1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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Donde doy cabida a otros poemas de carácter menos exigente. Un enorme abrazo a todos los que están por ser!!
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  1. Nadie salva a nadie

    en este jardín de aposentos

    contiguos y de huéspedes

    desheredados. Mas hay

    huérfanos soñolientos,

    urbanos que usan el método,

    rocíos que escarban en la tierra

    con su nariz todavía humeante:

    y me pregunto, obviamente,

    si la protesta erguida, autónoma,

    del hombre, sirve para algo.

    En un mundo tan atrofiado

    como su dios.



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  2. Quién, con gran trastorno,

    con impulso denodado,

    con infame descreimiento,

    con aburridas desazones,

    y con graves palabras gestuales,

    derriba estos muros

    de presencia inigualable, de quebranto

    insondable?

    Quiénes, con ímpetu destruido,

    con razones incoherentes, balbuceadas

    desde la incontinencia más perversa,

    con rectángulos en la incómoda presencia,

    quién, quiénes, con qué estilo o moderación?

    Los perturbados del rey contestan,

    son solitarios apesadumbrados, inquietos

    por la realeza de sus místicas concepciones,

    de sus secuaces y liturgias incipientes.

    Quién, en su sano juicio, no se consideró

    loco antes

    que poeta?



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  3. Vino a mí todo lo negro.

    Cagarrutas de oveja, pozos

    al fondo con palomas despreciadas,

    golpes decisivos de guadañas concretas,

    vacío, temblor de muñecas, vino a mí

    todo lo negro, putrefacto, ambiguo,

    anticuado, con miseria de años, con orgullo

    desleído, con sombras y gestos repetidos,

    con agua negra y petróleo en los ojos, tapados.

    Hasta el mismo sonoro ámbito del muslo,

    con conversación de porosidades, con nenúfares

    erguidos hasta las plantas resurgidas, vino a mí

    todo lo negro, la escuálida figura de un hombre

    inmenso, alas destructoras, alas disminuidas.

    Con tarjetas manchadas con sangre de ave,

    primordial, sugestivo, indecente, la podredumbre

    agotaba mi espíritu.

    Yo vi flotar inmensos paraísos frente a frente,

    columpios inundados de raíces hasta el óxido,

    flácidos los árboles llegaban hasta mis oídos.

    Yo vi rosas quebradas hacer el lujo de los organilleros,

    y cerillas abandonadas sobre mármoles derrumbados.

    Hasta que vi venir todo lo negro, un coro de ángeles

    analfabetos, una sustancia de ojos y pegajosas mareas,

    hasta el fósil de mi cuerpo que visitaba la penumbra.



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  4. Palomas que voláis alto,

    y, para vuestro desconsuelo,

    un zarpazo de mala entraña,

    os devuelve al suelo o al cielo,

    malheridas. Decidme, es cierto

    que, más allá de los árboles,

    y de sus cercos, crecen ríos secos,

    caudales profundos, inauditos torrentes?

    Y que la lengua en la que hablan

    los extraños forasteros, se asemeja a la nuestra,

    variando un tanto el sonido de sus palabras?

    Porque he nacido dentro del tronco de un olmo

    viejo, y mi idioma no expresa ya lo que siento.

    Palomas que voláis tan alto, decidme,

    hallaré en vosotras un poco de consuelo?



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  5. Oh, dame tu pura mano,

    llena de horror, de ese horror

    concéntrico y circular, que

    siempre me atrapa y me seduce.

    Sí, dámela, tu mano ancha,

    la amplitud de tu sistema mecánico,

    que aumenta y asciende

    y emerge tras la lentitud del día.

    Es entonces cuando las bestias

    reducen sus viajes ígneos, y depositan

    sus cargas en cuevas herrumbrosas;

    es cuando los lobos permutan

    su cansancio para ofrecernos su pan

    ácido y caliente.

    Leche enferma, pan crítico, sobradas

    muestras

    de un universo amargo y ausente-.



