1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

    !!!Te va a encantar, no te la pierdas!!!

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Donde doy cabida a otros poemas de carácter menos exigente. Un enorme abrazo a todos los que están por ser!!
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  1. Llevo mucho tiempo

    arrancando suspiros a la noche

    en que estoy embarcado.

    Me sitúo en pedernales o predios

    sobre los que actúo ilimitadamente

    y prospero en ellos, con discursos

    bastante bien amueblados.

    No me solivianta tener de acero

    el cuerpo, de hormigón labrado

    el pecho tumefacto; me excitan

    las corrientes de agua

    que tratan de apagar el incendio.

    Llevo mucho tiempo

    con noches y miedos metidos

    en el cuerpo, mucho tiempo.

    De hecho casi toda la vida

    la paso haciendo relámpagos

    de un simple trueno, de un simple

    trueno.

    Llevo mucho tiempo queriendo

    adormecer al león de acero.



    ©
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  2. Como un árbol, tu vida;

    de cuyas ramas extraes hojas,

    algunas venenosas, otras

    simplemente, amargas.

    Luces y contrastes, de una

    vida larga, aunque no fructífera,

    tal como te hubiera gustado.

    Quizás, esa amargura a la que

    ahora te aferras y cuyo origen

    quisieras no conocer, sea mañana,

    luz de altas horas profundamente

    meditadas. Y no sólo pamplinas

    delirantes de algún mal interpretado

    deber. Sea. Mas no te aflijas

    si toda tu vida entera, la pusiste

    a resguardo de un pésimo centinela,

    que nunca vio las estrellas. Sal

    sal, y distráete con las hojas,

    con las luces, con los remotos

    placeres de ayer.



    ©
    A bristy, Seisen y puntos suspensivos... les gusta esto.
  3. Maldito siempre lo he estado.
    Así que porque no añadir
    un epíteto más elogioso a esa
    eterna condición?-.
  4. Arañando la superficie
    de un dedo investigado
    culmino con hoces las crepitaciones
    del llanto, y asesino, convencido,
    las manifestaciones del odio.
    Admiro, procaces los latidos,
    de un corazón rubicundo, que amonesta
    mi propia insatisfacción neutralizada.
    Escarbo los infatigables depósitos
    del miedo, donde el llanto es una voz,
    y un eco profundiza en horizontes tenues.
    De lascivas tierras prometidas, hasta
    el llanto de una nueva voz.
    Algo que empuja la savia bruta
    del nacimiento hasta las vísceras inquietas
    de la vida y de la tierra.



    Debidamente registrado y cumplimentado y protegido en Safe Creative-.
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  5. Sabrán los pájaros

    su desubicación actual.

    Serán los pájaros

    ídolos del aire, sarmientos

    erguidos de frente al viento.

    Salitres olvidados,

    perfumes de mar o caracola,

    rubias terquedades de estrellas

    no turbias, pacíficas, serenas.

    Sabrán los pájaros su zona

    resuelta, las venturosas anarquías

    que jalean sus alas en volante.

    Seremos ídolos serenos, austeros

    vestigios, de cavidades marítimas,

    cavernas sentimentales de nuestras vidas.

    Seremos palabras, símbolos, signos aéreos

    de melancólicas alianzas.

    Y seremos, sobre todo,

    cenizas perdidas, remotamente

    caídas, de hojarascas unidas.





    ©
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  6. Duermo. Nada bueno

    augura el viento. Son

    cicatrices imperiosas,

    las que envanecen hoy

    mis cabellos. Duermo.

    No hay nada bueno.

    Siglos de torpeza.

    Vainas de la desesperanza.

    Sombríos gestos acumulados.

    Espaldas mojadas y niños

    desorientados, que viajan.

    Por el aire, por el viento.

    Calcinados semilleros.

    Tumbas sin apogeo.

