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    Y no te olvides: el número 2 de Eco y Latido se publicará en Mundo Poesía el 1 de diciembre de 2017.
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Hay palabras que nos persiguen toda la vida.
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  1. A las tres de la tarde, el sol ya no está bueno, ya se enfría a cada pasar del minutero, los animales se recogen en el sillón o en la cama o en medio del pasillo de suelo anaranjado, la lila desde hace mucho se arruinó, una tormenta de verano terminó con la mitad de las hojas y poco a poco fue decayendo hasta quedar redimida a palos y ramas retorcidas que en las noches, arman figuras algo absurdas en la ventana, ya puse la cobija café, no me gusta pero es la única que tenemos.

    Ella ha cambiado ¿Sabes? Ha cambiado porque, se ha renovado después del dolor y de haberse quitado las plumas como las águilas, ya piensa en las fiestas, en las celebraciones, se entusiasma al ver nuevos rostros masculinos, piensa en volver a reanudar su vida amorosa, se emociona al pronunciar ciertos nombres, ella ya piensa de nuevo en si misma, nada más que por pensar en eso, se olvida ella, de otras cosas, de otros ellos, de ellos.

    Y va caminando, meneándose como en aquellas épocas, se viste casi todos los días de gala, porque a veces le doy yo, las blusas que a mi no me van, si sabes Eduardo, ¿Si sabes cuáles Eduardo? Ella se maquilla en otros tonos, a ella no le interesan en nada los escritores, ni las bibliotecas, pero ese nunca fue el problema, ese nunca ha sido el asunto, tú Eduardo, ya sabes cual es el tema aquí, que a ella ya le andan llamando otras personas, ya no necesita los bálsamos emocionales, ella se ríe de malos chistes, pero resalta en aquella sociedad egocéntrica, en aquel ámbito poco generoso, en aquel sitio retacado de bromas melosas y de doble sentido, Eduardo, sabes verdad, que eso nunca ha sido el problema entre ella y yo.

    A mi me gusta la cebolla, a veces me la como así nomás, porque no hay nada para comer, lo que pasa es que la vida ya va siendo otra, una que no conocía.

    A mi me gusta Ville y sus pelos necios, todo greñudo siempre, todo sudado, oliendo a cerveza y cigarro y con mal aliento porque los rockstar no se lavan la boca, pero me gusta y ese no es el punto a seguir, entre ella y yo, ya casi no hay nada, ya hay muchas brechas, muchos otros nombres, muchos amigos nuevos, ella habla de ir a los bares y yo, me la paso tomando café, leyendo, pensando, enojándome por victorias no conseguidas, por inventos mediocres, por lo que sea, me la paso, ayudando a las tareas, lavando la ropa, cuidando a los niños y cuidándote a ti Eduardo, ya no me enojo desde el jueves, porque ha habido de todos los jueves.

    Entre ella y yo, las edades son parecidas, o será que mi rutina es la que aburre y eso no importa es que, yo nunca fui de fiestas, ni bailes, ni antros, ni bares ni compañías burdas, ni malos consejos, ni viejos trucos, ni drogas, ni alcohol, ni pláticas vacías, ni pláticas de narcos, ni pláticas donde yo no tengo campo ni competencia porque a mi las canciones del regetón no me gustan, ni me gusta bailar, ni decir sandeces comunes, ni el humor simplón, pero ese nunca ha sido el problema.

    Eduardo, tú siempre sabes cual es el problema.

    Ya cuando cae la tarde, el sol se pone berrinchudo, no entiende que ya no es el astro del verano, que ya está pasando de moda, que pronto se tornará tibio, calientito, no entiende que se irá más temprano para que la tarde se vuelva azul cobrizo, y los animales se sigan recogiendo en el sillón o en la cama o en el regazo de quien tú quieras, para seguir viendo al mundo rojo aunque sea negro.

    A las dos de la tarde la ciudad sin sueños, luce congestionada y de color marrón.

    El desierto se cae de frente y se estrella y los pedazos andan por todas partes, los encuentras debajo de las cosas cuando uno barre, y aquel reino, se ve muy lejos todavía.

    Sin embargo, las risas de los niños siguen siendo lo que estremece al mundo en el silencio de los sueños.

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  2. Belcebú barre y trapea a diario su casa, es una temporada muy mala por sus rumbos, él a pesar de que es un señor acomodado y con dinero, vive en una calle sin pavimento y hace tiempo se quedó sin servidumbre porque su mal carácter lo traicionó una vez más, así que sin remedio, el gran señor de las moscas, no tiene empacho en arreglar todo, asear el patio porque tiene unos perritos salchicha que, lo impacientan un poquito pero, los quiere pues, llegaron un día de San Valentín, cuando sus amigos andaban festejando en grande y lo dejaron colgado con todo y pastel, se hacen popo por todos lados, y ladran a lo loco cuando algún vendedor de esos perdidos, toca la puerta, pero Belcebú no compra nada es a decir verdad, algo tacaño.

    Ya a eso de las doce del día, empieza a pensar en lo que va a querer comer, él vive solo, no tiene que pensar en hacer grandes cantidades de comida, y se sienta en la sala, mientras piensa ve el retrato de su hijo, en esa foto el muchacho estaba muy joven y sus alas eran negras y majestuosas, se le veía el impetú en la mirada, él agarra la foto y unas dos o tres lagrimillas de cocodrilo caen en el vidrio que protege la fotografía, se escurren por su pantalón de mezclilla, todo polveado y uno de los perritos salchicha ve que el amo está triste por la misma cosa de siempre, y va y le hace gracias y le mueve la cola, como todo perro ama a su dueño sin importar quien sea o lo que sea.

    Luego, se pone de pie y va hacia la ventana y mira el cielo rojo con humo, observa un pájaro de esos que hay por allá volando, como acechando, y luego ya lo tiene, sale de su casa y camina rumbo al mercadito a comprar unas papas para hacerlas con chorizo y por el camino se topa con un rostro nuevo, confundido, como que no sabe donde está, de esos hay varios por aquel sitio, Belcebú le sonrié y piensa en que ya se acostumbrará como todos, aunque sea difícil de creer, extraña mucho a su hijo, era un buen muchacho pero él dice que en su familia nunca ha sido permitido los amoríos con la clase mestiza, le dolió la decisión que tuvo que tomar pero, no puede haber marcha atrás, piensa en él muy seguido, a veces lo mira por la rendija que solamente ellos tienen y su mejor amigo, el de la colonia rica, lo entiende porque a diferencia de Belcebú, él si anduvo en la tierra, codeándose con la gente, sabe como son, sabe las diferencias que hacen entre unos y otros pero le da ánimos, entre los dos se animan en los tiempos difíciles, arman unas buenas fiestas que nadie se imaginaría.