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  6. Yo sé que ponerse cosas,

    sobre un cuerpo que viste mudo,

    es costumbre y norma.

    Mas estas ocasiones

    de demostración de fuerzas soterradas,

    de equilibrios superpuestos,

    me indigna y me coarta.

    Salgo a la luz, con una goma de borrar

    acantilados y suicidios.

    Mi ópera enmascara un golpe sucinto,

    fundiciones minerales, sangre elevada.

    Y aunque vea la luz, y la sombra intermitente

    de los pájaros, sobrellevo los días

    con materiales dispersos de agencias

    y volúmenes de trabajo, inmensos y abandonados.

    Es que mi espíritu no ama el trabajo.

    Es que formo arrebatos en lo hondo de las vaguadas.

    Quedo en suspenso ante una hoja dilatada.

    Mi hombro contrae su mirada, como una guillotina

    el cuello del hombre.

    Estas vilezas, y estas inmundicias, recorren

    las llanuras con sus sistemas viejos de poleas e incendios.

    Yo salgo a lo hondo, a lo magnético, a lo pobre también,

    y respiro sal de salitre, espuma en vorágine, cúspides

    de aire y vívido oxígeno.

    Mientras me corroen los días con sus atletas

    y sus delantales vacíos de migas y ensoñaciones:

    estructuras metálicas irritan entonces mis solitarios paseos

    dubitativos.

    Pero me escuchan, me sacuden, ignoran el pan bendito,

    los detergentes, las cucharas bruñidas, los espejos del maleante,

    las novelas y los horóscopos matinales. Todos,

    ríen como si fuera un ridículo tesoro el mío, harapiento.

    Accedo al patíbulo de uranio, con escasas fuerzas,

    mintiendo y mintiendo, dibujando, en las hojas forzosas

    del viento, animales de espesura.

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  7. Yo quiero ser un hombre mudo, solitario,

    de mí mismo muñón cercenado, esqueleto,

    anatomía vacua. Yo quiero ser exaltado o

    infeccioso, transmitir la rabia, producir

    la ira, provocar la lepra, propagar las plagas.

    O virulento, falaz, hipócrita,

    falso, hasta cuartear, como piel de vaca,

    mis emociones y sentimientos.

    Y en el cerebro, tan sólo flotando,

    la nada-.



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  8. Me dejo la piel y la sangre

    en el papel, por el terciopelo

    negro de tus ojos. ©
  9. Por ellos, no pasan los años.

    Los líquenes, se estremecen como viejas

    bujías. Las flores polinizan su enjambre

    de abejas, arrugando el rostro de sus panales.

    Por ellos, las selvas no florecen,

    los campos se imprimen en papel,

    los bosques buscan su tala uniforme.

    El musgo crece en su entorno.

    La vida no, la vida oxida los labios

    que engendran paredes de hormigón

    y sacos de basura inclementes.

    El ácido, que es un fragmento que es un hilo,

    dormita en las barracas consumiendo

    la juventud de las parcas unidas en conjuro.

    Y es mi voz la que se multiplica y la que entra

    en el frente con ídolos ya pasados, con sangre

    derribada. Pero no hay incienso que cubra

    las palabras derrumbadas en el medio.

    Es mi voz, la que enfrenta costales de desidia,

    amores destruidos, por el camino, sombras y tinieblas.

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  10. No sé muy bien quién soy

    y no me voy a poner ahora

    a discutirlo conmigo mismo;

    la verdad es que esas etapas

    existenciales, ya las pasé sin remedio:

    no es remedo lo mío.

    Me gustan las acacias y los pueblos

    perdidos, sin nombre, y poco más me apetece

    conocer. Si perdí la identidad,

    o no la descubrí, qué solución me queda

    ¡sino seguir así!©
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  11. Amo tus besos, pequeña difunta entre ramajes inciertos.

    Sombra aniquilada por la mano colapsada.