    Ladrones de huertos

    ajenos. Duermo, nada nuevo

    augura el viento. Tiempo

    sigiloso que ofrece su clima,

    a la razón olvidada de un dios.

    Hay mucho silencio, nieve,

    escarcha, rocío. Unos cuantos

    gramos de azafrán violento.

    Roedores que marcan su terreno.

    Afuera, el espacio abarca al tiempo.

    Se desmoronan los recuerdos

    y silba la frágil letanía de coles crujientes

    y solas.

    Duermo. Cerca de los agujeros

    negros, de las guaridas innombrables

    de la tierra seca y áspera.

    Impetuoso, renazco sólo

    para morir en el día, imperfecto.

    Duermo. Nada bueno

    trae el viento.

    ©
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  7. Yo voy haciendo noche

    día estrellas fugas astros

    haciendo riqueza fruto

    tardío enjambre de donde

    se perlan tacitas clásicas

    de cristal y terciopelo.

    Yo voy descifrando noches

    días lunas venganzas oyendo.

    Sacos de almendra raídos

    como un viento tan seco

    que arañase la superficie.

    Yo mezclo la voz y el eco

    futuros ensimismados errantes

    poses fanáticas cruces u olvidos

    deformes.

    Y en mi pecho nace una estrella

    o un ala llena de rocío, escarcha

    fúnebre de lo que aconteció un día.



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  8. Ya olvidas aquí

    semillas y semilleros,

    regocijos anteriores

    y vestigios de sobremesa.

    Anulas los ínclitos paisajes,

    la maravilla de algunos parajes,

    las bendiciones prometedoras,

    y te dejas resbalar hacia el cielo.

    Paras en mitad de la nada,

    con ecos más que voces,

    y distingues entre todas,

    el susurro lejano y monocorde,

    de tus ídolos de infancia.

    Maltrechos, tus padres,

    vienen a recogerte.

    Son hojas tiradas a los basureros,

    son profetas de una tierra

    que hiede a cadáver.

    Ya dejaste aquí

    cánticos y loas, alabanzas,

    en suma, desmedidas todas.

    Y frecuentas el cielo azul

    nostálgico de tu infancia

    acometida-.



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  9. Alzo la mano y dónde estás

    miro detrás, dónde dónde estás,

    miro encima, frente a frente,

    lugares comunes, sangre de mi sangre,

    vacío intersticial, dónde, dónde estas,

    miles de preguntas, escasas respuestas,

    miles de mariposas que en amapolas terrestres

    se quedan, dónde, dónde estás, miro

    mas nada encuentro ya, sólo franca oscuridad,

    mis labios gotean sangre, y tumefacto estoy.

    Quise ser sincero, de verdad, lo intento a diario.

    Quise ser mejor, y no obtuve más que algún silencio.

    De mano en mano voy, tirando de mi voz algún eco

    solitario y vacío, arrojando de mis manos

    el amor que nadie quiere ya-.



    ©
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  10. En sus ojos de Cristo inútil

    destartalados los techos se vienen abajo

    confiscados por una patria que simula sus vencejos

    de norte a sur o de sur a norte son varios

    los que estimulan reptiles sinuosos o plásticos derivados

    son multitud los que alejan su atmósfera delicada

    su trigo elemental su tierra despejada por la sangre hermética

    y abrupta. Son miles los que claman

    vencedores de la nada, aquiescentes con naciones del olvido,

    tenues lagartos de boca remendada, auroras debilitadas

    por el vértigo de la sombra. En sus ojos

    de ciencia inútil, buscan ecuadores sistemáticos, ejes

    mutilados apenas perciben las largas extensiones de calcio.



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  11. Entonces, silencio tras silencio,

    escuchando el horizonte, fría presencia,

    u obstruyendo el completo panorama,

    lleno de insectos o alimañas tristes,

    derogando el eximio dialecto, el múltiple

    pan de los desahuciados y la miseria habitual

    de los carceleros presionados. Vacilo,

    basculo la orientación dispersa, donde arremeto

    con fósiles o flores ambivalentes, de corola funeraria

    y tétrica. Tenuemente, labios implantados,

    son deseos trastornados, las manos quedan muertas y

    yo me exilio, territorio a territorio.

