1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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Donde doy cabida a otros poemas de carácter menos exigente. Un enorme abrazo a todos los que están por ser!!
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  1. Todo, para volver al comienzo.

    Sobre mi jergón, donde caben cien

    o doscientos corazones, algún abismo

    se inició en tiempos peores.

    Pero ahora, todo es naturaleza.

    ¡Arte o gloria, qué importancia,

    si a mí mismo me voy consiguiendo!







    II-.





    ¿Fui un agua limpia o un agua turbia,

    revuelta o bravía? Entorno a mí,

    los ojos miran, y acaso ven

    lo que antes se perdían. ¡Qué

    hermosura, y cuánta belleza,

    en lo que antes de mí desconocía!





    III-.



    Es a través de montes y nevadas,

    cuando el corazón se encuentra

    e iza, en medio de un desierto,

    su bandera desplegada.



    IV-.



    Sobre troncos inamovibles,

    descansan mis esperanzas.

    Se balancean entre manglares,

    las tinieblas pasadas.









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  2. Se me clavan a tus uñas

    los áspides del fuego.

    Desenterrando frivolidades

    presiento el frío helado

    de tu gloria asistencial.

    Y en los vértices del lago

    con matices de decorado,

    amplío la voz ecuatorial

    de un lascivo equilibrio.

    Las borlas enjalbegadas

    de tu pijama sudoroso

    envainan mi calma en tu aposento

    fúnebre. Es sexo o amor,

    libertad o sutileza, libertad,

    por supuesto, la que agoniza

    sin armonía en su ojo sin cíclope.

    La libertad tesoro o ridículo

    me sustrae de pensar como a los monos.

    Vivo gracias a Dios, atraigamos

    los espejos vivientes de los ciervos

    cóncavos.

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  3. Ya me gustaría utilizar a mí

    grandes lenguajes, idiomas vetustos,

    piedras solemnes, cielos indelebles,

    arbustos petrificados, novedosos ingenios,

    de la palabra activa, que yo, permanezco

    quieto, casi mudo, herido en mi agonía.

    Ya puedo yo tener libros, inmensas literaturas,

    que mi personal cosmos no se retracta de su natural

    indigencia. Y ponerme soberbio, como quien

    hace guiños, y gestos grandilocuentes, y pomposos;

    que mi inclinación instintiva es multiplicar

    siempre un silencio devastador.

    No me va la fanfarria ni la petulancia artificiosa,

    ni el cansancio de las palabras técnicamente bien utilizadas,

    ni las que brotan de aguas poco claras.

    Me van más las ideas someras, sencillas,

    pues pienso que esta vida, si algo tiene de verdad,

    es en la contundencia de una sola frase.





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  4. Yo era de visita.

    Transitaba por determinadas

    cordilleras, sapiencias neutras,

    sin sentido, acometía

    divinidades ciegas, destruía formas

    evidentes, plausibles. Yo era

    una forma ondulada, un crespón

    de cenizas, una apariencia ciegamente

    empujada por las cúspides, hasta el enfrentamiento.

    Yo era de aquellas otras corpulencias,

    imantando los arroyos con presencias inevitables,

    con cirros o nubes de antaño.

    Yo era de aquellas otras corpulencias.

    Una forma más, colisionando imprudentemente,

    contra muros o paredes, humanos todos.

    Y mi cuerpo sufría las evidencias.

    Uñas deterioradas donde no llegó el frío.



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  5. A solas me entiendo conmigo mismo

    a solas comprendo quién soy

    trituro las viejas leyendas sobre lo que fui

    despojo de insectos las aturdidas bombillas, asombradas

    de verme de nuevo por acá.

    A solas supero el dolor de haber fracasado

    con los demás, es imposible, no me entiendo ni los entiendo.

    A solas voy desvaneciéndome con el furor de mis frustraciones

    metido en un rincón de entre mis vértebras, a solas

    guardo rencor a quien yo quiero.