    A las dos de la tarde ya está comiendo y se le hizo un altero de trastes que lavar pero no se lo toma en serio, ve la puerta de la cocina y ve el sol entrando a su patio, sale y se sienta en la mecedora blanca de mimbre, va vestido con una guayabera color verde y unos huaraches de ixtle, sus perritos juegan alrededor, piensa que la vida es buena y que, todo sería perfecto si su muchacho estuviera ahí, espero un día, Belcebú pueda vencer su odio y sus prejuicios.

    Y llega la tarde y la melancolía de las batallas, suena el teléfono y es un viejo amigo de combate, uno de los suyos, de los que si valen la pena, platican por horas y horas, hasta que el cielo rojizo y ahumado se torna negro y verdoso, porque el atardecer es así por allá.

    Cuelgan y se desean lo mejor, los perritos salchicha que llegaron un día de San Valentín, se acurrucan en la camita que el señor de las moscas les compró el sábado en el tianguis, duermen serenos y una vez más, ese señor apestoso y gordo, observa a su hijo trastabillar en la vida real, se alegra porque, también él tiene un perrito que llegó antes del regreso a clases de hace cuatro años, lo mira mientras duerme acurrucado con aquella mestiza que él no quiere pero en el fondo, muy en el fondo, tendrá que querer si o si, porque, el hijo, el muchacho ya tuvo tres niños que, son sus nietos y ha sido un abuelo muy ausente.

    Ya es tarde para que piense en tanta tristeza y le va a decir a su mejor amigo, el de la colonia fina, el que ya anduvo aquí hace mucho tiempo, para que le ayude a superar todo el dolor y el resentimiento, ya se acuesta y ve la tele un rato, y le desea a su hijo buenas noches.

    En septiembre, las moscas se van cayendo muertas en el recipiente del jabón para los trastes.

    El verano se diluye entre la luz dorada del medio día todavía que resplandece, se evapora entre los cabellos de los niños, se duerme en las hojas cuasi amarillentas de los árboles, el verano se opaca y envejece...

    Ya no hay moscas en septiembre.
  3. Yo pensaba en lo que hay detrás de los cerros, en los paisajes esos con vacas y borregos corriendo pa' diferentes partes, yo pensaba en los días nublados, en las vidas pasadas en cuando mi papá sonríe con sus dientes amarillos y derechos, parejitos, como yo nunca los tuve.

    Pensaba en el día de mi primera comunión que mi abuelita traía un traje de falda y blusa rojos con botones negros, en que mi mamá por supuesto no fue y que mi peinado era anticuado pero a mi me gustaba, porque desde siempre me ha gustado lo de las otras épocas. Miraba ese edificio ubicado en ésta colonia fea, llena de lodo y de charcos con moyotes, en donde la gente no saluda, donde se nos quedan viendo con caras de tontos, con caras de impresión, donde los rosales si florecieron pese a todo mal pronóstico de su dueña original, entre todos esos pensamientos estaba él, el mismo rey de siempre, todo atolondrado, todo enigmático, todo serio pero alegre, todo sarcástico, el mismo rey al que, nosotros condenamos con nuestras muecas huele caca, con nuestro mal humor, con nuestra insensibilidad, el mismo rey, que por ésta única ocasión, creo, trato, logro comprender (un poco) el mismo rey de siempre, con sus mismas garras de ropa puestas, con sus mismas chanclas, ah, pero como es amado entre la gente y esa gente ni se ama a si mismos, porque, son pocos quienes profesan el amor propio, quienes entienden del amor del bueno, que es ese, el que nace de uno mismo pa' uno y pa' los otros, no es nomas para andarlo desperdiciando por ahí, eso es lo que él quería, pero no, no entendimos y seguimos sin hacerlo.

    El mismo rey, todo greñudo, que escucha ''grunge'' por allá por aquellos rumbos, se entretiene viendo como nosotros nos vamos en el camión, en el carro o a pie al trabajo mientras él siempre nos mira con sus ojos llenos de nostalgia e incertidumbre, el mismo rey buscando la verdad en no sé que planetas, porque él conoce un chorro de planetas y de cosas, y de tiempos y de todos modos, aún así, ni sabe nada.

    Siempre con sus pelos todos largos y sin forma, siempre con sus mismos huaraches de suela de llanta, siempre con sus tonterías y sus malos chistes y su locura exagerada y de nuevo, la misma melancolía del domingo.

    Luego viene semana santa y aquellos de los otros lados, le compran dulces y cochinadas pa' que no se acuerde de cuando lo escupían, de cuando lo golpearon y luego, dice él : ''Es que ya no creo en el amor'' Y todos creemos que si y que nos sigue amando, cuando en realidad nomas nos tiene lástima.

    El mismo rey acorbadado entre los muros de su palacio viejo y sucio, mira con una sonrisa tímida el entorno, a veces no se lo cree...

    Yo pensaba en los días de escuela y en los platos de sopa calientes.
  4. Ahí será un día cuando las cosas se ordenen y todo se resuelva, ahí un día cuando el cielo se apague a las siete de la tarde y éstos niños estén grandes y ya no me quieran tanto, ahí un día cuando los asuntos se desvanezcan y ya no sean un problema, ni las tarifas del camión, ni haya que llevarlos todavía de la mano, ni construir mundos para que se entretengan hasta que entiendan que tienen éste y es duro y es feo y es así.

    Ahí un día, cuando ya no tenga que ver el reloj cada hora para salir corriendo y tomar ese autobús, ya será cuando el Periférico no quede tan lejos, cuando ya no tenga éstos rosales latosos ni esté nada de lo que ahora veo, ya cuando las voces se agoten entre otros ruidos y escándalos de la calle, ya cuando me duela más la espalda pero ya esté lista, cuando me salgan canas y el cacho de muela que tengo flojo se me caiga, y tenga que teñirme otra vez el pelo de negro azulado y pintarme los labios de café y ponerme sombra de ojos negra con otros pantalones de vestir que todavía no compro en ningún mercado de pulgas, cuando me ponga unos zapatos de cintas y sean cerrados y los traiga siempre boleados y bonitos pero que todavía no consigo, tal vez en ese entonces esté yo más rellenita porque con la edad uno embarnece, cuando ya ellos puedan cocinarse unos huevos y poner una lavadora y saber hacer una despensa chiquita, cuando ellos sean todos unos universitarios grandes.

    Toca por ahora, seguir pintando horizontes en cartones viejos, seguir ilusionándome por las canciones tan cursis y tristes seguir extrañando a todos los perros y gatos, toca seguir usando jeans negros y tenis blancos, tenis rosas fiuxa, toca seguir guardando ropa de bebé en cajones junto con la ropa de adultos, ver agotarse con melancolía los domingos, seguir haciendo a veces voces chistosas para que se sonrían, seguir agobiándome con las cosas de siempre, seguir pensando, ahí un día será lo otro, cuando ya todos seamos más conscientes y menos egoístas y menos inmaduros y menos malos y menos indiferentes.

