1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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  1. No se trata de tonos blancos o negros
    ni de reír o llorar
    por ser inocente o culpable.
    Se trata de estar entero aunque te corten a pedazos.
    Se trata de tocar la mecedora
    y sentir como te quema la savia del árbol.

    Por otra parte…

    No se trata de pagar la fianza
    ni de ser el verdugo del juicio.
    Se trata de comer para vivir y de saborear muy lento
    la digestión.
    En pocas palabras, se trata
    de ser feliz igual que la mosca en la mierda.
    A ERNI J A le gusta esto.
  2. Padre nuestro,
    que te hallas, bien a gusto,
    observándonos
    desde algún rincón lejano del mundo;
    ven por una vez con nosotros.
    Deja de lado tu eternidad y vive esta mortalidad.
    Satisface nuestra voluntad y déjanos olvidarte.
    Danos hoy nuestro pan y también el dulce vino
    que es miel para las heridas.
    Déjanos caer en la tentación celestial
    y su bálsamo que santifica la sangre, las vísceras, las úlceras.
    Paga todas nuestras deudas
    y, por supuesto, mata a nuestros enemigos.
    También podrías librarnos del mal que nos hacemos,
    pero
    tengo serías dudas
    que hagas milagros.
  3. Qué extraña y absurda manera de vivir la vida y la muerte de forma ordenada. Nacemos y vivimos nuestra vida con impecable orden. Acomodamos todo, desde la ropa, el café y las medialunas, hasta nuestros viajes y horarios de oficina.
    Y después, en la etapa final, ya cuando estamos viejos y cansados de ese orden pasa la muerte encargándose de revolverlo todo, absolutamente todo. Pero ahí no termina el asunto, volvemos a limpiar y acomodar a nuestros muertos: los lavamos, los vestimos, los perfumamos.
    ¿De qué sirve tener a los muertos prolijamente acomodados en sus cajones y urnas? Incluso si los cremamos apilamos las cajitas dentro de una bóveda.
    ¿Para qué…? Para que vayan bien ordenaditos y limpios a la otra vida.
    Como si el gusano "Vencedor"que con presteza los va ir a visitar tendría buenos modales o algo de respeto y se encargaría de mantener tal cual esa extraña y absurda manera de acomodarlo todo.
    A luna roja y Anamer les gusta esto.
  4. Todas las medianoches
    Dios y el diablo
    debaten
    bajando la escalera,
    en el living.

    Es imposible que no los oiga
    desde mi alcoba.

    A pesar de nunca saber
    quién es quién, conozco sus discrepancias. Pues la voz de uno
    es como la de la lluvia refrescante. Y la voz del otro
    es igual a una palada sobre la tierra reseca.
    A Anamer le gusta esto.
  5. V

    Una gota de agua
    se asoma desde una rama

    mira al vacío con temor a caer
    mira indecisa/………………………… dubitativa

    es que todavía no está preparada
    para ser un río.
    A MARISOL PÉREZ le gusta esto.
  6. XCI

    Me gusta contemplar en silencio
    aquellos nombres
    que tienen las mujeres en pleno enero

    y me apiado
    para no llorar inútilmente
    por sus costumbres de olvido

    así es como los fulanos
    llovemos ausencias que no mojan

    echamos a volar nuestras aves
    que ya no caben
    en las jaulas de la noche

    aves que con sus alas
    recorren
    otros ajenos mares de soledad

    es bueno que hasta los sueños
    conozcan otras fronteras
    y que también vean con otros ojos
    los nombres grabados en la arena.
  7. Creo que a todos
    o a casi todos
    alguna vez nos ocurrió:

    una mujer pasó volando,
    pero se detuvo entre los huesos y las simientes,
    atravesó la carne con surcos de pétalos,
    navegó en la sangre con su piel de barca de sirena
    y allí,
    en las hondas venas
    con miradas más púrpuras que los subcutáneos deseos,
    allí, en ese lugar íntimo,
    en ese ensueño dentro la metrópolis del sueño
    levantó ladrillo por ladrillo
    su hospedaje,
    su burbuja conservada en el tiempo.

