Hay palabras que nos persiguen toda la vida.
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  1. Hace mucho que no riego las plantas ni estoy contigo a las tres de la tarde, hace mucho que no veo a nadie conocido, me perdí entre las sombras por querer encontrar una luz.

    Hace mucho, no vamos a comprar chucherías al tianguis, ya no saboreo el café, ya las horas son relativas y el tiempo, las distancias no significan nada para mi, he ido y he venido, hace mucho no hago mis propias labores, de lavar cada domingo y recoger la ropa en la tarde, guardarla, pensar en la escuela, en los trajines típicos de alguien como yo, hace tiempo no escribo poesías, ni te miro a los ojos, hace mucho que también me duele la muela y ese dolor sordo y mordaz, sigue comiéndome poco a poco.

    El domingo, donde quiera que uno ande, es siempre lo mismo, igualito, el sol a determinada hora se convierte en un astro narcisista, el hambre se retuerce entre los zapatos nuevos y de marcas lujosas, el sol poco a poco se derrumba y se hace ese silencio que se le mete a uno hasta el fondo y nos recuerda cosas tan simples como un programa de televisión, los días del verano y las sonrisas de alguien que ya partió, el domingo, pa' donde quiera que uno ande, equivale a soledad y a nostalgia, es como un frasco con restos de azúcar pegados , es el motor de un camión que, nos lleva al final de la ciudad, porque nos trae desde donde comienza, hace mucho no platico sobre los temas de antes, sobre cuando rescataba animales y los llevaba al doctor, me acuerdo de tus berrinches querido Eduardo, porque aquellos gatos se alborotaban a la hora de las croquetas, porque los perros ladraban como locos cada que dejaban un papel en la puerta de la casa embrujada, hace mucho no miro como las estrellas se asoman, ni me subo a la azotea a ver el cerro de siempre, el de las antenas luminosas.

    Me quedé en aquella tarde, cuando tú brillabas como siempre, me quedé en ser sólo yo y no ser nadie más, me impuse rápido a estar así, pero hoy, tengo que volver a la realidad, porque, todo es transitorio.

    La noche huele a vicios que uno se inventa, a obstáculos que tal vez ni existen, que no se han dado, la noche huele a viejas humedades, huele a ese hielo que tienen los fantasmas a cuestas, huele a polvo de calles lejanas y solas y sin pavimento, huele a camiones verdes con asientos anaranjados y también, huele a recuerdos de todas las épocas, la noche es como un trozo de papel con escritos que guardaste y que quieres leer ahora.

    Aquí, sin embargo, entre las sillas que también se sienten mal, entre ésta vaciedad, sólo hay canto de pájaros y silencio.

    Hace mucho que no platico con nadie, no me hace falta.

    El lunes, es un espejo gigante.
  2. Yo no sé, verdad, si alguien ha sentido esas ganas de comerse ese algo que tanto quiere, de saber ahora si, de a de veras cual es su sabor, su textura, a que huele, yo si, yo lo sentí durante mucho tiempo, durante cinco años, yo tenía hambre de comerme ese pastel que veía en diferentes presentaciones, pero era un pastel al que había que aspirar sacrificar varias cosas.

    Luego vino la desesperanza y los tiempos en que las cosas cambiaron, el hambre se fue satisfaciendo con otro tipo de comida igualmente buena, y ese pastel ya lo veía como un recuerdo que no iba a ser al menos por aquí, en éste tiempo, quise postergarlo en vista de que, no podía tenerlo, tal vez, no en ésta vida.

    Luego, alguien me dio ese pastel, me dijo que lo cuidara, que no me lo comiera tan rápido, porque me iba a hacer daño y también podía lastimar a otros, me lo entregó y ya lo tenía en mis manos, era mío, ese pastel que tanto quise, ya estaba.

    Y ahora me veo como esos papás primerizos, que no saben que hacer con su niño, que no saben porque llora y le llaman a la suegra en la noche para que vaya y los ayude, todos diciendo como comerte el pastel, donde guardarlo, con quien compartirlo y con quien más vale que si lo compartas, ahora estoy así.

    Que bueno que no me llegó antes, porque, no hubiera estado lista.

    Yo vuelvo a la casa cuando el día apaga la luz..
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  3. Me fui pero parece que no me fui, todo el tiempo regreso a éstas calles tan antiguas, las conozco tan bien, caminé por ellas durante muchos años, las conozco vívidas y trémulas, alegres de la primavera, nostálgicas del otoño y gélidas por el crudo invierno que de todos modos, acoraza los rincones de las tapias.

    El verano, siempre es igual por aquí, el sol se pone extenso al centro del cielo, particularmente hoy, hay un cielo azul claro, hay dos o tres rayones de nubes, como si estuvieran espolvoreadas, hoy es un día soleado de invierno, en un mes muy frío, me paré en la esquina de la calle privada, donde se observa ese cerro gigante que se asoma desde donde estemos, se ve enorme y pequeño, se ve desde la azotea de aquella casa, mi ahora casa, donde vivimos desde hace más de medio año, se observa más o menos chico, con sus antenas brillando, todo ésto mientras las torres de Ávalos, me indican que están más cerca que el cerro.