    Hay que seguir, por ahora dibujando lunas en telas opacas, toca seguir adivinando las piedras y leyendo cada aviso clasificado, toca seguir en lugares no estratégicos, no claves, toca alcanzar la luz del sol y ver el reflejo en los cristales de los edificios, ver las sonrisas de todos, las tranquilidades, las caras de paz cuando van a dormir, ahí será un día si es que puede ser, si es que vuelve a ser, si es que vuelve a suceder algo así...

    Ahí va a ser, cuando la renta ya no se atrase ni la luz, ni el agua, y tengamos refrigerador otra vez y una cocineta chiquita y quizás otro perro que aunque no se vaya a parecer a Ville yo diga que se parece, pero que no es ni se parece, cuando sus caras ya sean más definidas y la voz del niño esté cambiando y mi papá ya no vaya por mi a esos trabajos tan desconsiderados porque ya no va a poder, cuando llegue y me diga todos los recuerdos de aquellas veces, de cuando lo había logrado.

    Un día, otro día, que no fue ninguno de ésta semana y no será ninguno de la otra, ni de la que viene, ni de la que sigue ahí nomás para que no me siga doliendo, ahí para ir sabiéndolo, ahí para considerarlo, un día que no fue hace dos meses y un día que fue en febrero pero que se acabó en ese mismo mes el día último.

    Y ya no habrá por lo pronto, más de eso.

    Y toca seguir pensando en los zapatitos negros de cintas que siempre estarán muy limpios y bonitos, en los pantalones de vestir que todavía no compro en los tianguis de ninguna otra colonia, en mi tinte negro azulado, en mi sonrisa para ese entonces ya sana, en mi alma menos cargada de negro y café expresso.

    También todo eso flota entre los rincones de las casas a las que todavía no vamos, entre los barandales de la casa de mi abuela, entre los árboles de la placita del Santo Niño.

    Ahí será otro día, que no va a ser pronto.
  5. Chihuahua no es un lugar muy grande, pero uno si se da cuenta de las distancias a través de los recorridos que a a diario hacemos, uno si siente como todo se va alejando por tiempo indefinido, uno ve como su calle queda atrás, como los tinacos se quedan ahí, quietecitos, mirando como se aleja el camión verde y blanco que nos lleva hacia todos los lados que te imagines.

    Pero tampoco es imposible trasladarse.

    Sus avenidas son muy grandes, corren los carros a toda velocidad, la gente camina desparramados en las banquetas no les interesa respetar el caminar del otro, en la calle cuarta se hace un horror, pero esa calle es para otra historia, una que sea menos tosca. Hay días como éste, ya han existido antes, en los que espero por algo que luego al paso de otros días, de otros eventos, rechazo, pero si, ya los he tenido, hay días en los que uno no espera nada y se la pasa bien tomando café negro o a veces con crema, viendo cualquier cosa, limpiando la casa, esperando que llegue el momento de volver a la escuela con los niños, de volver al ataque, esperando, hay días en los que a uno le dan ganas de llorar -como éste- pero se aguanta uno, se pasa la saliva gruesa de los lloriqueos, de los espasmos, y sigue uno intentando sonreír o al menos conservar el gesto de siempre.

    Hay días en los que, a veces a éstas horas, todavía no despierto.

    Hoy ya desperté y es cuando uno piensa en la quietud de la mañana:

    ''Tal vez, sea mejor así, quedaba muy lejos aquello y ya he visto que no iba a poder cumplir'' Como dije, Chihuahua no impide trasladarse, pero a veces si causa muchas tragedias.

    El día del accidente, ya sé que pasó, ese día ya lo resolví.

    Por eso me duelen todos los huesos, porque, decidí apostar por sus vidas, no por la mía, yo si me moría por algo, aunque no lo pareciera, prefería eso a dejar de ver sus caras, ya lo tengo, ya sé que pasó, por fin.

    Mis sueños siguen congelados, allá por la Avenida Dostoievsky, en un día de invierno, en un frío día del amor y la amistad, con una libretita de hojas de colores en la mano, con unos tenis negros, clásicos, vestidos de jeans deslavados y una playera blanca, ahí siguen, no envejecerán, ni se pudrirán, ni se van a ensuciar nunca con el maltrato de la gente, de la indiferencia, nunca van a agarrar nada de malicia mis sueños, son inocentes, puros, blancos, están dormidos, flotando entre las repisas de las tiendas, entre las estrellas de los veranos que todavía les falta por despertar, todavía no están listos para el éxito, nadie podrá lastimarlos nunca a mis sueños, ellos duermen profundamente esperando por mi, para cuando llegue el amanecer de ellos y yo les diga que es el momento, que ahora si no hay que mirar atrás, todavía no se llega a eso, y aún permanecen en silencio, llenos de paz y de certidumbre.

    No soy mala por dejarlos dormir y no interrumpirlos, pero a veces es bueno dejarlos tantito de lado para poder hacer otras cosas, no podemos traerlos a éste mundo, los sueños son como los hijos, no puedes tenerlos cuando vive uno en un lugar tan lleno de impurezas, cuando uno mismo no se los merece, no soy mala por dejarlos dormiditos, que sigan durmiendo hasta que ésta bruja antigua pueda ser capaz de realizarlos responsablemente.

    El sol de las seis, se vuelve naranja y amarillo.
  6. 1858206.jpg Dice Ville en su canción de ''Tears on tape''

    ''Lágrimas grabadas, seguiré en tu corazón dibujando lluvia desde lejos''

    Todos los días el señor que vende chicharrones y carnes frías saca su letrero de publicidad, lo pone en el empolvado de la calle, es un letrerito donde viene detallado todo lo que tiene para la venta, también tiene un refri para las sodas y casi todos los medios días de cada día, las niñas van y compran tres ''mangoneadas'' una para cada una y otra para el hermanito pequeño, las ''mangoneadas'' no son más que la pulpa congelada del mango, bañadas en limón, tico y algo que se llama chamoy está hecho a base de azúcar, sal, fruta deshidratada, chile y agua de sabor, es algo entre dulce y picante.

    Es una casa verde con dos entradas, donde cierran muy temprano cuando los hijos han terminado de hacer entregas y pedidos, cuando el sol de las tres y cuatro nos dice que él manda, cuando todo está silencioso, entre las tres y cuatro cuando ese mismo sol del desierto, entra gritando por las ventanas desparramándose en los sillones retacados de juguetes y juegos rustícos. Para esa hora mi papá todavía sigue allá muy cerquita de la plaza del ángel, muy cerquita del hotel que todavía no terminan de construir, muy cerca de las florerías, del pequeño parque, cerquita de la escuela de las niñas, cerca de toda esa bocanada que un día fue para mi.

