1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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Donde doy cabida a otros poemas de carácter menos exigente. Un enorme abrazo a todos los que están por ser!!
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  1. Amo tus besos, pequeña difunta entre ramajes inciertos.

    Sombra aniquilada por la mano colapsada.

    Rosa sutil de enjambres lechosos. Huerto claudicado

    de troncos frutales irascibles. Me gusta la calma

    demostrada entre tus muslos, la parte que igualas

    con tu nombre desacertado, la equidad que muestran

    tus labios ruidosos e invisibles, la caridad impetuosa

    que transigen tus formas opulentas, y el beso

    de tus últimas noches a mi lado, y ese lento declive

    de los aleros oscuros, transitorios. Amo el circular

    de tu sangre en mis informes labios, cuando mezclas

    el aliento de tus dientes, bañados de espuma.

    Y el mundo que converge en mí, y traigo los cenit

    y acabo con las partes, y hundo mi cuello en los maizales

    sin retorno. Me gusta todo aquello que me recuerda a ti.

    Esos labios, esa sangre emanada, esa disposición última,

    la postura resolutiva con que adormeces entre libros bíblicos.

    Amo el montón de sorpresas que traías con tus finas hebras

    dentales, con tus tacones de zuecos californianos, sepultados

    entre losas de pie marrón, y arrastrados por la cintura, como

    un leve diapasón mojado.



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  2. Ya todo cumplido, y

    sin embargo, sin querer

    todavía, nada, me halaga

    hallarme, como de costumbre,

    al lado del camino.

    Todo hecho, sí. Todo

    resuelto, bienes, haciendas,

    patrimonios, oscuras realidades

    que, excepto a los hermosos mendigos,

    a todos nos acechan (para nada

    sirve ser monarca, si nuestro trono,

    sobre tinieblas se asienta).

    Es por ello que, pese a todo,

    la vida me ha resultado más triste

    que alegre, menos generosa para

    conmigo. Mi realidad ha sido ésta:

    ser triste y estar convencido de que

    algo mejor habrá en otra.
  3. Me quedé, hecho un hueco,

    Inmóvil, quieto, esparcido

    Como una arena sonriente

    Sobre dagas o puñales invidentes.

    Quedé quieto, petrificado,

    En un naufragio de ondas

    Ridículas que fustigaron

    Mi alma y mi carne macilenta.

    ''¡Quieto!'' Me dijeron, y así

    Permanecí: ''¡sueña!'' Y eso hice.

    Las flores de antaño, con

    Sus tribulaciones de espigas

    Y pétalos, resurgieron invadiendo

    Las nieblas de los lagos tan blancos.

    Sangre y vida, y cúspide y alma.

    Todas, se desangraron, como ejecutores

    De una mística parcial.

    Inmóvil, estático, reticente

    A labios o sombras o helechos.

    Mi alma era una prostituta

    Que vendía su alma llena de bohemias

    Y rencores.

    Mi vida era una sombra de aquellos

    Helechos enigmáticos. Rosas

    Que empujaron deslavazadamente,

    Silencios tras silencios-.



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    A Lorelizh Beye y angelcesar les gusta esto.
  4. Que talen los edificios

    con las lenguas sobrantes

    de los árboles semblantes

    de las atávicas simplezas

    de poetastros indóciles.

    Que florezcan los labios

    en mitad del universo,

    donde habitan las flores,

    y muere el dúctil convocador

    de plasticidades.

    Que desuellen los granos

    de avena, con útiles de labranza,

    con ingentes cánticos

    de idiomas contradictorios.

    Y quiten las máscaras

    a las esfinges selváticas

    que inundan mi rostro

    de cuando en cuando-.



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  5. Ojalá hubiera nacido malo

    perverso malvado mezquino

    traidor delator insufrible.

    Ojalá mi cuerpo fuera ya ceniza

    y mis labios emprendieran su fuga.

    Ojalá golpearán con sacos de raíces

    las parcelas de mi vida, los alcaudones

    pintarrajeados en las cárceles y en las avenidas.