    El sur de la ciudad, siempre fue desolado, hay una crudeza entre sus calles apenas pavimentadas y otras que siguen con piedras y cacas de perros desperdigadas lo raro es que, aquella casa, aquel sitio, ya no es tan extraño para mi, ya es familiar, ya los domingos no me parecen diferentes, ya puedo reconocer a más de tres personas que pasan, ya sé como se llama la señora del mandil blanco que, todos los días carga dos bolsas negras retacadas de tortillas de harina que vende en la tienda del barrio, donde, también y desde hace tiempo, comenzaron a reconocerme.

    No me fui del todo, vuelvo aquí todos los días y luego, ya tarde, las dos niñas esperan quietas en la puerta escolar, ya no caminamos de regreso por los viejos trayectos, y el golpeteo del autobús y todas las indiferencias nos acompañan hasta la esquina, en ese largo camino, en ese largo paseo diario, es que, el rechinido de la reja gris y tus ávidos ojos, me resultan agradables, tal vez por eso, la casa esa, donde ahora estamos, ya me sea familiar.

    Somos unos granos de tierra en medio de otros granos, lo supe esa tarde de hace tres días cuando, salimos entusiasmados y tú intentabas rodar el tanque para llevarlo a que le pusieran unos pocos litros, supe que éramos tan pequeños entre otros seres iguales de pequeños, mientras ideábamos como transportarlo, mientras intentábamos ponerlo recargado en la carreola ya desgastada, y ni siquiera avanzábamos una distancia razonable, entonces me di cuenta de lo infinito del universo y entendí eso de ''Uno en un millón''.

    Un cilindro de gas fue el parteaguas.
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  4. Hace ya muchos años no estaba todo tan quieto, tan serio, tan no revoltoso, siempre fuimos de no poder tener nada en su sitio por todas las cuestiones aquellas, las tuyas y las mías, tú, por mucho eres y serás mi favorito.

    Realmente, no sé con cuantos hombres tuve algo que ver, no sé el número preciso pero, a ninguno amé, a ninguno quise, tal vez a algunos les tenía cariño o aprecio, pero nunca amé a ni uno de esos hombres; tú, por mucho has sido mi favorito y lo más cierto que he tenido.

    Tú me diste una casa cuando no tenía una, me enseñaste a tomar leche de caja y a desayunar siempre, me curabas cuando me dolían los pies y cuando me salían ampollas, todas las noches me ponías de esos toques de violeta y yodo, después, con mucho cuidado me vendabas los talones y me dabas un beso para antes de dormirnos.

    Los gatos nunca fueron de nuestro agrado hasta aquel negrito, al que nadie quería cuidar porque pensaban que era de mala suerte, o porque pensaban lo mismo de siempre, porque todo era igual, nomás el año representaba era el siglo XXI, llegó todo dormido y chiquito y sus ojos siempre miraban, eran tan verdes que, creí que el veía de color verde, que cosas, porque ya sólo quedan recuerdos y algunos que otros pelos en las chamarras que hace tiempo no se usan, y en los sacos de hoy, en las mascadas de mercenario que, acostumbro a usar.

    Tú siempre serás mi favorito.
  5. En abril comienza hacer calor de ese calor de los buenos, de los que anticipan muchas tardes cociéndose en algún trabajo y anhelando que ya sean las cinco para salir corriendo -como siempre-

    Ya me es familiar el cielo desde éste lado de todo, de los todos lados y de las nadas, de las piedras flotando en alguna cobija que dejaron desde quien sabe cuando tirada en medio de lo que parece y podría ser una calle, también pavimentada en su mitad; ya me es familiar, todo éste asunto de las desmañanadas y de ver a las mismas señoras gorduchinas esperando el camión recién bañadas, como todos los que estamos parados esperando lo mismo, el paso desangelado de un autobús blanco con verde.

    ''Plan de Ayala, Valle Dorado, Ávalos''.

    Yo siempre tuve que barrer y trapear a la edad de los ocho años, cuando mi abuela se cayó en un supermercado por bobear y no levantar los pies y por poner el trapeador abajo del carrito del mandado, yo siempre tuve que ''cargarme'' en el piso para que permaneciera blanco, tuve que cuidar al papá ebrio, a los hijos no deseados que nacieron y también a los viejos fantasmas.

    A los ocho aprendí a hacer el quehacer.

    En las tiendas de abarrotes, predominan los mostradores llenos de cosas dulces, de cocholates, de galletas, los refrigerados, están avasallados de, sodas y de bebidas que, en otroras, no disfruté como era debido, la diversión siempre fue un tabú, por eso de grande brincaba en las camas, por eso a los veinte, me iba a donde estaban los juguetes ¿Te acuerdas de la sopa de las princesas y del cereal de Bob esponja?.

    La infancia estuvo en otro planeta siempre, era algo paralelo a mi vida, en los tiempos de algún Dios, no era yo niña sino grande, en los tiempos de hoy, para ese Dios, debo ser niña y no grande.