    Luego viene la hora del café y de las pláticas cortas, de las risas y de ir a cerrar el tinaco o subirse escalando por la ventana que da al patio, lastimándose uno con los picos de la reja, raspándose el codo, todo para cerrar un tinaco color crema o llenar un bote de cuatro litros, eso pasa cuando uno vive a las afueras, en las laderas, cuando uno tiene muy de frente los cerros.

    Un viejo teléfono es lo que nos mantiene a salvo, conectados, podemos hablar como siempre de lo que queramos, cosas buenas, cosas malas, de todo, los niños le gritan: ''Hola abuelo'' ''¿Cómo estás abuelo?'' Y luego todos nos acostamos y platicamos, ''métete gato'' Cerrar las puertas, todas las puertas.

    Mientras que, la Avenida Juárez y la funeraria siguen activos, mientras que el Templo de San Lorenzo tiene su portal enrejado abierto, con ese rey crucificado, sanguinolento, triste, y uno piensa que no debió morirse y mucho menos, por nosotros.

    A las seis de la tarde, caerá una tormenta que durará unas seis horas.
  7. Cuando alguien se va de mi vida, procuro tirar todo lo que me recuerde a aquella persona, no me gusta guardar malos recuerdos de gente que ha terminado su proceso en mi existencia. Pero esa playera blanca con palmeras y hojas de árboles no la tiré, porque me gusta la tela y aunque es blanca y no me gusta, ese tipo de blancos con dibujos me es agradable, lo que no estaba bonito era el día.

    Físicamente era un día perfecto, porque en el desierto lleva más de tres semanas lloviendo dándole al calor una gran tregua, el sol estaba espléndido, radiante, se caía entre las canteras y los adoquines de las banquetas de las plazas, de los parques, corría un fresco cálido pero no quemante, corría un vientito de esos que son tibios, que pueden cambiar casi cualquier corazón, lo que pasa es que de todos modos a mi el día ese no me estaba gustando nada.

    Ella caminaba a mi lado, el día comenzó triste, con un sol que empezó con muchas ganas, el centro siempre quieto a esas horas y ella, vestía una blusa azul marino y unos jeans dentro de la misma tonalidad con sus zapatitos negros y el borde del frente dorado, usaba una cola de caballo y sus lentes con destellos cafés y beiges, si, era un buen contexto, ella curiosamente siempre sonríe, pienso que es para curarse de si misma, pienso que así ha aprendido a enfrentar la vida, a la suerte al destino volteado, al malandro del amor que, ya la tiene agazapada entre juzgados, audiencias, quejas y que más voy a saber yo, me dijo que íbamos a comer unos ''burritos'' porque, en el desierto, ya sabes que eso es lo principal que se come.

    El teléfono de la gente, a veces no suena, a veces lo mandan a uno a buzón (o más lejos) A veces la gente no contesta porque ya se cansó de nosotros y nuestros mismos problemas, a veces la gente simplemente se queda dormida, soñando con los muertos pero no los sueñan muertos, los sueñan vivos, como cuando estaban vivos, la tortilla de harina de ese ''burrito'' se rompía, eso quiere decir que no la dejaron bien cocida y de todos modos, el día me recordaba siempre otras cosas que hacían que mi hambre se convirtiera náuseas y en nervios, en melancolía pasajera.

    Las calles sin alguien son tan grises, las calles sin esa persona son tan iguales, tan tristes, tan rectas, pasábamos por los lugares de siempre pero no estaba, tampoco contestaba el teléfono, pasaba por el ''Balflo'' donde el camión siempre hace paradas, afuera del restaurante ''María color'' Pero no había nadie esperándome, revisando la hora en el celular, no había nadie que se preocupara por mi.

    El sol en determinado momento, se tornó esquivo, su brillo dócil se volvió transparente y punzante, ya para el medio día, ya para cuando las tripas y la mala sazón del guisado del ''burrito'' se habían esfumado, ya a esas horas teníamos que habernos visto, sin embargo aún ella caminaba junto a mi, sosteniendo su bolsa, riéndose porque ella no conoce otra alternativa, yo también me reía pero sólo por corresponderle el gesto, también ella sabía el mal rato ese, me decía que no me preocupara que las personas a veces duermen mucho y desconectan los teléfonos y no sé que más, un sonido es lo que a uno lo alegra o lo perturba y el panorama cambió por completo cuando supe porque no me respondía las llamadas, nada más que a mi nunca me ha gustado llorar en público.

    Uno debe llorar quedito, en silencio y donde nadie nos vea.

    Como mi corazón ya no tiene forma, ya no quise lastimar más a la masa de carne que tengo aquí adentro, y cuando salimos del juzgado a donde ella va, caminamos de nuevo, pero ya por calles que casi no transito yo, y el dolor de la nostalgia no era tan fuerte, caminamos hacia la calle de las frituras y los dulces, y ahí estaba mi camión, verde con blanco, espérandome, ''Plan de Ayala'' y en los vidrios de abajo ''Ávalos, valle dorado'' ''Baja 12, centro, Aldama, Julián Carrillo'' Valle dorado no es más que un montón de casas apiladas una con otra en terrenos irregulares llenos de lodo y gusanos.

    Y luego ella y yo sonreímos porque mi papá quería que le llamara cuando llegara, lo que él nunca supo era que decidí tomar el camión ahí, para no acordarme que no estaba para decirme adiós con la mano, ni para yo gritarle que no se fuera a caer y percibir la mirada de tristeza de siempre que me ve irme para éstos rincones decrépitos, donde habita gente obsesiva y sin ningún carisma.

    Ella se alejó entre la multitud de la tarde, caminando firme y con la cabeza en alto, me dijo adiós con la mano y yo subí al camión, con la playera que no tiré, con la que tiene dibujos de palmeras y hojas de árboles y una bolsita pequeña en la parte izquierda que es de un color amarillento gris, pensando en todas las cuentas regresivas.

    Era un día soleado, perfecto, pero no para mi.

    Luego vinieron los ''chettos'' y las tortillas de maíz con cebolla guisada.

    Por la noche las voces se apagaron y tuvimos que continuar.

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    A Gustavo Cervantes le gusta esto.
  8. Ya sé yo que los perros no son para siempre, que no podemos escuchar eternamente sus ladridos, que unos viven poco y otros ocho años.

    Ville está a años luz de ésta tierra, ya no pertenece a éste planeta, ni vive en Chihuahua, ha quedado atrás toda una vida que compartimos juntos. ¿Qué nos queda? Un montón de pelos amontillados en una playera negra de ''Johnny Cash'' fotos de antes, fotos del año pasado, recordar su ladrido, que se va a esconder como el de todos, recordar las manchas que tenía al costado y que nació sin cola, Ville ya volvió a correr como siempre, en un campo abierto, en un pasto verde y fresco, porque ya no tiene calor, ni sed, ya no va a tener hambre, pero tampoco voy a tener con quien platicar, porque, has de saber que Ville era el único que me comprendía.