    A veces quiero amor, a veces quiero odio

    muéstrame Minotauro, la salida al viejo laberinto

    a solas me comprendo, con los otros, no.





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  6. Una forma hundida

    sobre un suelo de barro.

    La forma intuye, prolonga,

    se estría, y se inmiscuye

    en la luz del mediodía.

    Una forma desnuda,

    que implora, y reanuda,

    y une sus vértices

    hasta alcanzar sus contornos

    ideales.

    Es la realidad de un instante.

    Fulminado, cae a mis pies,

    la apariencia mutilada de un animal.

    La vieja higuera, se adentra a la selva.

    Ya hemos llegado-.



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  7. Podéis herirme de sombra

    el pecho,

    sangre. O aullar dentro

    de sus cabellos empecinados,

    en un túnel de voces que quebrante

    ley o amuletos. Sangre.

    Porque ya no me importa.

    Bogan antiguos obsequios, reliquias,

    verdeantes como césped, como anteriores

    arterias azules. Ahondan tan lejano

    su viaje marítimo que han de ahorcarse

    sus latidos. Los íntimos. Los que son profundos.

    Podéis ya, matarme. Con una escopeta

    vieja, con un cañón insensible. Es igual.

    Pétalos terrestres o llenos de arena,

    paladares hundidos en los metales del agua.

    Tenderé mi cuerpo sobre las mantas de seda

    de mi madre. Hilillos de sangre, animales,

    busco, pero lejos. Muy lejos.

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  8. Ya que has llorado tanto, tus lágrimas,

    como hojas devastadas en un charco,

    debieran constituir

    una especie de zafarrancho. Que no

    se queden mudas. Crear mil

    empalizadas, izar velas; cargar las bodegas

    con su sonido salvaje. Que no permanezcan

    en el más cruel de los olvidos. Combate

    y lucha, tu destino sea.



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  9. Anterior a las estrellas,

    estabas, tú, interior desfondado,

    minúscula admonición, compacta

    insinuación, tú. Oboe universo,

    negación o clima adverso, tú.

    Esófago de efigie dorada, víscera

    de corpulencia inaudita, en ti,

    pluralidades de bacterias, concluían

    su consumación sin horizonte.

    Tú, esbelta entre jardines y columnas,

    de anaranjado color, difuso.

    Jardines, vergeles de luz compasiva,

    entre espigas calcinadas, la corrosiva

    imposición de signos.

    Veías el porvenir con tu conjuración

    de obsesiones y círculos, oh, en latitud

    de enardecida ceniza convocada por el

    cenit.

    Vencías a la carne, tú, espíritu sometido

    al imperio de lo visible por instantes-.



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  10. De donde extraen falsos grupos

    en las avenidas atrofiadas de pájaros exangües

    donde dormitan lenguas mutiladas por los espasmos de una

    nariz, invaden la responsabilidad de una axila

    en su contraria exposición de imposibilidades lunares.

    Me encanta el sonido de las fuentes esenciales

    donde se produce la sangre en mitad de la carne,

    trituradoras moradoras del siglo sentenciado.

    Extirpan de mí las treguas alcanzadas

    flotan en el remanso las lenguas invasoras

    como pergaminos de sodio blanco o purísimo

    con su valentía castrada a ras de suelo.

    Me durmieron sus osadías bien administradas

    contemplando el resplandor de una molécula intermitente

    decidí el fallecimiento de mis hordas

    integradas por legítimas almas ofensivas.

    Oh, cómo iniciaron el rumbo del navío quisquilloso

    la formación de arrecifes insólitos, de espumas blancas

    y sangres níveas. Me acojo al sol bendito, por lunas

    o cráneos servidos en matorrales sin absenta.





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  11. Lavo mi esperanza sobre la piedra ornamental.

    Cubro los céspedes bajo magnéticas presencias,

    rubro de antaño mil mares en los ojos transmitidos.

    Busco los alegres días de anteayer, las lágrimas vencidas

    el reducto de las noches tras recibos bancarios.