    Ojalá terminarán los ojos de pudrirse

    de mirar el horizonte bravío y extinguirse.

    Ojalá mi maldad fuera sonora segura

    diáfana. Y ya su cuerpo, de amante sonriente,

    se fuera por la vereda del nunca.

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  6. Miedos remotos me aproximan a las barcazas del mar. Sueños soterrados, llenos de ignominia, juegan conmigo en atardeceres imposibles. La llana voz de la sangría, acude a postrarse en mi regazo. Señuelos de osadía, voces guturales, parques subterráneos, cerrados en mi memoria. Las huellas de una noche nupcial sin ropajes. Desato la melodía inicial, golpe en el hueso, y fórmula cortés de evasiva. Mis miedos desatascan la ofrenda concluida en el desagüe.





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  7. Metódico rayo de danza impura

    sufrible flagelo automático

    noche nocturna a base de cañonazos

    destellos de luz ambarina en la laxitud

    del día. Convocados astros,

    perniciosas bocas que deliran en el beso,

    oferente, la pieza dental blanquinosa.

    Restos de rastrojos e impetuosas marcas.

    Ayer, vómito e inaccesible tolvanera.

    Hoy, rumiante de la soledad frente a un árbol

    de corazón vacío.

    Miro el lupanar de la vida, la hosca frente que

    enturbia, mi corazón insinuante y mi voz sin terciopelo

    alguno. Y finjo, lo que detrás de mí fluye: amores incomprendidos,

    confusiones destiladas, odios siempre tan perpetuos.

    La ira mezcla sus alabanzas, doy siempre mi corazón

    como un pan caliente y cálido, engendro la reminiscencia

    de aquellas florecitas inverosímiles en mitad de la cuneta.

    Grafito, granito, y toda esa flora convergente en mi boca,

    en mi lenguaje, en mi idioma trastornado que se aboca

    a los labios, y mira desde los ojos.

    Minuciosa pieza iluminada por severas destrucciones.

    Alcanzo el párpado que mira lejos, como si metido

    en su caverna, pudiera obtener un pájaro, una lechuza,

    o una pluma de piedra.



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    A Lorelizh Beye le gusta esto.
  8. Hay allí una fosa común que respalda sus muertos, un camión de aventuras en la playa, y una rosa que ejerce su presión de analfabeta tardía. La memoria alcanza apenas a vislumbrar su eje interior, sol, cadenas, sol, y lejos, cuando todo se halla en permanente equilibrio, las maderas son quemadas por un lupanar de cerebros monocorde. La gente pasea su desdicha en forma de gloria por las avenidas constituidas, barro, hombres, sexo y desolación; sus cuerpos serán triturados en la masía del descontento. Mientras, la locura absuelve mis pecados y busco un rincón en la galaxia que no esté muy poblado, para no depender de él. Mi ambición secreta es mentir y mentirme, tirar por la borda tantos años disfrazado de pez anguila y agujas de pino por el suelo esparcidas. Talan mi ánimo algunas conquistas sentimentales, un periscopio de naturales unificaciones, de promesas indiferentes y de golpes en el agua con consecuencias desastrosas. Rabio y aúllo, perdón, la verdad es que no sé cómo existe gente que aúlle ni tiranice su sexo hasta reverenciar el mundo. Como si no fuera posible obedecer a todo contraste y a todo aullido esencial y fecundo. Las maderas incorporadas al desastre exigen ser reverenciadas en su conjunto, y yo meto la desdicha y la conmoción, en algún lugar secreto y distinto, donde poder acceder en tiempos de desidia. Mato la tranquilidad del secreto, arrojo los paisajes improcedentes de la memoria, y respiro igualdad, parpadeo en común obediencia. La distinción de ser concreto, y la súbita preñez de los hijos del cardo, me atrapan con decisiones firmes y completas. Yo alegre otra vez, manifiesto mi acuerdo con las fuerzas originales del orden: llanto, vaina, y de nuevo, llanto.