    El desierto está a medio nublar, uno siente un vacío, uno siente ganas de llorar, uno quiere decir muchas cosas y Ville, él ya está a salvo, echado bajo un árbol con una espectacular sombra, jadeando y cuando tenga ganas de tomar agua, va a ir corriendo a un estanque puro y transparente, mientras que yo, me he quedado con muchos monstruos y promesas.

    Se fue mientras hablaba con mi papá, mientras anochecía, mientras hacía el mismo jodido calor de siempre, mientras que los vecinos ya descansaban de vender heladitos y bolis, mientras que todo quedaba en silencio, él se fue mientras me comía tres papitas fritas que había en un escurridor, se fue con la última luz y con la primera muetra del ocaso, parecía dormido, sin dolores, nomas le faltaba respirar.

    Jugaba con las pelotas, nos daba besos y se ponía celoso, ahora sus patas blancas, andan conociendo otros lados, ahora sus orejas cafés y su nariz negra huele por otros rumbos, también ya conoce todos los secretos, mientras aquí, estoy tratando de entender al condenado mundo de mierda.

    Yo le dije que era tiempo, que ya era suficiente, él nos amaba, se sienten muchas cortadas por todos lados, pero la vida es un río donde si el agua no circula se estanca, no es momento para escuchar canciones tristes, las lágrimas se escurren involuntariamente ¿Qué queda después de que un perro se muere? Sus viejos espacios, su plato del agua, sus pisadas en alguna ropa, el eco de sus pasos, de cuando le mordía las patas a Jason de cuando, fue el líder de la manada y todos le hacían caso, pero siendo eso nunca lastimaba a los gatos, era la nobleza y ahora es pedazos de estrellas, partículas quizás de algo que se aloja en las rosas marchitas del jardín que poco a poco envejece más, polvo que viaja a través del viento y se aloja en las copas de los árboles y ahora es parte de lo que mueve al mundo, como un día seremos todos.

    Ya Ville no es Ville, ya es esa brisita que va a venir por el otoño, son esas gotitas de poca agua cuando el cielo bendice al desierto, ya Ville, está dormido en otros valles, cerca de alguien, de alguien que no conozco muy bien, ya se acurruca en otros cubiles, ya no lo veré más asomado por las terrazas de cemento, ladrando todo chiple y chillón.

    Ya Ville es otro, ya es parte de eso que intenté entender cuando me enseñaban sobre el misterio y el caos, cuando tenga hambre no le va a faltar nada, mientras estoy aquí, bajo el sol obtuso y roto de un sábado opaco lleno de asesinatos y balaceras.

    Es que, así se viste ya el desierto, de sangre y pólvora.

    Pero Ville ya no ve eso, Ville ya no es parte de eso, ya no hay marchas por los derechos de los animales para llevarlo vestido de amarillo, con un globo atado de su collar, mientras yo, la loca ésta, la cobarde ésta, gritaba:

    ''CIRCO SI, PERO SIN ANIMALES, MALTRATO ANIMAL, AL CÓDIGO PENAL'' ...

    Ville ya respira otros aires, ya no duerme pegado a la ventana, ya no hay a quien aventarle pelotas falsas y luego salir corriendo.

    Ville ya juega con ese alguien que desconocí hace años, ya él le avienta las pelotas y lo acaricia y le dice que lo ha hecho muy bien.

    Mañana son mis treinta y dos años, pero no habrá pastel, ni comida diferente, ni tampoco va a estar Ville.

    Si, ya sé yo que los perros no duran pa' siempre.



    Chihuahua, Chihuahua, México.

    01 de junio del 2017. 3.jpg 28.jpg
  9. El desierto, es sórdido e ináudito, los matices que muy escasamente son agradables casi siempre se tornan deprimentes, éste año se le ha ocurrido al verano atacar con todo y regalarnos más de cuarenta grados de calor, para alguien como yo, es una dura prueba pues aquí parece un lugar de fantasía, todo muy bonito, las rejas, las ventanas, pero no hay agua la mayor parte del día, el aire acondicionado no sirve y bañarnos en la regadera es un lujo que ya no podemos darnos.

    El agua, en algunas partes del desierto, sólo llega de cinco de la mañana a siete de la mañana, después el tinaco roto debe hacer milagros para no desbordarse más de la cuenta y apaciguar las tristezas, el calor que arde en cada poro y toda la negrura que se esconde detrás de los cerros ya fastidiados; El desierto se viste de negro y gris, y no tiene energía, ni glamour nunca lo tuvo pero al menos fingía ser bonito, ahora son ruinas de calles sin pavimento y apagones de luz por la ciudad, que sumando la falta de agua hacen todo más desolador.

    Yo creo que, nunca van a aceptar a las personas que son diferentes, pienso que siempre les van a poner un pero y una característica que los convierta en gente que no concuerda con lo establecido, pienso que las diversidades nunca van a ser tomadas en cuenta aunque avancemos y ya sea común traer el pelo pintado de morado y verde.

    Los homosexuales son objeto de burla, blancos perfectos para las viejas rencillas, para las justificaciones, para las culpas, aunque también hay otros sectores, y la misma gente que no los acepta a ellos, tampoco ve con buenos ojos las otras diferencias.

    Ella, tiene once años, le gusta lo mismo que a cualquier preadolescente, ya casi no le gusta jugar con los hermanos, sabe inglés y sabe todo acerca de los planetas y el cosmos y las estrellas, siempre se pregunta el porqué de las cosas, sus ojos miran y no miran, pero a los demás, a los ''normales'' no les interesa saber que es creativa y construye accesorios para sus muñecas, que tiene ideas muy avanzadas para su edad, hace pulseras, se ríe con esa hilera de dientes disparejos y juveniles, sus ojos se iluminan, dentro de su mundo no hay inaceptables, es bondadosa y buena chiquilla, cada día se aleja más de mi y de todo lo que compartíamos hace apenas unos años, cuando la miraba y creía que para éste tiempo faltaba mucho.

    A los homosexuales casi nadie los quiere ni los acepta, ni los comprende, tampoco comprenden a los autistas, mi hija tampoco será aceptada nunca, siempre será algo extraño, desconocido ¿Síndrome de Asperger? ¿Eso con qué se come? Pero no creas, no creas, que me da tristeza o sienta lástima, al contrario, la estamos formando para que sepa ser tolerante, respetuosa, que sepa salir adelante de cualquier situación, éste mundo es difícil y asusta mucho, pero podrá soportarlo, vivirlo y hasta amarlo.