    Mi cara no es de treinta y uno, es atemporal y andrógina y mi ropa de segunda mano, también está fuera del tiempo.

    A los doce me quiso enseñar a cocinar, pero me equivoqué y me iba a poner la mano en el comal, desde ese entonces sólo enciendo la estufa para lo más básico y aprendí a cocinar baratijas que ya vienen sólo para recalentar, no sé hacer una comida en forma.

    En cambio, tú enciendes la estufa y después existe la química entre ella y tú y después, salen las obras de arte, después, haces esos panecillos que, extraño cuando me aburro en alguna oficina viendo gente igual de mecánica que yo, que nos hicimos números, que nos hicimos palabras como ''Reclutadores'' ''Finiquitos'' ''Contabilidades'' Tú no, te quedas en la luz naranjita del sol del invierno, tomando el café que sabe a las tardes de las tareas de las niñas y la nostalgia de las viejas épocas, observas la luz transfigurarse por las ventanas y los rosales que luchan por permanecer.

    Tú siempre eres mañanas y tardes, tus ojos siempre destellan luces ocres y amarillas.

    Y ya cuando, el sol se quedó pegado en el cielo rehusándose a irse, el platito hondo ese, de bordes verdosos y puntos cafés, me espera rebosando de algo, de sopa de coditos, de fideos, de frijoles y tortillas.

    Tu comida sabe al amor de una mamá que ya no está y de una que nunca estuvo.

    Sabe a la lumbre brava que sale porque aquí no llega el gas entubado, sabe a ese medio día mientras la preparabas y la dejabas lista para todos, sabe a tarde noche, y a todos esos veranos de cuando no te conocía.

    Por eso ahora de grande, soy niña.

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  6. 11:45 am.11:30 am, 3:00 pm, 3:33 am.

    Todas esas horas significan algo para mi, cosas buenas y malas, se le suma a la lista:

    5:22 pm, lo ''gacho'' o lo inesperado, siempre pasa cuando la gente cree que sus colmillos saben más que la mayoría, ya cuando el cielo se apagó del sol, cuando las estrellas del invierno en el desierto, salen a presumir de sus bellezas inalcanzables.

    Eran las 5:22 aquí, pero eran la 1:22 en Finlandia.

    Mi abuela se enfermó de lo mismo hace casi trece años, fue en un día del padre cuando, tomó un descanso y no duró acostada ni dos minutos cuando se levantó gritando que estaba mareada como nunca antes se había mareado y que, todo se movía a su alrededor, pasaron pocos segundos y ese ''black out'' se fue, pero volvía a los pocos momentos, y empezó ese día veinte de junio del año dos mil cuatro, el peregrinar, hasta que todo se terminó el tres de enero del dos mil once.

    Fue a las 5:22 pm, pero no tomé el camión hasta una hora después, mientras que ya oscuro, toda esa gente en la parada, esperaba lo mismo que yo, pero diferente, pero a la vez igual, me tardé en llegar a su casa unos cuarenta y cinco minutos, corría por todas las calles que conocíamos, y cuando por fin llegué, con voz pausada e inexplicablemente tranquila, le dije que me abriera, es difícil describir a la gente que uno ama, cuando está enferma, y él, estaba tambaleándose por todos lados, encorvado, nervioso, a mi me estaba llevando el carajo, es que, ya sé que un día se va a morir, pero, no estoy segura de poder entenderlo y dejar que se vaya.

    Después de muchos nervios, preguntas y risas de esas que no dan risa, logré acomodar un colchón que tiene de sobra, que no ha tirado a la basura, lo acomodé junto a su cama, en la mini recámara de la casa de más de ochenta años de antiguedad, en la colonia de más de ciento y pico que fue formada, él después de todo, se durmió como niño, '' A pata suelta'' soñando tal vez, no sé que, no sé con quien, y yo, pues, tapada con una cobija roja, con mi abrigo enrollado como almohada, con otro cojín para que fuera todo eso más en forma de cama y poder dormir, fumando y levantándome, pensando en que, todo no podía acabarse así, ahí, de esa manera.

    La verdad es que, si se levanta temprano, si se levanta a las tres y media de la mañana, si se mete a bañar con agua fría, si desayuna pan tostado con té, si hace todo eso que me dice cuando hablamos por teléfono, entonces a las cuatro, como en los viejos tiempos del super, estaba viendo el noticiero ese, el que pasan en las mañanas, donde uno ve a gente arreglada, con traje, con buenos peinados, ese mismo, el de siempre.

    El de todos los días.

    Luego, tuve que regresar a mi lejanía, a los llanos, a la tierra despegada y a encontrarme con los ojos que siempre me miran.

    Luego al día siguiente, el reloj volvió a marcar las 5:22 pm, así como cada lunes marcan las 12:20 del día, como ese lunes de marzo, cuando escuché el impacto entre dos autos y experimentamos los segundos más largos de todos.