    01/08/19
  9. A fuerza de astros mutilados

    de panales de abejas insistentes

    de golpes en las orejas que persisten

    de ruinas inviolables que originan

    magmas secretos taxidermias del ámbito

    destrozado. Enorgullecido y soberbio

    en las plateas en los palcos destacan

    su amor parisino como en un enjambre

    taladrado por persianas cerradas y cables

    metódicos, piezas de entremeses destituidos.

    Cómo adquieren sus labios la fortaleza

    de la palidez y del desastre! Mis amistades

    fueron rabia e ira, dormidos pétalos

    de zonas animales, de jaurías indomables.

    A fuerza de astros o flores ensambladas

    donde el amor golpea con persistencia

    y compite con aguas y brotes de esencias.
  10. En el último instante-

    quizás en el primero-,

    justo la vida, justo la muerte.

    Pecho a pecho, calcinado,

    ruina durmiente que fabrica

    un colegial ensangrentado.

    Fibras de apósito en el corazón.

    Y el sol que cae de frente, sin soslayo

    posible, elevando la cantidad

    de sangre esparcida sobre la tierra.

    Era el último instante, quizás

    el primero. Arroyo venerable

    de vida y de muerte, ambos ahora,

    pútridos.



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  11. Qué queda

    ahora que todo

    se ha desvanecido?

    La vida por delante:

    ese horror inmenso,

    del que nadie, ha huido

    todavía-.



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  12. Qué será de mi recuerdo

    de ese solitario recuerdo

    que acompaña cada madrugada

    mi insomnio y lo rompe en estrellas

    y lo acumula en densidades opacas.

    Estoy frente al mar, aún

    o soy solitario vigía de un templo

    en ocasiones primaveral, en otras

    sacrificio interno, flora inusual.

    Rotulé por intervalos las edades

    hasta hacerlas profundamente mías

    convoqué su magia hasta deshacerme

    resistí la obtusa materia de la rutina

    el diario pan contaminado por las

    rendijas vecinales.

    Estoy solo frente al río, como

    un poderoso anillo, que busca

    su azul línea de aposentos investigados,

    de neutras amarillentas y vulgares

    zafias promesas amatorias.

    Estoy solo frente a las habitaciones

    frente a los órganos interminables

    de las flores emasculadas, de los pistilos

    o de las coronas escuálidas e insensibles.

    No hay más poema que éste, no hay más

    concreción posible, estilita del desierto,

    parto para no reunirme jamás

    con mis ancestros-.



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  13. Como en tierras sumergidas por el beso,

    así alcanzaba tu cuerpo indefinido, o

    como en la memoria indistinta de un padre

    que halla a su hijo muerto y venerado.

    Como en superficies sin sonido y neutras,

    y llenas de maleza sin propósito;

    como en altivas miradas que concurren

    a través del antifaz de la locura o el delirio.

    Como en copas cristalinas y duras que absorben

    definitivos sacrificios, o en llamas conquistando

    la parte superada del sueño.

    Como en lodazales intermedios que buscan

    la condensación de un brazo amputado, de un

    beso en mitad de la memoria, como en ese

    resultado matemático que nunca llevamos consigo.

    O como en martillos hidráulicos suspendidos

    en la canícula del calor estival.

    Ríos subterráneos, amuletos equidistantes

    de los ejes ecuatoriales, renacer invisible,

    pronóstico cualquiera, selva, fronda, número,

    inasible e impúdico.

    Como en tierras sumergidas por el beso,

    por el beso y la alegría de tener manos,

    o sexo, o locura, o piedad, compasión.

