Hay palabras que nos persiguen toda la vida.
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  1. Aquel día estaba muy soleado, era un día bonito en teoría, el sol entraba por todos lados, lástima que no pude apreciarlo bien.

    Yo estaba acostada tapada hasta la cabeza, hablando por teléfono con las personas que me conocían para reafirmarme que no era yo una mierda como estaban diciendo en algún sitio, lo que no pensaba era que eso lo tenía que saber ya de por si, porque la gente es impredecible, porque la gente ahorita está bien y a la media hora ya no, porque la gente es como un laberinto, tenía unos pantalones de pijama verdes con puntos blancos, los había comprado el día anterior, por la mañana allá en el mercadito, cómo todo había cambiado de un día para el otro, cómo la tristeza se apoderaba de mi a cada instante, platicaba con mi amiga, me decía que todo era un chisme, que me tranquilizara, mientras que ese sol del domingo, hacía su mayor esfuerzo por calentar un poco mi corazón y aclarar mis pensamientos, pero no lo lograba, cerraba mis ojos de forma intermitente para sortear el miedo y la desesperación, conciliaba el sueño de a poco pero no podía hacerlo bien, no quise comer, escuchaba las mismas canciones de siempre pero sonaban ahora distintas, mientras que el sol, seguía entrando por todas partes.

    Ese día, no hubo ropa para lavar, no tenía ganas de hacerlo, ni siquiera me quité la pijama y evitaba leer esos malos comentarios, era un día bonito, desde la mañana que encendí la tele y vi al hombre araña trepándose por las paredes en esa película, la lila bailaba al ritmo del pequeño vientecillo que soplaba a ratos, mientras que en ese sitio, me comían por partes, yo sentía que las tripas se me iban a salir en cualquier momento.

    Pero como todo termina, también ese domingo se acabó y todo quedó en penumbras y en oscuridad, en silencio, con el pensar de que al día siguiente debía encarar a la vida como siempre, fueron días difíciles y también han quedado atrás. Lo único que me quedó claro fue que todos ellos, pensaban eso sobre mi y que esperaban cualquier pretexto para manifestarlo, fuera de eso, continué viviendo, con ciertas reservas y después, vino navidad, año nuevo, la zapatería y todo fue quedando en el polvoriento olvido, si, ese domingo estaba muy bonito, hubiera sido un muy buen día para lavar, la ropa se me hubiera secado rápido, hubiéramos comido la sopa de coditos, las tortillas hechas a mano, con los chiles toreados, luego seguí viviendo y dejando de lado ese momento.

    No les guardo rencor, ni siquiera me importan, ni siquiera puedo sentir nada por ellos, así funciona todo ésto, así uno se da cuenta de lo feo que es la realidad a veces.

    Y a veces uno se apabulla.

    El papá del guía de turistas, se enojó mucho cuando le dijo que iba a ser un atractivo turístico, duró treinta años de minero y dejó su casco rojo, porque nomas los mineros usan los rojos, el guía dijo que los mineros que han muerto creen que están vivos, que ayudan al que se pierde dentro de la mujer, que su papá se murió de ochenta años.

    Desde el mirador, todo se mira genial, espléndido, se contempla la ciudad que está entre dos cerros, y su cielo, tal azul, y sus banquetas, sus olores, sus calles.

    No como aquí, donde aparecen encobijados al sur de la ciudad por donde pasa el camión y por donde uno camina, no como aquí, que la gente es asesinada, no como aquí, que sólo miras rastros de sangre y pólvora.

    ''Amanece para todos'' Dijo, pero no veo el sol radiante, lo veo cansado y sofocado, como todas las casas en donde no hay abanico.

    Juan Rangel de Viesma, supo como hacerlo, hizo magia y cultura.

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  2. ''A la mina antes no bajaban mujeres, porque la mina es mujer y no quiere competencia, todos los mineros son de ella y no los comparte, es celosa y posesiva y al igual que a las mujeres, hay que tratarlas con cariño y acariciarlas''.

    El desierto, tiene también unas carreteras que conducen a otros sitios más habitables, más ligeros y no sangrientos como éste, es que, aunque no se pueda creer, el desierto tiene ciertos rincones destinados a la tranquilidad, lo único malo en eso es, la fastidiosa carretera, con agujeros por todas partes, y viajando uno en una camioneta turística, los jaloneos y tropiezos se sienten feo, se sienten como cuando chocamos aquella vez, y ya no quiero sentir eso.

    La puerta del tiempo, nomas fue el aviso para decirme que estábamos ahí de nuevo, con otro sol, con otra temperatura, con otros cerros, aunque también esa ciudad es parte del desierto, para nada se compara a Chihuahua, con sus callesotas abiertas de patas, con sus parques todos fofos, no, aquella ciudad es otra cosa, es como la novia que le presentarías a tu mamá a la hora de la cena y Chihuahua es la puta con la que te sigues acostando aunque ya te hayas hartado, te la sigues cogiendo porque, no te queda otro remedio, aquella ciudad es hermosa, es como la mujer que sabe de todo, no nomas de las cochinadas, eso hasta cada chingado piso del centro te lo dice, cada pedazo de pared, cada olor a todo, te lo dice, ella misma desde su entrada te grita con su vocecita dulce de trescientos años, que no es puta ni sangrienta ni odiosa ni creída, te dice, la hueles, como si olieras tu más preciado aroma , como cuando por fin haces el amor, así es allá, si, el desierto tiene esas preciosidades.

    Los niños siempre gritan ¿Sabes? Si no estás listo para eso, mejor no los tengas, a mi me dan miedo los elevadores los que están bien hechos, los que tienen puerta, pero cuando tienes niños y eres un miedoso, tienes que amarrarte todo lo que tengas a tu alcance para parecer que eres valiente, y ahí estábamos ella y yo, metidas en un elevador de metal, donde mientras íbamos bajando a noventa metros, se veían los minerales por las formaciones rocosas de ''La prieta'' así se llama la mina, la iba agarrando mientras pensaba en muchas cosas, -Mira donde me traes Leona- pensaba, a mi, que las alturas y la oscuridad no me parecen una buena combinación, ahora estaba en las profundidades de una mujer de oro y plata, en las medias entrañas porque es muy honda, como novecientos metros, pero nomás entramos a noventa, mientras escuchaba el relato del guía, sentía la frescura de la señora mina, tratando de entenderla, y luego, después del recorrido, otra vez para la superficie, oyendo los rechinidos y tronidos de la calesa en donde íbamos, pensando en aquellos mineros, que ya no pudieron volver a ver la luz.

    Las calles allá, son estrechas, bonitas, cómodas, tienen una historia, no como éstas, ya más pisoteadas, ya más choteadas que que, Chihuahua es una mujer ya muy manoseada, ya todos le conocen las nalgas y lo mal que coge, allá, ella es un sueño, no me canso nunca, podría dormir siempre entre sus historias, entre las cavidades de las banquetas, y comer sus panes, y sus dulces de leche.