    Los labios rotos por las lágrimas inclinadas sobre un eje

    de parcelas emisiones o retiradas de licencia

    las rodillas consumidas por fragancias intérpretes

    de ídolos desvaídos, me asombra la capacidad

    de estar vivo. Rebaños indoloros cremaciones cristales,

    bajezas vilmente constituidas, ojos que añoran los vínculos,

    esos iris manumitidos por las ranuras de los reptiles avejentados.

    Lavo mi esperanza en la tierra, sombra gestual de un único

    payaso, planicie enarbolada por antiguos mástiles perdidos,

    troncos desaparecidos en la marea estéril de los objetos que

    llevan su cintura hasta los pechos insolentes.

    Clavo el sueño en la mitad del cráneo

    sumido en mi amnesia temporal olvido las celestes cordilleras

    las colinas bajas los oteros descendidos

    hasta los lóbulos horizontales, y contraigo la aspereza

    del beso.

    Serpientes concluidas que atraen la cúpula del vértigo,

    áspides construidas por una mano gigante de terciopelo.



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  12. Existen tumultos de hojas,

    luz entre ellas, estambres decaídos,

    montones de alfalfa, ídolos derrumbados,

    serpientes de angostura y nicho, fábricas

    de límites, que al cuerpo se pegan,

    como tumbas persistentes.

    Existen esas delicadas hojas transparentes,

    cuyos nervios se adhieren a la derrota máxima

    de una ruta intersticial, y esas nubes tóxicas

    que producen nevadas y sangres y tórax.

    Leves mentalidades que provocan el óxido,

    puertas anchas que atravesar, odios disciplinados

    y valijas que albergan un desprecio consuetudinario.

    Existe ese labio infrecuente que propicia

    comunidades de ojos, iris invisibles, estaños

    de luna llena, rocíos que circulan como un metal

    por venas dilatadas, esa fiebre que agoniza

    en cada pájaro menstrual.
  13. Viento, aire, ramas

    fulgores detenidos

    en las parras delicuescentes.

    Aire embarrado como anguila

    o serpiente desdibujada.

    Viento, cenizas, ramas

    aire invernal, de aquella madrugada.

    Solicito, implacable, un orden

    exiguo a mis convalecencias.

    Acecho en las primaveras contiguas,

    la vecindad de un otoño sin declive.

    De una vid sin la extrañeza de lo

    austero-.



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  14. Yo he visto, sin embargo, números oxidados

    tullirse junto a los largos lagos sin cráneo

    de la infancia, y un sonido de labios altivos,

    exuberantes, procurar la lascivia en los altillos

    y en las plazoletas de las gentes insomnes y crueles.

    Y en las avenidas sin misterio de ciudades,

    advertirse mutuamente viejos barberos de increíbles

    metamorfosis, monedas caer, como un ojo sin brillo,

    entre las teclas de un piano febril.

    He visto anuncios de maniquís soportar

    las excrecencias de un perfume derogado,

    y vomitar a los niños y a las niñas, sobre

    suelos empapados en vino y sangre.

    Y al frío, como un compás hirviendo,

    trazar su sonoridad de estornudos y de aves

    ingresadas en jaulas, tan grandes como edificios.

    Sollozar liturgias aleccionadoras

    de hembra estatua ante las cobradoras

    múltiples, coristas eternas, esfinges con plumas

    de planetas devastados, que ofrecen su vaso de menstruación

    a lobos de apetito desmesurado.



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  15. Entre valles industriales,

    juntábamos los cuerpos.

    Qué sé yo! Talles, cinturas,

    elasticidades sonoras y antiguas.

    Como dos frenéticos suicidas,

    nos ofrendábamos los besos ignorantes

    de la rabia y las mortificaciones

    posteriores. Perdiendo

    hasta la inocencia del olvido.

    Qué sé yo, cuerpos anudados,

    bajo el trallazo de los trenes.

    Y cada día olvido más.

    No es el olvido, estar muerto?

    ©
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