    Mi abuelita se enfermó de lo mismo, esa tarde del domingo, cuando era día del padre.
  7. Durante las vacaciones de invierno, es difícil poder realizar cosas como la lavada de ropa o de salir a regar porque, hace mucho frío, pero también, es divertido ver a los niños correr, ahora en ésta casa hay un pasillo que parece a veces siniestro, a veces solitario y a veces simplemente, es oscuro, por ahí agarra el carrito que le regalaron y lo rueda, y grita con sus gritos de niño bebé, y las grandecitas, ellas acomodan su cuarto, yo observo que tal vez no he hecho tan mal algunas cosas.

    El café siempre ha sido el vicio que se me arraigó, sucede que desde mis cinco años, le preparo el café a mi papá, café negro y sin azúcar, mientras mi abuela toña, escuchaba ''Radio ranchito'' por esos días donde ya la imagen de Lola, se había desvanecido.

    A mis diecinueve, comencé a preparártelo, tú me decías que quedaba espumoso, como esos de las cafeterías nice a donde ahora va toda esa gente a la que llaman ''hipster''. Teníamos unas tazas que eran de tu difunta mamá, yo la miro en las fotos y la veo tan tranquila, con su pelo corto y chino, sonriendo mientras tu papá, la abraza, yo los miro y trato de entender esos cuarenta años que pasaron juntos, hasta esa noche de noviembre del dos mil uno.

    Pero, tú siempre hiciste de comer.

    Recuerdo que teníamos la caja del stereo, y tú te sentabas en la orilla de una caja de tapa roja y yo en la orilla del colchón inflable, comíamos pastas, sopas de coditos, enchiladas y como en ese entonces, no costaba tan cara, también comíamos carne, y platicábamos al respecto de los estudios, del trabajo y de si encargábamos un niño a finales de ese año, pero luego nos quedábamos callados pensando que, teníamos que encontrar primero un sitio más grande para poder tenerlo, pero ella quiso venir de todos modos.

    Tú quisiste llorar cuando la vimos en el ultrasonido.

    La cocina siempre ha sido el lugar donde hemos compartido muchas cosas, feas, bonitas, donde hemos llegado de comprar mandado y yo te ayudaba a guardar las cosas, mientras allá afuera ya todo era silencio.

    Siempre podré encontrarte ahí.

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  8. La navidad transcurre como si fuera un día de primavera, no hace frío y la ropa se seca paciente ahí en los tendederos.

    Es que, todos los domingos se lava la ropa, excepto cuando llueve o hace mucho frío, así como hace tres domingos.

    La navidad, transcurre sonriente entre carcajadas infantiles y música de los 80's, el árbol rosa de luces azules, tiene que aprovechar cada momento pues, en muy poco tiempo se tendrá que guardar y pasar once largos meses metido en una de esas cajas que mueve uno para todos lados, pero hoy está, adornando la sala que, está alumbrada por los rayos del sol de las tres de la tarde.

    Pasa la navidad, silenciosa, se escucha por el pasillo tan largo y oscuro, las risas acompasadas de los juegos improvisados, mientras la ropa sigue esperando, ya algo impaciente por estar guardada en los cajones.

    La navidad sabe como a dulce y café, sabe a reposo y a reflexión de tiempos que han sido y nadie puede decir que no, mi papá, está allá lejos, atrás del ''Cerro del coronel'' y de todos sus antenas que encienden en la noche, hoy las tiendas del barrio están cerradas, la tierra está pegadita, los perros vecinos están quietos, no hay ruidos, ni escándalos.

    Si, parece hoy, que es navidad, cualquier día, un domingo cualquiera de primavera.
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  9. Mi abuela siempre quiso que la casa fuera de dos pisos, quería tener su recámara arriba y la mía que estuviera abajo, nunca entendí para que, si siempre era yo, quien la ayudaba cuando se ponía mala.

    Un día de verano del año dos mil nueve, mi tía la que se llama como la virgen, decidió que mi abuela ya no viviera en ese sitio, y empezó a vender todo, los comedores, los sillones, el trastero, las televisiones, y lo que no vendió, lo echó a la basura, tiró mi cuadro donde salgo con cara de tonta, ese en donde tengo la edad de seis años y llevo puesto un vestido color melón, tuvieron que recogerlo los vecinos y dárselo a mi papá, quien a su vez me lo llevó a la casa de las rejas azules y el patio gigante, esa, que está en la calle veinte y siete.

    Como dos meses después, ya entrado el otoño, Doña Antonia se había ido a vivir con ella y una maestra compró esa casa, yo cada que pasaba volteaba y ellas me miraban mal, hasta que me fastidié y les dije que el único derecho que me quedaba sobre esa casa, era el de poder verla, así que no les afectaba, y se quedaron calladas, como admitiendo eso.

    Ese lugar, ha pasado por todas las transformaciones viables para un terreno, ha sido desde taller hasta covacha, hasta cueva, casa y alguna vez, intento de hogar, ahí pasé golpizas, navidades sin chiste, cumpleaños olvidados y lecturas solamente acompasadas por Vivaldi o cualquiera de esas personas que, también tuvieron sus vidas opacas.