    ''Sobre todo, la fe''.

    Así dice su escudo, hasta eso tiene bonito la condenada.

    Luego, fue el momento de regresar a donde está el cerro de las luces, a la calle donde vive mi papá, a los tanques de la petrolera.

    A la calle de las piedras y la caca de los perros, a donde estás tú y ellos y a donde pertenezca.


    ''Sobre todo, la fe''.
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  3. El treinta y cinco por ciento de los accidentes cerebro vasculares no presentan síntomas, lo escuché entre sueños, en el radio, es que, a Eduardo le gusta estar oyendo el radio mientras juega en la computadora, mientras todo afuera se mece con el aire tan salvaje y fresco.

    Eso si es cierto, mi abuela no presentó síntomas ese veinte y seis de mayo del dos mil, o sea que, me puede pasar eso y ser parte de esa estadística, no lo sé.

    Las rosas se quedaron congeladas siempre, igual que las tarjetas de felicitaciones, también los festivales, son cosas que están archivadas en un cajón nuevo, nunca revisado, un cajón que debe andar por ahí entre las columnas del cerebro, todo eso, que no conocí.

    Luego, vino mi día, ese día especial, el primero y que nunca se me olvida.

    Eduardo trabajaba en los tacos, pero los domingos eran los días cuando le pagaban ya muy tarde, casi a media noche, así que guardábamos dinero para que cuando llegara el martes que era su día de descanso, pudiéramos salir a comer hamburguesa o pizza, hace once años era tan pequeña, ahora ya tiene dos hermanos y ya usa mi ropa.

    Era otro mayo, diferente, nuevo, el cielo azul y puro, calorón del diablo como eran los mayos y llegó mi primer regalo del día de las madres, me dijo que el la próxima semana me compraba algo ya en forma, pero no escuchaba sus palabras, yo traía a la niña en los brazos, estaba descalza, en pantalonera con una playera sin mangas, y de pronto sacó, un paquete de dulces de tamarindo y chamoy, y Eduardo me dio un beso en la frente, ese fue el primer regalo del diez de mayo.

    Luego vinieron los dibujos disparejos, los marcos de fotos hechos de sopa, flores de papel, cartas, besos pegajosos que huelen a chocolate y dulce, el ''cierra los ojos mami y pon tu mano'' He visto crecer sus pies poco a poco, he visto como cambian a través de los años, he visto sus ojos brillar cada día más, he visto como sus alas se extienden y son más grandes y también, en la panza, donde los cargué a los tres, me revolotean aquellas viejas mariposas de los nervios y de la melancolía, de que los niños son un suspiro, son una tarde de domingo de verano, un té caliente, esas brisas que nos despabilan mientras nosotros, pensamos en las cosas de adultos que tampoco podemos resolver. Cada día se van un poco más lejos, cada mañana es un recordatorio de todo lo volátil que es el tiempo, que no fueron bebés para siempre, que ya tienen otros gustos, cada noche al verlos dormir, me doy cuenta que los nueve meses solamente son polvo de estrellas, brillantina, son dulces pequeños.

    Ayer fue el mayo de la pizza y el pastel, de las mañanitas, de las canciones que me gustan y que, no huelen a podrido.

    También fue el mayo de hablarle a ella, pero no me contestó nunca, ya no me duele, ya no me sangra, ya no me molesta, ella nació de esa manera.

    Antes de que vinieran los mayos de las canciones y las escuelas, estaba el mayo de doña toña, de las plantas que le regalaba, de las ollas que le encantaban para cocinar arroz blanco y elote, chile colorado, frijoles con queso, las tumbas son muy toscas, impiden que a uno lo escuchen, yo le daba el abrazo de mamá a doña toña.

    Sólo tengo una pregunta para ella, que no me contestó ayer.

    ¿Cómo le hizo para vivir y no acordarse de mi? ¿No se preocupaba? ¿No le daba miedo si algo me pasaba? ¿Cómo vivió veinte y ocho años así? Sólo es curiosidad.

    Antier me regalaron mis cosas, salieron de la escuela contentas por verme, una me hizo un marco para fotos con flores y corazones y estaba ahí con su sonrisa torcida como la tuya Eduardo, la chiquita, la que tiene los ojos de lucero, la que es una traviesa, me hizo un mandil y le puso sus huellas y mi nombre.

    Ayer, el mayo de la pizza y el pastel rojo.

    Gracias a Eduardo, fue él el que me dio junto con aquellos dulces de chile, la posibilidad de tener un día de mayo para mi, sin él, no hubiera podido ser nada de ésto.

    Gracias a ella porque, sin ella no hubiera conocido nada y tampoco hubiera conocido a mi papá.

    Algunas canciones, ya no están rotas.
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  4. Me acuerdo que el día que mandé el currículo, no teníamos nada que cenar y echamos mano de lo que podíamos vender con el vecino que tiene su puesto de burros y comidas típicas, todavía era horario de invierno, y no había opciones, estaba ya oscuro con todas las casas cerradas, pero tú fuiste con ''memo'' y le diste ese utensilio que tanto y tanto había querido antes.

    Todo eso, mientras yo encontré aquel anuncio, copié la dirección de correo y lo envié, ya a esas horas, no me esperaba muchas respuestas, yo creo que, apenas lo leyó y me marcó, una voz pegajosa pero rasposa a la vez, me citó a una entrevista al día siguiente en esa sucursal, eran finales de enero y hacía mucho frío.

    Luego, vinieron los exámenes de esos que a uno le ponen donde le hacen muchas preguntas que no tienen sentido, pero que de las respuestas depende el ingreso o no, aquella entrevista larga, y ya para ese entonces, se había llegado febrero, a inicios, dos días después de la candelaria, ya tenía yo trabajo, un buen sueldo, y aunque mi idea no era volver a trabajar al centro, ésta vez era diferente, ésta vez la única que tenía la última palabra era yo, todo iba muy bien, hasta que esas mariposas en el estómago aparecieron una vez más... Andrés, yo creí que todavía era usted mi compañero, el que conocí en aquel septiembre de aquel dos mil quince en el supermercado.

    El sábado, es el día del tianguis, donde hemos encontrado cosas hasta por dos pesos con cincuenta centavos, pero ese sábado de febrero, no hubo tianguis y no porque no se hubiera puesto, sino porque era mi primer día de trabajo y no las pude llevar, ellas se quedaron dormidas todavía, tú me deseabas suerte, y yo sentía esas mariposas rasguñándome las tripas, el día estaba fresco y nublado y no sabía nada al respecto, ojalá lo hubiera sabido Andrés, ojalá alguien me hubiera dicho las cosas a tiempo para haberles dicho que no, usted me lo pudo decir también ¿Para qué llevamos así las cosas? Las pobres mariposas, daban vueltas entre los intestinos, ojalá les hubiera hecho caso.