    El desierto tiene muchos muertos, ya no hay respeto por nadie aquí, ya toda la arena naranja se ha vuelto apestosa de sangre y tripas de la gente que han matado, ya todo se ha convertido en guerra, en desabastos, en miedo, ya uno sonríe solamente porque tiene que hacerlo, ya uno no siente casi nada al ver la noticia de otra balacera, ya los matones no tienen escrúpulos y crean mafias patéticas, que forman endulzándoles los oídos a la gente pobre, que quiere ser mafioso así como en los cuarentas y Al Capone y quien sabe quienes más, pero éstos no son como esos, éstos son malandrillos que han robado y se meten a las casas a ver si la gente tiene pantallas grandotas para revenderlas, se conforman con poco y viven en casuchas en barrios horribles ¿Sabes cuánto vale la vida de alguien en el desierto? Vale dosmil pesos mexicanos, multiplica dosmil pesos mexicanos por la moneda de tu país, eso les pagan a esos tipejos, por golpear, asesinar y robar vehículos.

    Alguien me dijo por teléfono que no sabía si lo que yo escribía era real, le vuelvo a responder que es más real que todo lo que la gente en otros universos no se imagina.

    A los homosexuales nadie los quiere, hay gente que dice que los respeta, pero no los acepta.

    A las personas con autismo, les llaman ''enfermitos''

    Pero ella ya sabe eso, no le importa, se pone su diadema de orejas de conejo que encienden y es feliz, mientras compramos bolis y mangoneadas y dulces chilosos, porque a los mexicanos nos gusta el picante hasta en los dulces.

    El desierto es implacable, deshonesto, opaco.

    Pronto vendrán mis treinta y dos años.

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  10. Los lloros se propagan por cada esquina de la funeraria se escuchan gritos y la gente sollozando quien sabe que dice, se preguntan el porqué, los llantos acaparan los rincones vacíos, la oficina, las otras salas, se hace eco en cada cosa, el ambiente de paredes blancas y sillones negros, a veces lo ensordece aún más.

    Al fondo el retrato del fundador y la mesa donde está la impresora, los teléfonos -de donde todas las mañanas hablo contigo- y los lloridos siguen escabulléndose, brotan las lágrimas mezcladas con rímel y con delinelador, con sombra de ojos o a veces sólo salen de unos ojos hinchados y lúgubres.

    Pero el Santo Niño siempre conserva su estilo, las tardes y el parque, todo sigue igual, siempre radiante.

    Y luego, en la entrada de la funeraria, estamos mi papá y yo, observando, él platicando con su personal, riéndonos, saludándome pues saben que soy la hija, mientras que los llantos de arriba, de la sala con las ventanas, todo eso mientras saludo a la señora Martha y los demás.

    Leemos los pizarrones de ahí, mientras tomamos café

    El desierto, está en todo su apogeo.
  11. Ha quedado atrás la personita a la que le gustaba ver caricaturas donde le enseñaban el abecedario o canciones sobre la escuela, poco a poco se desvanece su cuerpo infantil, se desvanece entre sus ropas que ya le empiezan a quedar justas, se desvanece entre mi ropa que ahora ella le pone su estilo, y ese brillo de niña, que tiene en los ojos, comienza a tomar forma de otra cosa, es otro brillo que conozco, que reconozco, un brillo muy especial.

    Ahora a ella le gusta Calvin Harris y Rihana y Katy Perry, baila y canta con la jovialidad propia de su tiempo, de sus edades, ya sonríe diferente, más allá del asperger, de las imperfecciones mías, las del mundo, las de todos, ya no se acuerda de ''cepillín'' ya canta a Shawn Mendes y su ''stiches'' y David Guetta, le gusta Sia y Adele, está harta de Luis Fonsi y ''Despacito'' ella es más alternativa, a ella le gusta Avicii y Lady Gaga.

    La migraña se divide en muchas partes, una de ellas es la de la herencia, yo la heredé porque doña toña la tenía, el asunto está en el cromosoma nueve, ese el del problema, a ese cromosoma hay que ir a partirle la madre, a ponerle una golpiza hasta que pierda el sentido ¿Cómo se le ocurre fallar a la hora de la hora?.

    Los infartos en una mujer, no son como en los hombres, uno puede estar teniendo uno de esos y ni siquiera nos damos cuenta, dicen que las mujeres se marean, les duele el pecho, la espalda, molestias gastrointestinales, yo he sentido todo eso, he sentido como la cabeza me da vueltas, he sentido muchas cosas tan extrañas, pero no las digo, quiero escribir tanto como pueda, por si un día alguno de mis otros cromosomas tiene algún error y se le pone fallar quiero que las personas me lean todo ésto, no quiero despertar después de un derrame y no ser yo, ese tal vez es mi miedo, dejar de ser yo misma y quiero que alguien me lea, todos mis absurdos poemas, mis líneas que sólo yo comprendo, quiero me digan lo que solía hacer, pero eso es sólo en el caso que alguna cosa se me eche a perder.

    Ella ahora usa camisas de jovencita, de las que en mis tiempos usaba yo, ya me empieza a ver con la gracia de los adolescentes, con la ilusión en todo su esplendor, con las ganas de comerse el mundo, con esa hambre que todos sentimos, con esas ganas de conocerlo todo, de creerse ya muy mayor, la personita aquella poco a poco se convierte en un recuerdo dulce, lleno de ternura y da paso, ahora, a vivir en su mejor etapa, en la magia de eso, y su tono de voz, es más grueso, ya sus ideas van cambiando, ella se forja día con día.

    Yo soy como Venecia, me hundo un poco más cada vez, ya casi no agacho la cabeza para verla, ella ya le llega al hombro a mi papá, y nuestras pláticas son más de mujeres que de las de antes, atrás han quedado los cuentos antes de dormir, es que, ya se está poniendo grande, y sus ojos despiden secretos y sueños y todo ese aroma que tiene la juventud inicial.

    Y el cielo y el desierto, a veces platican y se cuentan las novedades.
  12. ''Saving Mr. Banks'' Es una película que vi hace unos tres años, luego luego supe que era una de esas películas que me iban a identificar, es que, en el mundo hay muchas historias como la tuya y la mía.

    Alguien me preguntó el domingo en la noche, que si lo que escribía era cierto, siempre ha sido cierto, lo que pasa es que, en éste lugar no puedo escribir fielmente muchas cosas pues, algunas son algo crudas y no quisiera incomodar... Si.

    También, ese alguien me dijo, que sólo conocía a Eduardo por lo que escribía, eso quiere decir que lo hago bien pues, sabe que escribo en parte por y para Eduardo.

    ¿Han oído hablar sobre Chihuahua? ¿En México? Al norte del país, hasta arriba, el estado más grande, fundado en medio de un desierto anaranjado, si no han escuchado sobre Chihuahua, les explico un poco.

    Es un sitio donde en tiempo de calor, hay temperaturas hasta de 45 grados centígrados, casi no llueve y cuando llueve, al ratito sale el sol para sofocar aún más el ambiente, casi siempre hace mucho calor y es un calor seco que no da treguas ni opciones, en tiempo de frío las temperaturas bajan hasta los 5 o 6 grados bajo cero y en la sierra baja hasta 13 o 14 bajo cero, a veces cae nieve, pero eso no es tan frecuente.