    Van cayendo desde el lugar de siempre,

    fúnebres mensajes orgías llenas de espanto,

    panes disolutos, formaciones geológicas y minerales

    descartados en lo plasmático.

    Y escucho, de nuevo, el silencio, que apenas

    arde. Transito templos nefastos, naves crucificadas,

    llamean en mí pétalos de fondo oscuro. Y navego

    por altas misiones desencantadas hasta alcanzar

    el solitario desdén utópico-.



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  12. Hay excrementos de palomas

    y alfeizares llenos de desidia,

    ventanas inacabables donde se ejercitan

    moluscos del tamaño de una uña sin pigmento,

    y luces procedentes de un invierno mortecino y neutro.

    Quiero ir viviendo lentamente entre esas entrañas

    persistir en el error y vomitar a disgusto mis redes

    de captura, olvidar los daños emergidos y perseguir

    con ahínco los dinteles rotos de mi casa.

    Quiero ir vivo hasta la muerte, con agua esponjosa

    y llena de trigo, con elementales fuerzas de oposición,

    sin fisuras en las puertas de la entrada.

    Hay un ser que medita y una criatura dispuesta al

    sueño, y una novia que salta y se abalanza, y predice

    el tiempo de la derrota.

    Quiero robar al tiempo su álbum de desgracias,

    guardar silencio ante el vómito de los días, conservar

    la paz de las noches y triturar el mosto recién recibido.

    Quiero la red más neutra, el opaco testigo, la centinela

    muerta, llena de estrellas en el pelo.

    Hay sombras en las puertas tejados desprovistos

    árboles incendiados y persianas enrolladas.



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  13. En las quietas cordilleras

    como quietas están las increíbles colinas,

    nos separan una inmensidad de nubes

    y de escuetas nebulosas con gaviotas

    marinas. Son la escuela simultánea

    que ofrecemos como un altar prohibido.

    Decadencia y compromiso, singulares

    marchas incógnitas. Deseamos lo inevitable.

    Concedemos poco al arbitrio. En las inmóviles

    lagunas, y en las paredes de adobe incontestable,

    marchamos como supremos artífices

    de una vida atormentada. Somos el futuro

    de un bosque que no nos necesita.



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  14. Voy mirándome

    exigiéndome transparencias

    intuiciones que no resten

    aniquilamientos que sumen.

    Consigo realidades pelmazas,

    gente que huye de sus tiendas,

    aplazamientos universales

    de esas pequeñas treguas sin nacimiento.

    Voy salvándome

    mordisqueo leves hojas de abedul,

    incremento el forraje de las bestias,

    donde como de su mano y ellas comen

    de las mías.

    Mis manos, las observo, penetro

    y desvelo sus estúpidos secretos,

    las eficaces miradas de un litoral

    en suspenso permanente y caduco.

    Mis alas, aquellas de un dios vacío,

    me interrogan desde lo alto de los depósitos:

    desabastecidos, ignorantes.



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  15. Yo voy golpeando el silencio,

    pecho ardido, ración de sangre,

    en un sombrío gesto, silencio,

    cual desierto enérgico de vetas

    exigentes. No arranco, a aquella voz,

    ni una sola lágrima,

    ni una sola agua brota, de esa roca

    enésima. Arden las arenas y murmuran

    los espacios, las venas dilatan

    la sangre que por ellas corre, tumultuosa.

    Voy golpeando el silencio, ese donde

    comemos todos, y me arden, en la mirada,

    tizones encendidos, en la boca, vocablos de mierda,

    sangre, y una mancha de odio sepultado.

    Quiero tirarlo todo, dejar atrás el lastre.

    ©