    Cuando llegue a aquellas oficinas, los rostros estaban sonrientes, como no iban a estarlo, les urgía cubrir esa vacante, ya la habían cubierto, las mariposas se aceleraron más pero no fui capaz de comprenderlas, abrieron una especie de closet y me dieron una playera blanca, resplandeciente, era la playera que usaban los de gerencia, blancas, con las letrotas negras y tonos amarillos, y un gafete negro, porque, los blancos, los usaban los de ventas y el almacenista, los gerentes no, nosotros usábamos todo de color blanco o negro, todo elegante y autorizado, y un muchachito de esos que están terminando la carrera apenas y los ponen a practicar en alguna empresa, me llevó a la sucursal del centro, que estaba ahí dando la vuelta, en la calle Victoria, donde antes pasaban los carros, pero ya es paseo peatonal, ahí donde dice ''Chihuahua vive'' y Chihuahua está de todo menos vivo, ahí a esa calle, de las ''Super tortas'' a una zapatería fina, donde había línea exclusiva de quien sabe quien y perímetrales y muebles centrales y hasta allá, en la bodega, lleno de cajas y de bolsas y de basura, estaba alguien, que me estaba esperando, para conocerme y para enseñarme, y para hacerme grande, pero a veces el fracaso, también se viste de éxito.

    El muchachito se puso adelante de mi en aquella bodega desordenada, no podía ver del todo con quien hablaba, hasta que el sonido de algo, me hizo recordar otra cosa y esa cosa me llevó a asomarme y a reconocerlo Andrés, cuando el chico le dijo que venía a dejar a la nueva gerente de tienda, usted me vio y me reconoció, yo me puse contenta porque usted era mi compañero, iba a los recibos cuando estábamos en el supermercado a que lo ayudara con sus traspasos, un día me dio un ride a mi casa, a veces comíamos juntos junto a otros compañeros ¿Por qué se volvió así Andrés? ¿Qué le pasó?.

    Y luego de recordar viejos momentos, me empezó a explicar algunas cosas así a grandes rasgos, hasta que la vi, usted la abrazó y entonces le vi un gesto que nunca le había visto, luego cuando llegó el otro y también lo abrazó, entendí que ya no lo conocía, pero mi terquedad hicieron que pensara que eran mis nervios y la presión del día, faltaban ahí, cuatro sábados, para que un cóctel de salchicha, hiciera darme cuenta que, usted ya no era mi compañero.

    Pero no se confunda Andrés, usted no es como los demás, como aquellos a los que, en mis textos les he hecho alguna mención, usted no es como Manuel, ''meny'' como le decíamos y ¿Sabe por qué no es como él? Porque Manuel, a pesar de sus malos ratos, de sus descontroles y sus desequilibrios, era auténtico, tenía un genuino sabor a gente humilde, tal vez, por eso usted y él no son lo mismo, porque Manuel no era ambicioso, ni presumido, ni ojete como fui descubriendo con usted, pero tampoco se crea mucho, no le guardo rencor, al contrario, me da tristeza pues, el potencial que tenía, ahora es artificial y de juguete, no le guardo rencor, en serio.

    Y yo, siempre esperando que así como se portaba con Giovanna y Carla así se portara conmigo, digo, a mi me había conocido primero, yo lo conocí a usted, cuando traía su carro todo feo y destartalado, con mucha basura y todo cochino su carro, así me subí aquel día que me hizo favor de llevarme a mi casa, atrás iba Manuel, íbamos platicando y riéndonos, usted dijo: ''La ale se ve bien rockerosa'' Y Manuel dijo que si, y usted no sabía las calles y le decíamos por donde se fuera, y ahora sólo platicaba sobre lo mucho que todos lo quieren y de cuando estaba en Torreón y vendió quien sabe cuantos millones de pesos, y se llevo ocho mil pesos de comisión, porque, usted se lo sabía todo, todo lo tenía bajo control, no crea, que no me sentí mal, pero me sentí más mal, cuando vi que, sus amigos eran más fuertes que la ineficacia de ellos, gente mala en su trabajo, que iba a hacerse pendejo, sin importar nada, pero yo no podía hacer nada, usted era mi superior, estaba por encima de mis órdenes, ellos eran sus amigos y yo, no era nadie.

    ''Vete a comer'' Me dijo ese sábado, el día del cóctel de salchicha, cuando volví, todos estaban reunidos, sentados, comiendo, riéndose, eran parte de una familia y yo no era parte de eso, no se preocupe Andrés, su tiendita no era la única donde yo podía sobresalir, no era.

    Pero también toca agradecerle, el haberme enseñado muchas cosas más, la más importante, que nunca se me vaya a olvidar, tratar bien a la gente, recordar de donde he venido, que nunca se me vaya a olvidar que adentro de un sitio de trabajo, no hay amistades, que nunca se me vaya a olvidar, que no soy infalible y una última cosa, no se pone el altavoz en el teléfono para que todo mundo necesite saber sobre la autoridad que tiene, eso lo debe saber usted, por si solo, no hacer esas fantochadas.

    Gracias, no voy a ser como Ricardo, ni como Manuel, ni como el otro Manuel, ni como Sandra o Adriana, todos ellos, han representado algo para mi, algunos la soberbia, otros la ignorancia, otros la maldad, los malos tratos, el abuso, usted representa el servilismo que, no quiero tener.

    No voy a ser como Ricardo, ni como Manuel, ni como el otro Manuel, ni como Sandra o Adriana, ni voy a ser, ni quiero ser, como Andrés.

    Yo quiero ser como Mirtha y Soco, como Lucy la jefa de cocina.

    Querido Andrés, su tiendita de zapatos, no era la única cosa que yo podía tener, ya tengo otro pastel, más rico, más colorido, más todo.

    El fracaso, a veces se viste de éxito.

    Identidad
    Sueños
    Historias
    Únicas.

    #calzatuestilo.

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  5. Hablamos durante una hora o dos, platicamos sobre los hijos, sobre el pasado, sobre la vida pero también sobre la muerte y de como ambas extrañamos a doña toña.

    Han pasado muchos años y muchas cosas ya su voz es diferente, es pausada, sin prisas, sin miedos, ya es valiente, ya olvidó muchos malos tiempos y es mejor, es más fácil.

    Me dijo que un día había ido a la plaza y se había sentado en la banca donde mi abuela solía hacerlo la llamaba ''La banca de enfrente'' porque se veía toda la calle hasta el último rincón, le dio nostalgia, le dio ese picor en los ojos, muchos recuerdos de los veranos idos, cuando todos éramos chicos, y no nos preocupaba más que vivir día a día. Luego se fue, pero ella vive el desierto de otro modo, yo lo vivo en medio del tiempo y el dolor de cabeza.