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  14. Mientras, es poderoso el fósil que acuno en mi recipiente de plástico. Reclino mi ortografía en tu ignorancia, pequeño animal de sonrisa radiante. De huellas y golpes de rocas siempre vivas, que auguraban un futuro mayor que aquel antiguo incidente de momias. Y voy, viendo, viéndote. Te veo cuando recuestas tu mirada en el foso esencial del calor, ese espíritu que todavía te mantiene erguido y sin metralla; reclino mi ignorancia en tus errores sintácticos, estremecido cual hoja de sombra llana. En los lagos de los ojos, imbuido de ciertas caricias, mendicidades o imágenes arcaicas, mi carne vacila y ofrece su espectáculo de luces y calcinaciones fétidas, de aire cálido. Siempre circulante de vías estrechas, quemando, la piel que contiene mi cerebro, el aliento que magnifica la cruz de los delantales opuestos a nuestras energías sintomáticas. Como veo el fondo de tus ojos pálidos; en las cenizas de un cigarro recientemente oscurecido, o en las palmas de las manos que ametrallaron los vehículos espaciales. Tú no verás la luna., ni con ella, los planetas, los astros, o a los atroces mendicantes que piden y exigen a las puertas de los templos. No verás la ciencia entorpecerse y enlodarse de tributos, encadenarse de misterios insípidos y moribundos, en angelical anuencia con los monarcas del siglo.



    Veo también a mi carne tropezar, consigo misma tropezarse, inútilmente, casi invisiblemente, desligarse de las leyes corporales, ser toda eremita, apiadarse de cada hijo infecto que cruza las calles con ambiciones de poeta, pidiendo limosna. Veo mi carne fétida colocarse en posición de vestido, de atuendo desolador, de castigo y pijama, de sombría erudición sin planteamiento. Y es hermoso golpear las ramas que descienden de los árboles bajos. Veo mi cuerpo desnudarse, volver a vestirse, causarse en la piel del aire, tomar placebos, sanarse con pastillas y con terapias. Repentinamente, retorno a los rocíos duros de entonces, dentro de los romeros y las manzanillas, aquellas flores antiguas de luz impresionante, de las poleas y de los terrores, abrumándonos de sonidos y de serrines variopintos. Esto es lo que tengo. Recuerdos y más recuerdos, horrores de la galaxia. Siempre me pregunto, qué hice yo para hacer esto.





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  15. Los blancos ataúdes, las blancas líneas, los azules cielos, los roquedales infatigables, los augures delicados, las vastas concentraciones de átomos y partículas, el aire que respiro, la materia gris convencional, los pisos uniformes, las bandejas de plata o de granito, la cubertería fatal con su brillo condensado, las autopistas llenas de mendigos, los geranios en sus floreros, las comprobaciones a destiempo, los sueños inútiles, los adeptos perdidos, las flores bajo la cama, el orinal junto al muérdago; la visita de los familiares, los interrogantes y su claustrofobia, las mafias secuestradas, los racimos sin ramas níveas decorándose. La multitud agazapada en un atroz grito, las serpientes y los truenos, las motocicletas estivales, los lampiños campos sin abedules ni resinas, los herméticos medio fondistas, los paseantes; la anónima casucha donde vivo, el declive de mi vida, la anarquía y sus secuelas, los ladrones con sus capuchas. Vivo en la ignorancia, duermo como Judas, en los trasfondos quietos de las móviles sustancias, donde se estragan las formas de las metalúrgicas factorías. Me desligo de los blancos cementerios, recito de memoria los antiguos versos bíblicos, reniego de mi esencia múltiple, fustigo los lamentos en la erosión de la vida sin mirada. Y miro, lo pálido del día, sin llamas apenas, los cigarros encendidos en materiales adversos, botellas de plástico naufragadas, y observo, lo ecuestre del lienzo que me observa, su suave manía de hacerse periferia de mis ojos secuestrados. Desplazo la mirada, vivo en la mirada, sueño, gozo, pernocto en la mirada, que eleva su crucificada madera, desde los rayos hasta el placer de los enseres. Cimientos desvanecidos, mi casa hecha un pandemónium de etcéteras imposibles y porosos. La sangre que avecina un lugar corriente, la luna con su luz de ascenso portátil, y ese eco de los bosques que penetran los adoquines bulliciosos.





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