1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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Donde doy cabida a otros poemas de carácter menos exigente. Un enorme abrazo a todos los que están por ser!!
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  1. Como un pez triste,

    que mordiera su cola,

    arrastro mi poca cordura,

    por las calles y los mercados.

    Doy rienda suelta a todas

    mis lágrimas, a todos mis llantos:
    por mi pueblo, cuando todavía era

    niño; por la vida, ahora que sólo son

    recuerdos, entre otros.

    Las acequias se llevaron, lavando,

    el barro de mis botas.

    La clarividencia de entonces,

    se esfumó en pequeñas desilusiones,

    intuiciones baratas.

    Mis labios no dieron más besos.

    Sé que me queda lo peor.

    Combate de cifras y sueños inalcanzables.

    Aún así combatiré

    esta voz fría y este otoño del corazón-.



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  2. A través de muchos sueños moribundos, de muchas cordilleras heladas, de muchos ruidos murmurados, de muchas cosas sin huella. A través de muchas ruinas portentosas, de monasterios sin nombre, de deseos frustrados. Inventando falacias, sacando monstruos, incendiando los rastrojos que impidieron las nevadas de octubre. Y de rosas, pájaros, y cansancios extenuantes. A través de sonidos cotidianos, de muchedumbres impávidas, de aves milagrosas, de paraguas contagiosos.

    Y en esa alegría que visten los pedestales de piedra roca. A través de animales fatigados, de laberintos sin premisa, de oscurantismos sin preceptos. De gárgolas monstruosas que imprimen su racimo de uvas en la vid del buen Señor. De cuerpos sencillos comprimidos en un vaso, de árboles condensados como tierra en un puño breve, latido incómodo. Y entre esos sueños derrotados, la amalgama de corolas de fatiga que interpelan a los acomodados. Las flores, invisibles inciensos, coronas interminables que protestan ante un templo fracturado. ©
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  3. No estaba hecha la vida

    para nosotros. Sin semejanza

    en el espejo, dime, amor,

    a dónde iremos?

    A qué Dios nos dirigiremos?

    Soy un ciervo herido que topa

    sin ton ni son-.



    ©
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  4. Las palabras, enigmáticas,

    tenues, vacías o sintomáticas.

    Las palabras. Cordeles sumisos

    que vomitan, alfombras diarias

    en que todos escupimos, conciencia

    de pocos, ataúd de tantos.

    Las palabras. Sinónimo de llanto,

    risa o esparcida brisa matinal.

    Vertedero ocasional, donde sacrificamos

    nuestros rencores.

    Palabras, palabras, enjutas, sistemáticas,

    o donadas a la ciencia. Palabras.

    Aire con que vestimos la noche

    que nos atormenta-.



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  5. De lo obscuro alimentándome,

    soy monarca en mi ruina contundente,

    y cierro los círculos, emperador sitiado

    en las empalizadas de mis torreones.

    Recibo visitas, oh sí, yo las estimo,

    pero es para nada. Salen imprevistas,

    las lunas gigantes en su tierna emancipación

    de colosos nocturnos.

    Fluyo como el viento y soy aire cálido,

    circulando, vagabundo, entre terraplenes

    de avenidas silenciosas y contemplativas.

    De lo ajeno nutriéndome, con convulsiones

    y eléctricos manoseos, percibiendo el hueco

    y la ausencia distinguida.

    Soy araña sumamente disciplinada,

    contemplo los adversos materiales,

    las permanencias insistentes, los fallos

    ocultos en la madera.

    Soy jerarca absoluto de mis dominios

    falsos y, en las elucubraciones, las hipótesis,

    finjo mi desdén con colmillos eternos.



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  6. Siento en la sien

    aquello que figura

    anaquel tras anaquel,

    tirado en una losa.

    Permitida está

    la rosa enloquecida,

    y el bromuro castrador

    que ejerce su presión

    de nube de azufre.



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  7. Mi dolor se vacía

    es una barca cargada de peces

    altivos generosos esplendentes

    de las espaldas me cuelgan siluetas

    espumas blancas salazones rociados

    sales marítimas corazones divididos

    entre anclas y espuelas, entre albornoces

    y secuelas.

    No recibo exceso de noticias

    tierra firme quedó lejos, inventariado de fórmulas,

    caprichos del destino, exijo mi mandato

    más allá de mis células carnosas.

    Mi dolor vaciado es una mezcla

    pálida de orgías siniestras y frutas minúsculas.

    Y asequibles números de lógicas inasibles.





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  8. Yo voy lanzando, desamarrando

    de puerto, mis gaviotas, unas son

    de papel, y otras de viento.

    Me escuecen en las venas, sus altivas

    honestidades, pues generan, desde los vértices

    de sus peceras, dueñas de mis amuletos mágicos.

    Mojadas, empapadas, de agua y de lucha,

    de vida y de brega, practican antiguos ritos,

    danzando sobre la tarima de madera de los barcos.

    En las bodegas se almacenan, polvorientos,

    los odres con vino de mi sacristía nueva:

    voy de viaje, señores, no concibo mejor alegría-.