    También hablamos de la cocineta que no tengo y del refri que se echó a perder aquella vez en ese apagón general de hace no mucho, hablamos sobre su nieto y de las etapas difíciles le dije que la vida es muy bonita pero muy complicada, le conté que a ratos me daba miedo vivir, que me costaba enfrentarla y resolver cada cosa pero que finalmente lo hacía, también le dije que me caía mal la tía mela, las dos nos reímos pues, la tía mela es la número uno de todas las tías más insoportables de todas.

    Pobre, le han de haber zumbado los oídos.

    le dije que un día iría a verla pues el tiempo de continuar con la vida se acercaba, ella dijo que si, porque es bueno hablar con la gente.

    Yo igual quisiera hablar con mi abuela por la tarde, en el porche de la casa con la lila y el cielo rosa, así como en los días lejanos de mil novecientos noventa y cuatro, lástima que no la comprendí antes, me hubiera gustado decírselo, decirle que estaba bien, no haberla juzgado tan duro, lo entendí cuando murió, yo también quisiera platicar con ella, recargadas en la pared de la cochera, así como en aquellos días lejanos de los años noventas.

    Ya la voz de mi tía es tranquila, sin violencia, como algún día será la mía. 5-casas-abandonadas.jpg
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  6. Las mañanas por la calle Libertad, son frescas, las paredes de hormigón y los adoquines se encargan de conservar la humedad del rocío y el vientecillo de la noche, luego el sol se va poniendo frente al Palacio de Gobierno y uno ya sabe que es cuando empieza lo mero bueno, cuando el día está en su apogeo, yo salía a comer a la una de la tarde porque, quería ir a verlas a la escuela, quería ver al niño chiquito y quería verlos a todos, quería sentirme como en esos días de cuando vivíamos cerca del parque, de cuando íbamos todos a caminar en las tardes, cuando veíamos Animal Planet y platicaba yo con Dario, quería sentir que, estaba presente aunque fuera por pocos minutos, luego salían y mi playera blanca y mi gafete me recordaban que no iba a subir al camión con ellos, que debía quedarme ahí, con mi papá, yendo a comprar unos burritos o unos tacos o tortas, para poder entretener al hambre, dos horas se van como agua.

    Y ya comprábamos algo y caminábamos entre quedito y rápido para que no le doliera la hernia ni le viniera la incomodidad, nos sentábamos en la funeraria o a veces en la banca que estaba a una cuadra de ahí, frente a la plaza de San Francisco, y me repetía como queriendo que llegara la noche, que al diez para las ocho estaba afuera de la zapatería, y yo le decía que si, que ya faltaban como cinco horas, mientras me imaginaba el trayecto de ellos, ahí yendo por la calle veinte y luego llegando a Ávalos y luego llegando a la casa que yo solamente veía por las mañanas y eso en un dos por tres.

    Las diez de la mañana, siempre han sido el preámbulo para el recreo, para el desayuno, para una cita médica, para ir a la tienda y pagar una soda para distraer a todos porque en realidad, dentro de la mochila, alguien traía galletas que pretendía llevárselas sin pagar, porque el hambre es generalizada para todos, el dolor de las tripas es latoso, te amarga el día, se te estira todo por dentro, además, si eso nos pasa a los que estamos grandes, a los niños, pues peor, a ellos les duele todo, el hambre es canija, por eso la gente a veces tiene que hacer eso, yo no lo he hecho ni lo haría, pero también he visto galletas o pan, que no puedo comprar.

    En Chihuahua, la gente quiere creer que son héroes y corretean a los que no tienen trabajo y si mucha hambre, si, es que, si hay trabajo, pero también hay mucho huevón, hay mucho mantenid0, hay mucho flojonazo, ¿Por qué se estaban robando galletas? Están re buenos para trabajar, en Chihuahua hay mucho empleo y muy bien pagado, lo que pasa es que, nosotros queremos vivir así de jodidos y andar valiendo madre por unas pinches galletas.

    Creo que me di cuenta que no me querían en la zapatería, cuando una mujer dijo que si querían comer cóctel de salchicha, todos dijeron que si, y a mi el supervisor, que estaba por encima de mis órdenes y mis días, me mandó a comer, ese fue el balde de agua que me dijo que no tenía nada que hacer en ese sitio, por más que quisiera estar y seguir cumpliendo mi meta, esperé pacientemente al veinte y ocho de febrero, al día del pago, y sonreía, porque yo les hacía creer que les creía, yo ya soy un adulto, no me gustan los juegos de poder, quería irme ese martes pero, no pude hacerlo, esperé a terminar el día, y a uno de ellos le puse cincuenta pesos de crédito en su teléfono, yo tenía que llamar de algún lado a la central de alarmas, poniéndole crédito, me sería más fácil llamar.

    ''No se preocupe, yo la quiero mucho, yo siempre la voy a apoyar, usted es una buena gerente, haga bien las cosas, cuente conmigo, y éste dinero se lo voy a pagar cuando me lo pida''.

    Dijo, y a mi no me ha gustado corretear a la gente nunca, a menos de que sea una emergencia, porque de aquel veinte y ocho de febrero ya han corrido dos meses.

    Ayer, me lo topé en la calle, así como uno se topa a la gente y uno la quiere saludar, pero algo en su gesto, en su mirada nos dice algo, la educación salva de muchas cosas, hasta de hacer el ridículo, el chico de los cincuenta pesos de hace dos meses, me vio porque si me vio, y poco a poco fue agachando su cabeza de veinte y dos años de edad, desvió su mirada, se agarro su copete y se bajó de la banqueta, le hice una señal con la mano de saludo pero no la miró, si tenía algún sentimiento de culpa o tristeza por haberme ido de aquel trabajo sin decir nada, por haber dicho al día siguiente que tenía un compromiso y no regresé más, la escena de ayer se encargó de desvanecer toda nostalgia, toda responsabilidad, algo que el cóctel de salchicha de Giovanna, no logró hacer ese sábado.

    Fue un momento muy patético, no para mi, sino para él.

    Como cuando estás viendo una película y te impacta una escena, te quedas pensando en ello, y se termina tu peliculilla y le cambias a la tele y sigues avanzando en el día, llega la hora de apagar las luces, y pones tu cabeza en la almohada, haces un repaso de lo que hiciste, de lo que ocurrió, y te acuerdas de la escena de la película, esa que te impactó tanto, y en medio de la oscuridad sientes como el estómago se te aprieta y como se te mueven las tripas, y es cuando dices ''No debí acordarme de ésto''.



    Hay dos clases de cincuenta pesos, uno me costó muy caro, el otro me sirvió para saber que tomé una buena decisión.

    Ocho paquetes de galletas, en una mochila, sin pagarlas, si, es que en Chihuahua hay mucho huevón que se tira a las vías del tren con todo y sus hijos.
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  7. Yo también he tenido mucha hambre, pero de a de veras, yo también he andado batallando hasta por cinco pesos, también mis niños han sentido hambre y frío y sed.

