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  1. LV

    Abro el anotador y busco una letra al azar,
    tal vez, una letra perdida, eco de una resonancia infinita,
    una letra verde esperanza, una letra que habla en silencio,
    una letra que hace una parodia de la soledad
    a una hora
    de avión que vuela lejos, muy lejos de esta casa.
  2. ¿Cómo se puede ahondar en los ríos
    que no habitan el corazón?
    Es imposible soñar con la mar
    que jamás has visto;
    pero, así y todo, es muy probable que un poeta
    diga versos hermosos
    y a su vez fríos como el mármol de una lápida.

    ¿De qué sirve la rosa
    si no conocemos su causa,
    sin sentir la sangre que cae gota a gota
    de sus espinas?
  3. Los años que vienen me dan un escalofrío en la panza y un monstruo en el corazón.
    Crecer es más complicado, mucho más complicado de lo que yo podría recordar.
  4. Escribo como una manera más de hablar,
    y lo hago para que nunca callen
    los fantasmas, habitantes del vacío y el polvo.
    Escribo en la calma del ojo de la noche,
    en el sobresalto que cruza el precipicio de la muerte,
    eco de un infinito y angosto silencio.
    Escribo para saber quién soy,
    para ser más que el resplandor de la sombra,
    para que se revelen los rastros de tinta
    y pueda reconocerme
    sobre un papel garabateado.
    Escribo en el envés del silencio que todos callan
    las palabras que todos sueñan
    y no siempre se animan a hablar.
    Escribo como una manera más de hablar
    cuando nadie me oye
    “para que en la intimidad, por un instante, ella me escuche”.
    Escribo como una manera más de hablar
    un lenguaje secreto
    capaz de ser imborrable por el tiempo;
    y así hablo, hablo conmigo y también logro hablar
    con mis otros,
    hablo hasta caer en el renglón de la hoja,
    ese renglón desnudo que únicamente se detiene frente a los ojos,
    anhelando que en algún momento
    la noche
    me conceda alguna respuesta.
  5. Y, sin embargo, tú serás igual que esta basura,
    que esta horrible infección,
    ¡estrella de mis ojos, sol de mi naturaleza,
    tú, mi ángel y mi pasión!
    Charles Baudelaire (Una carroña/ Las flores del mal)



    Un día llegaste sin que me entere,
    sin golpear la puerta,
    sin presentar una distinguida formalidad,
    sin exageradas muecas ni señales extrañas,
    sin ideas alocadas, sin generar alboroto.
    Un día llegaste de lo forma más insignificante, más diminuta.
    Llegaste sin que te pueda ver,
    me diste una molestia y ni siquiera insististe en quedarte.
    Es que simplemente fuiste eso,
    una basurita en el ojo.
    Pudiste haber sido otra cosa:
    un amor profundo, un dolor en el pecho,
    una noche de ensueños, un fantasma del recuerdo,
    un nombre de esos de los que viven por siempre,
    una alondra y su revoloteo, la caricia de la flor; pero no,
    fuiste una basurita en el ojo.
  6. Que oscuro sortilegio trae la noche
    con sus pesadas alas de ángel.
    Me repliego en mi esquina
    a ver como la hoja trémula, nerviosa de tinta
    narra estos vacíos de estrellas
    con la fuerza de un clavo sellando el ataúd.
    Una vez más
    me presto al réquiem de las sombras
    solamente para intentar resistir
    la evocación de la rosa, aun muriendo.
  7. Ira

    Hay momentos en que sentimos tanta bronca acumulada,
    tanta negra ira
    que nuestra tinta derrochada en el papel
    no escenifica el verde fresno, los mirasoles,
    sino simplemente los marchita.
    La hoja en blanco
    se vuelve el centro de nuestros navajazos;
    y el poema
    deja enterrado en un sepulcro de puntos suspensivos al vecino
    mientras
    lanza cada verso al mundo
    como un cardumen de insaciables pirañas.

