1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el tercer número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

    !!!Te va a encantar, no te la pierdas!!!

    Cerrar notificación
Color
Color de fondo
Imagen de fondo
Color del borde
Fuente
Tamaño
  1. Si no escribiera este poema

    seguramente estaría vendiendo

    pedos encima de una motocicleta.

    Subido a ella, por ejemplo, daría

    el do de pecho intentando escurrir

    el bulto contagiado de viruela.

    O pretendería la mano de cualquiera,

    de cualquier cualquiera, que estuviera

    en posesión de la santa verdad.

    Deduciría de mis paraísos fiscales,

    la parte tributada del concepto.

    Reinaría en una estufa de hielo o

    convocaría elecciones en una marmita

    de cieno, relamería los ecos

    de tu angustia sin sorber los mocos

    de la tragedia. Sería el druida

    perfecto, la bruja del Norte, conquistada

    a los moros, el final de la odisea

    de un Homero descarriado y pintoresco.

    Si no escribiera este poema, estaría

    seguramente pensando en ti, y esto

    me obligaría a empapar de gasolina

    las cenizas del pasado.

    ©
  2. Siglo de ruinosas tiranías

    de democracias absorbentes,

    de bromuro en las papilas,

    de cansancio en los deberes.

    De la tarde, tres peces

    de colores, de la noche,

    mantas de franela para

    la funda del coche. De

    la mañana, mejor tirar

    de escoba y pala, que

    está el tema para otra cosa.

    Siglo de aburridas disertaciones,

    de constancias inconstantes,

    de planes irreales y combates

    ficticios; siglo de oropeles

    y haraganes, de cornudos,

    pajaritas y rimas rimbombantes.

    Estrenemos, cada día,

    la savia bruta y fría,

    la gélida leña cortada.

    Tengamos en paz la siesta,

    es lo único que nos queda.

    ©
  3. Siglos de ruidosas tiranías

    de esqueléticas hambrunas

    de desidias y molicies

    de documentos partícipes

    de molestas decisiones,

    siglos de ruinosas oligarquías

    de protestas en la calle

    de manifestaciones acaecidas

    en lindas procesiones,

    de millares de voces

    secuestradas a la pureza.

    Siglos de emancipaciones,

    de yugos invertebrados,

    de invisibles apologías,

    de sensateces absortas,

    de conmutaciones de pena,

    de alegrías inexactas.

    De tristezas en la autopista.

    Siglos de invariables promesas,

    de reinados del miedo, de

    sangrías en los hospitales,

    de mesas redondas utilizadas

    como campamentos médicos

    improvisados, siglos de huecos

    en el estómago, de gente inválida,

    sin apariencia de ser.

    Siglos de imperceptibles latigazos,

    de estrellas rodantes, de brazos e hipocampos,

    de retaguardias cubiertas por lazos invencibles.

    De aves guarnecidas por los blasones del campo.

    Siglos, siglos, siglos, de polvo, de ceniza,

    de risas acantonadas en el lodo de las avenidas.

    Y siglos esperando un conato de rebeldía,

    de revolución verdadera, para nada, para nadie.

    ©
  4. Hoy todo me sabe a muerte.

    implacable y voraz. Vendimiando

    con su hoz la lengua y los párpados

    miserables y lánguidos. La muerte

    puede ser un torniquete; también

    la hemorragia definitiva. La maquinaria

    funda sus fachadas en el extravío de la mente;

    yo, me absuelvo de emitir juicios: veo

    demasiado, creo en exceso, vivo por vivir.

    ©
    A Pincoya76 le gusta esto.
  5. Exhaustos tanto de belleza

    como de su contrario, el horror,

    a partir de ahora, ¿qué nos espera?

    Habitamos la noche; la incomprendimos.

    Duramos al día, la fastidiamos.

    Uncidos al carro eterno,

    vemos pasar el tiempo que

    nos devora.

    Poco más podemos hacer.

    Sólo maldecirnos y ocuparnos

    de otras cosas.
  6. Ah sí existen los sonidos

    Los maravillosos sonidos

    El ruido interno del exterior

    Lo que acude en salvamento

    De una patria interior hundida.

    Ah sí, son los sonidos característicos

    De la lluvia, del sol, la brisa, el aire,

    La nube concéntrica, el rayo inverosímil,

    Los pétalos rociados de gasóleo, ah, todo

    Esto existe, fuera, lejos de mí, en el trecho

    Que va de mí a mí. Las plegarias pagarán

    Un alto precio por celebrar la miseria que

    Circunda el estanque, para siempre detenido.