    Y los de Chihuahua, se quedan mirándolo a uno, quietos, ellos en sus carros, en sus trocotas, comprando a lo bestia en el mall, yo también he traído los tenis rotos y se han reído de mi, también me he pasado trabajando muchas horas, a nadie le importa, es mi obligación.

    También he tenido ganas de morirme, pero no me han sido suficientes, porque sigo aquí, tomando café, aguantando, aceptando, aceptándolo todo, pero no creas, también he querido acabar de golpe con todo, nomas que me acuerdo de lo que me decía mi abuelita y esas ganas se pasan, se esconden entre los muros de la moral, de la desconfianza, del doble sentido, se esconden atrás de un poste de madera que está chueco, ya viejo, esas ganas, se merman cuando observo otras cosas, otras cosas.

    Luego, ahí anda uno, todo mugroso, todo lleno de polvo, tratando de verse bien, esperando, siempre esperando...

    Ella, tenía dos niños, más pequeños que los míos, más necesitados, más todo, ellos ni papá tenían, ella esa tarde de calor, de éste calor de abril, que ya empieza, preguntó, que a que hora pasaba el tren, con las criaturitas, que ni se esperaban.

    Y luego, se aventó, y como por el hambre y todo eso no engorda uno, la echaron a ella y a sus niñitos en el mismo ataúd, nomás fueron ocho personas a su sepelio, yo también he tenido sed, y me han dicho que no hay agua.

    Los de Chihuahua, son muy indiferentes, muy culos, muy crueles, ella preguntó, que a que hora pasaba el tren.

    Sus niños llenos de vida, sus ojos poco a poco se apagaron...

    Yo también he sentido ganas de apagar el switch, de bajar el telón, pero no es suficiente, sigo aquí, tomando café, tomando soda, viendo cosas, viendo cosas.

    Ya ellos no van a la escuela.

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  8. Para éstas fechas, Doña Celia ya comenzaba a preparar las ensaladas de atún y el agua de limón, ''la flaca'' ''la paloma'' y otras dos perras chihuahuas, la acompañaban siempre en la cocina, ella les daba de comer todo, hasta coca cola y pan, yo a veces la acompañaba al médico acá por Pensiones Civiles del Estado, sus hijos no la tomaban en cuenta, casi siempre estaba sola, yo cuando la veía, le daba un beso en la frente.

    El desierto además de peligroso, es muy aburrido, y uno de sus hijos, el más chico, siempre estaba en el gimnasio o en la Ciudad de México, casi no hablábamos sobre él, pero cuando me decía algo a ella se le iluminaba el semblante, tenía muy breves ratos de lucidez y eso fue lo que terminó de hundirla.

    Su casa en la calle veinte y cinco y Riva Palacio, del barrio de todos los barrios, casi ya no tiene rastros del incendio del treinta y uno de diciembre, para el día primero del año, del nuevo año, mi amiga Celia de ochenta y pico de años, ya había volado lejos de aquí, de sus hijos, de mi, ya estaba en otro universo, en otras casas, haciendo otras ensaladas de atún y jugando con sus perras porque, a través del tiempo, fue perdiéndolas, ya para el día cinco o seis de enero, el hijo que se la pasaba en el gimnasio, había reparado los desperfectos y lo tiznado de la fachada, pero a mi amiga Celia, eso ya no le interesaba.

    Ella me compraba donas de la calle, de las que venden atrás de Pensiones Civiles, porque ella ahí tenía su servicio médico, también comíamos tamales y café, después la acompañaba hasta su casa, que no quedaba lejos de la mía, platicábamos hartas horas, sacaba ropa muy antigua de su closet y me la daba, sus ojos aún conservaban la razón que poco a poco estaba siendo destruida.

    Pero el día primero del año nuevo, cuando yo traía unos zapatos amarillos, cuando Ferris también estaba tirado panza arriba jugando con el rey, leí que mi amiga Celia, se había ido y que nadie pudo traerla de vuelta, yo salí a conseguir ocho mugrientos pesos para el pasaje y venir a verla a la funeraria, acá para la Deportiva Colón, acá por mis rumbos, pero los domingos allá pa' donde vivo, nomás salen las hormigotas a picarle los pies a la gente, la verdad llamé para la funeraria y no supe que más decir, mi amiga ya no estaba, mi amiga de ochenta y pico de años.

    Para éstas fechas ya salía a barrer la calle con sus shorts rosas y una gorra morada ''Vente chiquita, titita'' Así les decía a las perras, todas en fila, todas alborotadas cuando me veían, todas temerosas, yo le agarré el tonito y les cantaba a los míos, a los perrotes, a Ferris también, porque la conocía desde que Ferris ni siquiera sabía sobre el rey.

    El desierto también se pone triste, no creas que no.

    Para el día primero del año, mi amiga Celia fue a hacerle enchiladas y aguas de horchata al rey... Porque también al mismo rey de siempre, de todos los tiempos, de todos los ocasos, le gusta la comida mexicana.

    Ya no quedan rastros del incendio.
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  9. Él juega entre las nubes con todos los perros y todo lo que hay por allá, no creas tú, que es tan aburrido, no, él ni siquiera se fija en las apariencias, a él le gustan los juegos recreativos, hace deporte, vive sano, lleva una buena vida, a él ni siquiera le interesa el dinero, yo ¿Qué te puedo decir sobre él? Nada.

    ¿Le gustará serlo? Tampoco lo sé, pienso que a veces le exigen demasiado, pienso que él no quiere todo ésto, que nunca lo quiso, pero bueno hacerse cargo del negocio de su papá le ha traído beneficios, a él no le interesa la paga, lo hace gratis, por amor al arte, porque aunque el dinero no le sobra, tampoco le falta.

    Él es versátil no discrimina a los demás, él ya perdonó muchas cosas y si él ya las perdonó, yo también puedo hacerlo, no me cuesta nada, ya lo hice es más, sin embargo también él le habla al vecino, porque aunque muchos no lo acepten el vecino y él son amigos y ¿Saben qué? No tiene nada de malo.

    Por éstas fechas, organizan días de campo, se ponen de acuerdo como desde un mes antes porque ambos tienen mucha familia y no quieren que nadie se quede fuera del evento, hacen platillos que les gusten a todos y platican, se divierten, es que, ambos, se hacen cargos de las empresas de sus papás, muy jóvenes les relegaron ese tipo de obligación, pero eso es lo que en la tierra no comprenden, es difícil llevar a cabo una labor como esa, porque no siempre se puede tener a todos contentos, no siempre las cosas pueden salir bien, pero, aceptemos que a veces también salen bien, que a veces no son tan malos, ni tan buenos, que son imparciales, no te enojes, es que, entiende que él, habla con esos vecinos que a ti te molestan, te inquietan, te espantan.