    En esos momentos, estamos cabeza a cabeza con el mismo Dios,
    y sentimos lo mismo que él sintió cuando nos creó:
    miedo al ver la obra terminada.
  8. En cada pliegue de nuestros viejos caminos,
    de esos senderos recorridos miles de veces
    se esconde el polvo de las traiciones,
    las cenizas chamuscadas de algunos sueños,
    ansias, temores, cláusulas y tabúes;
    también la furia de la tormenta
    que agita
    las hojas cayéndose
    de los pergaminos de la memoria.

    En cada pliegue de nuestros viejos caminos,
    de esos senderos recorridos miles de veces
    quedan las hojas desparramadas
    para que los otros,
    que vienen detrás de nosotros,
    las encuentren y las lean.
  9. “contigo, pan y cebolla,
    pero que no falten las cervezas y también las putas”



    Se puede decir que no soy un hombre machista;
    pero, en cierta forma, a ella siempre la tuve dentro de un puño,
    hasta que llegó el día que me miró fijo y me dijo:
    —Eres un insensible, un simple charlatán,
    un pedazo de mierda y estoy cansada,
    harta de tu haraganería, de tus modales apestosos,
    de que tus ojos se desvíen al primer culo que se menea. —Y continuó—:
    Me voy a la casa de mi madre. No me busques ni me llames.
    Es que no siempre podemos tener un as bajo la manga
    o a veces nos quedamos sin apostar, aún teniendo una fija,
    antes que el croupier diga: ¡No va más!
    Su repentino exabrupto me tomó por sorpresa
    aunque era cantado
    que la relación se mantenía por el simple hecho del aguante y la costumbre.
    Fue así como ella un día partió y yo,
    simplemente, la miré con una mirada relajada,
    prácticamente lánguida desde la mecedora
    mientras sostenía mi cerveza.
    Se subió al taxi y partió y
    creo que fue en ese instante cuando ella se dio cuenta
    que la libertad no es compatible con la alianza de casados,
    que la libertad tiene mucho de egolatría, de soledad
    y de poder decir:
    no tengo porque aguantar más los pedos hediondos que se echa el otro,
    aunque ese otro sea el primer amor; —algo que yo tuve siempre bien claro—
    y que el amor, —bueno— el amor es algo
    de lo que se puede hablar luego,
    muy luego,
    cuando tengamos tiempo de sobra para aburrirnos
    dentro de la tumba.
  10. De golpe desperté
    con un dolor de cabeza insoportable y unas presurosas ganas de vomitar
    todo en el inodoro.
    Camino al baño me encontré con la escena, para mí, más impensada:
    un par de botellas de whisky volcadas sobre la mesa,
    los cigarrillos “esos que huelen sumamente raros”
    consumidos en el cenicero.
    Un sendero de lencería femenina que conducía hasta el cuarto.
    En la habitación, recostada sobre la cama,
    una infartante morocha completamente desnuda.
    No recordaba su nombre ni quién era
    o de qué bar pudimos haber salido juntos.
    Ni siquiera podía recordar si había decidido salir esa noche.
    Lo único que podía tener bien claro era que una mujer así
    ni la hora me daría a menos que salga con una billetera forrada en gita,
    y estar forrado en gita no es justamente lo mío.

    Solamente pensé en dos posibles opciones:
    el mundo se volvió loco
    o el descuartizador de Milwaukee
    preparó todo este espectáculo.
  11. La diferencia entre el pasado,
    el presente y el futuro
    es sólo una ilusión persistente.
    Albert Einstein​