    ©
    A Pincoya76 le gusta esto.
  7. Y qué tristeza da dejar las cosas

    de lado, cuando sucede el verano

    y las tiendas de enfrente se llenan

    de secuaces militares olvidando

    repentinamente el pasado, de ambulantes

    colegialas que reiteran su pacto insufrible

    con el tiempo, es retirar el vendaje

    de las cosas, las ocultas, verlas

    con melancolía. ©
    A lesmo le gusta esto.
  8. Desnudo los ecos de tu voz.

    Frágil amazona despierta lejos

    de las áreas de los instintos dormidos.

    Despojo los ecos de la luz.

    Lejos, en cartesianas amistades,

    en ambientes distinguidos, cerrados

    sobre materias viles de cuerpos

    acariciados y apergaminados.

    Lejos, como la tremenda voz

    del agua sobre los delgados tejados

    sin eco. Lejos, como la materia

    insistente de la luz. De esta frágil

    luz de estrella que firman mis versos,

    esta noche, apaciguado, como siempre.







    II-.







    Llevo el cuerpo con orificios.

    El sacrificio oriundo de las serpientes

    válidas para el goce o el apasionamiento

    nocturno. Llevo los ecos de la voz,

    gastados, entarimados, prometidos,

    sobre las gárgolas adormecidas

    de los pétreos golpes de luz del agua.

    Llevo el cuerpo en sacrificio, más

    allá de las estrellas, más acá de los

    rincones. Escucho tu voz. En los hospitales,

    en las memorias disuasorias

    de los elementos constitutivos de la arena.

    Llevo el cuerpo lleno de martirios.

    Y tu voz se me revela como una porción

    mínima de sol y de agua, de luz y de arenisca

    cálida.





    III-.





    Entonces, los ritmos se acompasaron,

    fluyeron los sueños atroces, las despedidas

    los adioses; se otorgaron miles de fibras

    conquistadas a los dioses, tabernas frecuentaron

    tu espacio de leyenda. Las cartas,

    empapadas de arena, de agua y sol,

    de sólidas materias de cuerpos vírgenes.

    Es entonces, mientras los papagayos

    enuncian sus cometidos bárbaros, cuando

    los latidos buscan sus asperezas por los líquenes

    apaciguados, en tanto los libros se cuelgan

    de los árboles nocturnos. Las ramas bostezan,

    los cables se extasían, y en mayúsculas,

    el hombro llora su protección indefensa.

    Cuando las miradas se buscan, y encuentran

    su propio sólido desecho, es cuando

    los aspersores hallan líquido el cuerpo

    devastado por los goces. Y es entonces,

    en las multitudes apasionadas, en los latidos

    enajenados por las bestias conyugales,

    se miran, y se encuentran

    las carreteras aturdidas de oscuros vencejos.





    IIII-.





    Los latidos siempre me encuentran,

    y hallan su ínfimo cometido, lejos

    de sangres obstruidas, de remansos

    de piel suave y añadida. Siempre

    me encuentro en esta encrucijada,

    voces, ecos calcinados, suspendidas

    materias vírgenes, lociones capilares,

    y ese torpe ensueño de las matemáticas

    y de los vagones de tren vacíos.

    Hallo el margen de silencio propiciatorio,

    la incandescente llama de azules pilas,

    las lámparas ardiendo de insectos o de

    contenidos deseos confusos. Hallo

    la glacial mirada del profesor, su sutil

    amaneramiento, la letanía suicida

    de sus lentes inclinadas.



    ©
    A Pincoya76 le gusta esto.
  9. En esta España mía,

    esta España tuya, y en

    esta España nuestra,

    como cantaba la sin par

    Cecilia, más vale abusar

    de listo, que penar

    eternamente con comisiones

    eléctricas: nos suben, amigos,

    el recibo de la luz.

    En este otoño frío, y en estas

    fechas neblinosas, las cantatas

    y las óperas, tan apropiadas para

    calentar los hígados espirituales,

    no nos servirán, menos que el vodka,

    en realidad, para calentar nuestras

    lindas posaderas. Nos veo a todos,

    en mitad de una era, haciendo lumbre

    con el tomo incomprensible de facturas

    que albergamos como si fueran la salvación

    a nuestras cuitas y penas de amor.

    ¡Ay, de esta España mía, de esta España

    nuestra, y de esta España tuya!

    Cógela que arde.
    A Alonso Vicent le gusta esto.