    Para navidad, él los invita a su casa, junto a sus padres, los invita porque es educado y no repite los patrones que le han querido imponer a fuerzas, entiéndelo, no te enojes cuando te digo no todo es tan radical, ellos hablan y juegan al domino, a las damas chinas, al conquián.

    El vecino sabe que, el viernes será un día de esos que al rey no le gustan porque le traen muy malos recuerdos de un terrible accidente, malentendido, trifulca, por eso ese día se levanta temprano y va hasta su casa que está al norte para irse a pasarla bien, a comprarse unas sodas y a comer chatarra, te digo lo mismo, no pueden ser tan solemnes, aunque el rey le dice a su vecino que ya todo está perdonado, aún siente feo, porque se siente feo no sentirse escuchado ni tomado en cuenta, se siente feo vivir en el tiempo equivocado, se siente feo que se burlen de uno por pensar que las cosas pueden ser distintas, se siente feo que te humillen por creer en cosas que a los demás les parecen idioteces, se siente feo morir y simplemente que nadie te tome en serio.

    En verdad si te escuchan, pero no sólo eres tú en el mundo, somos millones y no pueden con todos, si uno no les resulta, se van con el otro, pero no es como te lo pintan, no tienes que vender nada, ni entregarte a un terrible sacrificio, ellos no son muy diferentes a uno.

    En el desierto, hace aire y los tanques de la planta petrolera siguen ahí, viendo como nos acabamos poco a poco, en el desierto las cosas son distintas a aquellos barrios, aquí es donde está lo mero bueno, donde uno libra batallas, donde uno tiene alegrías, vivencias, donde a uno lo quieren o no, pero también donde uno ama y agradece a todos, también a ella, a mi doña, por las cosas, porque ella es un ángel, el ángel más incomprendido de todos.

    El mismo rey, se pone a jugar carreritas con los niños que mejor se echaron para atrás y decidieron esperar, les dice que el último que llegue es un huevo podrido, también juega a ''las trais'' y se pone a colorear, hace su mejor esfuerzo, ya no lo critico, él no puede solucionarlo todo, el vecino hace mucho tiempo que ya está saturado de tanta porquería...

    El mismo rey, está comiendo ceviche en alguna playa inigualable.

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  10. Estaba el otro día escuchando un demo de 1998, de cuando ''Posion girl'' tenía una letra distinta a la que, conocemos en la canción y estaba cantando después algo que decía ''Feel like a monster'' la ventanota de la recámara tenía abierto el esprín, y también estaba algo enojada porque, el agua ya se había acabado y tenía mucho calor, el sábado, particularmente, hizo mucho calor.

    El viernes, fue uno de esos días agotadores y fue el inicio de las vacaciones de semana santa, porque en el desierto desde abril la gente se hierve por pasos, los niños amontonados en la puerta escolar cuando yo sólo buscaba sus caras, sus ojitos llenos de esperanza, quería ver sus cabellos pelirrojos y claros, era un viernes de esos donde el sol nos está dando una buena mentada de madre como avisándonos que, el verano va a estar igual de cabrón que siempre con todas sus tormentas que no sirven pa' nada más que para ponerlo más bravo, fue un viernes donde traía a un lado a mi bebé, es que, en el desierto también hay niños y bebés.

    La gente también tiene sueños.

    El jueves, mientras pensaba en mis pendejadas de la renta, del fracaso, del éxito, mientras me tomaba un café frío en la oscuridad y en el silencio de la casa de mi papá, leí una noticia de esas que calan como el invierno, de esas que me recuerdan que, nomás somos unos cascarones de huevo, que no somos infalibles.

    A la gente, en el desierto, le quitan los sueños.

    La dejaron boca arriba, echada en un matorral seco aquí, por la casa, por donde pasa el camión de lejos, atrás de la planta petrolera, atrás de la ciudad, la dejaron muerta en medio de un terregal, muy lejos del periférico y de sus edificios bonitos llenos de gente mierda que se hace rayitos y estupideces en el pelo, la dejaron semi desnuda, asfixiada, con las manos atadas con cintas de los zapatos, la dejaron con su bata verde de la maquila, porque salía muy seguramente, del segundo turno, del turno de las cuatro a las doce de la noche y el transporte de personal, se pone mamón y no lo lleva a uno muy cerquita de la casa, uno todavía tiene que caminar algo para decir que ya llegamos, yo nunca he trabajado en maquila, pero el camión me deja frente a la tienda del nuevo barrio, donde todos se encierran y se entrapajan a las nueve de la noche, en éste barrio donde, las estrellas se ven con más claridad que en el resto de la ciudad con miedo, de la ciudad indigente.

    Mi papá es un hombre de esos buena onda, que se ríen de mis malos chistes y me acompaña en mis malos capítulos, me espera afuera de los trabajos casi siempre digo casi porque, a veces toca trabajar lejos de su casa y lejos de los puntos de reunión, su casa es de esas de mi barrio, porque aquel, si es mi barrio, allá las calles siempre se están sonriendo, yo las conozco como las palmas de mi mano, yo puedo caminar en las penumbras por esas calles porque, me conoces desde mis inicios, mi papá me dijo que fuéramos a la funeraria porque te estabas tardando mucho en terminar con esa computadora Eduardo, le estabas ayudando a hacer algo, y luego me llevé a todos de la mano, a ratos cargaba al niño, a ratos lo ponía a caminar, todos íbamos de la mano, el desierto a veces ni siquiera toma en cuenta a la gente.

    La callecita esa de la farmacia similar, ese viernes ofrecía sombrita fresca y, al niño la cabeza se le estaba poniendo caliente, las niñas ya son grandecitas y entienden que cuando no hay no hay y mi papá salió corriendo de la oficina, me dijo que volteara ''a la sorda'' así muy discretamente, y que viera a esos niños que estaban sentados en los escalones, que eran los hijos de la muchacha que habían matado el día anterior, aquí por la casa, a la que dejaron tirada en la tierra, atrás de la planta petrolera, a la que le asfixiaron y le dejaron su bata verde de la maquila a un lado , porque, los camioneros son unos huevones y no lo dejan a uno cerquita, yo nunca he trabajado en maquila, pero el camión me deja frente a la tienda del nuevo barrio, donde los perros vienen y se cagan en la puerta.

    Mi papá me dijo que estaban llorando esos niños, mi papá me dijo que eran como de la edad de los míos, me dijo que mientras se resolvía los iban a cuidar los abuelos, que el papá de la mujer trabajaba en la papelera, que eran humildes, luego les dio un beso a los nietos y les dijo que me agarraran fuerte, y nos fuimos, pero sentí ese nudo que siento a ratos, cuando me acuerdo de... Y nos metimos al mercadito ese de la reformita, el ayudante de doña sarita, me dijo muy alegremente que si habíamos salido sin boletos, es que, nunca me había visto con todos y todos en bola, pues nos vemos muchos, ya para ese entonces, el niño estaba en mis brazos flacuchos, el ayudante de doña sarita, me lanzó una bendición, y seguí caminando por la veinte cinco, por donde se ve el techo de la escuela que ya estaba cerrada porque, era el inicio de las vacaciones de semana santa y porque las maestras quieren dejar de oír chillidos y necedades.