    Nada más alejado de lo real.
    Nada más alejado incluso de nuestra propia quimera.
    Nada más vano
    que el deseo que no proyecta nuestro cuerpo.

    Es sabido
    que la borrosidad se acumula en rincones sordos,
    escondida en ángulos pretéritos y agudos
    a los que no llegan los dedos,
    a los que tampoco pueden llegar las miradas, los instintos,
    las lumbres de estrellas, la misma noche negra.

    Pero esa mujer que una vez pasó volando
    y se detuvo
    entre los huesos y las simientes
    «tal vez por piedad o por simple despecho,
    para plantar una rosa
    o para extirpar lo trozos del corazón con fuego»

    esa mujer que atravesó la mar misma de nuestra esencia,
    la sombra de aquel lejano
    pero aún húmedo beso de ventisca y marea
    se volvió un ser no diáfano de puro latido, fiebre y anhelo;
    y así un fantasma
    que por el simple hecho de no existir
    no dejó jamás de excitarnos
    como potros salvajes,
    como abejas o colibrís del polen de la primavera.

    Esa mujer tiene un nombre al que no conocemos,
    un rostro al que no vemos,
    una piel de tersa hule, una caricia de felpa,
    un aroma a fresa, una silueta a rouge veraniego…

    También esa misma mujer
    tiene una preciosidad de simple ficción:
    por ejemplo la de un ser equívoco, poético, ondoluso
    que en su viaje parte de la nada y sobre el vacío va hacia la nada.

    Inutilidad de lo bello
    pero que atrapa con destreza,
    es el viaje de esa mujer por sobre un tablón en rigor,
    por una nube desvanecida en la altura del vuelo,
    por un camino sin rutas ni vías que
    torpemente conectan al franco pecho.

    Una mujer que rompe el mito
    y las facciones
    de las fábulas y leyendas
    con su cuerpo cubierto apenas
    por una bata de baño flotante contra el cielo;
    dicha y desgracia
    de los dioses y de los hombres de la perdida Pompeya.

    Desde entonces
    esa mujer recorre límites y naciones del varado cuerpo,
    no habla nuestra lengua,
    no conoce nuestra costumbres o hábitos,
    no sabe de nuestras esposas, novias ni horas de faena
    y así y todo sin saber el porqué, el por cuánto, el por dónde;
    casi desnudándonos,
    nos acaricia con sus manos de prados
    y de clavos de destino incierto.

    La mujer besada y a la vez besante equivoca
    del fantasma que nos acecha,
    de alguna manera
    presencia en toda mujer que alguna vez amamos
    y en el azar del amor
    derrochamos.

    La mujer que nos entrevista en lo oscuro
    del verbo amar
    y todavía desconocemos.
    A libelula y José Ignacio Ayuso Diez les gusta esto.
  8. “No hay cínicos, no hay materialistas. Todo hombre es un idealista,
    sólo que sucede con demasiada frecuencia
    que tiene un ideal equivocado”
    Gilbert Keith Chesterton.
    Después del resuello que trae calma,
    esa calma necesaria después del estallido,
    vendrá nuevamente el discurso de otro tiempo
    hablando de libertad, hablando de muertos,
    hablando de máscaras e ideales,
    hablando de héroes y dictadores,
    hablando de lo qué fue y de lo qué será,
    y de que ahora descansemos.

    Pero nosotros, el pueblo,
    no podremos dormir,
    debemos mantener bien abierto
    nuestro ojo espía,
    suspender nuestras muecas de alivio
    sin renunciar a la espera,
    sin creer que salimos ilesos del sobresalto;
    no todavía.

    Después que el tiempo termine su discurso
    nosotros
    debemos seguir alertas,
    igual que las alarmas de un reloj
    que dura por siempre.

    Nosotros nunca podremos olvidar
    que cayó la noche
    detrás de esa nueva muralla de luz.
    A MARISOL PÉREZ le gusta esto.
  9. "La democracia es el peor de de todos los sistemas políticos,
    con excepción de todos los sistemas políticos restantes”
    W. Churchill.
    Puedo decir que una vez en la vida
    la tristeza se partió con una sonrisa

    como los zapatos que siempre deslumbran
    por su lustre de nuevos
    en los pies de un paralítico

    como la enfermedad que se vio saludable
    en el reflejo de la sombra
    del sol de la mañana

    como una celda vacía
    que encuentra su paz en el rincón
    del urinario oxidado

    puedo decir que una vez en la vida
    la tristeza se partió con una sonrisa

    de la misma forma que una lapicera dorada
    sin estrenar
    en el bolsillo de un poeta sin versos.
    A MARISOL PÉREZ le gusta esto.
  10. —A Fidel Castro.