    También fue el sitio de donde me brinqué la barda para estar contigo cuando tenía diecinueve, ese día de agosto cuando mi papá te decía que ni soñando podría vivir contigo, que ni te hicieras ilusiones, que eras demasiado viejo para mi y que estabas muy vivido, que lo olvidaras, pero a mi ni siquiera me importó desafiarlo, salté de esa barda y te encontré en la otra esquina, caminando con un envase de soda ya vacío, cabizbajo, corrimos quien sabe hasta donde.

    Mi abue, siempre quiso que su casa fuera de alto, la derribaron porque, decían que espantaba, puede ser, ella quería mucho esa casa.

    Ahora ya no la miro, ya ni vivo en esa colonia lejana, ya no hablo con Reina, ni con la Señora Alma, ni con Lili, tampoco vivo en la casa roja, ni voy al parque.

    Algún día volveré al Santo Niño.

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  10. La casa donde, viví con mis padres no era una casota, pero era divertida, no sé exactamente que cosas habré tenido que pasar, pero recuerdo una muy puntualmente.

    La última navidad.

    Mi mamá, siempre ha renegado de su apariencia, nunca ha aceptado sus raíces costeñas, ni su piel tostada por el sol del mar, que no es el mismo al del desierto, ella siempre ha ido en contra de su propia naturaleza y en contra de su propio sistema, mi mamá, me compraba en los escasos días amorosos, vestidos con olanes y hacer moños con los lazos que traían en la cintura, pero siempre me quedaban grandes no entendí nunca el porque de sus decisiones de comprarme ropa siempre muchas tallas más grandes que la mía.

    Cuando pasó todo, mi abuela en un arranque de esos de histeria, me dijo: ''Vamos con clarita, para que te convierta esos ridículos vestidos que te compró Lola, en vestidos para tus muñecas'' En ese entonces, la panadería y los recibos, estaban muy lejos.

    Esa última navidad, fue también la última para el matrimonio de mis papás, un matrimonio insípido, sin ganas, sin ilusión, ahora en los días de la adultez y de sin pelos en la lengua, él me platica, que nadie acudió al registro a festejar nada, ni a darles un abrazo, ni a decirles que les deseaban suerte, ni a decirles lo perdidos que estaban, todo ocurrió administrativamente aburrido.

    Mi boda, mis bodas, la del civil y la de la iglesia, fueron divertidas.

    La última navidad, fue perfecta, la recámara antigua estaba iluminada por un foco de los de antes, de los que usaban las viejitas que hacían atole en las noches, daba una luz radiante y amarillenta, y mi papá sonriente y mi mamá igual, me dijeron que fuera al árbol que estaba en la sala, un árbol blanco, con esferas rojas y verdes, escarcha plateada, decorado con cierto esmero, y abajo, estaba todo aquel revoltijo de regalos envueltos en papeles donde había gente dibujada que estaba riendo a carcajadas, niños abrazándose, me insistieron a que, me asomara para ver que me había dejado Santa Claus, y pues, me dejó muchas cosas, un chinguero de cosas , muñecas, un suéter rojo, unas mallas, un nenuco pelón y por supuesto, una barbie rubia de pelo largo montada en un caballo blanco.

    Es difícil explicar, lo que sentía en ese momento, nunca sentí tanta magia dentro de mi cuerpecito de cuatro años, ellos estaban felices, sonreían todo el tiempo, yo estaba feliz.

    A mis ocho, ya no vivía más con mis papás, mi ''jefecita'' decidió emprender un camino por su cuenta, criar niños es un talento que no todos poseemos, si, yo si lo poseo.

    Mi papá, se volvió mi papá y mi amigo y yo me volví como su amiguita de juegos y su muñeca, y después me volví su mejor amiga, luego su hija a la que podía contarle las historias de terror más ''gachas'' Era su compañera de juegos porque, jugábamos a las princesas y a escondernos de un león, jugábamos a que las pelusas de la cobija eran estrellas, nos metíamos debajo de las cobijas con una linterna y hacíamos de cuenta que estábamos echados en un pasto y que un león salía de pronto, entonces nos quedábamos callados y nos reíamos de la nada.

    ''Eso del Santa Claus es para niñas bobas que no se saben limpiar la cola, eso no existe, quien te compra tus mugres es tu papá''.

    Por favor, no hay que juzgar a mi abuela, ella nunca pudo superar sus sufrimientos infantiles, su amargura la rebasó, pero está contenta ya, donde está tiene muchos juguetes.

    Después de la última navidad, ya no tuve más navidades, ni cenas, ni amigos, ni nadie, sólo mi perra pitbull, pero como era de esperarse, murió cuando cumplió los siete meses de edad, tampoco tuve cumpleaños, ni piñatas.

    La infancia, es un acrílico transparente, hay que pintarlo de todos los colores más brillantes y reflejarlo al sol, debería ser la época más transparente, más dulce, es tan fugaz.

    Nacen los niños con todo, pero a algunas mamás les faltó la actitud.

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  11. 13133163_10205355861969896_3617215911974972477_n (1).jpg 12592725_10204763045069844_591271647097594178_n.jpg
  12. El alcoholismo, siempre ha existido dentro de los genes de quienes me rodean, a mi nunca me gustaron las drogas y jamás las probé, ni las he probado, ni las probaré, solamente dos veces he bebido y han sido las dos veces más fatales en las que me he sentido.