    Rosa sutil de enjambres lechosos. Huerto claudicado

    de troncos frutales irascibles. Me gusta la calma

    demostrada entre tus muslos, la parte que igualas

    con tu nombre desacertado, la equidad que muestran

    tus labios ruidosos e invisibles, la caridad impetuosa

    que transigen tus formas opulentas, y el beso

    de tus últimas noches a mi lado, y ese lento declive

    de los aleros oscuros, transitorios. Amo el circular

    de tu sangre en mis informes labios, cuando mezclas

    el aliento de tus dientes, bañados de espuma.

    Y el mundo que converge en mí, y traigo los cenit

    y acabo con las partes, y hundo mi cuello en los maizales

    sin retorno. Me gusta todo aquello que me recuerda a ti.

    Esos labios, esa sangre emanada, esa disposición última,

    la postura resolutiva con que adormeces entre libros bíblicos.

    Amo el montón de sorpresas que traías con tus finas hebras

    dentales, con tus tacones de zuecos californianos, sepultados

    entre losas de pie marrón, y arrastrados por la cintura, como

    un leve diapasón mojado.



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  12. Ya todo cumplido, y

    sin embargo, sin querer

    todavía, nada, me halaga

    hallarme, como de costumbre,

    al lado del camino.

    Todo hecho, sí. Todo

    resuelto, bienes, haciendas,

    patrimonios, oscuras realidades

    que, excepto a los hermosos mendigos,

    a todos nos acechan (para nada

    sirve ser monarca, si nuestro trono,

    sobre tinieblas se asienta).

    Es por ello que, pese a todo,

    la vida me ha resultado más triste

    que alegre, menos generosa para

    conmigo. Mi realidad ha sido ésta:

    ser triste y estar convencido de que

    algo mejor habrá en otra.
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  13. Me quedé, hecho un hueco,

    Inmóvil, quieto, esparcido

    Como una arena sonriente

    Sobre dagas o puñales invidentes.

    Quedé quieto, petrificado,

    En un naufragio de ondas

    Ridículas que fustigaron

    Mi alma y mi carne macilenta.

    ''¡Quieto!'' Me dijeron, y así

    Permanecí: ''¡sueña!'' Y eso hice.

    Las flores de antaño, con

    Sus tribulaciones de espigas

    Y pétalos, resurgieron invadiendo

    Las nieblas de los lagos tan blancos.

    Sangre y vida, y cúspide y alma.

    Todas, se desangraron, como ejecutores

    De una mística parcial.

    Inmóvil, estático, reticente

    A labios o sombras o helechos.

    Mi alma era una prostituta

    Que vendía su alma llena de bohemias

    Y rencores.

    Mi vida era una sombra de aquellos

    Helechos enigmáticos. Rosas

    Que empujaron deslavazadamente,

    Silencios tras silencios-.



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  14. Que talen los edificios

    con las lenguas sobrantes

    de los árboles semblantes

    de las atávicas simplezas

    de poetastros indóciles.

    Que florezcan los labios

    en mitad del universo,

    donde habitan las flores,

    y muere el dúctil convocador

    de plasticidades.

    Que desuellen los granos

    de avena, con útiles de labranza,

    con ingentes cánticos

    de idiomas contradictorios.

    Y quiten las máscaras

    a las esfinges selváticas

    que inundan mi rostro

    de cuando en cuando-.



    ©
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  15. Ojalá hubiera nacido malo

    perverso malvado mezquino

    traidor delator insufrible.

    Ojalá mi cuerpo fuera ya ceniza

    y mis labios emprendieran su fuga.

    Ojalá golpearán con sacos de raíces

    las parcelas de mi vida, los alcaudones

    pintarrajeados en las cárceles y en las avenidas.

    Ojalá terminarán los ojos de pudrirse

    de mirar el horizonte bravío y extinguirse.

    Ojalá mi maldad fuera sonora segura

    diáfana. Y ya su cuerpo, de amante sonriente,

    se fuera por la vereda del nunca.

    ©