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  9. Hay un movimiento imperceptible,

    entre hojarascas y nubess, entre líquenes

    y silencios, entre líneas despojadas

    de dientes y encías. Una voz alzada

    entorno a los pozos subterráneos.

    Un puño que yergue su solitario destino

    entre metálicas alambradas y sucintas

    emanaciones de gas azul. Pueden

    quebrar los hilos del silencio: esa multitud

    de frágiles pozos subterráneos, donde

    circula sola, la voz. Hay un entintado

    de sangre, una frecuencia de sonidos

    desgastados, una inmensidad de impías

    ocasiones derrochadas, entre esta multitud

    de convalecencias: alas destronadas, instauraciones

    de ídolos y señales, y un apetito de olas

    que forman los arenales perdidos.



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  10. Aquí no hay más que

    maldicientes, pajarracos,

    truhanes de tres al cuarto,

    y modelos de bajo raso.

    No hay sino una multitud

    de presos de las anfetaminas,

    de drogadictos sine qua non,

    de cancioneros abandonados,

    de guapos sin chulapa y de chulapas

    sin su guapo.

    Lechugas y tomates, serpentinas

    del acoso, que se tiran los unos

    a los otros, en vil cometido sin

    aprendizaje.

    No quedan más que los despojos,

    de un ancho buitre, a la orilla

    del riachuelo

    que va a ninguna parte-.



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  11. Me brota la sangre

    como a un animal herido,

    soy bueno, pido perdón.

    Pido perdón por tener

    dos gramos de cerebro.

    Por poseer bondad y piedad,

    y no un corazón lleno de yeso.

    Pido perdón por clamar justicia

    y compasión, las dos.

    Pido perdón por ser inocente

    y querer seguir siéndolo.

    Días de cólera, se avecinan.

    Días falsos de vino y rosas.

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  12. Nadie salva a nadie

    en este jardín de aposentos

    contiguos y de huéspedes

    desheredados. Mas hay

    huérfanos soñolientos,

    urbanos que usan el método,

    rocíos que escarban en la tierra

    con su nariz todavía humeante:

    y me pregunto, obviamente,

    si la protesta erguida, autónoma,

    del hombre, sirve para algo.

    En un mundo tan atrofiado

    como su dios.



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  13. Quién, con gran trastorno,

    con impulso denodado,

    con infame descreimiento,

    con aburridas desazones,

    y con graves palabras gestuales,

    derriba estos muros

    de presencia inigualable, de quebranto

    insondable?

    Quiénes, con ímpetu destruido,

    con razones incoherentes, balbuceadas

    desde la incontinencia más perversa,

    con rectángulos en la incómoda presencia,

    quién, quiénes, con qué estilo o moderación?

    Los perturbados del rey contestan,

    son solitarios apesadumbrados, inquietos

    por la realeza de sus místicas concepciones,

    de sus secuaces y liturgias incipientes.

    Quién, en su sano juicio, no se consideró

    loco antes

    que poeta?



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  14. Vino a mí todo lo negro.

    Cagarrutas de oveja, pozos

    al fondo con palomas despreciadas,

    golpes decisivos de guadañas concretas,

    vacío, temblor de muñecas, vino a mí

    todo lo negro, putrefacto, ambiguo,

    anticuado, con miseria de años, con orgullo

    desleído, con sombras y gestos repetidos,

    con agua negra y petróleo en los ojos, tapados.

    Hasta el mismo sonoro ámbito del muslo,

    con conversación de porosidades, con nenúfares

    erguidos hasta las plantas resurgidas, vino a mí

    todo lo negro, la escuálida figura de un hombre

    inmenso, alas destructoras, alas disminuidas.

    Con tarjetas manchadas con sangre de ave,

    primordial, sugestivo, indecente, la podredumbre

    agotaba mi espíritu.

    Yo vi flotar inmensos paraísos frente a frente,

    columpios inundados de raíces hasta el óxido,

    flácidos los árboles llegaban hasta mis oídos.

    Yo vi rosas quebradas hacer el lujo de los organilleros,

    y cerillas abandonadas sobre mármoles derrumbados.

    Hasta que vi venir todo lo negro, un coro de ángeles

    analfabetos, una sustancia de ojos y pegajosas mareas,

    hasta el fósil de mi cuerpo que visitaba la penumbra.



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  15. Palomas que voláis alto,

    y, para vuestro desconsuelo,

    un zarpazo de mala entraña,

    os devuelve al suelo o al cielo,

    malheridas. Decidme, es cierto

    que, más allá de los árboles,

    y de sus cercos, crecen ríos secos,

    caudales profundos, inauditos torrentes?

    Y que la lengua en la que hablan

    los extraños forasteros, se asemeja a la nuestra,

    variando un tanto el sonido de sus palabras?

    Porque he nacido dentro del tronco de un olmo

    viejo, y mi idioma no expresa ya lo que siento.

    Palomas que voláis tan alto, decidme,

    hallaré en vosotras un poco de consuelo?



    ©
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