    A Ferris lo trajó mi papá, un domingo de esos de Beltane, de esos donde no hace ni frío ni calor, donde el cielo está azul pero gris, donde la ropa de la lavadora sigue tallándose pues, quiere parecer nueva, se bajó del mustang verde y casi me lo encasquetó cuando salí a verlo, Ferris ha sido uno de los pocos aciertos que he tenido con el tema de las mascotas.

    En ese entonces, todavía no existían las ganas del derrumbe, éramos lozanos y amenos, mi cara no era grasosa, mi cutis se arruinó cuando entré a trabajar a la panadería, empezó a llenarse de acné y acumuló grasa y puntos negros, pero para ese entonces, a Ferris ya le quedaba poco tiempo conmigo.

    Él se fue antes que tú...

    Mi panza, era enorme, pesada, un bebé se movía para un lado y para el otro, mi papá estaba ingresado en el área de urgencias por un dolor en el estómago, hasta ese momento su vida había sido un ir y venir de excesos, de corajes, de rencores, falta de comprensión y tal vez, amargura, solamente me decía que sentía que se iba a reventar, llevaba puesta una camisa roja color vino, un pantalón de vestir azul marino y sus zapatos guindas, yo traía en ese entonces el pelo muy corto, una blusa a rayas que denotaba más mi panza y un pantalón de maternidad, éramos Adrián y yo luchando con el tiempo y los médicos lentos y muy canijos que no atendían a nadie, también sentía el reborujo del hambre que no era mía, era de Adrián y su deseo de dormir pero, en ese momento no había nada arrullador para él.

    Le pusimos Adrián porque así se llamaba mi cuñado que murió siendo muy joven.

    Las tías tontas, llegaron cuando el calor de septiembre del dos mil catorce, estaba apagándose por la calle de la escuela, mi panza era asimétrica, de un lado el bebé, tratando de desaburrirse, yo ni siquiera sabía el destino que mi papá estaba corriendo ahí adentro, me salía a buscarlo entre los internados que se veían acostados por un área restringida pero que por las rendijillas de letras y letras se mira la gente acorazada de sueros, no tuve suerte, una de mis bobas tías me compró un burrito y una soda, entonces Adrián que, se retorcía en parte por enojo y en parte por hambre, se quedó quieto, dormido, pero yo, caminaba por la rampa, mis tías se fueron y de repente la sala de urgencias parecía desierto, salía yo, a asomarme y miraba la calle que conducía a la escuela, miraba el puente y luego volvía a mirar la calle de la escuela, Adrián dormía, como un pececito que flotaba.

    Como a las cuatro me avisaron que ya no lo iban a operar, y entonces caminé por el puente para ir por la ropa y después, él dejó de tomar pues, no quiso ver más mi cara de susto y le prometió a Dios y luego a mi y a Adrián, que nunca volvería a tomar, tiró todo el tequila y el agua loca y el tonayán...

    Ferris se murió un cuatro de mayo, era sábado, yo llevaba puestos unos jeans verdosos con flores desgarbadas y una playera rosa con unos conejos sonrientes, pero el ambiente era totalmente contrario a esa playera que manifestaba alegría.

    Ya no me queda nada de Ferris, sólo sus recuerdos y una o dos fotos que no me dicen nada.

    Mi papá no ha vuelto a tomar desde ese dos de septiembre del dos mil catorce.

    Adrián es wero...

    Se baja en la noche de su corral y se duerme con nosotros, nos dormimos agarrados de la mano.

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  13. ''El amor se colgó una tarde, hace ya muchos años''.

    No es que no me moleste o me duela, es sólo que hace tiempo vengo haciéndome a la idea de todo ésto, o sea, desde hace unos meses o tal vez un par de años, inclusive en los días más felices y menos desafortunados, sabía que tú te irías, quizás no en ese preciso momento porque, siempre hay espacio para el postre o porque estaba lloviendo o porque hacía demasiado calor, pero de todas maneras tarde o temprano éste día iba a llegar y desde luego, no podía permitir que me tomara por sorpresa, así como me tomaron desprevenida otros cuantos días. ¿Sabes? pienso que, si hubiera estado lista para esos días también, no me hubiera quedado ''Chiflando en la loma'' lástima que no lo tomara en cuenta.

    No creas que es una más de mis ideas con rabia o iracundas, en realidad no tiene caso tratar de tener a un pájaro encerrado, las aves nunca se hicieron para eso, en realidad es que, como me prepare para éstos momentos pues, tengo la suerte de aceptarlos, es que, era tan obvio, lo que sucede es muy fácil: Tú no te veías, pensabas que, pasabas desapercibido y, cuando sentí las mariposas feas en la panza, entendí que debía estar más que entrenada para cuando llegara ésta ocasión, así como muchas otras ocasiones, inclusive las buenas y las mejores, como te digo, también en esas veces, ya sabía que te ibas.