    A veces el futuro desea ser el aquí
    y el ahora
    el aroma del presente de las flores
    el ejido frondoso del sutil roce de la mujer
    actual
    en la soledad del aposento

    la brisa silvestre
    la caricia perfecta del alba
    filtrándose por la persiana
    en el ahora

    a veces el futuro/ harto de esperar
    desea el día a día
    y no soporta más las ganas
    de ser

    la inagotable gota de esperanza
    ya consumida en los sueños logrados

    es que a veces el futuro se muere de ansias
    de insoportables ansias
    y envidia el aquí y el ahora de todos
    de cualquiera
    hasta del más intrascendente ser
    pequeño o grande
    niño o viejo

    cuyo nacimiento
    cuya sentencia o muerte
    habla más
    mucho más que mil palabras
    que escondemos en el silencio

    a veces el futuro
    también
    envidia el minuto cristalino
    inalterable del pretérito
    ese que especialmente duerme su sueño azul
    en el cofre imperturbable del recuerdo
    en una enigmática burbuja
    jamás corrompida por el tiempo.
  12. Blancos, indelebles,
    tonos claros de un cristal
    que filtra la luz y también la sombra.

    Muecas pulcras
    de la gracia de Dios.

    Libres vuelos que planea
    en el envés del silencio,
    en el profundo argumento de la noche.

    Letras expectantes,
    ansiosas, febriles
    por los músculos de la lapicera
    en su tinta.

    Impoluta necesidad que se plasma
    y se bifurca
    desde la joven raíz de la memoria
    hasta la longeva historia con su punto aparte
    y concluyente.

    Inmortal hoja de papel
    que predica el espejo
    de la garganta del zorzal.

    ¿Será que los poemas son la receta perfecta
    capaz de crear vida del escombro y las cenizas?

    Pues, voluntad de sobra poseen, sólo queda
    que los ojos del lector
    encuentren su pródiga ruta.
  13. Pasan rápido las estaciones
    los días descolgándose del calendario


    pasa rápido el céfiro con su atavío etéreo
    de eterna zakura
    la mueca perfecta de la mañana
    la sonrisa del alba
    el cielo nevado y también las grullas y
    los últimos campanarios


    pasa rápido la historia
    recorriendo con su tren exprés
    el polvo y las sombras
    el árbol viejo
    desde la rasgada raíz
    hasta sus frágiles ramas desnudas


    ese mismo árbol que una tarde
    murió de pie
    y dejó caer todas sus hojas
    con los nombres
    en silencios gravados


    pasa y pasan rápido


    pero a diferencia del argumento
    y su manto de indiferencia que pasa
    casi volando


    esas hojas con los nombres en silencios grabados
    allí
    en la estación de la muerte
    desde aquel tiempo
    se quedaron.
  14. Cuando hacemos silencio
    ante la última bocanada de oxígeno
    que nos puede ofrecer un ahogado

    la aberrante colisión del naufragio


    los lejanos suspiros de islas
    varadas
    en la diplomática muerte azul
    del mar


    silencio de frente a la nada
    y el saturado todo


    silencio de las cenizas nuevamente prendidas
    para ser otra vez incendiadas


    silencio de la eufonía del viento
    levantando el polvo de la arena
    sobre los nombres/ la historia y
    las lápidas


    silencio de la tela de araña
    tejida
    como una trampa letal


    silencio del brindis
    de copas
    quebradas


    silencio demudado ante el canto
    de un jilguero


    las caderas estrechas

    las mejillas ruborizadas

    la inocencia sin vestidura
    dejada
    en la alcoba de la mujer


    la sombra desnuda del cuerpo y el alma
    del instinto animal


    la pesada cruz añejada
    y la crucifixión del palo santo


    cuando hacemos silencio
    cuando deberíamos vocear
    sin insubstanciales nomenclaturas
    ni encogimientos


    sin preludios de letargo
    ni censuras


    no nos damos cuenta
    que nuestro congénito silencio
    berrea
    como un niño temeroso en la profunda tormenta
    de la noche.
  15. Tierra donde los hombres
    nombrando a Dios
    quitan la vida de otros hombres

    tierra donde los hombres
    nombrando a Dios
    cavan sus propias sepulturas

    tierra donde los hombres
    nombrando a Dios
    levantan murallas/ exilian
    denigran y conquistan

    tierra donde siempre es de noche
    y los hombres
    nombrando a Dios
    se preguntan
    por el alba de los días

    tierra donde los hombres
    nombrando a Dios
    preguntan por el consuelo
    de sus vidas.