.





    Te quiero, te lo dije

    con los órganos, con las persianas

    cerradas, con las organizadas cartas.

    Con los labios plegados y apostados

    tras sus escoriaciones, en aquellos

    interminables años. Te quise.

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  9. Tantos tajos lleva ya la tierra

    en su petrificada belleza anodina

    donde suspenden los hartos del examen

    en que cuerpo y mente funden sus alabastros

    de moribundos. Tajos pues ineptos, estériles,

    infecundos: mi palpitación, sangre derrama,

    sobre el círculo exterior o interior, sin relevancia,

    las tristezas se acoplan sin territorio inexplorado.

    Tarde es ya para vivir, morir, viene solo.

    En las comisuras de los labios, se abre la lluvia de los días.



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  10. Elegimos la tristeza,

    simplemente por pereza;

    porque somos unos vagos

    redomados-.



    En cambio, denostamos,

    pública e íntimamente, la alegría,

    convirtiéndola en una archienemiga de cuento-.





    En nuestros delirios y paranoias

    no hay más que sumisión, sometimiento y fatuidad-.
    A Alfonso J Paredes le gusta esto.
  11. Aparta la carne

    lo superfluo, esconde

    tu alma deshabitada,

    recurre a los injertos del sueño,

    ese insomnio que sufren

    los hijos de las cañerías.

    Los herederos de las cañerías

    sus vestigios emocionales, lo vetusto

    de aquella balanza económica y parcial.

    Tenderos que equivocan su equilibrio

    y es divertido aunque difícil

    bailar en un autobús urbano.



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    A Alfonso J Paredes le gusta esto.
  12. Esperar un esqueleto, no es nada.

    Es peor esta vida ausente, titubeante,

    ciega de polvo y retamas, donde se pone

    el alma, sobre la mesa, cada mañana.-.

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  13. Rotundidad de los abetos

    como sombras erguidas

    dejando paso fugazmente, a la luz

    entre sus ramas.

    Contundencia de los cipreses

    ejercitando castigos y suplicios

    devorando la luz que corre, a su paso,

    ciega.

    La luz, que nos fue negada, hoy

    asalta tus venas-.





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  14. Gracias a ti he sabido al fin

    que todo es baladí: pureza derruida,

    caí, montones de excrementos

    tapizando un subsuelo de esqueletos.

    Gracias a ti, supe del amargo sabor:

    suicida en potencia, nunca me descubrí

    sino en la indolencia. Que otros triunfen,

    que otros persigan y ganen la gloria, yo,

    más humilde seré, sin otro remedio que serlo.

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  15. Media vida transcurrida,

    y aprendes, y no cesas,

    y no permites que otros

    en tu propia educación,

    intervengan, e impides,

    de inmediato, que los pusilánimes

    y los tristes, amenacen con su

    injerencia. Te echas

    al hombro, paladas de arena,

    cenizas mustias de antiguas

    creencias, y con dolor, con

    creciente dolor, buscas ligero,

    la brisa y el viento, que componen

    el mástil de tu osadía imperfecta.

    Sí, puedes mirar de frente

    tu obra, nada imbécil por cierto,

    y frecuentarla y vaciarte

    en ella, pues al crearla, al gestarla,

    asumiste un imperio de miradas.
  16. Uno va adaptándose a

    pequeñas torturas cotidianas.

    Igual que el cuerpo, en su vertical,

    despoja de sentido, la horizontalidad

    debida, de vida, se llena el alma

    al agotar las reservas momentáneas

    del día. Es a deshora que ocurren

    las mayores galaxias íntimas, donde

    fenecen los depósitos de sal de las salinas

    obligatorias, y es el cuerpo el que,

    finalmente, apoya su verticalidad

    sobre la cama. Despertarse es tener

    un ojo en blanco y negro, una cadera

    excesivamente larga para la ilusión óptica.

    Como tener dudas, es necesario para tener

    fe- continuar hacia delante, no es sino

    enfangarse en el propio destino-.



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