    ''El amor se colgó esa tarde cuando regresamos de comprar el mandado''.

    Empecé a escuchar otro tipo de canciones, unas que, tuvieran el significado que yo no podía darle, por supuesto que de inicio me sentí una porquería, después me empecé a preguntar si eso me estaba pasando a mi, pero no le dije a nadie, a nadie, ni siquiera a mi sombra, es más, todos pensaban que no tenía idea de lo que iba a pasar, te apuesto a que esa gente, lo supo primero que yo, pero fue bueno mentalizarme, si, cuando me estaban arreglando para la iglesia, ya sabía que tarde o temprano te irías.

    Inclusive lo sabía en los domingos de películas y de creepypastas, lo sabía en las enfermedades, lo sabía la navidad pasada, en los días más fríos de enero, en febrero y en marzo cuando chocamos y te abriste la frente, lo sabía mientras te miraba preparar así como tú preparas la comida, cuando íbamos al parque, cuando ibas a arreglar alguna computadora a una colonia lejana, en los viejos días de los aniversarios que, en poco tiempo no serán más que líquido pegajoso del que tanto odias, tarde o temprano iba a llegar éste día, no podía permitirme que me tomara por sorpresa, cada día desde hace algunos meses o tal vez un par de años, vengo haciendo ensayos sobre ésto, vengo trazando cada sensación, imaginando como podrá sentirse, ésto con la finalidad de, cuando la sintiera de a de veras, ''de a devis'' no doliera tanto y pudiera ser racional, es que, comprende por favor, que, hubiera sido más que lacerante, llegar del trabajo y que me recibieras con la noticia, yo ya sabía que tarde o temprano te ibas a ir.

    '' Y flota en un limbo atolondrado''.

    Fue un día por la mañana, cuando sentí esas mariposas mala vibra, supe que las cosas no iban bien, entiéndeme un poco, tú vas a volver a donde alguna vez, fuiste completamente feliz, yo no podía permitir que, tu decisión me agarrara desprevenida, tú crees que me da igual el dolor, la verdad es que soy muy poco tolerante, por ello, necesité encarecidamente hacerme a la idea del vacío y de no tener conversaciones adultas durante un buen tiempo, espero que entiendas que borrar un marcador permanente, lleva muchos procedimientos, no es sencillo hacerlo, ¿Te puedes imaginar la cosa que hubiera sido, que me lo soltaras así? Así, explosivamente, así como eres tú.

    Eso si hubiera sido devastador.

    ¿Ahora entiendes cuando te decía que el amor de mi vida no existe? ¿Ya ves que no era por mis amarguras? ¿Puedes ahora darme el beneficio? ¿Ves como todo ahora comienza a tomar forma?.

    Comprende un poquito, tú volverás y recuperarás tu identidad, yo me voy a quedar como esos pergaminos en las botellas que flotan por años en el mar, tenía que prepararme para todo ésto, yo no tenía ningún plan B, tú te duermes, yo me quedaba pensando en éste día, y ha llegado, y todos mis preparativos, mis entrenamientos, están funcionando, entiéndeme en serio, no podía dejar de obviar ésto, imagínate por favor, que hubiera sido de mi, si al llegar de la escuela a las tres de la tarde, me hubieras soltado ésto, así dolorosamente, así como tú eres en los últimos tiempos.

    Lo supe desde que te vi en la iglesia, aún con tu sonrisa, ya sabía que tarde o temprano te ibas a ir.

    Mientras, seguimos aquí.


    ''El amor se colgó a escondidas, esa vez
    que nos fuimos a comprar mandado''.


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  14. En la vida pasan cosas muy raras, cada día ocurre algo diferente, extraño e inesperado, mi abue fue una de esas cosas raras de la vida.

    La gente de antes, que nació allá en los años 20's tan lejanos ya, tan extintos, tiene un carácter de mierda, sólo que algunos saben disfrazarlo perfectamente con mimos, con dulces y besos, saben ser, de esos abuelos como mi papá, así muy como sobreprotectores, intolerantes al llanto de los niños, gustan de los abrazos, y de regañar a los hijos que se han convertido en padres, pero en el fondo apesta el carácter de la guerra, de la revolución y algunos aún no superan a ''Pancho Villa'' mi papá iba a la universidad vestido de ''rockero'' por eso salí así yo, en gran medida mi abue arrasó con toda muestra de cariño, amor, en la otra gran parte, quedó la desolación, decepción y tristeza permanente que mi papá, el pobre, alimenta con cariños y preocupaciones.

    Ella era, alta y robusta, medía 1.75 siguió midiendo eso después del derrame cerebral y las pastillas para adelgazar la sangre, hacía muchas comidas pero, no te confundas, su comida aunque era buena, nunca se igualó a la tuya, que a pesar de todo, sigue siendo una obra de arte.

    Ocho años es muy poco tiempo, ni siquiera podría acabalar el crédito para obtener la casa que, tanto he querido, y si llegara hacerlo tendrías que terminar de pagarlo tú, es que, por donde le veas, ocho años o tal vez nueve, es muy poco ellas tendrían dieciséis y catorce, él tendría ocho años solamente, perdería todo lo demás, no lo sé, ¿No piensas que ocho años son poco tiempo?.