    Yo estaba oyendo ''Sliperry when died'' el sábado, cantando las cosas que Ville escribe, luego ''Skillet'' y sus canciones de zombis, luego todo lo demás, yo mientras cantaba me acordaba de los hijos de esa mujer, y mientras cantaba yo, en esa casa lloraban la pérdida de una hija y de una madre, mientras yo dormía la habían matado, aquí por la casa, todas las noches mi papá me bendice, mientras que en aquella casa, los niños ya no tienen a nadie que los bendiga como lo hacemos las mamás, mientras yo veo videoblogs, aquellos padres ya no tienen a nadie a quien esperar que llegue de trabajar en la maquila.

    El desierto es muy culero... Siempre.
  11. Mi papá siempre viajaba y me traía dulces del Paso Tx, eran dulces que no venden en éste desierto naranja, dulces que sabían deliciosos y que, fueron iniciadores de todo lo demás.

    Tenía yo, como doce años, recién cumplidos, recién estrenados, ese día era de esos días surreales, que huelen a cosmos y a humedad, olía a tierra pero también a partículas del universo, y el cielo estaba gris, así como hoy, que comienza aquello tan feo y triste, eso que le pasó al mismo rey de siempre.

    No sé que pasó, no sé si tuvo que ver la toalla amarrada en la cabeza, que me agaché para tallarme los pies, si salí de un lugar a otro sin mucha precaución, pero, cuando terminé de vestirme, la visión que tenía del mundo era amarilla, como de sistema solar, como de rayos mal encachados y arriba a media cabeza, estaba ese taladro que todavía ni conocía, estaban esas estrellas grasosas que apenas se estaban presentando, no sé si me estoy acordando bien, porque son episodios sombríos y misteriosos.

    Después vinieron las malas descripciones, los fantasmas jugando en el patio, el reflejo de la pantera rosa en la pared y los lentes de John Lennon, también vinieron las sidolil y tonopan.


    Los vecinos de la casa verde, quitaron su cartulina rosa donde anunciaban su venta, es que, en ésta calle, no se puede pasar en paz, es una privadita muy estrecha, así como la privada de José María Marí, los pájaros se posan en los rosales a medio brotar, la verdad es que, la naturaleza siempre es bondadosa y fértil.

    Fue un día a mis quince cuando la conocí, por su nombre, cuando me la presentó el doctor ese, cuando me preguntó primero que estudiaba y yo apenas iba en bachilleres, todo el preámbulo para darme la noticia que no tenía solución y que sigue sin tenerla, nomás que uno con el tiempo, se impone, hay otras cosas más importantes que esa, ayuda no pensar en ella, ayuda mucho no hacerle caso cuando vienen las estrellas al ojo derecho, cuando se pone su vestido amarillo y con rayas de zig zag.

    Ya pasaron dieciséis años y por mitades, eventualmente, vivo en el silencio y en los cuartos oscuros, renegando por los ruidos que, casi nunca me molestan, por mitades, todo es por la mitad.

    Pero, eso te lo dijo mi papá ese miércoles del dosmil cuatro, espero que te acuerdes, después tú mismo decías que no hagan ruido, porque mami se siente mal, jueguen por acá, apaguen la luz, a mami le molesta.

    También vino después la piorrea, las muelas del juicio, los sangrados espontáneos y el trabajo del pan.

    Soy un compuesto de mal humor, el desorden y quien sabe que más.

    Me acuerdo cuando tapabas a mi papá cuando se quedaba en las casas esas, me acuerdo de tu cara perfecta y de como tus ojos de demonio están cerrados mientras tú sueñas con el mar y no sé que ...

    Pobre el rey de siempre, todo decepcionado, todo fue muy rápido, todo le pasó a él, supongo que, todo está olvidado, pienso que ya no nos guarda rencor, pienso que el rey ya nos perdonó.

    Si yo creo si...

    Ahorita el rey de siempre, estará de pic nic con Freddie Mercury.
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  12. ...

    ....
  13. En el desierto, la gente también se muere, más bien, en el desierto matan gente, nuestras canciones no se escuchan hasta allá, nuestras melodías se quedan flotando entre la tierra sucia de la calle, nuestros gritos se quedan atrapados en las paredes invisibles de la sociedad que, ya casi no se inmuta.

    Les compré, dos peinetas de las que venden en el tianguis de los sábados, donde, por un rato, no existen los feminicidios, donde sus piernas de barbie pueden moverse sin miedo, donde los ojos de ella pueden mirarme tan transparentes y lozanos, es que, tú ya sabes como son sus caritas.

    Mi papá me llevaba de paseo cuando era chiquita ahí, a unas fuentes que había afuera del edificio Héroes de la Revolución, ahí, por el centro, cuando todavía no era panadera, ni de recibos, ni me gustaba el rock, ni había fumado Marlboro, me llevaba de paseo cuando yo era chiquita a esas fuentes, para que yo jugara con el agua y con unas mini muñecas que echaba a nadar yo me reía porque, en ese entonces tampoco había tenido la jodida gingivitis.

    Ellas no tienen, ellas tienen sus dientes de marfil, derechitos, bonitos, sin manchas y sus encías parecen de durazno, pegaditas a su hueso, en punta de flecha, y las narices de ellas, no parecen de bruja como la mía, y sus ojos son grandes pero no salidos como los que yo tengo, y sus vocecitas, son como de un par de haditas que todavía no se han dado cuenta que viven en un sitio donde a la gente le gusta la sangre, pero ya van a saberlo, porque, todas lo hemos sabido.

    Mi abuela, tenía a su amigo el de los periódicos, todos los días de diosito, él llegaba como a las seis de la mañana a dejar ''El Heraldo de Chihuahua'' Con sus letrotas negras, gruesas, y luego sus encabezados tan deprimentes de mujeres que se habían perdido, de chicas de quince o dieciséis que nunca volvieron de su escuela y luego, las hallaban muertas y echas nada meses o años después, mi abuela abría sus ojos cafés y me miraba y me decía que no anduviera de vaga, desde ahí a uno le dicen, que no se ponga tan pinturrajeada, que no se salga, que no le haga caso a los batos esos que, nos dicen cosas bonitas, desde ahí a uno le dicen que todas se pierden y el desierto, está adornado con cruces rosas sin nombres porque llevan todos los nombres de todas y todas las lágrimas de esas madres que siguen aún, buscando entre la oscuridad.