    También en Chihuahua matan a las mujeres, nomas por ser mujeres, nomas porque rechazaron al fulano que se las quería coger, o porque era su esposa y como el tipo le pegaba lo dejó y luego él la mató de todas las formas más inhumanas que te puedas imaginar, a veces primero las violan y luego las tiran, otras veces, ya muertas abusan de ellas, pa' todos hay.


    Antonia Viramontes, mi abue, era una señora que había sufrido mucho, no te imaginas cuanto, su vida había sido muy agría y así se le hizo el carácter, ácido y seco, igual que el desierto. Doña toña no creía en los cumpleaños, ni en los reyes magos, ni en Santa Claus, tampoco en comprar zapatos nuevos y como tuvo cinco hijos entre todos se los pasaban cuando ya no les quedaban a unos, los usaban otros, tampoco le gustaba pedir disculpas ni abrazar a la gente, es rara la vez que no la recuerdo, enojada y con su ceño fruncido, siempre amenazante, pero no crean, era una buena mujer.

    Eduardo en cambio, es tranquilo, tiene unos ojos muy profundos de color castaño oscuros, no le gusta la ropa formal a Eduardo le gustan las playeras de sus bandas de rock favoritas, negras o grises una vez le compré una amarilla de Homero Simpson, no le gusta el amarillo, pero no me la desairó porque le gusta Homero, se pone la que tiene el estampado de ''South Park'' y también la de ''Jack Daniels'' él suda mucho, nunca se va a acostumbrar al calor de Chihuahua, nunca se va a acostumbrar al naranja del desierto que sólo vio una vez, nunca va a querer el cielo desperdiciado de azul, ni la tierra sangrienta, él mira por las ventanas pensando quien sabe que, porque de todo él se asombra, quien sabe que piense, quien sabe que mire él en su universo tan extraño.

    También es muy raro el día en que no me recuerdo a mi, de unos siete u ocho años esperando el momento en que toña me regañara.

    Me gusta esa película, porque de alguna manera, yo igual que Pamela Travers, quise salvar a mi propio señor Banks.

    También yo quise salvar a mi papá.
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  13. Aquel día estaba muy soleado, era un día bonito en teoría, el sol entraba por todos lados, lástima que no pude apreciarlo bien.

    Yo estaba acostada tapada hasta la cabeza, hablando por teléfono con las personas que me conocían para reafirmarme que no era yo una mierda como estaban diciendo en algún sitio, lo que no pensaba era que eso lo tenía que saber ya de por si, porque la gente es impredecible, porque la gente ahorita está bien y a la media hora ya no, porque la gente es como un laberinto, tenía unos pantalones de pijama verdes con puntos blancos, los había comprado el día anterior, por la mañana allá en el mercadito, cómo todo había cambiado de un día para el otro, cómo la tristeza se apoderaba de mi a cada instante, platicaba con mi amiga, me decía que todo era un chisme, que me tranquilizara, mientras que ese sol del domingo, hacía su mayor esfuerzo por calentar un poco mi corazón y aclarar mis pensamientos, pero no lo lograba, cerraba mis ojos de forma intermitente para sortear el miedo y la desesperación, conciliaba el sueño de a poco pero no podía hacerlo bien, no quise comer, escuchaba las mismas canciones de siempre pero sonaban ahora distintas, mientras que el sol, seguía entrando por todas partes.

    Ese día, no hubo ropa para lavar, no tenía ganas de hacerlo, ni siquiera me quité la pijama y evitaba leer esos malos comentarios, era un día bonito, desde la mañana que encendí la tele y vi al hombre araña trepándose por las paredes en esa película, la lila bailaba al ritmo del pequeño vientecillo que soplaba a ratos, mientras que en ese sitio, me comían por partes, yo sentía que las tripas se me iban a salir en cualquier momento.

    Pero como todo termina, también ese domingo se acabó y todo quedó en penumbras y en oscuridad, en silencio, con el pensar de que al día siguiente debía encarar a la vida como siempre, fueron días difíciles y también han quedado atrás. Lo único que me quedó claro fue que todos ellos, pensaban eso sobre mi y que esperaban cualquier pretexto para manifestarlo, fuera de eso, continué viviendo, con ciertas reservas y después, vino navidad, año nuevo, la zapatería y todo fue quedando en el polvoriento olvido, si, ese domingo estaba muy bonito, hubiera sido un muy buen día para lavar, la ropa se me hubiera secado rápido, hubiéramos comido la sopa de coditos, las tortillas hechas a mano, con los chiles toreados, luego seguí viviendo y dejando de lado ese momento.

    No les guardo rencor, ni siquiera me importan, ni siquiera puedo sentir nada por ellos, así funciona todo ésto, así uno se da cuenta de lo feo que es la realidad a veces.

    Y a veces uno se apabulla.

    El papá del guía de turistas, se enojó mucho cuando le dijo que iba a ser un atractivo turístico, duró treinta años de minero y dejó su casco rojo, porque nomas los mineros usan los rojos, el guía dijo que los mineros que han muerto creen que están vivos, que ayudan al que se pierde dentro de la mujer, que su papá se murió de ochenta años.

    Desde el mirador, todo se mira genial, espléndido, se contempla la ciudad que está entre dos cerros, y su cielo, tal azul, y sus banquetas, sus olores, sus calles.

    No como aquí, donde aparecen encobijados al sur de la ciudad por donde pasa el camión y por donde uno camina, no como aquí, que la gente es asesinada, no como aquí, que sólo miras rastros de sangre y pólvora.

    ''Amanece para todos'' Dijo, pero no veo el sol radiante, lo veo cansado y sofocado, como todas las casas en donde no hay abanico.

    Juan Rangel de Viesma, supo como hacerlo, hizo magia y cultura.

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  14. ''A la mina antes no bajaban mujeres, porque la mina es mujer y no quiere competencia, todos los mineros son de ella y no los comparte, es celosa y posesiva y al igual que a las mujeres, hay que tratarlas con cariño y acariciarlas''.

    El desierto, tiene también unas carreteras que conducen a otros sitios más habitables, más ligeros y no sangrientos como éste, es que, aunque no se pueda creer, el desierto tiene ciertos rincones destinados a la tranquilidad, lo único malo en eso es, la fastidiosa carretera, con agujeros por todas partes, y viajando uno en una camioneta turística, los jaloneos y tropiezos se sienten feo, se sienten como cuando chocamos aquella vez, y ya no quiero sentir eso.