    La columna siempre fue algo desapercibido, es irónico porque de chica jugaba a que me quedaba inválida, jugaba a que me moría, jugaba a que iba a ser mamá, es irónico porque, en ese entonces nunca me dolió hasta hace unos años, creí que era por varias razones, golpes de la infancia, caídas, malas posturas y tal vez el duro golpe del palo o el fuete que mi abuela me propinaba de vez en cuando... De vez en siempre, muy seguido...

    En ocho años, tendré treinta y nueve, la edad en todo su apogeo...


    ''¿Si sabes que de eso se murió Joan Sebastián? No me suena a una neoplasia, es una metástasis''.

    Por eso te digo, que aunque acabalara el crédito de la casa, tienes que seguirlo pagando tú.

    Hoy he querido ir a ver a mi papá, él es muy sensible, es como un adolescente atrapado en el cuerpo de alguien de sesenta y uno, él a veces se sale a caminar, antes caminábamos juntos, pero desde que, vivo en éste terregal seco y lejano, sólo nos vemos de lunes a viernes, como en los trabajos, como en las telenovelas que mi abuela veía, como en algunas series, no sé, he querido ir a verlo, pero él me ha dicho que lo deje para mañana, mañana hay que ir al médico, mañana nos veremos, pobre, va a tener que vivir contigo después de todo.



    A su debido tiempo, te voy a decir que nunca me gustaron tus juegos de rol, pero no te criticaré más, nunca me has dicho nada acerca de mis gustos tan ''sui generis''.

    Ocho años son suficientes para aprender a bailar.
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  15. Fue en las vísperas del día del niño cuando me dijiste que ya había llegado la notificadora con esa hoja tamaño oficio que esperábamos, me lo dijiste por teléfono, no sé si te acuerdes que estaba yo en la escuela de las niñas preparando junto con otras mamás la espectacular ''Casa del terror'' que no era más que un viejo salón lleno de polvo y de un piso de mosaicos de los de antes, de esos moteados, grandes, que tienen un raya negra por los bordes, me decías eso de la hoja de tamaño oficio, en tanto yo, le echaba pintura vegetal de color rojo, a unas telas de lino que emulaban unas cortinas manchadas de sangre, porque a los niños de ahora les gusta eso de los ''slashers'' y cosas absurdas, además a mi siempre me ha gustado el terror y por eso decidí ayudarles, todo ésto, cuando tú me decías que no entendías lo que esa hoja tenía ahí escrito.

    A las ventanas del salón, les pusimos papel de china negro para que se viera oscuro, tenebroso, también me encargué de decorar una lápida junto a uno de los Profesores, pero siempre algo me hacía caer en cuenta, que al llegar a la todavía casa, me esperaba esa hoja perfectamente bien extendida, con letras negras mayúsculas, diciendo cosas que a simple vista, sólo forman enunciados o frases, pero que,acomodadas de manera estratégica daban como resultado algo sombrío y deprimente.

    ''Tiene cinco días hábiles para pagar el monto de la deuda de lo contrario se procederá al lanzamiento del bien inmueble''.

    Y pues, si no había podido conseguir nada durante tres semanas, menos en cinco días hábiles, la hoja tamaño oficio, poco a poco fue perdiendo forma de hoja, agarró forma de rollo de telescopio con los que yo jugaba cuando era niña a ver los planetas, luego al desdoblarla parecía un chicharrón de los que venden en la tortillería ''Santo Niño'' de esos chicharrones que tú haces en aquellos domingos, no sé cuantos abogados la vieron, pero la última abogada, de esas insensibles y algo misántropas -más que yo- Dijo que no había remedio, que me resignara, pero no podía ¿Pues cómo? Además que verguenza, con toda la gente viendo como nos sacaban las cosas a la calle, uno tiene sus muebles así, muy de mírame y no me toques, pobre Ville, él acostumbra a tomar la siesta a eso de las diez u once de la mañana, ahí también lo iban a echar, si hasta a mi papá que no le gustan los animales, decía que pobrecitos, que se iban a perder y los iban a atropellar.

    El último Licenciado que desarrugó ese cacho de hoja, ya todo maltratado y machacado de mugre, sudor, lágrimas, me dijo que fuera corriendo a la Ciudad Judicial, que me tenían que enseñar el expediente ¿Recuerdas que te dije que iban a poner un candado y luego a llevarse las cosas a una bodega?

    Nunca me han gustado los elevadores, así que subí corriendo por las escaleras hasta el cuarto piso, donde un juez me explicó que nomás era que fuera el señor a promover el desalojo para que en ese mismo momento fueran y nos echaran...

    Hay palabras que nos persiguen toda la vida.

    El señor nunca fue a promover nada y un domingo de junio, llegamos a ésta casa que tiene más de treinta años, aprendí de los camiones y de despertar con el canto del gallo...

    Hay palabras que nunca se olvidan...

    Tampoco la casa de los fantasmas. 12651858753_6ee6c7caaf_b.jpg
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