    Luego vino la gingivitis y se me descompuso mucho la boca, luego te conocí, y pareció no importarte eso, luego me arreglé la boca, no se me cayeron los dientes, luego se me volvió a descomponer, después vino lo feo y la piorrea, después se compuso y no se me han caído los dientes.

    Ella hoy se llevó sus shorts y mis converse negros, porque a ella ya le quedan mis tenis.

    Mi nombre está en mis papeles, sus nombres están en mi corazón.

    Aquí hay dos mil nombres, aquí en ésta cruz, donde primero quisiera ver el mío antes que el de ellas, pero tampoco quisiera ver mi nombre, ni a mi papá ni a ti, gritando que quieren justicia.

    Nuestros poemas, no son nada para un cuerno de chivo, para un calibre 38, para una sociedad inconsistente.

    Como ella se llevó mis converse negros, yo traigo sus tenis rosas, la chiquita me mira con sus ojos gigantescos, pero ella si los tiene bonitos, no como yo, todos salidos y de paloma.

    Voy a cuidarlas mucho, para que sus nombres nunca estén aquí... En ésta cruz. Captura-de-pantalla-2013-11-25-a-las-13.19.47.png
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  14. Yo te veo como te pones tus zapatitos blancos, como te esmeras en tu pelo y en arreglarte. Hace once años era tan pequeña, apenas podía correr, tenía que agarrarla de la mano para que no se cayera, su pelito era corto, cortito, y sus ojos eran profundos así como ahora, pero en ese entonces lo eran más, ya me pide mis zapatos y usa algunas de mis playeras.

    La crisis está dura, los vecinos de la casa verde, pusieron una cartulina rosa anunciando su vendimia de chucherías... Es que, en la calle ésta, todo parece ser tan silencioso.

    Después de quien sabe cuanto tiempo e indiferencia, he regado los rosales, el patio si lo ve uno bien, es grande, parece algún patio de una infancia que no existió, el patio de la casa de doña toña, era cuadrado y chico, el cuartito ese todo oxidado servía como almacén de muchas cosas y sensaciones de pesadez, guardábamos los tinacos y revistas viejísimas, de cuando Raquel vivía ahí, que bueno que la menciono, Raquel era muy bonita, pero tampoco se quiso quedar, mi abuela la corrió también a ella como a casi todas.

    Benito ya mero nacía hace todos los años del mundo.

    Yo te veo como vas cambiando, como ya dejaste las mochilas infantiles y ahora ya quieres de otras, te veo con tus piernas largas como de anime, con tus pestañas, con tu sonrisa limpia y fresca, te miro como caminas mientras el sol te regala su reflejo para tu pelo, te miro como vas creciendo, aquí, en la cuna de los feminicidios, en donde matan todos los días gente a plena luz del día, en pleno centro, cerca de tu escuela te miro todo el tiempo cuando vamos ahí, todas apretujadas en el camión viendo los pasajes tan desolados -a veces- del sur.

    Ya casi es verano, ya casi la tierra se come todo, ya casi llega tu cumpleaños y las mañanitas, yo te veo siempre que tú no te das cuenta, te dejo en la puerta de la escuela a ti y a ella, y les doy un beso, el otro día cerraron la calle porque, porque así pasa, porque si.

    Van creciendo tú y ella, aquí, donde matan a las mujeres pero ya sabrán de eso, todas lo hemos sabido.

    Yo te veo, como te pones tus zapatitos blancos y taconeas, no quiero que te pase lo mismo que a mi.

    Pero me tienen a mi, tú y ella, para que no les pase lo mismo.

    Ya Benito, había nacido para éstas horas, hace unos doscientos años. for my book.jpg
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  15. Ville siempre tiene razón, por eso me gusta y me cae bien, Ville parece que me ha conocido en algún punto, Ville siempre tiene razón.

    Diana tiene una bella sonrisa, estética, sana, sus dientes son del mismo tamaño todos y alineados, no como los míos, todos despatolados, todos chuecos, todos manchados por el óxido del agua del desierto, Diana se puso el pelo de otro color, ayer la vi en el festival de las niñas, me acerqué porque, desde hace mucho tiempo que no platicamos, desde antes de tener el pastel odioso.

    Ella me dijo que cuando tuviera teléfono se lo mandara para platicarme algo, los psicópatas no podemos estar pensando sin comernos la cabeza que será ese ''algo'' y entonces le dije que me diera un adelanto o que me diera su teléfono, porque los psicópatas entre tanta cosa que traemos, olvidamos fácilmente algunas cosas entre esas, los teléfonos.

    Ella siempre fue buena esposa, siempre le tuvo la comida caliente y la ropa limpia, pero él tenía un espíritu juvenil, porque el ser humano a veces pasa por edades complicadas y una casa y un hijo no es el sueño dorado de todos, ella siempre lo apoyó, ella hasta se enemistó con gente cercana a la que apreciaba por él, él era muy joven, él pensaba todavía en diversión, él quería algo más, a él no le bastaron muchas cosas, que te puedo decir, yo no sé que decirte porque, porque no lo sé simplemente.

    Tú y yo, siempre nos hemos entendido de cualquier forma, no es sencillo pero, lo hacemos, tú y yo vemos cosas sin chiste, pero que para nosotros son algo que forma un vínculo, no lo sé, tú podrás ser todo lo que quiera, pero no me harías ese tipo de cosas, tú podrás ser todo lo que quiera, pero no me harías esas chingaderas, no lo harías porque has tenido chance de hacerlo y no los hecho, tú ya sabes cuando.

    Tú me miras con tus ojos de demonio viejo y cansado, sólo porque me quieres mirar, luego los hijos te ven también y se te acurrucan, siempre piensan en ''papi'' porque tú les ayudas con las tareas y con las necedades que les piden las maestras, yo las comprendo, porque muchas veces se pierden y se entretienen entre tanta maraña que son los niños, tú siempre tienes una respuesta para las cosas que te preguntan, siempre la has tenido.

    Ville parece que conoce las vidas de las gentes, yo le dije a Diana muchas veces pero ella me dijo que no le dijera nada porque era yo negativa, pos' entonces ya no le toqué esos vals que a nadie le gustan y la marea se calmó y me dieron mi pastel y cuando veía al papá de Diana le mandaba saludos y parabienes, ayer sus ojos estaban opacados, alguien de dieciocho le arrebató al del veinte y cuatro, Diana y yo ya somos treintonas, yo tengo algunas canas y mis colmillos están ahí, sobreviviendo a la piorrea.

    Diana usa leggins y a mi, ni se me ha ocurrido usarlos, siempre que voy al tianguis de los sábados, te busco cosas, pero eres tan mamón que, nunca te gustan, te compré la gorra azul marino y la playera gris y aquella de Jack Daniel's porque, eres como un dulce de chamoy y habanero.

    Tú me entiendes mejor de lo que me entiendo yo.

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