    Lo juro. Estuve al borde del mundo.

    Y dije épocas y me sangró la boca.
    Y dije historia y me sangró la boca.
    Y dije humanidad y me sangró la boca.

    Lo juro. Estuve al borde del mundo.

    Y mientras caía
    pude oír las partituras del silencio,
    las copas rotas por el brindis de un azul sueño.

    Y dije memoria y me sangró la boca.
    Y dije ideas y me sangró la boca.
    Y dije muerte y me encontré en mi lecho
    con sangre en la boca.
    A Abrahám Emilio le gusta esto.
  11. En Alepo el aire se viste de plomo,
    muchas veces de sucios pedazos de metrallas.
    En cada esquina
    se huele
    el fantasma del hambre,
    su pesada carga de pólvora
    que acecha desde las trincheras
    al golpe de un latido,
    uno más
    de tantos cientos que se detuvieron.

    En las noches
    uno duerme con un ojo abierto,
    con el sueño escondido dentro del susto
    mientras por alta voz
    se anuncia por toda la ciudad
    la sombra larga y extendida de la muerte.
    A libelula le gusta esto.
  12. La escalera en forma de caracol
    subiendo hasta el segundo piso.

    Arriba, en la habitación, Alicia
    coge un cuchillo y se lastima las piernas, justo debajo de su falda,
    hasta pensar que ha dejado de ser virgen.

    Abajo
    su padre
    haciendo eternas guardias
    como un centinela insobornable que trunca el paso.

    Por la ventana no hay dragones ni príncipes
    ni florecidos rosales a la vista, sólo la noche y su silencio
    se presenta
    con su atuendo de costumbres medievales.

    Manchas en la colcha
    de gotas de sangre mezcladas con lágrimas
    son las claras evidencias
    de los fallidos intentos del rigor del vigía

    y que Alicia
    ha dejado de ser una niña.
  13. Hoy las distancias se acortan,
    nacen en las manos,
    mueren en los sueños.
    Y mientras dormimos
    trazamos
    como astrales conspiradores
    nuestros planes de fuga del mundo.
  14. VI

    A veces, simplemente, soy
    el poema sin recitar
    oculto en la memoria,

    una bienvenida y a su vez una cercana despedida,
    un reconfortante y también un frío aliento.

    Por supuesto soy una fecha
    o un calendario detenido en la estación del recuerdo,
    una ciudad que jamás duerme buscándote,
    un pañuelo cayendo en el andén cuando el tren parte,
    un café negro y un cigarrillo frente al vals de la lluvia,
    una lágrima en tu mejilla, un mechón de tu pelo,
    un pedazo de sonrisa, hasta soy la suave caricia
    que tú me das con tus manos de niña.

    A veces soy la musa cantora o el zorzal chillón
    de ese apasionado suceso
    que guardo como una preciada fotografía en la cómoda.

    A veces soy un soñador que te obsequia la luna
    o el ebrio trotamundos
    que se pierde en los jardines de tu sombra.

    Pero siempre
    o en la mayoría de los casos
    soy ese privado silencio
    de medianoche
    en donde cuelgas tus más íntimos sueños.
  15. El extraño aullido de un perro
    con la letal herida del hambre

    recorriendo las esquinas
    revolviendo la basura

    desamparado deambula con pasos
    agigantados de urgencia
    dejando huellas invisibles en la memoria
    del asfalto

    con su última esperanza
    busca con ansias en los restos de sombras
    hallar aquel manjar
    sobre lo que queda de migajas

    (…)


    hay hambre
    en el cigarrillo encendido
    en el agónico murmullo del estómago
    en el húmedo sexo que dejó la mañana

    como todos los días
    hay hambre en la noticia de un diario
    que miente el hambre.