    La puerta del tiempo, nomas fue el aviso para decirme que estábamos ahí de nuevo, con otro sol, con otra temperatura, con otros cerros, aunque también esa ciudad es parte del desierto, para nada se compara a Chihuahua, con sus callesotas abiertas de patas, con sus parques todos fofos, no, aquella ciudad es otra cosa, es como la novia que le presentarías a tu mamá a la hora de la cena y Chihuahua es la puta con la que te sigues acostando aunque ya te hayas hartado, te la sigues cogiendo porque, no te queda otro remedio, aquella ciudad es hermosa, es como la mujer que sabe de todo, no nomas de las cochinadas, eso hasta cada chingado piso del centro te lo dice, cada pedazo de pared, cada olor a todo, te lo dice, ella misma desde su entrada te grita con su vocecita dulce de trescientos años, que no es puta ni sangrienta ni odiosa ni creída, te dice, la hueles, como si olieras tu más preciado aroma , como cuando por fin haces el amor, así es allá, si, el desierto tiene esas preciosidades.

    Los niños siempre gritan ¿Sabes? Si no estás listo para eso, mejor no los tengas, a mi me dan miedo los elevadores los que están bien hechos, los que tienen puerta, pero cuando tienes niños y eres un miedoso, tienes que amarrarte todo lo que tengas a tu alcance para parecer que eres valiente, y ahí estábamos ella y yo, metidas en un elevador de metal, donde mientras íbamos bajando a noventa metros, se veían los minerales por las formaciones rocosas de ''La prieta'' así se llama la mina, la iba agarrando mientras pensaba en muchas cosas, -Mira donde me traes Leona- pensaba, a mi, que las alturas y la oscuridad no me parecen una buena combinación, ahora estaba en las profundidades de una mujer de oro y plata, en las medias entrañas porque es muy honda, como novecientos metros, pero nomás entramos a noventa, mientras escuchaba el relato del guía, sentía la frescura de la señora mina, tratando de entenderla, y luego, después del recorrido, otra vez para la superficie, oyendo los rechinidos y tronidos de la calesa en donde íbamos, pensando en aquellos mineros, que ya no pudieron volver a ver la luz.

    Las calles allá, son estrechas, bonitas, cómodas, tienen una historia, no como éstas, ya más pisoteadas, ya más choteadas que que, Chihuahua es una mujer ya muy manoseada, ya todos le conocen las nalgas y lo mal que coge, allá, ella es un sueño, no me canso nunca, podría dormir siempre entre sus historias, entre las cavidades de las banquetas, y comer sus panes, y sus dulces de leche.

    ''Sobre todo, la fe''.

    Así dice su escudo, hasta eso tiene bonito la condenada.

    Luego, fue el momento de regresar a donde está el cerro de las luces, a la calle donde vive mi papá, a los tanques de la petrolera.

    A la calle de las piedras y la caca de los perros, a donde estás tú y ellos y a donde pertenezca.


    ''Sobre todo, la fe''.
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  15. El treinta y cinco por ciento de los accidentes cerebro vasculares no presentan síntomas, lo escuché entre sueños, en el radio, es que, a Eduardo le gusta estar oyendo el radio mientras juega en la computadora, mientras todo afuera se mece con el aire tan salvaje y fresco.

    Eso si es cierto, mi abuela no presentó síntomas ese veinte y seis de mayo del dos mil, o sea que, me puede pasar eso y ser parte de esa estadística, no lo sé.

    Las rosas se quedaron congeladas siempre, igual que las tarjetas de felicitaciones, también los festivales, son cosas que están archivadas en un cajón nuevo, nunca revisado, un cajón que debe andar por ahí entre las columnas del cerebro, todo eso, que no conocí.

    Luego, vino mi día, ese día especial, el primero y que nunca se me olvida.

    Eduardo trabajaba en los tacos, pero los domingos eran los días cuando le pagaban ya muy tarde, casi a media noche, así que guardábamos dinero para que cuando llegara el martes que era su día de descanso, pudiéramos salir a comer hamburguesa o pizza, hace once años era tan pequeña, ahora ya tiene dos hermanos y ya usa mi ropa.

    Era otro mayo, diferente, nuevo, el cielo azul y puro, calorón del diablo como eran los mayos y llegó mi primer regalo del día de las madres, me dijo que el la próxima semana me compraba algo ya en forma, pero no escuchaba sus palabras, yo traía a la niña en los brazos, estaba descalza, en pantalonera con una playera sin mangas, y de pronto sacó, un paquete de dulces de tamarindo y chamoy, y Eduardo me dio un beso en la frente, ese fue el primer regalo del diez de mayo.

    Luego vinieron los dibujos disparejos, los marcos de fotos hechos de sopa, flores de papel, cartas, besos pegajosos que huelen a chocolate y dulce, el ''cierra los ojos mami y pon tu mano'' He visto crecer sus pies poco a poco, he visto como cambian a través de los años, he visto sus ojos brillar cada día más, he visto como sus alas se extienden y son más grandes y también, en la panza, donde los cargué a los tres, me revolotean aquellas viejas mariposas de los nervios y de la melancolía, de que los niños son un suspiro, son una tarde de domingo de verano, un té caliente, esas brisas que nos despabilan mientras nosotros, pensamos en las cosas de adultos que tampoco podemos resolver. Cada día se van un poco más lejos, cada mañana es un recordatorio de todo lo volátil que es el tiempo, que no fueron bebés para siempre, que ya tienen otros gustos, cada noche al verlos dormir, me doy cuenta que los nueve meses solamente son polvo de estrellas, brillantina, son dulces pequeños.

    Ayer fue el mayo de la pizza y el pastel, de las mañanitas, de las canciones que me gustan y que, no huelen a podrido.

    También fue el mayo de hablarle a ella, pero no me contestó nunca, ya no me duele, ya no me sangra, ya no me molesta, ella nació de esa manera.

    Antes de que vinieran los mayos de las canciones y las escuelas, estaba el mayo de doña toña, de las plantas que le regalaba, de las ollas que le encantaban para cocinar arroz blanco y elote, chile colorado, frijoles con queso, las tumbas son muy toscas, impiden que a uno lo escuchen, yo le daba el abrazo de mamá a doña toña.

    Sólo tengo una pregunta para ella, que no me contestó ayer.

    ¿Cómo le hizo para vivir y no acordarse de mi? ¿No se preocupaba? ¿No le daba miedo si algo me pasaba? ¿Cómo vivió veinte y ocho años así? Sólo es curiosidad.

    Antier me regalaron mis cosas, salieron de la escuela contentas por verme, una me hizo un marco para fotos con flores y corazones y estaba ahí con su sonrisa torcida como la tuya Eduardo, la chiquita, la que tiene los ojos de lucero, la que es una traviesa, me hizo un mandil y le puso sus huellas y mi nombre.

    Ayer, el mayo de la pizza y el pastel rojo.

    Gracias a Eduardo, fue él el que me dio junto con aquellos dulces de chile, la posibilidad de tener un día de mayo para mi, sin él, no hubiera podido ser nada de ésto.

    Gracias a ella porque, sin ella no hubiera conocido nada y tampoco hubiera conocido a mi papá.

    Algunas canciones, ya no están rotas.
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